UNIVERSIDADES VASCAS Y GLOBALIZACION Prof. José Guimón Discurso pronunciado con ocasión del Homenaje ofrecido por la Real Academia de Medicina del País Vasco y serle entregada la Gaviota de Oro por la Dirección de la Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao 13 de noviembre de 2003 |
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Excelentísimo Sr. Presidente, señoras, señores.
Quiero, en primer lugar, agradecer a José María de Retana, una de las figuras más importantes de la cultura vasca en estos últimos decenios, el honor que me hace con la concesión de este premio. Agradezco profundamente también a nuestro Presidente, Juan Manuel Gandarias, que tanto ha alentado siempre mi carrera académica, su excesivamente elogiosa presentación. Yo no puedo considerarme universal, como reza este diploma, pero sí un vasco universitario. Por ello me permito compartir con
Uds. estas reflexiones en un momento en que nuestras tres Universidades se han comprometido en proyectos de calidad total y justo cuando el parlamento vasco va a comenzar a discutir el proyecto de Ley sobre universidades.
El término globalización conjura muchos fantasmas en nuestras mentes y provoca esperanzas, miedos y ambivalencia. Nuestras Universidades se encuentran, corno la sociedad vasca, inmersas en una globalización que incluye un conjunto de procesos sociales, políticos, económicos y culturales que han aumentado la interconexión e interdependencia de nuestro País Vasco con el resto del mundo. La circulación cada vez mayor de conocimientos, dinero y seres humanos por el globo han promovido una forma de sociedad en la que la generación, el proceso, la transmisión y el uso de la información son las fuentes fundamentales de productividad y poder.
Con la creciente capacidad tecnológica, el aumento de la interacción y el desdibujarse de las fronteras son inevitables. Sin embargo, la mayoría del mundo ha quedado fuera de las ventajas de la globalización económica. Parece ser, según los expertos, que el mercado del dinero es el único que se ha hecho verdaderamente global.
Ignoro cuál es el balance económico de este proceso en el País Vasco. Pero creo, en cualquier caso, que las Universidades del País no se han beneficiado suficientemente de las oportunidades que brinda la globalización.
El papel de la universidad es la generación, la preservación y la diseminación del conocimiento. Ese objetivo compite con las necesidades económicas del sector productivo que le empujan hacia una orientación utilitaria de sus actividades, en vez de a la búsqueda del conocimiento puro. Todo ello genera el riesgo de descuidar la formación humanista del estudiante que exige equiparle con las herramientas necesarias para comprender y hacer frente a un mundo cambiante.
En nuestras Universidades se ha producido un imparable trasvase del alumnado hacia las enseñanzas técnicas. Como consecuencia, muchas carreras de letras o de ciencias humanas han visto disminuir drásticamente el alumnado. Lo mismo ocurre con las carreras de ciencias básicas, pese a que en el mundo actual el conocimiento en esas áreas se duplica cada 12 ó 15 años. Es comprensible la demanda de la sociedad de estudios que lleven a la obtención rápida de un empleo, pero debemos recordar que la trayectoria vital de un joven de nuestros días le llevará a cambiar varias veces de actividad a lo largo de su vida y que, en muchos casos, sus trabajos futuros tendrán poco que ver con lo que ha aprendido en su "carrera" inicial.
Por otra parte, nuestras Universidades vascas siguen estando aisladas de la Comunidad y su prestigio es más bajo en nuestra Sociedad que el que gozan otras Universidades españolas de más tradición. Pese a un esfuerzo innegable del Gobierno Vasco por dotarlas de medios económicos, no se ha logrado atraer e ilusionar a las suficientes cabezas locales o foráneas, con lo que nos deslizarnos hacia lugares bajos en los ranking de excelencia. Los profesores damos, en general, clases a numerosos alumnos pasivos, con lo que la tendencia sigue siendo la de dar los peces en vez de enseñar a pescar. El paradigma emergente en el mundo globalizado es, por el contrario, el de enseñar a aprender. Ello se logra en instituciones integradas en la comunidad, con profesores que son guías para el autoaprendizaje de unos alumnos que funcionan involucrándose activamente en grupos.
Pese a esfuerzos elogiables realizados en algunos centros, nuestras Universidades siguen siendo poco flexibles y fomentan poco la colaboración en equipos virtuales y el abordaje interdisciplinario. La Universidad debe transformarse en una comunidad académica y de investigación, basada en el desarrollo de mecanismos de colaboración entre diversas disciplinas, campuses, naciones y continentes porque, especialmente en la investigación de áreas sociales, es necesario que los investigadores trabajen juntos con especialistas de fuera de su institución.
No se trata de dar (o más bien de recibir como ocurre actualmente) enseñanzas de otros países mediante campus deslocalizados o franquicias a distancia que tanto gustan a algunos centros privados y a usuarios de
elite. Ya sufrimos suficiente colonialismo en otras áreas. La internacionalización de la Universidad se debe favorecer mediante la movilidad académica, las relaciones internacionales en redes de investigación, la inclusión de dimensiones interculturales, o globales en los curricula, el establecimiento de más consorcios de universidades y cuerpos globales (no locales) de acreditación que permitirán reclutar profesores de todo el mundo. Lamentablemente, en nuestras tres universidades vascas apenas si tenemos ese tipo de contactos ni siquiera entre nosotros.
La globalización ha producido, según los expertos, más desigualdades entre los diversos países, pero también es cierto que ha contribuido a aumentar las oportunidades de muchos otros. Es el llamado en Ciencia "efecto San Mateo": los más ricos tendrán más, dice el evangelio en un momento dado. Las Universidades vascas tienen que situarse entre las que se beneficien de la globalización. Nuestro mundo se ha hecho cada vez más interdependiente universal a todos los niveles y debemos abandonar nuestra tendencia a miramos al ombligo y comenzar a pensar globalmente. Si Euskadi necesita más autonomía, nuestras Universidades necesitan también más libertad para desarrollarse sin agresiones terroristas ni ataques públicos descalificadores. A la Universidad no le convienen adjetivos calificativos restrictivos ("vasca","politécnica", "pontificia"). A sus autoridades no se les debe pedir continuamente adscripciones políticas excepto a favor de la libertad. La Ciencia es por fuerza antidogmática. El científico no se avergüenza de ser dubitativo, ambivalente, tibio. Lo global y universal resulta a menudo "equidistante".
Naturalmente si el Internet, el e-mail, el fax o la CNN tienen elevados costes humanos, la Universidad debe pagar un alto precio por su globalización liberadora. En el sexto programa comunitario sobre la investigación en el año 2006 se presentará un proyecto de convención internacional que proteja a los científicos que se atreven a denunciar prácticas contrarias al interés público realizadas por las grandes multinacionales. Se ha hecho necesaria esta iniciativa porque hoy los universitarios librepensadores tienen todas las posibilidades de hacerse linchar profesionalmente o de incurrir en sanciones penales o civiles.
Finalmente, globalización universitaria no es equivalente a enseñanza en Internet. Debe, desde luego, favorecerse la enseñanza "online" interactiva, pero se pueden producir efectos indeseables en los excesos. Cuando, por ejemplo, la Universidad de Standford ofreció en algunas materias cursos "online" alternativos a los de presencia física, las aulas se vaciaron. Actualmente los alumnos, en muchos centros, visitan más las Webs que las bibliotecas. Pero no estamos de acuerdo con quienes vaticinan que esos efectos perversos son inevitables y que, en 30 años, nuestros campus serán una reliquia. El prestigio y la confianza en las instituciones locales persistirán. Las Universidades que hagan investigación no desaparecerán. Por otra parte, sólo el campus ofrece la experiencia única del contacto con los compañeros de distintas disciplinas, de la presencia de las indispensables figuras identificatorias de los profesores, de la participación activa en actividades culturales, deportivas y comunitarias. Quien sea lúcido no recomendará sustituir con la inmersión en Internet la lenta pero formativa y placentera experiencia de la vida en un campus.