O.M.E. |
Síntesis Médica Mundial M. Soriano Jiménez (Editor). (Con especial referencia al capítulo de Neuropsiquiatría de L. Insabato) Sociedad española de especialidades farmacoterapéuticas. Barcelona, 1940. |
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Con 294 páginas y grandilocuentemente titulado “Síntesis Médica Mundial. Resumen de los principales estudios realizados durante los últimos cuatro años, especialmente en relación con la terapéutica clínica” fue editado en 1940 por el Dr. Máximo Soriano Jiménez (1905-1978), entonces profesor auxiliar y posteriormente catedrático de la Facultad de Medicina de Barcelona. Con este volumen, inauguró sin pretenderlo una colección que siguió publicándose hasta 1978 ya bajo un más modesto título de “Síntesis médica”. En ese momento, el texto fue dirigido específicamente a los médicos españoles “…al práctico, especialmente al que se halla alejado de los centros universitarios y que se ha visto en un aislamiento forzoso durante todo el tiempo de la Guerra…”, intentando abarcar todo los campos del conocimiento médico de la época, desde la pediatría a la medicina interna, o la otorrinolaringología hasta la neuropsiquiatría. |
El libro es fiel reflejo de las circunstancias por las que atravesaba el país. Recién salidos de la guerra con graves limitaciones en el acceso a las fuentes de formación continuada, se buscó ayuda en el exterior en “…algunos especialistas italianos, por la mayor facilidad que tenían de obtener la bibliografía científica reciente en las bibliotecas de su país”. Igualmente, la escasez de materias primas como el papel obliga a resumir y concentrar los temas tratados, expuestos en caracteres tipográficos minúsculos sin apenas desperdicio de espacios en blanco, sobre un papel pardo-grisáceo de ínfima calidad y renunciando incluso a las referencias bibliográficas en aras a la concreción así como la triste inclusión, al inicio del apartado de cirugía general, del texto: “La falta de papel nos impide publicar este interesante capítulo, del que sólo podemos transcribir las siguientes notas:”.
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Pretendiendo poner al día al médico práctico español de los más recientes adelantos en clínica y terapéutica por 20 Pts. de la época, incluso la inevitable publicidad que habría de enjugar parte de los costes editoriales por parte del laboratorio Wassermann que tomó a su cargo la publicación del texto, se limitaba a unos delicados encartes en papel cebolla que hay que manejar con especial cuidado para no estropear. En este sentido, no nos pasa desapercibido el breve mensaje en la página 5 donde se explicita “Por indicación de la casa Wassermann, en el texto no se ha hecho nunca mención de producto alguno que lleve su firma”, lo que sin duda les honraba y añadía credibilidad. |
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El capítulo de neuropsiquiatría se debe a la pluma del psiquiatra y
poeta aficionado Luigi Insabato (1891-1963), autor de obras de temáticas
diversas como Sul connettivo nell'utero fetale (1924); Sulle
psicosi e tosse infettive (1924); Assistenza post carceraria.
Considerazioni e proposte (1933); Bari e la questione manicomiale
(1933); Le cellule dorsali nel midollo spinale (1936) e incluso
el opúsculo poético Ozi letterari di un psichiatra (1949).
Insabato alcanzó el grado de Mayor ejerciendo como médico durante el
servicio militar. La clínica que fundó en Bari, Villa Igiea, es sede
actualmente de la Asociación ARIRI (Investigación e intervención
sobre las relaciones interpersonales) que mantiene una escuela de
psicoterapia psicoanalítica, paradójicamente muy diferente en sus
intervenciones terapéuticas de las descritas por Insabato en el
capítulo que nos ocupa y donde en ningún lugar hace referencia a
posibles complementos psicológicos a las mismas. |
Insabato inicia su exposición con una breve introducción histórica donde por ejemplo se nos recuerda con orgullosa satisfacción profesional el advenimiento de la malarioterapia, que en 1917 revolucionó los escasos recursos terapéuticos con que contaba la psiquiatría. A continuación recoge la parte relativa a los subsiguientes tratamientos de choque (insulina, cardiazol y electroshock) así como el tratamiento diecefalorraquídeo a través de drenajes o provocación de meningitis asépticas. prosigue ocupándose de las más recientes novedades en la farmacopea neuropsiquiátrica de la época, como fue la utilización de los preparados benzedrínicos, anfetamina sintetizada en 1927 por Alles y utilizada previamente en forma inhalada para tratar el asma y como descongestionante nasal, que con la observación de algunas de sus propiedades añadidas, se pasó a utilizar en la narcolepsia, estados de agotamiento y psiconeurosis, desaconsejándose en los cuadros depresivos por el riesgo de precipitar una psicosis, así como previniéndose sobre su uso en los alcohólicos, que rápidamente habían aprendido su utilidad como “cheap jag” o “borrachera barata”. Además de otras utilidades neuropsiquiátricas (Parkinson), se recogen otras indicaciones o propiedades como la mayor aplicación en el estudio de las matemáticas observado por Bradley en los jóvenes, o las pequeñas dosis aconsejadas por los americanos en los estados de torpeza postprandial en sustitución a los estimulantes exóticos como el café o té.
Recortamos del texto original la
utilización de las sulfamidas, formidable avance a partir de 1932, en el
tratamiento de las meningitis bacterianas, descritas por Gaspard
Viesseux en 1805 como "fiebre
epidémica cerebro-espinal" y generalmente de desenlace fatal.
Reproduciendo sólo las indicaciones psiquiátricas finales, también
recortamos el apartado relativo a la Vitamina B1 aislada en 1927 y
desde entonces de reconocida utilidad en todo tipo de afecciones neuríticas.
Un curioso tratamiento propuesto para los estados depresivos es el
clorhidrato de hematoporfirina (Photodyl), que en la actualidad es la base de la
terapia fotodinámica (TFD) para el cáncer. Este tratamiento se basa en la
combinación de la luz capaz de atravesar los tejidos y de sustancias (hematoporfirina)
que hacen que el tumor se vuelva sensible a la luz. Estas moléculas, tienen la
habilidad de absorber la energía de la luz y pasarla a las moléculas de oxígeno
disueltas en el tejido, formándose así un tipo de oxígeno que puede ser muy
reactivo y dañar ciertos componentes celulares.
A
continuación, nos sorprende la rudimentaria descripción de la técnica leucotómica
del lisboeta Egas Moniz (posteriormente merecedor del Nóbel de medicina en
1949), así como la modificación de Fiamberti con inyecciones transorbitarias
de alcohol absoluto o formalina. Seguidamente se detiene en tratamientos más
netamente neuropsiquiátricos: a) la ofidioterapia por veneno de serpiente
utilizada, en evitación de la morfina, en casos de dolores rebeldes como en la
mielopatía sifilítica o tabes dorsal. b) la Marconiterapia por ondas cortas de
radio de alta frecuencia que producen calor al atravesar el cuerpo humano,
actualmente utilizada fundamentalmente en casos de artropatía degenerativa.
Acabamos la reimpresión con el “nuevo” tratamiento atropínico del
parkinsonismo, con un curioso ejemplo de preparación galénica de la época,
junto a una no menos curiosa muestra de las pugnas patrioteras relativas a las
bondades de la belladona que podía recolectarse en diferentes países.
El
trabajo original se cierra con apartados relativos a los tumores cerebrales y
neurocirugía, poliomielitis anterior aguda, encefalitis y meningitis,
neuromielitis epidémica después de la guerra en España (por M. Soriano) y
finalmente aracnoiditis optoquiasmática, cuya reproducción se salía fuera de
nuestro interés.