Escritos "In Memoriam" de Nicolás Achúcarro.

Por diversos miembros de la Asociación Española de Neuropsiquiatras.

 

Se incluyen tres textos, uno a continuación del otro:

1º de J.M. Sacristán, 2º de López Albo y 3º de G.R. Lafora

 

La muerte quebró la continuidad de una escuela apenas iniciada por él. Los que pertenecíamos a ella seguíamos nuestro incipiente camino sin guía, desorientados. La posibilidad de una auténtica Escuela Española de Psiquiatría se desvaneció. La prematura muerte de Achúcarro privó a la ciencia española de un investigador de primera línea, no sólo por lo que a la Histopatología del sistema nervioso se refiere, sino a la Psiquiatría, especialidad médica para la que estaba especialmente dotado. La ciencia psiquiátrica española propiamente dicha comienza con Achúcarro.

J.M. Sacristán

Portada del número extraordinario de la Gaceta Médica del Norte en el 50º Aniversario de su fallecimiento.

 

 

DISCURSO DEL DR. LOPEZ ALBO

SOLEMNE SESION NECROLOGICA CELEBRADA EN HONOR DEL MALOGRADO DR. D. NICOLAS ACHUCARRO, EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS MEDICAS DE BILBAO.

28 Julio de 1918

Mendaza, Crende, Clemente Romeo, Areilza, Ulacia, Landín y López Albo.

 El Dr. Nicolás Achúcarro, a quien dedica esta sesión necrológica la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, era uno de los más genuinos representantes de la trabajadora y entusiasta juventud española que persigue la incorporación de la ciencia patria al ambiente cultural europeo contemporáneo. Poseía vastísima cultura general y profundos conocimientos médicos. Las lenguas cultas europeas, tan necesarias e indispensables para quien desee estar al corriente de la producción científica mundial, a fin de poder guiarse con paso firme por el terreno de las investigaciones clínicas y de las pesquisas de laboratorio, le eran tan familiares como el español, y obvio es decir que la ciencia y la vida actual exigen imperiosamente el conocimiento de ellas.

Especialmente iniciado desde sus estudios universitarios en los procederes de laboratorio, fue en el campo de la histopatología donde destacó por sus interesantes trabajos a propósito de las modificaciones estructurales que los procesos morbosos ejercen en el tejido nervioso. Porque Achúcarro era ante todo un histopatólogo consumado, a la vez que notable neurólogo y psiquiatra. Tuvo por primeros maestros a Cajal, Simarro y Madinaveitia, los cuales supieron dirigir su gran capacidad mental y habituarle a las disciplinas clínicas y de laboratorio, contribuyendo a formar el que había de llegar a ser, a pesar de su corta vida, un maestro en la ciencia neuropsiquiátrica nacional, completamente abandonada en nuestro país. Luego, la convivencia con los clínicos e investigadores extranjeros de primera fila, de los que asimiló prontamente los adelantos de la especialidad, sirvió para que se consolidara en él la orientación científica que se llevó de España. Al lado de Pierre Marie, primero; junto a Tanzi, Lugaro y Casola, después; con Kräpelin y Alzheimer, más tarde, se formó el concienzudo investigador y esclarecido clínico. Ya en el laboratorio de Florencia hizo trabajos de investigación histopatológica, que aparecieron en varias revistas alemanas. Después, en el laboratorio de Alzheimer, estudió las alteraciones que el virus rábico produce en el sistema nervioso, y su excelente trabajo sobre esta materia fue publicado en los Histologische und Histopathogische Arbeíten über die Hrosshirnrinde und bes.Berücks der pathol. Anatomia der Geisteskranheiten, 1913-1914, dirigidos por Nissl y Alzheimer. Sus investigaciones en este laboratorio sirvieron para que fuera designado por el mismo Alzheimer a organizar en el Manicomio Federal de Washington un laboratorio de histopatología del sistema nervioso, en donde no tardó en ser admirado por su inteligencia y laboriosidad. Durante el tiempo que permaneció en dicho puesto dejó tan bien probada su suficiencia en neuropatología, que dos años después de regresar a España fue requerido por la Universidad de Fordhan para que, en unión de otros célebres mentalistas americanos, tomara parte en un curso de psiquiatría para médicos.

 Todos sabéis que, ya definitivamente entre nosotros, la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas le colocó al frente de un laboratorio de histopatología nerviosa, y que la Beneficencia Provincial de Madrid, en cuyo cuerpo ingresó por oposición, le encomendó una consulta de Neurología y Psiquiatría y le hizo jefe de una sala destinada a enfermos del sistema nervioso. En estas circunstancias, Achúcarro, ya en condiciones de enseñar, empezó a crear escuela. Entonces tuve ocasión de conocerle y de ser uno de sus primeros discípulos. A partir de esta época su trabajo fue perseverante y fecundo.

 He aquí, someramente, algo de la labor realizada por Achúcarro.

 En el curso académico de 1912 a 1913, fue designado por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para desarrollar en la Residencia de Estudiantes unas conferencias sobre la histopatología de la corteza cerebral. A oírle acudió lo más selecto del cuerpo médico de Madrid y sus discípulos. Estas conferencias fueron acompañadas de interesantes proyecciones microscópicas. Más adelante dirigió en Madrid un curso de Pedagogía de niños anormales. En él explicó diez lecciones magistrales acerca de Psiquiatría infantil con nociones de la estructura y alteraciones del sistema nervioso, especialmente del cerebro en las anormalidades mentales, las cuales fueron otros tantos éxitos que probaron el dominio que tenía en todos los matices de la especialidad neuropsiquiátrica y lo muchísimo que de él se podía esperar en pro de estos seres tan indefensos y olvidados en España. Achúcarro era solicitado a menudo para dar conferencias en centros docentes y entidades particulares. Entre ellas recuerdo las del Instituto Rubio, Colegio Inglés, etc. Supliendo a su maestro Cajal, de quien era auxiliar en la Facultad de Medicina, explicó durante varios meses la cátedra de Histología. Por fin, Achúcarro colaboraba en el excelente tratado español de Patología Interna que actualmente se está publicando bajo la dirección de los doctores Hernando y Marañón.

Si bien Achúcarro era un gran clínico en su especialidad, su entusiasmo y valer los demostró principalmente en la histopatología del sistema nervioso. Sus trabajos en esta materia son los que le han dado justa y merecida fama. En parte se hallan diseminados en revistas extranjeras, pero los restantes vieron la luz en los Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas de Cajal, y muchos de ellos fueron primeramente comunicados a la Sociedad Española de Biología.

Sólo citaré, para ser breve, algunas de sus más importantes investigaciones. Un concienzudo estudio sobre la rabia, en el que describió las alteraciones corticales: núcleo celular de las pirámides y células alargadas; un estudio acerca de las esporotricosis experimentales; otro sobre las lesiones de los centros nerviosos en la demencia paralítica, empleando el método del oro y sublimado de Cajal; en la demencia senil hizo un estudio a propósito de la neurología cortical y de la alteración celular de Alzheimer; trabajó en la histopatología del corea y la demencia precoz, del reblandecimiento cerebral y’de la tabes; también describió los núcleos de las células gigantes de los gliomas. Muchos de sus descubrimientos los debió a un método original, tanino-plata-amoniacal con el que dio a conocer las alteraciones de la neuroglia y los elementos conjuntivos, así como la histopatología de los vasos de la capa gris, las células ameboides de la neurología, las células en bastoncito (StäbchenzelIen), y las alteraciones del ganglio cervical simpático superior en varias afecciones mentales.

Mas Achúcarro no sólo investigó lo anormal del tejido nervioso. Recordaré algunas de sus pesquisas histológicas: la estructura de la glándula pineal humana, especialmente de sus células ganglionares, en colaboración con Sacristán; ciertos detalles estructurales de la membrana de la célula nerviosa, la estructura de la neuroglia, su disposición (gliotectónica) y distribución en la corteza cerebral, asta de Ammon y fascia dentata, su evolución en la serie animal, su relación con los vasos, etc. En unión de Calandre y Sacristán aplicó su método tanino-plata al estudio de la fibra muscular cardíaca del hombre y del carnero, Igualmente describió la estructura de la hipófisis, detallando con precisión, por primera vez, sus elementos nerviosos y neuróglicos. Y con lo expuesto no he hecho más que un breve recuerdo de sus principales trabajos histopatológicos.

Pero Achúcarro no era únicamente un técnico minucioso. Su refinada y exquisita mentalidad buscaba algo más de lo que le resolvía el objetivo, quería interpretar lo que los colorantes y el microscopio arrancaba a la naturaleza. La hipótesis, esa antorcha que va siempre caminando delante de lo objetivo en ciencias experimentales, tenía que ser necesaria a un espíritu culto y perspicaz como el suyo. Su curiosidad científica, nunca saciada, iba en pos de esa verdad provisional que tiende a convertirse en permanente, o a perecer para ser reemplazada por otra más en armonía con el incesante progreso de la ciencia. De este modo, Achúcarro concibió que la neuroglia no era, como se ha venido creyendo, algo meramente pasivo entre la trama nerviosa, sino un órgano dotado de función activa, de una secreción interna, al igual que los restantes tejidos, y que sus fermentos tal vez influenciaran los estados de conciencia, especialmente los procesos emotivos.

A Achúcarro, aunque en un grado inferior a Cajal, le ha pasado algo parecido a lo que le pasó a su maestro, pues el desnivel cultural entre la ciencia nacional y la extranjera se iba atenuando. Debido a esto, sus trabajos no podían ser apreciados más que por escasísimos compatriotas, lo que era motivo de que aparecieran en revistas extranjeras, y que fuera más conocido fuera de su país. Sin embargo, tan grande era su valer, que ya se habían ido filtrando en la conciencia médica española sus dotes de investigador, sobre todo en los que seguían de cerca sus trabajos. Como prueba del renombre que había adquirido en el extranjero, voy a leer solamente unos párrafos que el profesor Azoulay le dedica en el número del 24 de junio de La Presse Médicale:

«La ciencia española acaba de perder un joven histólogo lleno de talento, un técnico consumado. Nicolás Achúcarro era un desinteresado, un patriota entusiasta que trabajaba por la gloria y el realzamiento científico de su país, y ya había formado discípulos en una institución destinada a guiar eficazmente a los jóvenes españoles en los métodos y las investigaciones, institución que a nuestro país falta. Que puedan la actividad, la celebridad pronto adquirida, el patriotismo de Achúcarro servir de ejemplo y de estímulo a sus jóvenes compatriotas y a los nuestros.» Estas palabras del eminente profesor francés son suficientes para formarse una idea del honroso concepto que de nuestro malogrado amigo tenían fuera de España.

Se hacía necesario recopilar los trabajos de Achúcarro, diseminados por revistas nacionales y extranjeras. Afortunadamente existe en España una entidad que labora por el engrandecimiento intelectual de la Patria y que ha sabido corresponder a los méritos sobresalientes —dependiente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Biológicas—; tiene en preparación un volumen con las obras completas de Achúcarro.

Con la muerte de Achúcarro ha perdido España uno de los pocos hombres que se afanaban desinteresadamente por incorporar a nuestro país la ciencia extranjera; y aquí, en su tierra natal, debe quedar algo que sirva de estímulo a la juventud médica actual y futura. Por eso, yo, el último de vosotros, no puedo olvidar que a él debo mis primeros pasos en la especialidad, que él me inició en la clínica de investigación neurológica, y para que se perpetúe su memoria propongo a la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao que se cree un premio anual, con el nombre «Premio Achúcarro», dedicado al mejor trabajo acerca de la Neurología y Psiquiatría, a fin de que siempre mantengamos el recuerdo de uno de los raros hombres que prometía días de gloria a la ciencia médica española y del primer investigador vizcaino en histopatología nerviosa.

 

 

MIS RECUERDOS DE NICOLAS ACHUCARRO. 

Gonzalo L. Lafora  (1966)

Conocí a Achúcarro en 1903 en la clínica de nuestro común maestro de Patología general, don Juan Madinaveitia en el Hospital Provincial de Madrid. Asistía yo como alumno del tercer año de Medicina, mientras que Achúcarro estudiaba sus últimos años de Licenciatura de Medicina, que terminó en 1904. Por las tardes trabajábamos ambos, con otros discípulos de Madinaveitia y del profesor don Luis Simarro, en el laboratorio que los dos maestros fundaron en 1902 en la calle del General Oráa, 3. Allí se practicaban análisis clínicos y se estudiaban anatomopatológicamente las piezas de autopsia de los enfermos que morían en las salas del profesor Madinaveitia y también fragmentos de cerebro y médula espinal de casos autopsiados de enfermedades del sistema nervioso que interesaban al doctor Gayarre, neuropsiquíatra, y al doctor Achúcarro, como así también a los estudiantes que desde nuestros estudios anatómicos habíamos decidido dedicarnos a las enfermedades nerviosas y mentales.

Dibujo de "la locura" de 1907 por Achúcarro  (Sobre una hoja  de consulta conservada por Lafora).

 

La clínica de Madinaveitia atraía por sus enseñanzas prácticas, tanto clínicas como necrópsicas, a un brillante grupo de médicos ya distinguidos en diversas especialidades (Gayarre, Sandoval, García del Mazo, García del Real, Sama, Botella, Cejudo y algunos más) y entre ellos destacaba ya precozmente Achúcarro por sus vastos conocimientos, su ingenio y simpatía personal, condiciones que le granjeaban pronto la consideración y la amistad de todos los que le trataban. Su facilidad para los idiomas, su cultura artística, sus amplias lecturas y su trato sencillo, pero siempre chispeante de ingenio e ironía, hizo que muy pronto los más jóvenes estudiantes le considerásemos como un modelo a imitar y un maestro. De mí puedo decir que desde entonces por su juventud y saber fue como un confidente y consejero de los problemas sobre enseñanzas y orientación que uno no se atrevía a confiar a los profesores más hechos por su edad y experiencia.

Durante los años 1903 y 1904, mi amistad y supeditación a Achúcarro fue creciendo. Con él y bajo la dirección de Simarro empecé también a estudiar la histología del sistema nervioso de los peces, especialmente del pez rojo de los estanques y de otra especie peculiar traída del laboratorio biológico de Santander a causa de sus cinco órganos tentaculares.

En el Otoño de 1904, terminada su licenciatura, marchó Achúcarro a París, donde trabajó especialmente en la clínica Neurológica y Laboratorio en Bicétre, dirigido por el profesor Pierre Marie. Allí trabó amistad con Lewandowsky, el joven y destacado neurólogo alemán que años después terminó sus días suicidándose, y con Catola, de la Clínica Psiquiátrica de Florencia. Con este último inició un trabajo histopatológico en París que continuó en 1905 en el Laboratorio de la Clínica Psiquiátrica de Florencia: Sobre la génesis de los corpúsculos amiloides en el sistema nervioso central, el cual fue su primer trabajo publicado en Alemania en 1906 (1). En Florencia, bajo la dirección de Lugaro y Tanzi, se inicia en la Psiquiatría clínica, que en España era imposible de aprender, por no existir la cátedra y haberse separado Simarro de la labor hospitalaria. Allí pasa el año 1905 trabajando en la clínica psiquiátrica y en histopatología de las psicosis bajo la dirección de Lugaro. Pero por entonces el renombre de la escuela de Kraepelin, en Munich, como el mejor centro alemán para la enseñanza de la nueva Psiquiatría le decide a marchar a dicha ciudad a empezar a trabajar en el laboratorio que allí dirige el gran neuropatólogo Alois Alzheimer, antiguo colaborador de Nissl en Heildelberg. Desde 1904 a 1912 dirigió Alzheimer el laboratorio anatómico de la clínica psiquiátrica de Kraepelin y entre sus numerosos discípulos destacó claramente Achúcarro que permaneció allí de 1906 a 1908.

En este laboratorio aparece retratado en 1908 al lado de Alzheimer, con Lotmar, Cerletti, Perusini, Bonfligio, Allers y F. H. Lewy, muchos de los cuales encontraría yo después en 1909 durante el segundo semestre que trabajé en aquel magnífico centro de investigación (ver página 73 de 50 Jahre Nuropathologie in Deutschland, 1885-1935; G. Thieme, Stuttgart, 1961). Cuando Smith Elly Jeiliffe pasa una temporada (1908) en el laboratorio de Alzheimer y pide a éste un buen discípulo para organizar en Washington en el Government Hospital for the Insane (llamado hoy St. Elisabhet’s Hospital) un laboratorio de histopatología de la psicosis, Alzheimer recomienda a Achúcarro que ha terminado allí entre otros trabajos su importante investigación sobre las lesiones cerebrales de la rabia experimental en conejos y de un caso de rabia en un hombre de veintiséis años, trabajo publicado en 1909 en los Histologische und histopatologische Arbeitan, dirigidos por Nissl y Alzheimer (v. III, fasc 1) y anteriormente aparecido en español como tesis doctoral con el título Contribución al estudio de la anatomía patológica de la rabia (Madrid, diciembre de 1906). La petición de Jelliffe había partido del superintendente del Government Hospital for the Insane, doctor William A. Whits, que intentaba dar un giro moderno científico a la investigación en aquel enorme hospital psiquiátrico federal. Por entonces albergaba el mismo alrededor de 6.000 pacientes de ambos sexos, entre los cuales se contaban enfermos mentales del Ejército y de la Marina y alrededor de 400 casos de criminales con afecciones mentales.

Aparte del personal médico dedicado a la labor clínica que comprendía unos 34 psiquíatras clínicos de ambos sexos, el departamento científico, dirigido por el psicólogo clínico doctor Shepherd I. Franz, comprendía un patólogo, el profesor Blackburn, un analista, serólogo clínico, doctor William H. Hough, y a ellos se unía un histopatótogo ya de renombre, encargado de dar informes histopatológicos sobre las lesiones cerebrales de los casos llegados a la autopsia, realizada por el doctor Blackburn.

Para Achúcarro, que conocía muy bien el alemán, el francés y el italiano, pero sólo leía el inglés, el contrato ilimitado para trabajar en Norteamérica y perfeccionar su conversación en inglés, a la vez que aumentar su experiencia anatomopatológica de las psicosis fue una proposición acogida con entusiasmo. Aunque decidido a no quedarse en Norteamérica por estar ya enamorado de su inteligente y bella prima Lola Artajo, que luego fue su mujer, embarcó en el «Havre» rumbo a Nueva York en setiembre de 1908. La acogida de los colegas americanos en Washington fue afectuosa en grado sumo y Achúcarro nos escribió encantado del ambiente científico y profesional y de la vida confortable en su piso de un hotelito en medio de! parque. Pronto organizó allí el laboratorio anatomopatológico en él edificio dedicado a laboratorios y sala de autopsias y preparó a una señorita técnica llamada miss Wagner en la práctica de los modernos métodos argénticos, en los de tinción con anilinas, e incluso en los métodos histoquímicas conocidos por entonces. Fruto de este primer año de labor fueron una serie de trabajos que vieron la luz en el Bulletin números 1 y 2 (1909 y 1910) de dicho Government Hospital for the Insane. En el primero de éstos publicó: «El estado actual de la histopatología en el estudio de las enfermedades mentales» (2), en el cual exponía serenamente, frente a las críticas de los funcionalistas, los progresos realizados recientemente por la histopatología en algunas enfermedades mentales y lo que era prudente vislumbrar en el futuro por la aplicación de las nuevas técnicas tintoriales de la neuroglia y de otros elementos distintos de las células nerviosas corticales, a las que preferentemente se habían dirigido hasta entonces los estudios de Nissl y su escuela. Un énfasis especial concedía Achúcarro a los recientes estudios histoquímicos comprendidos por la escuela de Alzheimer para diferenciar a los diversos productos de desintegración (Abbauproduckte de Alzheimer), ya que, como había dicho el mismo maestro, «en los casos en los cuales el examen morfológico exclusivo de los elementos nerviosos no pudo revelar ninguna modificación patológica de las estructuras nerviosas mediante el estudio histoquímico de sus productos de desintegración».

Se refería esto indudablemente a los recientes hallazgos histoquímicos de Alzheimer en algún caso de demencia precoz catatónica muerto súbitamente por la llamada «hinchazón cerebral». Como una curiosa anticipación futura de lo que años después constituiría el principal objeto de sus investigaciones sobre las funciones metabólicas y endocrinas de diversos elementos de la neuroglia recogemos otro párrafo de este interesante trabajo de Achúcarro: «Los tejidos intersticiales en general no se consideran ya sólo como el soporte mecánico de los órganos que contribuyen a formar. Sus funciones se extienden mucho más allá de estos límites en la esfera del metabolismo de todo el órgano. También la neuroglia en el tejido nervioso no es ya simplemente considerada como un tejido de sostén, sino como un elemento que juega un gran papel en las funciones nutritivas y metabólicas del órgano, tanto en el estado normal como en los procesos patológicos.» En efecto —añade—, los nuevos métodos de tinción del protoplasma de la neuroglia más que su parte fibrillar han contribuido extensamente a dar a las estructuras gliales una importante significación en lo que respecta a la elaboración e incluso, quizá, a la circulación de los productos de desintegración en el sistema nervioso. «En el desenvolvimiento de estas funciones bajo circunstancias patológicas los elementos neuróglicos desarrollan una notable plasticidad por la adaptación de su propia forma a los elementos nerviosos que se están destruyendo.» Era lo que venía demostrando en sus trabajos sobre las «células en bastoncito», estiradas al adaptarse a lo largo de las prolongaciones de las células nerviosas del asta de Ammón.

También en este trabajo empieza ya a ocuparse de lo que luego constituyó uno de los temas a los que dirigió su atención, la glioarquitectónica cortical, como complemento de la citoarquitectónica, la cual iniciada por Cajal en España y por Campbell en Inglaterra, había sido llevada a su mayor desarrollo por los trabajos de Brodmann en Alemania. Suponía entonces que esta disciplina podría constituir «un amplio campo de investigación abierto al estudio de la corteza patológica».

Otros diversos aspectos interesantes de la histopatología son tratados también en este trabajo genial (que merecía traducirse en su totalidad) y entre ellos la similitud en las reacciones tisulares del sistema nervioso central entre las enfermedades debidas a tripanosomas y las causas por los espiroquetes de la sífilis.

En el Bulletin número 2 (1910) aparecieron cuatro trabajos de Achúcarro: el primero describe «algunos hallazgos patológicos en la neuroglia y las células nerviosas de la corteza cerebral en los procesos seniles», señalando la semejanza de los cestos fibrillares en las células neuróglicas, tanto en las células satélites de las células nerviosas (actual oligodendroglia) como en las células neuróglicas intersticiales, con los descritos por Alzheimer en las células nerviosas, que consideró éste como neurofibrillas, y que también presentaba el caso estudiado por Achúcarro. Tal semejanza estructural y tintorial llevó a éste a describir: «Este hecho establece ya alguna conexión entre ambas clases de alteraciones patológicas, pero mayores semejanzas se muestran todavía por el estudio de las alteraciones experimentadas por las células neuróglicas satélites.» Y, en efecto, muestra alguna microfotografía de una célula nerviosa cortical rodeada por un cesto fibrillar procedente de una célula neuróglica satélite, que imita perfectamente los cestos de las células nerviosas descritas por Alzheimer en la senilidad. Por estas y otras razones concluye Achúcarro afirmando: «Me inclino a aceptar el punto de vista que un proceso de incrustación con un producto patológico que actúa sobre diferentes estructuras, neuroglia, retículo pericelular e incluso las neurofibrillas endocelulares da origen a la variedad de formaciones que se han mostrado en este trabajo», y, desde luego, niega toda semejanza entre las alteraciones fibrillares decritas por Alzheímer en las células nerviosas de casos seniles y el engrosamiento de las neurofibrillas en las células nerviosas de casos de rabia estudiados por él. De aquella interpretación primera de Achúcarro partieron los trabajos posteriores de Del Río Hortega, confirmados años después por los nuestros en la enfermedad de Alzheimer (3), de la producción de semejantes cestos fibrillares tanto en las células cilíndricas del apéndice ventricular como en las células de los plexos coroideos, lo cual parece indicar, como pensaba el profesor Levi de Turín, que se trata de un proceso senil de incrustación coloidal que afecta a diversas células cerebrales, según ha demostrado después Divry. No obstante, en Alemania siguen describiéndose dichas alteraciones fibrillares de Alzheimer como de naturaleza neurofibrillar sin tomar en consideración su distinta condición tintorial y su persistencia después de desaparecida la célula nerviosa.

Los otros tres trabajos de Achúcarro se refieren a lo ya mencionado sobre las células en bastoncito (Stábchenzellen) y las células gránulograsientas en el asta de Ammón del conejo, bajo condiciones experimentales, a las granulaciones ependimarias de los ventrículos laterales y a ciertas placas conjuntivas del quinto ventrículo. Estos últimos escritos habían ya aparecido en francés en los trabajos del Instituto Cajal de 1908 y 1909. También en setiembre de 1909 aparece en España un interesante trabajo informativo de Achúcarro titulado: Psiquiatría en los E.U. de América (4).

El último trabajo publicado en Washington por Achúcarro (en colaboración con el director clínico, doctor Henry W. Miller) fue sobre Un caso de parálisis general juvenil, leído en la 66 Reunión anual de la Asociación Médico-Psicológica Americana, que tuvo lugar en Washington en mayo de 1910 y publicado en sus Proceedings de esa fecha y posteriormente en el Amer. Journ. of  Insanity, vol. 67, enero 1911. En éste pudo estudiar histopatológicamente el cerebro de la madre del enfermo y el de éste (de doce años), muertos ambos en noviembre y diciembre de 1909. En los dos casos se confirmaron las lesiones inflamatorias típicas de la parálisis general y además, en el cerebelo del hijo encontró una acentuada destrucción de las células de Purkinje y de otras que aparecían bínucleadas, como ya había sido señalado previamente por Straüsler, Rondoni, Traper y Hough, interpretándolas todas como pruebas de anomalías del desarrollo en estos casos.

Este fue el último mes que Achúcarro permaneció en Washington, esperando mi llegada al Hospital para sustituirle en su puesto, el cual debía abandonar para regresar a España con el plan de casarse e instalarse definitivamente en Madrid.

Después de mi primer año de pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios en 1909 que distribuí pasando un semestre en Berlín ocupado por las mañanas en la clínica y en el laboratorio del Hospital de la Charité (Charité Krakenhaus), dirigido por el profesor Theodor Ziehen, donde conocí a Smith Elly Jelliffe, que realizaba allí un trabajo de anatomía comparada del cerebro bajo la dirección de Ziehen, referente a la histopatología de la célula espinal en las psicosis seniles y arterioescleróticas, recibí en este último laboratorio de Alzheimer una carta de Achúcarro hacia noviembre de 1909 preguntándome si me interesaría ir a Norteamérica a sustituirle en Washington hacia mayo de 1910, pues deseaba conocer mi acogida a tal proposición antes de preguntársela al profesor William A. White y a su amigo Jelliffe que debían decidir. Habiéndole contestado con gratitud y entusiasmo a su ofrecimiento, llevó a término todos los complicados trámites y cuando yo estaba en París asistiendo a las clínicas de Pierre Marie y a la Dejerine con su laboratorio, recibí una segunda carta de Achúcarro en marzo de 1910 confirmándome la aceptación de mi nombramiento y dándome prisa para que arreglase todos mis asuntos a fin de llegar a Washington a fines de abril o a principios de mayo, pues quería estar diez o quince días conmigo para presentarme al cuerpo medico y entregarme el laboratorio antes de abandonar Washington.

Así pude conseguir presentarme en la capital de Norteamérica en los primeros días de mayo de 1910 y pasar unos diez días acompañado y dirigido por Achúcarro en mis primeros pasos en aquel país cuyo idioma sólo sabía traducir, pero sin entenderlo ni hablarlo.

En aquellos breves días pude darme rápida cuenta del alto prestigio alcanzado por Achúcarro entre los médicos del hospital y, singularmente, entre los que formaban el llamado Directorio Científico (Scientific Staff), director profesor White, doctor Franz, doctor Blackburn y doctor Hough.

De este modo, pude continuar modestamente la gran labor iniciada y organizada por Achúcarro en aquel magnífico Hospital Federal, con abundantes medios económicos y personal auxiliar para llevar a cabo una labor que unía con la creciente ciencia norteamericana las nuevas orientaciones histopatológicas de la psicosis de la escuela alemana de Nissl y Alzheimer.

Antes de terminar estos recuerdos científicos de mi maestro Achúcarro a cuya dirección, ejemplo y enseñanza tanto debo, quisiera referirme brevemente a Achúcarro como persona, como hombre.

Unamuno, que aunque gran amigo de Achúcarro no compartió lo que él llama «Su ataraxia, su imperturbabilidad ante la Esfinge..., su posición spinoziana frente a la muerte» y, en cambio, mostraba lo que Achúcarro considera como (incapacidad (de Unamuno) para sentir el valor de la ciencia, sobre todo, de la morfología». Por eso dice de Achúcarro que no era un espíritu sereno, sino un ánimo recio, cambatiente y agresivo, bajo la capa de tranquila objetividad o de constante sonrisa irónica. Y, en efecto, Achúcarro que era todo alegre optimismo sonriente ante la vida y selecto espíritu irónico, se encrespaba cuando discutía con los escépticos ante el progreso de la ciencia y, sobre todo, ante los farsantes o falsificadores de la ciencia. Y añade Unamuno que un día le dijo Achúcarro: «No es todo hacer carrera y nombre y ganar dinero; hay que vivir, hay que gozar, hay que divertirse...» En realidad, éste era el espíritu juvenil y nórdico de Achúcarro mientras tuvo buena salud y como lo ha señalado con acierto el maestro Cajal: «Poco vivió el infortunado Achúcarro, pero vivió intensa y plenamente.» Muchas anécdotas de su vida de soltero en los diversos países que me recorrió en sus años de peregrinación científica, que él mismo refería con regocijante gracejo, lo atestiguan y ello nos explica su gran admiración por la sonriente personalidad de Georges Courteline a cuyos famosos personajes hacia frecuente alusión en sus buenos ratos de humor alegre, terminadas ya las horas de trabajo científico. Las desgraciadas peripecias amorosas del pobre cornudo Boubouruche, las aventuras cuarteleras de Lidoire y de Petiron, los divertidos episodios referidos por Courteline en su libro Les femmes d’amis o las ocurrencias de los burócratas franceses en Messieurs les Ronds de cuir (traducidas al español como Los señores chupatintas) que nuestro amigo se conocía de memoria, originaban graciosas reminiscencias del ánimo jovial y lleno de vida del Achúcarro que más recuerdo. El doctor Hernando y sus compañeros de estudios pueden atestiguarlo.

Después, cuando la cruel enfermedad le hizo su víctima, originándole una paraplejía total, a raíz de una inyección intravenosa de neosalvarsán, su ánimo optimista siguió todavía conservando esperanzas de recuperación, la última vez que le visitamos en El Pardo. Luego supe por alguien de su familia que cuando ya sin esperanzas sintió acercársele el fin, pidió que le leyesen los hermosos versos de Antonio Machado escritos a la muerte de don Francisco Giner de los Ríos, uno de los hombres ejemplares que más admiró en su juventud nuestro inolvidable amigo y maestro.

Que estas notas de recuerdo sirvan para ayudar a perpetuar la memoria de uno de los más excepcionales jóvenes perdidos por España cuando más falta hacía su magisterio noble y espiritual.

 

(1) G. CATOLA y N. ACHUCARRO: Ueber die Entstehung der Amyloid-Körpercheim Zentralnervenssystem. Wirchows Archiv, V. 184; 454-469, 1906.

(2) N. ACHUCARRO: The Standpoint of Histopathology in the Study of mental Diseases (Bull, núm. 1, pág. 43, 1909).

(3) GONZALO R. LAFORA: Valorisation critique des découvertes histopathoIogiques dans sénilité (Proceed. First. Internat. Congr. of Neuropathology, Rome 8-13 sept. 1952)

(4) Revista Clínica de Madrid, vol. I, núm. 17, 1º set. 1909.