Apuntes biográficos sobre Nicolás Achúcarro (1880-1918).

1910 (30 años)

 

            Nació en la calle Bidebarrieta del Casco Viejo bilbaíno el 14 de Junio de 1880, en el seno de una familia burguesa e instruida de la época. Sus padres fueron Aniceto Achúcarro Mocoroa, médico oftalmólogo del Hospital de Achuri, y Juana Lund Ugarte. El abuelo paterno llegó a Bilbao como constructor-albañil, mientras que el materno, de origen noruego, se dedicaba al flete marítimo sobre todo de bacalao. Fue el mayor de 4 hermanos: Juan Luis (1883), fallecido en su juventud de tuberculosis, lo que parece ser marcó a Nicolás; María Federica (1886) y Severino (1893).

             A los 10 años ingresó en el Instituto de Bilbao, donde enseñaba latín Miguel de Unamuno y con quien habría de reencontrarse en años posteriores de su vida. A punto de cumplir 15 años, terminó con sobresalientes el bachiller, habiendo complementado su formación con intereses tales como música, literatura, arte e idiomas. Formación humanista en la que sin dudad participó de manera importante su tío Severino, arquitecto con obras como el Casino de Bermeo, edificio de la Sociedad el Sitio y como mayor curiosidad en la materia que nos atañe, el Hospital Psiquiátrico de Bermeo.

Decidido a estudiar medicina, completó su formación preuniversitaria en un Gimnasium alemán en Wiesbaden. Con este objetivo, dejó Bilbao en Octubre de 1895 en compañía de su padre. Tras una breve estancia en París, queda alojado en la casa del director de la Orquesta de Wiesbaden, donde pasa los siguientes 16 meses, llegando a nuestro conocimiento todos los aspectos de su estancia por las frecuentes y regulares cartas a su madre.  

            Son meses de cierta soledad y dureza derivada de los estudios, solo interrumpidos por algunas distracciones como las visitas a la piscina de la casa de baños, patinaje sobre hielo en invierno y asistencia a conciertos y ópera. Según pasan los meses y mejora su dominio del alemán (llegó a hablar además inglés y francés), se va encontrando más cómodo y valora como más adecuada el tipo de formación que percibe está recibiendo frente a lo que le ofrecería su eventual vuelta a España para estudiar medicina. 

            Dejó Alemania en Marzo de 1897 y tras examinarse por libre del curso “selectivo” de ese año en la Universidad de Zaragoza, inicia el curso 97-98 en Madrid donde tiene además vínculos familiares. Ese primer curso le fue concedido el premio Martínez Molina por sus conocimientos anatómicos, igualmente y también por votación entre los alumnos, el siguiente año fue merecedor del premio Fourquet. Ese segundo curso asiste a las clases prácticas de Fisiología de José Gómez Ocaña, así como inicia el contacto con la histología de Santiago Ramón y Cajal. Inicia frecuentes visitas a casa de sus parientes Artajo, con cuya hija Lolita acabará casándose.  

            Su madre, le pone en contacto con Francisco Giner de los Rios, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, alternativa progresista, republicana y liberal frente al mediocre conservadurismo monárquico imperante. Fue Giner quien le presentó al socialista Simarro al conocer su interés por la histología. Descubridor de las placas seniles, simultaneamente al alemán Fischer, fue quien introdujo en España la nueva psicología experimental, así como la abrió a las corrientes psiquiátricas alemanas, principalmente la nosología de Kraepelin. En el laboratorio de Simarro empezó su carrera de investigador, completando de esta forma la pobre formación práctica oficial. La relación profesor alumno fue estrechándose de tal forma, que tras el fallecimiento de la esposa de Simarro, este invitó a Achúcarro, junto a otro insigne joven vinculado a la Institución Libre, Juan Ramón Jiménez, a vivir con él. Es en esta época cuando cristaliza su vocación histopatológica, montando un pequeño laboratorio en la buhardilla de su casa de Neguri, donde seguía investigando en sus períodos vacacionales.

Achúcarro trabajando en Neguri

            Insatisfecho con el nivel de enseñanza recibido en España, el verano de 1899, decide proseguir sus estudios de medicina en Alemania, desplazándose a Marburgo junto a su hermano Juan Luis que acababa en esas fechas el bachiller, no sin antes disfrutar de una estancia en París con su tío Severino. Tras una temporada monótona y apacible, dedicado al estudio y disfrute musical junto a su hermano, este enferma para fallecer un año más tarde ya de vuelta en Bilbao, dejando en Nicolás el peso de la pérdida junto al temor al contagio tuberculoso. Ya de vuelta de Alemania, se examinó por libre en Madrid del tercer curso de Medicina, de igual forma que superó los restantes 3 cursos siguientes hasta su licenciatura en 1904. Su formación médica práctica y el contacto con el enfermo es buscado en el servicio de Medicina General del eminente profesor Madinaveitia, no dejando nunca de lado su interés por la histología del S.N.C. Lafora nos dice de aquella época: “En el laboratorio que entre Madinaveitia y Simarro fundaron... Empezó a investigar la estructura fina del sistema nervioso de animales inferiores para pasar luego a estudiar las más complicadas del hombre... comprendimos enseguida los que allí asistimos que Achúcarro era un hombre de grandes esperanzas”.  

            Terminada la carrera, marchó a París a completar su formación junto al brillante Pierre Marie, en la Salpetriere. Es aquí donde conoció al alemán Lewandowsky y al italiano Catola, quienes influirán decisivamente en su trayectoria posterior. Durante este tiempo comienza a prepara una colección anatomopatológica de las enfermedades mentales, así como puede asistir a magistrales enseñanzas como las de Babinsky. Tras una breve vuelta a Bilbao, el verano de 1905, se desplaza esta vez a la Clínica de San Salvi, para trabajar con los famosos neuropsiquiatras florentinos Lúgaro y Tanzi. Desde aquí realiza diversas publicaciones en revistas alemanas, además de disfrutar del culto ambiente de la ciudad. Posteriormente se desplaza a Munich donde trabaja junto a Kraepelin y aprende de sus nuevas concepciones, además de seguir investigando en el laboratorio de Alzheimer sobre las lesiones nerviosas de la rabia, que igualmente son publicadas por revistas científicas germanas. En diciembre de 1906 presenta en Madrid la tesis doctoral “Contribución al estudio de la anatomía patológica de la rabia”, mereciendo la calificación de sobresaliente.

Recomendado por Alzheimer con la siguiente presentación: “yo no puedo ir, pero les envío a un joven que, a pesar de su juventud, vale tanto como yo”, fue aceptado para las tareas de dirección del laboratorio de Anatomía Patológica del macrohospital psiquiátrico de Washington. Embarcó en El Havre el 9 de Septiembre de 1908, asombrándose a su llegada del lujo imperante en el hospital y de la atención con que es recibido, siendo incluso invitado al año siguiente por el Presidente Roosevelt a una recepción en la Casa Blanca. Durante este tiempo se suceden algunas de sus publicaciones científicas sobre la histopatología del S.N.C., así como imparte diversas conferencias. Tampoco aquí descuida sus aficiones artísticas, conociendo al pintor Sorolla con ocasión de una de sus exposiciones. 

Invitación del Presidente Roosevelt a la Casa Blanca

             Relativamente pronto, parece anhelar la vuelta a casa, máxime al haber quedado Lola en Madrid, de quien se siente enamorado a pesar de ser primos carnales, aventajarle esta en edad y estar enferma con un reumatismo deformante que progresivamente le invalida, no contando tampoco con la aprobación de su familia. Dejó Estados Unidos en Agosto de 1909, pasando unos días en Bilbao antes de dirigirse a Madrid donde opositó a una plaza de Medicina del Hospital General que no consigue. Durante ese tiempo realizó frecuentes visitas a Lola, entrevistándose igualmente con Santiago Ramón y Cajal. Así como sigue de cerca la obra de Giner de los Ríos en la Institución Libre de Enseñanza. Durante el otoño, se desplaza junto a Teófilo Hernando a París, donde visitan diversos hospitales psiquiátricos, prosiguiendo viaje a Londres junto a otros dos médicos bilbaínos. En ese tiempo, tampoco puede presentar uno de sus trabajos en París, partiendo de nuevo hacia Estados Unidos a principios de Noviembre. Embarcó en Liverpool, donde había aprovechado para presentarse y conocer al padre de la moderna Fisiología, Sir Charles Scott Sherrington. Aquí le conceden una pensión para trabajar en su laboratorio, a la que renuncia desde América tras decidir concluir sus trabajos de investigación iniciados, preparar un nuevo director para el Instituto y regresar definitivamente a España.

Para su sucesión propuso a su amigo Gonzalo Lafora, asistente a la sala de Madinaveitia y al que conocía desde el laboratorio de la calle Oráa. Este se desplazó allí en Mayo de 1910, permitiendo que vuelva Achúcarro para instalarse en Madrid. Los meses posteriores dedica sus esfuerzos a consolidar su situación económica, lo que parece amenazar su carrera investigadora y docente: “el poco éxito en las cosas oficiales del laboratorio y del hospital, me tiene algo disgustado, y casi estoy pensando en dejar lo del laboratorio de Cajal (lo que hizo finalmente), que me quita tiempo y de lo que no voy a sacar nada. Me parece que me voy a dedicar por entero a las cosas de la clínica y si alguna vez gano lo suficiente, entonces volveré a las cosas de experimentación; una ilusión que naturalmente me cuesta abandonar para siempre... Ahora, aunque pocos, tengo algunos enfermos y no se pueden perder, pues seguramente es lo único que yo puedo esperar. De las cosas oficiales no podré sacar nada...”. 

            Progresivamente, en 1911, sus problemas económicos se van solucionando, habiendo decidido contraer matrimonio con Lola Artajo el 25 de Enero, sin la asistencia de sus padres. Le disgustan los trámites previos, especialmente los religiosos, contra los que, al parecer, abiertamente se pronuncia. Educado en un ambiente liberal, nunca desarrolló un espíritu religioso marcado, llegando a criticar en su adolescencia algunas de las imposiciones que percibe como derivadas de esta forma de entender el mundo, apareciendo luego en su edad adulta, al menos como agnóstico tolerante.  

            En el Hospital Provincial de Madrid se hace cargo de una sala, de donde Sacristán recuerda: “Sus enseñanzas fueron modelo de sencillez y de perspicacia clínica. No sólo nos enseño neurología y psiquiatría, sino cómo hay que ser cordial y comprensivo con el enfermo”. “Las autorizadísimas personas que han escrito sobre Achúcarro no se han detenido lo bastante, a juicio nuestro, sobre una de sus más sobresalientes actividades: el ejercicio de la psiquiatría”. Desde esta sala, Achúcarro inició el camino de la psiquiatría moderna, habiendo deseado sin resultados crear una escuela que sirviera de base a los psiquiatras españoles. Incluso Kraepelin se sorprende al conocer que Achúcarro no era profesor de esta especialidad. En este sentido, podemos señalar que en 1912 fue invitado con Jung y otros psiquiatras americanos a dar una serie de cursos sobre enfermedades mentales en la Universidad de Forham (Nueva York), siendo nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Yale. A su vuelta, con el apoyo de Cajal y el patrocinio de la Junta de Ampliación de Estudios, queda al cargo de un laboratorio donde se forman figuras como Rodríguez Lafora, Del Río Ortega, Sacristán, Gayarre, Fortún y otros. También la práctica de la Paidopsiquiatría fue parte de su actividad, siendo nombrado en 1914 Director Técnico del Patronato de Anormales. Anteriormente había propuesto, sin éxito, la enseñanza de esta disciplina en la Escuela de Magisterio.

En una excursión con Kraepelin. Puede leerse la anotación:

"Kräpelin apostol del antialcoholismo, al pie de una fuente dispuesto a ofrecer el líquido salvador a los convencidos".

 

            En 1910, promovida por Francisco Giner, inició su andadura la llamada Residencia de Estudiantes, que tan meritorios frutos dio en el panorama científico-cultural de la época. Achúcarro colaboró en la creación de sus laboratorios, participando activamente en la vida académica y literaria de la institución, junto a figuras como Unamuno, Pío Baroja o Juan Ramón Jiménez. Con todos estableció un fuerte vínculo de amistad, a la vez que trató ocasionalmente al último de ellos de sus recidivantes temores hipocondríacos (ampliar).  

            Los primeros síntomas de su fatal enfermedad aparecen en 1915, debiendo al año siguiente abandonar algunas de sus actividades para retirarse durante un año al Asilo del Pardo junto a su mujer. En Julio de 1917, ya gravemente afectado, marcha a Neguri, junto a la buhardilla donde instaló el rudimentario laboratorio donde descubrió el procedimiento del tanino y del óxido de plata amoniacal en 1911. Si bien en un principio se pensó en la tuberculosis como posible origen de sus males, con el tiempo los síntomas se van diferenciando. Progresivamente queda parapléjico, sufre irresistibles picores y aparecen úlceras por decúbito. Será él mismo, quien leyendo un texto de patología médica, se autodiagnosticó la enfermedad de Hodgkin, al reconocer la descripción de sus propios síntomas. 

            Falleció el 23 de Abril de 1918, a los 37 años. El Dr. Areilza, con quien solía encontrarse en sus desplazamientos a Bilbao, dijo en su memoria: “Tuvo la muerte clemencia con nuestro querido amigo Achúcarro, al concluir con las miserias y penas de su cruel enfermedad”.

 

Oscar Martínez Azumendi.

Extractado fundamentalmente de la obra: "Vida y obra del doctor Achúcarro" de Manuel Vitoria Ortiz. Ed. La Gran Enciclopedia Vasca; Bilbao, 1977.

Publicado con ligeras modificaciones en Norte de salud mental 2001, 11: 51-54