Atención Comunitaria de la Enfermedad Mental. Las personas con enfermedad mental crónica que reciben atención no hospitalaria en la CAPV. Conclusiones del Informe del Ararteko (Defensor del Pueblo, País Vasco). |
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Capítulo 5. Conclusiones
(pág. 215-229).
El modelo
asistencial
·
Existe consenso sobre el modelo del sistema de atención a la salud
mental, que ha de ser universal, público, integral, comunitario, eficaz,
equitativo y evaluable. Este consenso no siempre se traduce en definir
prestaciones en base a las necesidades, planificación y financiación de
servicios a ofertar y la obligada evaluación. Los servicios sociales no ofrecen
prestaciones equiparables.
·
El modelo mixto seguido en el País Vasco está basado en el desarrollo
de centros comunitarios y unidades en hospitales generales, pero aún existen
unidades de agudos y un alto número de pacientes de larga estancia en
hospitales psiquiátricos, no habiéndose desarrollado con claridad las
estrategias de desinstitucionalización.
·
El débil desarrollo de modelos comunitarios con una apreciable involución
hacia abordajes biológicos, predominancia farmacológica, con escaso apoyo
psicoterapéutico e insuficiente desarrollo de dispositivos para la rehabilitación
y reinserción, está cuestionando el movimiento comunitario desarrollado en décadas
precedentes, con interrogantes sobre su causalidad: ¿convicción científica o
ideológica, o por el contrario se trata de estrategias para la reducción de
los costes?
·
En un modelo donde se critica la incomunicación entre sus protagonistas,
con actuaciones emanadas de la iniciativa de los clínicos, gestores alejados de
las demandas y necesidades, usuarios que conocen lo que desean y una industria
farmacéutica con gran influencia en el desarrollo asistencial, es una necesidad
imperiosa la corresponsabilidad de todos los estamentos: gestores, profesionales
y usuarios de los servicios de salud mental.
·
Es sabido que un elevado número de pacientes con trastornos mentales es
atendido en el nivel primario de la atención a la salud, pero también es
conocida la dificultad manifiesta del nivel primario para identificar, valorar,
atender o derivar la demanda al nivel especializado. Expresada como prioridad la
coordinación de atención primaria y salud mental, el actual funcionamiento aún
está alejado de lograrlo, siendo el nivel primario el principal proveedor de
demanda asistencial.
·
Las demandas de servicios, de patologías crónicas e incluso
deteriorantes, de mayor utilización de los recursos sanitarios y sociales,
requiere la oportuna adecuación de estos a las necesidades no sólo sanitarias
sino también de residencia, ocupación, desarrollo personal o integración.
·
El motor del cambio en la atención a la salud mental, en sus procesos de
desinstitucionalización, en ningún caso ha de ser la reducción de los costes
asistenciales porque por esa vía aumentan los riesgos de exclusión. La lógica
del coste/beneficio no da respuesta a las necesidades básicas de las
poblaciones afectadas.
·
Flexibilizar los criterios de admisión y seguimiento, de atención en
suma, está vinculado a los modelos de intervención comunitaria. Los
dispositivos de atención han de estar pensados no desde la condición de
enfermo con su etiquetaje diagnóstico sino desde sus derechos como persona en
igualdad de condiciones para el acceso a los recursos normalizados. La relación
es desde el derecho a la salud, no desde la benevolencia.
· Psiquiatras y enfermeros hospitalarios se responsabilizan del paciente durante su ingreso, mientras que desde los centros de salud mental sólo atienden en estancia comunitaria, no participando de las intervenciones en el hospital. En el hospital se dan actitudes paternalistas y fuera de él se vivencia una situación de desprotección. Hay gran distancia e incomunicación entre los servicios intra y extrahospitalarios.
Estadística extrahospitalaria
·
El coste de la atención psiquiátrica hospitalaria en la CAPV, incluidas
las unidades en hospitales generales, es más de 4 veces superior al dedicado
para la atención extrahospitalaria. Los costes se han multiplicado por dos en
el sector extrahospitalario y por tres en los centros de salud mental en esta última
década.
·
En el sector extrahospitalario público el gasto dedicado al personal en
1997 ascendió al 87% del coste total, siendo el 90% en el caso de los centros
de salud mental. Llama poderosamente la atención los reducidos porcentajes
dedicados a inversión, que no ha superado, en ningún año el 2,5%, un escaso
1,1% en los centros de salud mental.
·
Los recursos humanos en la asistencia pública extrahospitalaria en la
CAPV presentan una evolución decreciente desde 1992, determinada principalmente
por el traslado del personal de los ambulatorios hacia los hospitales con
incorporación a equipos jerarquizados. En los centros de salud mental la
evolución ha sido creciente a lo largo de la década, con un gran incremento en
1994 del 22%, explicable por el aumento de centros, estabilizándose desde
entonces a aumentos en torno al 1% anual.
·
Los equipos de los centros de salud mental presentan plantillas más
pluridisciplinares que los equipos de otras especialidades extrahospitalarias,
manteniéndose la relación personal/médico a lo largo del período 1988-1998,
permaneciendo prácticamente constante el personal médico con aumento de la
proporción de personal asistencial no médico y descenso del personal no
sanitario.
·
De los 2.556 médicos empleados en el sistema extrahospitalario en la
CAPV, el 50% son médicos generales y el 10% de los especialistas son
psiquiatras (119), especialidad sólo superada por la pediatría. Exceptuándose
las especialidades que atienden a subpoblaciones
específicas (pediatría, toco-ginecología), la psiquiatría, junto a la
traumatología, son las especialidades con mayor número de médicos en la red
extrahospitalaria, con un médico especialista por cada 17.500 habitantes.
·
Frente a otras Comunidades Autónomas, la CAPV ha sido pionera en el
establecimiento de la red de centros de salud mental, así como en el
establecimiento y desarrollo de recursos intermedios como centros de día y
hospitales de día. Sin embargo, aún es deficitaria para las necesidades
actuales.
·
La red asistencial pública presenta deficiencias en el desarrollo de
dispositivos de cuidados intermedios: déficit de hospitales de día, muy
escasos programas de rehabilitación, sin programas de prevención y promoción
de la salud mental, y siempre con saturación de los programas de atención
ambulatoria.
· La red de asistencia psiquiátrica de Osakidetza, año tras año, y a lo largo de la última década ha ido aumentando tanto el número de pacientes atendidos como las consultas realizadas y otros indicadores asistenciales, sin el oportuno incremento de recursos humanos y/o materiales. De seguir así, la saturación de los centros y la disminución de la calidad asistencial, con repercusión en algunos tipos de intervención terapéutica, son riesgos previsibles a corto plazo.
Las personas con trastorno mental: condiciones de
vida y valoración sobre la atención comunitaria
·
Las personas con un trastorno mental crónico entrevistadas viven, en su
mayoría, con su familia, en viviendas con un equipamiento similar al resto de
la población general de la CAPV. Sin embargo, una proporción importante de
ellas viven sin relación familiar en alojamientos como pensiones, pisos, etc.
·
Las personas con un trastorno mental crónico presentan generalmente
peores condiciones de vida que la población general: tienen un bajo nivel de
estudios, un bajo nivel de ingresos personales y ocupación laboral, peor salud
y relaciones sociales cualitativamente deficientes (se relacionan principalmente
con gente de su condición). Presentan, en resumen, peores condiciones para
desarrollar una vida autónoma y satisfactoria, y se dicen, en gran medida,
limitados por su trastorno y necesitados de ayuda.
·
Encontramos condiciones de vida deficitarias en todos los grupos de
personas con trastorno mental crónico, independientemente de su sexo, edad y
diagnóstico. No obstante son más frecuentes algunas condiciones en colectivos
determinados: las personas más mayores viven en
viviendas peor equipadas, tienen menos relaciones con otras personas,
peor salud y conocen y utilizan menos la red de atención comunitaria; las
personas más jóvenes tienen un
nivel más bajo de ocupación laboral e ingresos personales; las mujeres tienen
un nivel inferior de ingresos personales y utilizan menos la red de atención
comunitaria de rehabilitación (hospitales de día, centros de tiempo libre,
centros ocupacionales, etc.), también tienen una percepción peor de su salud;
los hombres presentan elevados grados de inactividad doméstica. Estas
diferencias, en función de sexo y edad, son similares a las que se encuentran
entre la población general de la CAPV.
·
El tipo de trastorno mental y la duración del mismo también se
relacionan con las condiciones de
vida de estas personas. Las personas con diagnóstico de psicosis, de ambos
sexos y todas las edades (aunque jóvenes en elevada proporción), alcanzan en
pocas ocasiones a formar una familia propia, presentan las peores condiciones de
vida de toda la muestra, se dicen las más limitadas y necesitadas de ayuda. Y
son las que más ayudas reciben. Las personas con diagnóstico de alcoholismo, más
frecuentemente hombres de edad mediana, han logrado en muchos casos formar
familia propia, presentan unas condiciones de vida también deficitarias,
intermedias entre psicosis y neurosis, se benefician poco de ayudas y también
utilizan escasamente los recursos de atención comunitaria. Las personas con
diagnóstico de neurosis se distribuyen por todas las edades, aunque son con
mayor frecuencia mujeres, muchas de edad elevada. Son las que menos ayuda
reciben y las que menos utilizan los recursos de atención comunitaria.
·
Las necesidades más urgentes y más insatisfechas de estas personas son
las relativas a formación y trabajo. Su satisfacción posibilitaría una mayor
autonomía económica y un mayor sentido de realización personal y una mayor
participación en la comunidad
Asociacionismo
·
En el País Vasco las asociaciones de afectados por algún trastorno
mental o/y de familiares agrupan a un considerable número de personas, estimándose
en unas 8.000 quienes pertenecen a ellas, cifra que no se corresponde en su
importancia con la dedicación de personal específico para intervención
comunitaria.
·
Las asociaciones de autoayuda no cuentan con suficiente protagonismo en
el campo de la salud mental y no se ha incrementado la suficiente información a
la población general para ayudar a la desaparición del estigma del enfermo
social. Esto, en los últimos tiempos ha potenciado una cascada de noticias
sensacionalistas y estigmatizadoras sobre la enfermedad mental.
·
El movimiento asociativo en Bizkaia se halla notablemente desarrollado,
con una importante diversidad de asociaciones y fundaciones, mientras que en Álava
y Gipuzkoa el número de colectivos es sensiblemente inferior.
·
Las estructuras intermedias de las asociaciones de familiares y enfermos
psíquicos alcanzan 145 plazas, el 68% en Bizkaia, frente a las 271 plazas de
los centros y hospitales de día comunitarios de Osakidetza. Son difícilmente
comparables unos y otros a la hora de evaluar sus resultados, pero es destacable
que los centros de Osakidetza tienen presupuestos cuatro veces superiores a los
de las asociaciones.
·
La persona con enfermedad mental, limitada en su propia identidad,
encuentra dificultades para el acceso a grupos o asociaciones por lo cual está
más necesitada de un refugio. El hogar y el asociacionismo, si son
garantizados, actuarán como apoyo colectivo.
·
No es homogénea la financiación de origen institucional en cada una de
las asociaciones.
·
Los usuarios de los centros y servicios de las asociaciones también
participan de recursos comunitarios de Osakidetza.
·
Existen importantes diferencias en los recursos humanos que utilizan unas
u otras asociaciones. Así, mientras las asociaciones de familiares de enfermos
psíquicos cuentan con 37 profesionales, incluido el voluntariado, las
asociaciones de autismo alcanzan las 200 personas.
·
Aquellas poblaciones que desde la sanidad pública están infraatendidas
ven potenciados algunos recursos específicos, desarrollados desde colectivos de
afectados y familiares. Es el caso del autismo o el retraso mental.
·
La oferta global de empleo especial u ocupacional para personas con
discapacidad psíquica es considerable, mientras que para los diagnosticados de
enfermedad mental es muy escasa.
·
En los últimos años han surgido nuevos asociaciones en torno a otros
trastornos: ludopatías, agorafobia, trastornos de la alimentación, enfermos de
esquizofrenia, Alzheimer, etc. Sus objetivos se basan siempre en que la sociedad
tenga un mejor conocimiento de su trastorno y, en la necesidad de agruparse para
mejorar su calidad de vida y favorecer su participación ante las deficiencias
de las opciones de atención institucional.
Atención
comunitaria y satisfacción
·
La carencia de programas de tratamiento de la cronicidad en la comunidad
impide el desarrollo de alternativas comunitarias, ocupacionales y laborales
sobre todo, orientadas prioritariamente hacia las personas con enfermedad mental
y su entorno familiar.
·
Los servicios de atención comunitaria más conocidos, más accesibles, más
utilizados y de mayor confort, son los centros de salud mental. A continuación,
los servicios sociales de base, las estructuras intermedias de día,
ocupacionales y de rehabilitación o residenciales. Alejados del conocimiento de
los usuarios y sus familiares están los programas de enfermería, los centros
de empleo especial y clubes de tiempo libre.
·
Se refleja repetidamente el rechazo desde el sistema de servicios
sociales, por considerar que todo lo que afecta a la persona con enfermedad
mental es responsabilidad del sistema sanitario.
·
Son las mujeres, las personas de mayor edad y quienes residen en el medio
rural, las que utilizan menos todos los recursos de atención comunitaria y de
rehabilitación.
·
Son bien valorados por los usuarios tanto los centros de salud mental
como las asociaciones de familiares y enfermos. Sobre los centros asistenciales
sus usuarios valoran más satisfactorias, las condiciones de habitabilidad y
confort, lo cual no ocurre con los recursos de rehabilitación. Por otro lado,
en estos espacios donde las personas pasan más tiempo (talleres, hospitales y
centros de día, centros ocupacionales, etc.) se hallan las peores condiciones
medioambientales.
·
Las quejas hacia los centros de salud mental se orientan hacia la
saturación por excesiva demanda, al escaso tiempo de dedicación hacia los
pacientes, la distante relación terapeuta-paciente, los cambios de psiquiatra y
el excesivo uso de psicofármacos con reducción notoria de otras intervenciones
más psicoterapéuticas.
·
El déficit de estructuras intermedias es focalizado por los usuarios de
los servicios comunitarios en recursos relacionados con el empleo, la formación,
la rehabilitación y la psicoterapia, así como hacia la vivienda y dispositivos
residenciales.
·
Existen recursos de atención comunitaria que ayudan a satisfacer las
necesidades de las personas con un trastorno mental crónico, con los cuales están
satisfechas en gran medida. Todos los actores implicados (personas con
trastorno, sus familias y los profesionales que los atienden) afirman que esta
red es cuantitativamente insuficiente y que precisa de una mayor dotación de
recursos materiales y humanos.
·
Ante la elevada demanda -malestar consultado- el sistema de atención a
la salud mental no tiene capacidad de respuesta suficiente con los actuales
recursos. La sobredemanda sanitaria produce dos fenómenos indeseables: una
excesiva psiquiatrización de la vida cotidiana y la hipermedicalización
ambulatoria como opción inmediata.
·
Las personas entrevistadas también apuntan que la red de atención
comunitaria es mejorable: con políticas más definidas y consensuadas, mayor
coordinación entre los recursos existentes y las distintas instituciones y
organizaciones implicadas, proyectos personalizados y continuidad de cuidados,
mayor enfoque hacia la inserción laboral.
·
La red de atención comunitaria en rehabilitación (principalmente
hospitales de día, centros de tiempo libre, centros ocupacionales, etc.) es
utilizada mayoritariamente por hombres jóvenes con diagnóstico de psicosis.
Las personas mayores de edad, las mujeres, y las personas con diagnóstico de
alcoholismo utilizan dichos recursos en una proporción escasa, sin que sus
necesidades así lo justifiquen.
·
No existe una política general que delimite las competencias de cada
organización implicada en la atención comunitaria. Cada organización
desarrolla sus políticas propias, sin coordinación, y produciéndose en
algunos casos solapamientos y contradicciones importantes.
Las
familias
·
Las personas con diagnóstico de psicosis conviven y permanecen con mayor
frecuencia en la familia de origen. Es alta la frecuencia de personas que
conviven sin familia entre los diagnosticados de psicosis y entre las de mayor
cronicidad; en menor medida cuando el diagnóstico es de alcoholismo. Las
familias monoparentales son más frecuentes entre personas con psicosis y
alcoholismo. En el caso de estas últimas suelen ser cabezas de familia.
·
Es la división de tareas en función del género y no el trastorno
mental lo que determina la autonomía para la realización del trabajo doméstico
o del autocuidado, coincidiendo en estas actitudes con la población general.
Los hombres participan poco de las tareas domésticas y las mujeres tienen
niveles de actividad laboral menores que las mujeres de la población general,
superando a éstas en la intensidad de dedicación a las tareas domésticas y
cuidados de otras personas.
·
Mayoritariamente, son mujeres las personas cuidadoras de quienes padecen
un trastorno mental crónico, llevan ya más de cinco años atendiendo al
familiar, sin apoyos y sin haber disfrutado de períodos de descanso en las
tareas de cuidado, estando limitadas en los diferentes aspectos de su calidad de
vida, fundamentalmente en los referentes a su propia salud y a sus vínculos
sociales.
·
Existe una opinión muy favorable hacia los tratamientos farmacológicos
como recurso que evita o limita los síntomas favoreciendo su integración
comunitaria, pero observan que los comportamientos de rechazo y de segregación
dificultan su efectiva integración social, sobre todo por las grandes
limitaciones en el terreno laboral y relacional y de alojamiento distinto del
familiar.
·
Las familias valoran considerablemente las asociaciones que se preocupan
por su problemática y por la de sus familiares enfermos ya que sirven de apoyo,
informan, movilizan recursos y actúan frente a las administraciones para
favorecer la atención comunitaria.
·
Los dispositivos intermedios de día son muy valorados tanto por su acción
social como terapéutica, ya que son manifiestas las grandes mejorías en el
estado de salud. Por ello, también, la creciente demanda de más plazas en
estos recursos.
·
Sobre la atención psiquiátrica extrahospitalaria mencionan las
siguientes deficiencias: la saturación de los centros de salud mental con la
merma de dedicación a los enfermos graves, el excesivo apoyo en los fármacos,
poca individualización, las insuficiencias en rehabilitación y las
dificultades para acceder a psicoterapia.
·
Las necesidades más reivindicadas por las familias de personas con
trastorno mental crónico se orientan hacia centros de formación profesional,
habilitación laboral, centros de empleo protegido y ordinario, centros
ocupacionales, recursos de alojamiento en sus diferentes modalidades y, siempre,
sensibilización social para restar marginación sobre este sector de población.
·
Siendo la familia la principal fuente de prestaciones de servicios y el
hogar el principal espacio de atención y cuidado, ante la mantenida carga
asistencial, intensa y estresante, se señala la necesidad de programas y
servicios de respiro que favorezcan el descanso para de nuevo volver a asumir
sus tareas de cuidado.
·
Es claramente deficitario el apoyo a las familias de las personas con
enfermedad mental, aquellas personas que les atienden. El apoyo y asistencia
domiciliarias, hoy prácticamente inexistentes, para pacientes y familiares,
facilitaría la intervención precoz y el mantenimiento de cuidados.
Visión de
los profesionales
·
Los profesionales valoran muy favorablemente la utilidad de dispositivos
de atención comunitaria en su zona de influencia pero, al referirse a la dotación
actual, señalan que todo lo que no son centros de salud mental o servicios
sociales de base presentan importantes carencias. Señalan la situación
deficitaria de centros ocupacionales, recursos de alojamiento, centros de
empleo, empresas de economía social, recursos de día, etc., y al tiempo la
saturación de los actuales recursos. Sólo el concurso conjunto de los centros
de salud mental con los dispositivos intermedios puede servir de soporte
comunitario y garantizar la continuidad de cuidados.
·
Hay amplio consenso sobre la buena atención prestada desde los centros
de salud mental a las personas con patologías leves, o la atención psiquiátrica
de trastornos graves a través de terapia farmacológica. En Vitoria-Gasteiz y
en la zona de Alto y Bajo Deba la satisfacción se amplía a la atención
rehabilitadora.
·
La profesionalidad, la especialización y la buena accesibilidad son los
puntos fuertes señalados por los profesionales de los centros de salud mental.
Para quienes trabajan en centros gestionados por la iniciativa asociativa sin ánimo
de lucro son puntos fuertes la mayor humanización en la atención
individualizada, la variedad de recursos (asistenciales, rehabilitadores,
residenciales, de ocio, ocupacionales y laborales), apoyo a las familias,
fomento de la participación, facilitación de cauces para la integración
social, etc.
·
Las carencias en los centros de salud mental se sitúan en la saturación
de la red asistencial atribuible, en gran medida, a la cuantiosa demanda de
atención desde personas con patologías menos graves, neurosis sobre todo. Además,
el escaso tiempo de escucha, el abordaje demasiado centrado en la prescripción
farmacológica, la escasa oferta de psicoterapia y los pocos recursos de
rehabilitación y la débil dedicación al autoapoyo y a las familias.
·
Los profesionales de la iniciativa privada y de los servicios sociales
manifiestan las debilidades en la integración laboral, la formación
profesional, la oferta residencial, la autonomía económica o el apoyo al
tiempo libre. Es decir, la opinión de los profesionales acerca de las
deficiencias se orienta a aspectos que complementarían su actual actividad, sea
más sanitaria, sea más psicosocial, pero siempre demandando más recursos.
·
La solicitud de atención por el médico psiquiatra significa presión añadida
sobre este profesional, lo cual dificulta el trabajo multidisciplinar efectivo.
·
La inexistencia o el desconocimiento de las políticas en curso, para
mejorar la actual situación de las personas con trastornos mentales, hace que
los profesionales no se sientan participes de la elaboración y desarrollo de
los planes de intervención, y menos aún de las políticas de salud.
·
Resulta preocupante la confusión y descoordinación general referida al
modelo de atención comunitaria entre los servicios sanitarios y los sociales, y
entre las instituciones públicas que las gestionan.
·
El escaso reconocimiento profesional, la dependencia orgánica en
ocasiones de distintas administraciones y/o diferentes centros de gasto, la
indefinición de funciones y roles entre los miembros de los equipos de atención
y también entre instituciones públicas, la débil política de formación e
investigación cada vez más dependiente de la industria farmacéutica son
algunas críticas de los profesionales hacia la administración pública. Un
giro de esta situación sería coherente con un sistema público de atención a
la salud mental.
·
Resulta preocupante entre los profesionales el no tener acceso ni derecho
a participar en la planificación ni en la evaluación de las políticas o
planes sobre salud mental, apreciando la necesidad de una Comisión de
Planificación y Seguimiento.
·
Algunos apuntes de solución señalados pasan por la redistribución de
los presupuestos, en favor de la atención comunitaria. A la solicitud de más
recursos se acompaña la demanda de que estén mejor definidos en sus
competencias y más coordinados.
Gestores y
direcciones
·
Entre los gestores y directivos de los programas públicos y privados es
muy diferente la valoración sobre la integración social de las personas con
trastorno mental crónico, llegando a ofrecer opiniones encontradas en la
administración pública que, desde la acción social valoran como escasa y en
ocasiones inexistente, mientras que desde la salud mental la consideran buena a
pesar de la escasez de recursos intermedios. Para quienes trabajan en el
movimiento asociativo, la integración de las personas con trastorno mental crónico
es muy débil, consecuencia de la carencia de estructuras adecuadas para la
inserción, sin medios para su rehabilitación y sin referentes que garanticen
la continuidad en el tratamiento.
·
El ejercicio de los derechos de ciudadanía por las personas con
trastorno mental, según los gerentes de los servicios de salud mental
extrahospitarios, está en progresivo avance “tal y como lo indican las
relaciones del servicio de atención al usuario”. Desde los servicios sociales
públicos y desde las asociaciones la visión es más pesimista debido a la
importancia que se da al estigma, elemento limitador y descalificador para la
aceptación social.
·
Desde la administración sanitaria se concreta el objetivo en la atención
a las necesidades psiquiátricas de la población en el ámbito comunitario,
mientras en el ámbito social se vuelve más complejo por lo que pretende
(prevenir, detectar precozmente, diagnosticar, valorar, orientar y desarrollar
recursos asistenciales e integradores) y por la diversidad de poblaciones minusválidas:
físicos, psíquicos y/o sensoriales. Desde las entidades sin ánimo de lucro
los objetivos son muy amplios, con permanente disposición a la colaboración
con las administraciones públicas.
·
Desde la administración sanitaria no se asume la responsabilidad por la
escasez de ciertas prestaciones garantizadas en la ley pero que, hoy, carecen de
los recursos necesarios: psicoterapia o rehabilitación principalmente. Tampoco
se asume el compromiso para acceder a determinados niveles de calidad de los
servicios.
·
Sobre la oferta comunitaria, es ampliamente admitido por los responsables
de las organizaciones sanitarias y sociales la carencia de estructuras,
considerando que los centros de salud mental no realizan todas las funciones
para las que fueron creados, sin ofertas terapéuticas diversificadas, débil
seguimiento de la enfermedad, sin apoyo a las familias, distante relación
paciente-psiquiatra, saturación e indefinición competencial. Todo ello,
contando con una buena implantación y aceptable accesibilidad. Las necesidades
no resueltas se basan en la definición de políticas de atención, financiación
y mayor coordinación.
·
Los gestores en salud mental se encuentran en la actualidad con diversos
problemas: una deficitaria definición de los servicios a gestionar,
limitaciones en las políticas de personal, carencia de carrera profesional y
dificultad para la incentivación. Si además el modelo de gestión se
caracteriza por su creciente burocratización y corporativismo se corren serios
riesgos de ineficacia.
Salud mental
de la infancia y adolescencia
·
Los actuales criterios de centralización-descentralización de los
centros de atención a la salud mental infantojuvenil resultan inadecuados y
dificultan la accesibilidad para la mayoría de la población que no reside en
los grandes núcleos urbanos en Donostia, Gasteiz o el Gran Bilbao.
·
Es muy deficitario el número de psicólogos y psiquiatras infantiles,
siendo necesario incrementar su contratación, doblando su número si se quieren
alcanzar las ratios recomendadas para Europa por la OMS y se pretende una atención
adecuada a la infancia y la adolescencia.
·
La inexistencia de estructuras intermedias, a pesar de su diseño desde
hace una década, exige crear, al menos, un nuevo dispositivo de este tipo en
cada comarca sanitaria.
·
La continuidad de cuidados, con la necesaria creación de equipos,
recursos intermedios, programas terapéuticos intensivos e intersectoriales, está
aún por desarrollarse.
· Es necesario constituir y fomentar las comisiones socio-educativo-sanitarias para la planificación, el desarrollo, coordinación y evaluación de los recursos y de las diferentes intervenciones en la atención a la infancia y la adolescencia.
Autismo (Estas conclusiones son resultado de las entrevistas con familiares de afectados por autismo, así como sus asociaciones)
·
Entre el millar de afectados por autismo en el País Vasco, existe un número
importante que ha finalizado la escolarización, y otro colectivo importante está
próximo a concluir su etapa escolar obligatoria. La inexistencia de programas
de escolarización prolongada y la escasa oferta de recursos sociolaborales
hacen que los usuarios se queden sin ocupación, con el consiguiente riesgo de
estancamiento y desestabilización tanto para ellos como para sus familias.
·
Para paliar esta situación, atendiendo a la diversidad de usuarios, es
urgente la creación de centros de día, centros especiales de empleo, centros
ocupacionales, sin olvidar las modalidades sociolaborales que mejor se ajusten a
las características de cada persona, enfatizando en la integración en el
mercado ordinario.
·
Familiares y profesionales carecen de recursos para la atención de estas
personas en situación de desestablización. La dotación de recursos materiales
y humanos requiere la creación oportuna de unidades de atención en crisis (una
por territorio al menos), sin olvidar la necesidad, ya ampliamente reclamada, de
hospitales de día y, el aumento de plazas de media y larga estancia.
·
Para un correcto abordaje de las personas afectadas o con riesgo de
padecer autismo o un trastorno general del desarrollo es fundamental la atención
e intervención precoz (de 0 a 3 años). Necesidad de programas de atención
temprana.
·
Está detectada la necesidad de creación
de recursos residenciales, en ocasiones parcialmente satisfecha en residencias
ubicadas fuera de la Comunidad Autónoma Vasca, dificultando la integración
ante el desarraigo y alejamiento del entorno habitual. Sin embargo, las
limitaciones presupuestarias condicionan su desarrollo a medio plazo. Según el
principio de normalización, para paliar la necesidad de recursos residenciales,
se requiere una distribución de plazas cercanas al lugar de residencia familiar
del afectado. Por ello, las asociaciones de familiares afectados y diferentes
profesionales proponen el aumento de la oferta residencial con diferentes
modalidades: sean pequeñas residencias de 5 a 8 plazas, o bien pisos tutelados
o semitutelados de 3 a 5 plazas, con soporte profesional.
·
La iniciativa de las asociaciones sin ánimo de lucro con apoyo
institucional ha ido generando recursos de ocio y tiempo libre, complementarios
de la actuación social, sanitaria y educativa. En la actualidad se requiere la
facilitación del acceso a los recursos comunitarios existentes, su ampliación
y consolidación, así como el desarrollo de programas de respiro familiar.
Trastornos de
la alimentación
·
La alarma social generada a través de los medios de comunicación y los
datos epidemiológicos se han convertido en elementos de presión para la creación
de nuevos dispositivos de atención para estos trastornos. Sin embargo, aún no
existe consenso entre los profesionales sobre la necesidad y oportunidad de los
recursos específicos, siendo una cuestión en debate.
·
En la actualidad los trastornos de la alimentación tienen un gran
impacto epidemiológico entre la población femenina, suelen generar afectación
biopsicosocial, con claras tendencias a la cronificación, a recuperaciones sólo
parciales e incluso con tasas considerables de mortalidad.
·
La creación y mantenimiento de programas y servicios específicos se
asocia con el aumento de la demanda de atención, que requiere la coordinación
y actuación multidisciplinar que garantice la continuidad de cuidados.
·
El apoyo de programas de prevención primaria, así como de identificación
e intervención precoz, debiera ser prioritario, con coordinación y fomento de
la participación del Departamento de Educación junto al de Sanidad.
·
Analizar la realidad, mediante un exhaustivo estudio epidemiológico de
la demanda hoy pendiente, y la evaluación de los actuales centros, equipos y
terapéuticas utilizadas son de urgente necesidad para adecuar los recursos
necesarios.
Exclusión
·
Identificarse como enfermo mental no revaloriza socialmente debido a los
procesos de marginación que estas personas padecen en la vida cotidiana, por lo
cual a una parte considerable les violenta la falta de anonimato al ser
atendidos en los centros de salud mental, donde se sienten vulnerables y temen
las repercusiones en su vida laboral y relacional.
·
Según los profesionales de la salud mental y de los servicios sociales,
los procesos de integración social se ven frenados por el estigma social
soportado por el enfermo o enferma mental y también por su grupo familiar.
·
El desconocimiento de la sociedad acerca de la enfermedad mental produce
tendencias excluyentes, de ahí la pertinencia de actuar para favorecer el
cambio de la imagen social que existe sobre estas personas.
·
Los profesionales informan que las personas con trastorno mental tienen
escaso conocimiento de sus derechos de ciudadanía. Hay un gran desconocimiento
sobre los derechos a la información, al consentimiento informado, a las
alternativas terapéuticas, a las quejas, o a las modalidades de ingreso
hospitalario, reciben un parcial conocimiento por medio de las asociaciones, sus
profesionales de referencia o de sus familias.
·
Es creciente la cantidad de personas con enfermedad mental crónica que
desean su reconocimiento social, evitando su exclusión y viviendo con autonomía,
pero requieren apoyo económico, laboral o social, mientras se despegan del
familiar que hoy día les protege, para transitar hacía una vida independiente.
·
Las personas afectadas por enfermedad mental raramente demandan
servicios, no siendo en modo alguno un grupo de presión. Se adaptan a los
programas y servicios existentes en la comunidad y no los programas a sus
necesidades.
·
Ocurre que los pocos dispositivos de atención comunitaria, distintos de
los centros de salud mental, están saturados por hombres jóvenes con psicosis,
mientras que las mujeres y los hombres mayores con diversos diagnósticos
encuentran dificultades para el acceso a estos servicios.
·
Hay algunos grupos de población con dificultades particulares para el
acceso a la atención a su salud mental en el medio comunitario: quienes no
residen en los grandes núcleos de población, quienes no tienen domicilio fijo
y/ o sobreviven en la pobreza, minorías étnicas y emigrantes extranjeros sin
documentación en regla, y quienes permanecen ingresados en las cárceles.