Escritos "In Memoriam" de Nicolás Achúcarro. Por diversos miembros de la Asociación Española de Neuropsiquiatras. |
![]()
Se incluyen tres textos, uno a continuación del otro:
1º de J.M. Sacristán, 2º de López Albo y 3º de G.R. Lafora
![]()
![]() |
Portada del número extraordinario de la Gaceta Médica del Norte en el 50º Aniversario de su fallecimiento.
El Dr. Nicolás Achúcarro, a quien dedica esta sesión necrológica la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, era uno de los más genuinos representantes de la trabajadora y entusiasta juventud española que persigue la incorporación de la ciencia patria al ambiente cultural europeo contemporáneo. Poseía vastísima cultura general y profundos conocimientos médicos. Las lenguas cultas europeas, tan necesarias e indispensables para quien desee estar al corriente de la producción científica mundial, a fin de poder guiarse con paso firme por el terreno de las investigaciones clínicas y de las pesquisas de laboratorio, le eran tan familiares como el español, y obvio es decir que la ciencia y la vida actual exigen imperiosamente el conocimiento de ellas. Especialmente iniciado desde sus estudios universitarios en los procederes de laboratorio, fue en el campo de la histopatología donde destacó por sus interesantes trabajos a propósito de las modificaciones estructurales que los procesos morbosos ejercen en el tejido nervioso. Porque Achúcarro era ante todo un histopatólogo consumado, a la vez que notable neurólogo y psiquiatra. Tuvo por primeros maestros a Cajal, Simarro y Madinaveitia, los cuales supieron dirigir su gran capacidad mental y habituarle a las disciplinas clínicas y de laboratorio, contribuyendo a formar el que había de llegar a ser, a pesar de su corta vida, un maestro en la ciencia neuropsiquiátrica nacional, completamente abandonada en nuestro país. Luego, la convivencia con los clínicos e investigadores extranjeros de primera fila, de los que asimiló prontamente los adelantos de la especialidad, sirvió para que se consolidara en él la orientación científica que se llevó de España. Al lado de Pierre Marie, primero; junto a Tanzi, Lugaro y Casola, después; con Kräpelin y Alzheimer, más tarde, se formó el concienzudo investigador y esclarecido clínico. Ya en el laboratorio de Florencia hizo trabajos de investigación histopatológica, que aparecieron en varias revistas alemanas. Después, en el laboratorio de Alzheimer, estudió las alteraciones que el virus rábico produce en el sistema nervioso, y su excelente trabajo sobre esta materia fue publicado en los Histologische und Histopathogische Arbeíten über die Hrosshirnrinde und bes.Berücks der pathol. Anatomia der Geisteskranheiten, 1913-1914, dirigidos por Nissl y Alzheimer. Sus investigaciones en este laboratorio sirvieron para que fuera designado por el mismo Alzheimer a organizar en el Manicomio Federal de Washington un laboratorio de histopatología del sistema nervioso, en donde no tardó en ser admirado por su inteligencia y laboriosidad. Durante el tiempo que permaneció en dicho puesto dejó tan bien probada su suficiencia en neuropatología, que dos años después de regresar a España fue requerido por la Universidad de Fordhan para que, en unión de otros célebres mentalistas americanos, tomara parte en un curso de psiquiatría para médicos. Todos sabéis que, ya definitivamente entre nosotros, la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas le colocó al frente de un laboratorio de histopatología nerviosa, y que la Beneficencia Provincial de Madrid, en cuyo cuerpo ingresó por oposición, le encomendó una consulta de Neurología y Psiquiatría y le hizo jefe de una sala destinada a enfermos del sistema nervioso. En estas circunstancias, Achúcarro, ya en condiciones de enseñar, empezó a crear escuela. Entonces tuve ocasión de conocerle y de ser uno de sus primeros discípulos. A partir de esta época su trabajo fue perseverante y fecundo. He aquí, someramente, algo de la labor realizada por Achúcarro. En el curso académico de 1912 a 1913, fue designado por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para desarrollar en la Residencia de Estudiantes unas conferencias sobre la histopatología de la corteza cerebral. A oírle acudió lo más selecto del cuerpo médico de Madrid y sus discípulos. Estas conferencias fueron acompañadas de interesantes proyecciones microscópicas. Más adelante dirigió en Madrid un curso de Pedagogía de niños anormales. En él explicó diez lecciones magistrales acerca de Psiquiatría infantil con nociones de la estructura y alteraciones del sistema nervioso, especialmente del cerebro en las anormalidades mentales, las cuales fueron otros tantos éxitos que probaron el dominio que tenía en todos los matices de la especialidad neuropsiquiátrica y lo muchísimo que de él se podía esperar en pro de estos seres tan indefensos y olvidados en España. Achúcarro era solicitado a menudo para dar conferencias en centros docentes y entidades particulares. Entre ellas recuerdo las del Instituto Rubio, Colegio Inglés, etc. Supliendo a su maestro Cajal, de quien era auxiliar en la Facultad de Medicina, explicó durante varios meses la cátedra de Histología. Por fin, Achúcarro colaboraba en el excelente tratado español de Patología Interna que actualmente se está publicando bajo la dirección de los doctores Hernando y Marañón. Si bien Achúcarro era un gran clínico en su especialidad, su entusiasmo y valer los demostró principalmente en la histopatología del sistema nervioso. Sus trabajos en esta materia son los que le han dado justa y merecida fama. En parte se hallan diseminados en revistas extranjeras, pero los restantes vieron la luz en los Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas de Cajal, y muchos de ellos fueron primeramente comunicados a la Sociedad Española de Biología. Sólo citaré, para ser breve, algunas de sus más importantes investigaciones. Un concienzudo estudio sobre la rabia, en el que describió las alteraciones corticales: núcleo celular de las pirámides y células alargadas; un estudio acerca de las esporotricosis experimentales; otro sobre las lesiones de los centros nerviosos en la demencia paralítica, empleando el método del oro y sublimado de Cajal; en la demencia senil hizo un estudio a propósito de la neurología cortical y de la alteración celular de Alzheimer; trabajó en la histopatología del corea y la demencia precoz, del reblandecimiento cerebral y’de la tabes; también describió los núcleos de las células gigantes de los gliomas. Muchos de sus descubrimientos los debió a un método original, tanino-plata-amoniacal con el que dio a conocer las alteraciones de la neuroglia y los elementos conjuntivos, así como la histopatología de los vasos de la capa gris, las células ameboides de la neurología, las células en bastoncito (StäbchenzelIen), y las alteraciones del ganglio cervical simpático superior en varias afecciones mentales. Mas Achúcarro no sólo investigó lo anormal del tejido nervioso. Recordaré algunas de sus pesquisas histológicas: la estructura de la glándula pineal humana, especialmente de sus células ganglionares, en colaboración con Sacristán; ciertos detalles estructurales de la membrana de la célula nerviosa, la estructura de la neuroglia, su disposición (gliotectónica) y distribución en la corteza cerebral, asta de Ammon y fascia dentata, su evolución en la serie animal, su relación con los vasos, etc. En unión de Calandre y Sacristán aplicó su método tanino-plata al estudio de la fibra muscular cardíaca del hombre y del carnero, Igualmente describió la estructura de la hipófisis, detallando con precisión, por primera vez, sus elementos nerviosos y neuróglicos. Y con lo expuesto no he hecho más que un breve recuerdo de sus principales trabajos histopatológicos. Pero Achúcarro no era únicamente un técnico minucioso. Su refinada y exquisita mentalidad buscaba algo más de lo que le resolvía el objetivo, quería interpretar lo que los colorantes y el microscopio arrancaba a la naturaleza. La hipótesis, esa antorcha que va siempre caminando delante de lo objetivo en ciencias experimentales, tenía que ser necesaria a un espíritu culto y perspicaz como el suyo. Su curiosidad científica, nunca saciada, iba en pos de esa verdad provisional que tiende a convertirse en permanente, o a perecer para ser reemplazada por otra más en armonía con el incesante progreso de la ciencia. De este modo, Achúcarro concibió que la neuroglia no era, como se ha venido creyendo, algo meramente pasivo entre la trama nerviosa, sino un órgano dotado de función activa, de una secreción interna, al igual que los restantes tejidos, y que sus fermentos tal vez influenciaran los estados de conciencia, especialmente los procesos emotivos. A Achúcarro, aunque en un grado inferior a Cajal, le ha pasado algo parecido a lo que le pasó a su maestro, pues el desnivel cultural entre la ciencia nacional y la extranjera se iba atenuando. Debido a esto, sus trabajos no podían ser apreciados más que por escasísimos compatriotas, lo que era motivo de que aparecieran en revistas extranjeras, y que fuera más conocido fuera de su país. Sin embargo, tan grande era su valer, que ya se habían ido filtrando en la conciencia médica española sus dotes de investigador, sobre todo en los que seguían de cerca sus trabajos. Como prueba del renombre que había adquirido en el extranjero, voy a leer solamente unos párrafos que el profesor Azoulay le dedica en el número del 24 de junio de La Presse Médicale: «La ciencia española acaba de perder un joven histólogo lleno de talento, un técnico consumado. Nicolás Achúcarro era un desinteresado, un patriota entusiasta que trabajaba por la gloria y el realzamiento científico de su país, y ya había formado discípulos en una institución destinada a guiar eficazmente a los jóvenes españoles en los métodos y las investigaciones, institución que a nuestro país falta. Que puedan la actividad, la celebridad pronto adquirida, el patriotismo de Achúcarro servir de ejemplo y de estímulo a sus jóvenes compatriotas y a los nuestros.» Estas palabras del eminente profesor francés son suficientes para formarse una idea del honroso concepto que de nuestro malogrado amigo tenían fuera de España. Se hacía necesario recopilar los trabajos de Achúcarro, diseminados por revistas nacionales y extranjeras. Afortunadamente existe en España una entidad que labora por el engrandecimiento intelectual de la Patria y que ha sabido corresponder a los méritos sobresalientes —dependiente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Biológicas—; tiene en preparación un volumen con las obras completas de Achúcarro. Con la muerte de Achúcarro ha perdido España uno de los pocos hombres que se afanaban desinteresadamente por incorporar a nuestro país la ciencia extranjera; y aquí, en su tierra natal, debe quedar algo que sirva de estímulo a la juventud médica actual y futura. Por eso, yo, el último de vosotros, no puedo olvidar que a él debo mis primeros pasos en la especialidad, que él me inició en la clínica de investigación neurológica, y para que se perpetúe su memoria propongo a la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao que se cree un premio anual, con el nombre «Premio Achúcarro», dedicado al mejor trabajo acerca de la Neurología y Psiquiatría, a fin de que siempre mantengamos el recuerdo de uno de los raros hombres que prometía días de gloria a la ciencia médica española y del primer investigador vizcaino en histopatología nerviosa. |