Los tratamientos psiquiátricos en Guipúzcoa - 1948.

Jesús Echeverría Urrutia

(Tomado de: "Notas para un estudio psiquiátrico de Guipúzcoa". Editado por Excma. Diputación de Guipúzcoa; 1948. Pág. 99-104)

 

Existe en la terapéutica psiquiátrica, una escala de Jacob que, uniendo a unas épocas con otras, eleva los métodos Dándoles cada vez mayor eficacia y queriendo alcanzar la meta de la curación del enfermo mental. Constituyen peldaños de esa escalera el Manicomio zaragozano con su lema "Urbis et Orbis", el rasgo de Pinel (1789) liberando de las cadenas a 50 locos ante la oposición del diputado Courthon, el "no restraint" de Conohyll en 1839, la introducción de la clinoterapia, de la balneoterapia, de los sedantes químicos, la práctica del "open door" concediendo al enfermo la máxima libertad compatible con la enfermedad, el empleo de la psicoterapia desterrando los métodos de terror, látigo y cadenas; las ideas y métodos de Freud; vienen más tarde, los tratamientos propuestos por los organicistas algunos de verdadero éxito como la malarioterapia; peldaños labrados ayer son la convulsioterapia y la terapéutica por los comas hipoglucémicos y de hoy la leucotomía prefrontal y de ayer, de hoy y de mañana, el gran método de la laborterapia.

 

Un quirófano de psicocirugía de la época. Hospital de Santa Agueda.

En contra de lo que comúnmente cree el profano al pensar que con el enfermo mental nada o muy poco es lo que hay que hacer, vemos que el arsenal terapéutico, en todos los órdenes, es inmenso; la verdad es que no estamos desarmados y podemos trabajar con optimismo en la curación del enfermo. Todavía muchos de nuestros medios terapéuticos pecan o por falta de base o por no combatir la causa, al ser unos empíricos y otros sintomáticos, pero aunque ello parezca poco, muchas veces nos encontramos con que desaparecido el síntoma, puede el enfermo volver a ocupar el plano familiar y social que anteriormente ocupaba y desarrollar la actividad que antes desarrollaba; es un hombre recuperado y en cierto sentido, nuevo.

El internamiento supone enfermedad y la duración de aquél es índice de la persistencia de esta, por lo tanto mientras dure el internamiento debe durar el tratamiento; ahí estriba la habilidad del psiquiatra, en que la terapéutica de cada día armonice con el estado psicopatológico del momento. Labor dura y difícil que no siempre se consigue, pero que aun sola su persecución y su intento, benefician al enfermo.

El frenocomio debe ser, dice Vallejo Nájera, taller y hospital, orientados la totalidad de sus servicios al objeto de lograr, a todo trance, la curación del enfermo psíquico.

Vamos a exponer, brevemente, lo que en nuestra Casa de Salud se lleva a cabo para dar cumplimiento a esos dos conceptos: hospital y taller.

Al ingresar la enferma, se la traslada a la sala de observación para su examen psiquiátrico y formular un diagnóstico de presunción que oriente su clasificación y las medidas terapéuticas. Las enfermas que Guipúzcoa ingresa en la Casa son enfermas que vienen ya etiquetadas con un diagnóstico; son esas enfermas «terribles » que vienen de ordinario sin meter ruido, que no forcejean ni gritan, a quienes no se necesitó y esto en buena técnica, engañar para lograr su pacifico internamiento; son enfermas que en esa tranquilidad traen expresado, la mayoría, el pronóstico sombrío que impone la cronicidad. Hace ya mucho tiempo que nosotros no conocemos ni tratamos al enfermo mental guipuzcoano en su fase aguda, las nuestras han entrado en el período crónico hace ya mucho.

Es por esto, por lo que nuestra terapéutica tiene que diferir y difiere de la de un Dispensario Psiquiátrico o de una Clínica. Sabemos que no son para nosotros los éxitos de relumbrón, que no somos llamados a exhibir unas estadísticas de curación llamativas; nuestro trabajo es menos grato, más callado y en el que, sin embargo, no faltan grandes alegrías consecutivas a éxitos, que aunque aparentemente pequeños, nos conmueven y apasionan a los que convivimos con el enfermo.

Ejemplo de productos farmacéuticos disponibles. ¡Ya entonces se incluían para subvencionar las publicaciones de la época!.

A pesar de las malas condiciones, nos referimos siempre al estado mental, en las que la enferma guipuzcoana llega a nuestras manos, para intentar poner a la contribución de su curación los magníficos medios actuales, que son eficaces casi exclusivamente en la fase aguda o comienzos de la enfermedad mental, no hemos querido dejar de emplearlos con la prudencia que los casos requieren y la ética profesional exige. 

De estos medios terapéuticos recientemente incorporados al arsenal de los tratamientos (1939-1942) son dos los que más difusión han alcanzado: el método de Sakel de los comas hipoglucémicos y el método convulsivante, dividido este en dos etapas o modos, el químico (cardiazol, pentazol, etc.) del que es iniciador Von Meduna y el eléctrico del que lo son Bini y Cerletti. Método en cuya descripción y técnica no voy a detenerme, ni siquiera a entrar, pues la literatura sobre los mismos ha alcanzado extraordinaria magnitud y aun popularidad y pueden verse descritos hasta en los reportajes de revistas para el público general o en los noticiarios cinematográficos.

He de confesar que mi experiencia en la terapéutica de los comas hipoglucémicos, no es la suficiente como para sentar conclusiones, pues a su empleo en gran escala se opone más que lo complicado del método, que en verdad lo es, el estado psíquico de la enferma que a nosotros llega. 

De la electrochockterapia, tenemos más experiencia y la hemos aplicado en mayor escala, a pesar de tropezar también en este caso, con el gravísimo inconveniente de la cronicidad de las psicosis y de las psicopatías. A pesar de ello, el 25 % de las ingresadas han sido sometidas a la terapéutica convulsivante, bien por el cardiazol o sustitutos o por el electrochoque, con los siguientes resultados: 

Número de enfermas tratadas =75 (no incluimos a un gran grupo que han sido tratadas solamente con uno o dos choques).

Número de choques provocados = 675  (promedio de 9).

Mejorías más o menos acentuadas 52,  (lo que equivale al 69.3 %).

Número de altas por ensayo entre las mejoradas = 22 (o sea el 42.3 %)

Sin modificación = 23, o sea 30 %.

O sea que aun en las condiciones menos favorables, las modificaciones obtenidas con esta terapéutica son francamente alentadoras, hasta el punto de que casi la mitad de las modificadas en más o en menos han podido reintegrarse al medio familiar.

Dentro del movimiento de favor o de olvido que toda medicación sufre al enfrentarse con el enfermo, con la enfermedad, con el tiempo, con la propaganda y con el médico, no echamos en olvido aquellas que en tiempos no muy lejanos todavía, obtuvieron boga y éxitos, como son la balneoterapia, y sobre todo, la piretoterapia en las que unas veces intervienen como agentes piretógenos las preparaciones metálicas (oro, plata, etc.) al estado coloidal dando lugar a la coloidoterapia, otras veces las inyecciones de nucleínatos (sódico y lítico) en la leucoterapia y otras muchas la esencia de trementina osonizada o sea el método tan extendido del absceso de fijación, divulgado por Pascal y Davesne e introducido por Rozies en 1922 y empleado por nosotros frecuentemente y con éxito. Ocupan, asimismo, lugar destacado entre los agentes piretógenos y que con frecuencia empleamos, los del tipo albúminas bacterianas (bacterias no patógenas del grupo coli) que tienen sus indicaciones en las formas de neurosífilis y, sobre todo, en las esquizofrenias; está también en este grupo la suspensión oleosa de azufre esterilizado al uno por cien, de la que hacemos uso con relativa frecuencia.

En la piretoterapia marcó una etapa señalada la nosoterapia, principalmente en su forma de malarioterapia con indicaciones particularmente precisas (parálisis general progresiva), debida tanto su invención como su divulgación y las experiencias en gran escala, al premio Nobel de Medicina Wagner Von Jaurregg; método empleado por nosotros con resultados poco brillantes.

Seguimos empleando la narcosis prolongada que tan en boga estuvo a raíz de la comunicación de Klaessi el año 1921, con métodos y técnicas más o menos ajustados al original. Empleamos la hidroterapia, en forma sobre todo de baño caliente prolongado (método universalizado por Kraepelin) que produce beneficiosos escasos en los agitados, método que ha perdido hoy algún terreno.

Y con todas las terapéuticas dichas, el aislamiento y la contención, de los que, muy a pesar nuestro, no se puede prescindir todavía por completo en el estado actual de evolución y organización de los manicomios.

Es en las salas de observación y agudas donde se lleva a cabo, principalmente, la clinoterapia como remedio para la sedación de la agitación psico-motriz, alivio del agotamiento nervioso o en las enfermedades mentales acompañadas de debilidad orgánica; la empleamos también en las enfermedades somáticas, agitaciones amenciales, confusionales, paralíticas o epilépticas; por lo demás, el encamamiento llevado a la práctica como tratamiento prolongado de toda enfermedad mental tiene más inconvenientes que ventajas, por lo que en la actualidad ocupa un lugar secundario.

En un Sanatorio Psiquiátrico nada significarían todos los métodos dichos, si no se persiguiera con todo empeño la consecución de lo que se denomina "ambiente psiquiátrico", si queremos que aquellos sean eficaces; ambiente en el que todo tienda a la curación del enfermo con la conjunción de las direcciones técnica y administrativa, con los dogmas del tratamiento perpetuo y de la ocupación continua. Nuestro lema, es: El enfermo debe dormir a cualquier precio, molestar raras veces, comer siempre con arreglo a sus necesidades, trabajar en lo que deba y distraerse en lo que le convenga.

Laborterapia. Llegamos al método que, aunque antiguo, le cuadra perfectamente el de "moderno". Esto que parece una paradoja pudo ser verdad por ese afán de cosas nuevas que en el hombre existe, haciéndole abandonar lo que tiene entre manos, por bueno y práctico que sea y por ese otro prurito de creer que a todo método propio o extraño debe darle su visto bueno, su placet o su espaldarazo un extranjero de apellidos enrevesados.

Esta "moderna" terapéutica de hace cuatro siglos, resucitada el año 1852 por el Dr. Antonio Pujadas, que entonces se llamó trabajo y ahora se llama psicoterapia ocupacional, es la clave y el medio para que puedan cumplirse los postulados hoy exigidos a todo Frenocomio bien organizado y que un eminente psiquiatra los sintetiza, acertadamente, en estas frases: Tratamiento perpetuo y ocupación continua; todo enfermo en tratamiento y a cada enfermo su tratamiento; a enfermedad crónica, tratamiento perpetuo.

Aquí, en este método que fundamentalmente no consiste en otra cosa sino en que el enfermo mental tenga y esté sometido durante el día a una ocupación manual o intelectual adecuada a su estado psíquico y somático, tenemos la solución de todo lo que se puede exigir a un Sanatorio Psiquiátrico que se dedica a albergar crónicos.