O.M.E. |
"Neuropsiquiatría" Luigi Insabato Capítulo en Síntesis Médica Mundial de M. Soriano Jiménez (Editor). Sociedad española de especialidades farmacoterapéuticas. Barcelona, 1940. 143-173. |
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LA
TERAPÉUTICA POR LOS SHOCKS: INSULINA, CARDIAZOL, ELECTROSHOCK.
TRATAMIENTO DIACEFALORRAQUIDEO La
psiquiatría se encuentra en un periodo muy importante de su desarrollo
histórico. En el siglo XIX y en el XX tuvo dos fases: la primera
“asistencial” que corresponde al desarrollo de las ideas
manicomiales pre-quirúrgicas y a la construcción de los grandes
Hospitales Psiquiátricos modernos; la segunda, es la que podríamos
llamar nosológica. Esta ha durado hasta el cumplimiento de la
construcción nosológica de Kraepelin y está caracterizada por una
abundante corriente de estudios anatomopatológicos fundamentales. Después sobrevino un letargo que duró más de 20 años, durante los cuales, descontentos los médicos del hecho de que ni los trabajos de discriminación nosológica, ni los análisis anatomopatológicos de las enfermedades mentales, habían reportado resultados útiles al arte curativo, que es el supremo fin y el ideal humano del médico, una buena parte de los psiquiatras se limitó al automatismo diagnóstico y asistencial de los manicomios, otra parte se dio al psicologismo atrayente dirigiéndose hacia el psicoanálisis, al adlerismo y a otras construcciones nebulosas del mismo género, y todavía otra parte se hizo tránsfuga refugiándose en e] campo que parecía más fértil, el de la neurología pura y de la endocrinología. |
Hacia
el fin de este periodo mortificante para la Psiquiatría se realizan dos hechos
de extraordinaria importancia: el primero fue un fenómeno natural: el de la
aparición de la epidemia de encefalitis llamada letárgica; el segundo fue un
destello del genio humano: el descubrimiento de la acción terapéutica de la
infección malárica en la parálisis progresiva que realizó Wagner Von Jauregg.
El primer advenimiento provoca un creciente interés para el estudio de los fenómenos
secundarios a la encefalitis epidémica e hizo regresar al redil a todos los tránsfugas
de la Psiquiatría, los cuales en el campo puramente neurológico fueron
obligados a dirigir su atención a fenómenos psíquicos y neurológicos
estrictamente entrelazados y los cuales por el peculiar carácter electivo (patoclínico
en el sentido de Vogt) de las lesiones morbosas ponían al descubierto una parte
de las funciones psíquicas y motoras del neuroeje. La aportación de los
estudios neurológicos a la Psiquiatría fue utilísima porque representaba un
enriquecimiento con nueva linfa que llegaba al viejo tronco de ésta con nuevos
métodos de investigación clínica, con atención minuciosa ante los más pequeños
signos con energía eficaz y audacia ejercitada en los riesgos de la moderna técnica
agresiva, tanto diagnóstica como ‘terapéutica.
El
segundo advenimiento, o sea el de la malarioterapia, removió los fundamentos
del mísero arsenal terapéutico que constaba de poco más del que tenía 2.000
años antes, desde los hechos que aportaban Hipócrates, Celso y Areteo, y
produjo un extraordinario impulso a las tentativas terapéuticas basadas en la
remoción orgánica (shock). No es bien exacto decir que la malarioterapia sea
una terapéutica de shock, pero es cierto que partiendo de ella y pasando a través
d e tentativas con la piretoterapia química y física, la psiquiatría dispone
hoy de las técnicas curativas más agresivas y al propio tiempo más eficaces.
En
los últimos años el tratamiento con el shock hipoglicémico y con el cardiazólico,
se han revelado ulteriores horizontes y más ricas probabilidades de éxito,
especialmente en las formas esquizofrénicas, que es el grupo de enfermedades
mentales que menos parecía poder influenciarse de cualquier tratamiento. ¿Quién
no se acuerda de haber usado azufre, vacunas, malaria, para provocar la fiebre
curativa en estos enfermos? y ¿quién no ha sufrido al ver sus esfuerzos y sus
sacrificios coronados por un éxito efímero o por fracasos humillantes?
Ya
desde el comienzo de su utilización, el tratamiento con el shock insulínico y
cardiazólico ha demostrado, no obstante sus defectos y dificultades, ser
absolutamente superior a las viejas tentativas terapéuticas. Lo afirmó ya Pötzl,
director de la Clínica Psiquiátrica de Viena, alrededor del cual tuvieron
lugar los primeros experimentos de Sakel, el descubridor del método insulínico.
Pötzl ya desde los primeros casos tratados con la insulinoterapia afirmó que
no se trataba de remisiones casuales,, sino de curaciones verdaderas y
propiamente tales, viendo en él un porvenir rico de posibilidades en la terapéutica
psiquiátrica.
No
nos detendremos en hacer la historia del tratamiento por el shock insúlinico.
La insulina, hormona pancreática, usada en medicina general en la diabetes, no
ha entrado en el arsenal terapéutico de psiquiatría hasta los primeros
experimentos de Sakel. Ya en 1929, H. Steck trataba las psicosis con la
hipoglucemia y el mismo Sakel, así como Picher, Chen, Münn y algunos otros,
trataban a los morfinómanos con dosis, no de shock, pero suficientes para
producir una hipoglucemia con fenómenos bastante graves. Otra aplicación fue
el uso de la insulina como sedante (por obra de Wuth de Mónaco y de Sakel) en
los estados de excitación de los psicópatas. Desde hace algunos años se había
usado la insulina en los esquizofrénicos sitiofóbícos buscando la acción
estimulante sobre la sensación de hambre.
Pero
lo que constituye el mérito de Sakel es que no se contentó con el tratamiento
sintomático, sino que actuó sobre la psicosis misma; reconoció la importancia
y las posibilidades de la hipoglucemia en sí, y partiendo del punto a que habían
llegado los otros, ha hecho considerar como el “punto cardinal activo”
precisamente a aquellos fenómenos que sus predecesores querían evitar y a los
cuales temían, es decir a los estados hipoglucémicos graves que terminaban en
coma. Este punto de vista tan heterodoxo en aquella época (1936) fue
inmediatamente confirmado por otros AA. (Uller, Schaeffer, Braunmuhl, Ederle,
Strecher, Cerletti, etc.) y hoy ya no es discutido por nadie.
El
que se disponga a tratar un enfermo esquizofrénico con la insulina, debe
prevenir meticulosamente todas las cosas necesarias para solucionar todas las
manifestaciones graves que pueden ocurrir de un momento a otro. El local debe
ser calentado (los enfermos en tratamiento sudan muchísimo: hasta dos litros, y
están sujetos a fáciles congestiones de la mucosa respiratoria), bien
iluminado (para descubrir las alteraciones de color de la cara), sin muebles u
otros objetos que puedan impedir el circular libremente alrededor de la cama del
enfermo, manteniendo en el ambiente la máxima limpieza.
Braunmulh
en su libro “Die Insulinshockbehandlung der Schizophrenie” hace una
descripción perfecta de todo lo preciso, ya sea como instrumental o como
medicamentos. Según este autor, no ha tenido que lamentar personalmente el más
mínimo percance y es muy aconsejable su lectura a todo el que quiera practicar
este método de tratamiento.
Aconseja
utilizar insulina de 40 U. I. por c.c.; con un poco de experiencia se puede
emplear perfectamente una jeringa común. Las jeringas de insulina del comerció
no sirven porque están dosificadas hasta el máximo de 40 unidades, por lo que
son insuficientes.
En
estos últimos tiempos (1938) Colucci y Mezzino han ideado emplear la
insulinoterapia por el método Lombardo-D’Amato que se usa en el tratamiento
de la diabetes con el fin de reducir las dosis de insulina. Estos AA. hacen
preceder una hora y media antes de la inyección de la dosis-shock de insulina,
una inyección de preparado hepático. El tiempo de aparición del shock se
reduce así notablemente (hasta a 32 minutos). El shock así producido seria más
intenso y el tiempo de recuperación, después de la administración de azúcar,
seria de este modo mucho menor; además la dosis de shock de insulina podría
ser menor, siendo una ventaja económica no despreciable. Los AA. además
afirman haber notado con el shock hépatoinsulinico a dosis reducidas de
insulina, una mejoría de las condiciones generales en las horas que siguen al
shock (Riforma Medica, núm. 50, 1938). Nuestra experiencia no confirma del todo
estas manifestaciones, pues no hemos notado una apreciable influencia del
preparado hepático sobre la profundidad y el tiempo de aparición del coma.
Nunca
se insistirá bastante en el hecho de que el médico esté siempre presente
durante el tratamiento. El coma insulínico se ha comparado a la anestesia y por
tanto el enfermo anestesiado nunca se abandona a si mismo (James, Freudemberg,
Tandy, Cannon). Si el médico no está presente, no solamente no puede
intervenir en el tiempo oportuno en casos de complicaciones inmediatas que
pueden surgir, sino que además, no pudiendo seguir el desenvolvimiento de las
varias fases del estado hipoglucémico, no adquirirá un conocimiento preciso
del tipo individual del coma, pudiendo ocurrir las más desagradables sorpresas.
También
el personal de asistencia (enfermeras), debe ser cuidadosamente seleccionado,
pudiendo decirse que este tratamiento es una piedra de toque para conocer la
capacidad efectiva del personal. Cuanto más personal esté presente, menos
incidentes pueden ocurrir; y la “atmósfera” del tratamiento insulínico es
fecunda en incidentes.
El
método clásico de Sakel consta de cuatro fases consecutivas:
1.ª Fase introductjva: inyección por vía intramuscular de
insulina en un mínimo de 24 U. I., ascendiendo gradualmente hasta que
sobrevengan netos fenómenos hipoglucémjcos, por término medio después de
tres horas de la inyección.
2.ª
Fase de shock. La crisis hipoglucémica o comatosa es interrumpida después de
la cuarta hora de la inyección con la administración por medio de sonda de 200
gr. de azúcar en solución; el enfermo debe permanecer en cama un tiempo no
mayor de 1 hora y media.
3.ª
Fase en la cual al tratamiento se intercala un período de reposo.
4.ª
Fase de “polarización” de la psicosis en la cual se emplean pequeñas dosis
de insulina y se interrumpe precozmente la hipoglucemia.
Otros
AA. han puesto de relieve que en la práctica lo fundamental es la segunda fase
y han insistido sobre la prolongación de ella, de manera que la tercera y
cuarta fases han sido casi del todo abandonadas.
¿Cuántas
unidades de insulina precisa inyectar? Esta respuesta no puede darse a priori.
Ordinariamente oscila desde un mínimo de 8 unidades (caso de Muller) a un máximo
de 300 unidades; algunos AA. han alcanzado hasta 440, 450, 480 U. I. También
nosotros hemos tratado con dosis muy altas (400 U. I.) un enfermo que sólo
pocas veces presentó sudores y leve obnubilación de la conciencia. Rathery
cree que esta extraordinaria resistencia de algunos sujetos es debida a una
hiperreactividad del aparato endocrino y especialmente de la hipófisis y de las
glándulas suprarrenales. Otros lo explican admitiendo la presencia de fuerzas
psíquicas con las cuales el enfermo lograría vencer los fenómenos hipoglucémicos;
otros admiten la importancia del
peso corporal, hecho comprobado por varios AA., los cuales señalan una
diferencia en cuanto a la resistencia al sexo (las mujeres más resistentes que
los hombres).
Se
inyecta por la mañana una dosis de insulina por vía intramuscular (el primer día
24 U. y después ir aumentando cada día 10 U.) se espera durante 4 horas a que
se produzca el coma. Es conveniente que el aumento de las dosis sea gradual,
porque de esta manera el organismo es conducido al coma lentamente.
Transcurridas
las 4 horas, todos los enfermos, tanto si han tenido hechos hipoglicémicos como
si no, reciben una dosis de azúcar por via gástrica (170 gr. de Dextropur en
200 c. c. de agua ligeramente tibia o de te). Es preciso una estricta vigilancia
de estos enfermos, ya que aun después de las 4 horas hay el peligro de hechos
hipoglucémicos tardíos que pueden poner en peligro la vida del enfermo.
Braunmuhl
insiste muchísimo, aunque esté de acuerdo en considerarla artificial, en
establecer una división de la fase más intensa de la hipoglucemia, en shock
mediano y en shock completo; afirma este autor que esta subdivisión “permite
registrar en el shock mediano un cuadro de seguridad para el verdadero y
profundo shock o coma”.
El
shock mediano está caracterizado por la aparición de una somnolencia y de
manifiestos trastornos motores (mioclonia) y se reconoce por la imposibilidad de
beber por parte del enfermo, mientras que el período de shock o coma profundo,
es aquel en que todas las reacciones del paciente al requerimiento o a las
excitaciones prolongadas, están ausentes; este segundo período, no debe durar
generalmente más de media a tres cuartos de hora. En casos especiales puede
alargarse el coma por un tiempo mayor. Entre el shock mediano y el shock
completo, la duración total del coma es de una hora y media. Es difícil hacer
una descripción minuciosa y completa de todos los fenómenos motores y psíquicos
que presentan los enfermos durante la cura insulínica y especialmente durante
el shock. “Todos
los
cuadros sintomatológicos que acompañan la pérdida de la conciencia son
distintos, de manera que cada enfermo tiene un shock individual. Así hay
enfermos que pasan lentamente de la somnolencia ligera al sopor y al coma, y en
cambio otros presentan una fuerte agitación con espasmos en extensión y en
flexión, con fuertes mioclonias que hacen temer de un momento a otro la aparición
de un ataque epiléptico” (Braunmuhl). Han sido dictadas reglas especiales
para el primer shock, durante el cual se observarán atentamente todos los fenómenos
que presente el enfermo, especialmente aquellos (disnea inspiratoria, espasmo
laríngeo) que precisa combatir con medios adecuados.. La recuperación y
terminación del coma en todos los casos es conveniente obtenerla con sonda gástrica,
salvo en casos de urgencia; de este modo en el momento del despertar se va
tomando contacto lentamente con la psiquis del enfermo, el cual está en un
estado de ligera euforia de tipo infantil con necesidad de efusión y de
atenciones y consuelo, y tendencia a la confidencia, hecho este último de no
poca importancia para los fines de una recta-conducta terapéutica.
La
adaptación, la sensibilización a las altas dosis y el hiperinsulinismo son
todos hechos que impiden un resurgimiento normal del coma; también algunos fenómenos
alérgicos generales de la insulina, irritaciones locales o lipomatosis (Depisch)
influyen sobre el desenvolvimiento normal del tratamiento y reclaman particular
atención para ser eliminados.
¿Cuánto
dura la segunda fase de Sakel que, como habíamos dicho, es la verdaderamente
eficaz? Generalmente después del resurgimiento se nota una lucidez psíquica
que va aumentando en los sucesivos ataques hasta que todo el intervalo no
hipoglucémico persiste lúcido; aunque esto no siempre sobrevenga, cuando se ha
obtenido, puede decirse que el enfermo está curado. El tratamiento, de todos
modos, debe durar por lo menos 6 semanas; esto para los casos recientes; algunos
casos pueden curar antes de este tiempo, mientras que otros exigen un
tratamiento todavía más largo, algunas veces hasta 6 meses (Strsker, Munch.
Med. Woch. 1936).
¿Produce
la insulinoterapia lesiones orgánicas? Son de temer lesiones cardiacas y
lesiones hepáticas, Varias críticas se han levantado ante este método, pero
todas ellas están de acuerdo en afirmar que por cuanto se refiere al hígado no
produce daños, porque no solamente en exámenes meticulosos, no se han
demostrado lesiones funcionales, sino que se han observado curaciones de pequeños
trastornos que existían al comienzo del tratamiento. En cuanto al corazón, se
afirma (Hadorn) que la insulinoterapia no produce lesiones mayores que las
causadas por el alpinismo u otros deportes parecidos.
Otro
método de tratamiento de la esquizofrenia y de otros síndromes mentales, es el
introducido por L. v. Meduna en 1934 en el Hospital Psiquiátrico de Budapest y
comunicado por el mismo en el Congreso de Minziger en 1935; el método es el del
shock por cardiazol o el de las convulsiones epilépticas. Este método tiene
una mayor aplicación terapéutica en cuanto que se usa también en otras formas
de psicosis no esquizofrénicas; es más sencillo y fácil de ejecutar y siempre
menos peligroso. Ya es sabido cuáles son sus fundamentos. Meduna parte del
concepto de que entre esquizofrenia y epilepsia existe un antagonismo; esta hipótesis
había sido ya sostenida en apoyo de una técnica terapéutica en sentido
inverso por Nyiro en 1930, el cual en aquella época había intentado sin éxito,
curar sus epilépticos con la transfusión de sangre de esquizofrénicos. El método
Meduna sería una aplicación más definida del método precedente. Después de
haber experimentado substancias análogas, el inventor elige el cardiazol (Pentametilentetrazolo)
en solución acuosa al 10 % estabilizado a Ph 8 con una solución de 0’l de
sulfato sódico.
Es
preciso inyectar el cardiazol por vía endovenosa por la mañana en ayunas, por
lo menos dos veces por semana y a veces tres, si las condiciones del enfermo lo
permiten. La inyección se dosifica a 0’50 gr. de cardiazol en substancia (5
c. c. de la solución usada comúnmente para fines analépticos en medicina
general). La dosis capaz de provocar el shock no puede determinarse a priori; se
tiene presente que las mujeres son más sensibles al medicamento, por lo que
deben recibir siempre una dosis más baja de 4 c. e. Si la dosis utilizada no
produce ataques convulsivos se procede a una segunda inyección, elevando en
0’10 más la dosis anterior; si tampoco así obtenemos las convulsiones
deseadas, al día siguiente se le dan 0’70 gr. (7.c. c.) y si el ataque falla
0’80 gr. (8 c. c.), esperando todavía un día más, si se debe aumentar esta
dosis. Meduna ha precisado bien la técnica de este aumento de dosis y ha
insistido justamente en la importancia de producir el ataque completo, con cada
inyección y no un equivalente psíquico, el cual podría producir un
empeoramiento de la psicosis y un desarrollo de formas alucinatorias (Psych. Neur.
Woch., 1938, núms. 8-9).
Después de la inyección aparece una primera fase breve (30 segundos), durante
la cual se observan frecuentes fenómenos: la cara del paciente tiene la expresión
de terror, la conciencia se conserva en todo o en parte, algún pequeño golpe
de tos, alguna sacudida de nistagmo, algún movimiento repentino de los párpados,
algún grito, o bien alguna frase expresiva, que después se va haciendo
inarticulada con la aparición de la segunda fase. Esta se señala por la
aparición de convulsiones clónicas,. que duran rara vez más de un minuto;
apnea casi completa, boca abierta al máximo, cara congestiva y lívida. La
conciencia en esta fase está completamente abolida.
Sigue
el tercer periodo, en. el cual hay un relajamiento tónico de toda la
musculatura, continuando la presencia de sacudidas clónicas que son mucho más
amplias. La cara es cianótica, los párpados están semiabiertos, amplia
sudoración, sialorrea.
En
la cuarta fase existe un coma inerte, con respiración estertorosa, palidez,
rnidriasis, pulso pequeño y rápido.
Ya
se sabe con cuánta facilidad los epilépticos se muerden la lengua durante la
fase tónica del ataque; para obviar que esta lesión se produzca, se aconseja
introducir en la boca un tapón de caucho del grosor de un dedo; es preferible
tener al enfermo libre de todos los vestidos que le constriñan.
El
retorno de la conciencia se hace lentamente, pero no puede excluirse otro
periodo, que es el de una gran agitación confusional. Es conveniente no
abandonar a estas enfermos a si mismos cuando han tenido el ataque. De todos
modos es recomendable dejarlos tranquilos, mantenerlos en ambiente obscuro y
lejos de rumores o gritos, por lo menos durante dos horas, periodo que en
general pasan durmiendo. Los inconvenientes que se han descrito se pueden
resumir en lo siguiente: frecuentísimas luxaciones de la mandíbula en los
enfermos con pronunciado prognatismo; menos frecuentemente la fractura del
cuello del fémur y del acetábulum (Nyberg, Walk, Muller), fractura de la escápula
(Satta, Stahli y Briner), fractura del cuello del húmero (Craus, Sorger),
luxaciones de la espa1da (Broggi), de la clavícula (Harris y Birnie). En épocas
sucesivas han sido descritas fracturas de las vértebras seguidas de muerte (Wespi,
Palmer); abscesos pulmonares (Zeifert), despertar de tuberculosis, trastornos
mentales a cargo de la memoria (Tooth,
Blackburn, Gerhardt), síndromes catatónicos (Leroy, Clemens), induración
esclerótica de las venas (Sorger y Hofmann), lesiones varias del cuerno de Ammón
y del miocardio (Spielmeyer y Neuburger). Naturalmente, todos los AA. que han
lamentado alguno de estos inconvenientes ha desaconsejado el método. Algunos AA.,
pasado un periodo más o menos largo de descanso, han vuelto a aplicar el
tratamiento.
¿Cuántos
ataques precisa provocar? Meduna y otros AA. que han experimentado el
tratamiento, eran del parecer de fijar esta cifra. Lo que debe aconsejar
proseguir o suspender el tratamiento es el estado físico y psíquico del
paciente. En general, en los casos sin mejoría se debe suspender el tratamiento
al 25.º acceso, después del cual puede considerarse inútil todo tratamiento
sucesivo; pero en los casos buenos, sea cualquiera el número de accesos que se
hayan producido, con el fin de estabilizar la remisión obtenida, conviene
provocar todavía por lo menos tres-cuatro accesos más.
Se
han utilizado otros preparados para la terapéutica convulsivante, éstos son:
la acetilcolina (Fiamberti), el Azoman, que entre otras ventajas tiene la de
poderse dar poderse dar por vía intramuscular a dosis más pequeñas que el
Cardiazol, la Exetona (Foz, Nisibar), Coramina a altas dosis, canfosulfonato sódico
al 15 % (Foz), el cloruro amónico (Bertolani), el monobromuro de alcanfor (Pagniez,
Plichet, Varay).
Actualmente
se aconseja el tratamiento combinado de ataques epilépticos provocados con
cardiazol y el de estados hipoglucémicos con insulina. Este método que utilizó
desde algún tiempo, consiste en producir con la insulina Un estado hipoglucémico,
equivalente al shock mediano y el inyectar entonces el cardiazol en la vena.
Este sistema evita la impresión de terror al enfermo y dada la hipotonía
muscular del estado hipoglucémico, el ataque epiléptico resulta más innocuo,
ya que es menos posible el trauma óseo.
Otro
método para la provocación del ataque epiléptico es el realizado por Cerletti
usando como medio epileptógeno la electricidad. Cerletti y Bini han ideado un
aparato que es capaz de provocar en el paciente accesos convulsivos análogos a
los provocados por la insulina y cl cardiazol. Las primeras experiencias
llevadas a cabo en animales datan de 1934; Cerletti entonces en Génova,
regulando el voltaje de la corriente y el tiempo de aplicación, obtiene accesos
convulsivos clásicos; después de la experimentación en varias especies
animales lo utilizó en cl hombre. Hoy existe en el comercio un aparato adecuado
por medio del cual se provoca el ataque epiléptico con extrema facilidad. Este
aparato consta de un “circuito de prueba” que sirve para explorar la
resistencia de la cabeza del paciente, y de un circuito “de shock” provisto
de un interruptor de relojería, un voltímetro y un reostato, además de un
casco para aplicarlo a las sienes, con electrodos de plata. Previamente se
afeita la región temporal del paciente cubriéndola con una pasta a base de pómez,
cloruro de sodio, goma tragacanto, etc. El tiempo de paso de la corriente se
puede regular con el reloj; en general es de una décima de segundo, pero
algunas veces debe prolongarse a dos décimas o más. Se aconseja más bien el
aumentar el voltaje que el tiempo de aplicación. El efecto es el mismo que se
obtiene con la inyección endovenosa de cardiazol; grito, pérdida de la
conciencia, sacudidas tónicas, respiración estertorosa, apnea, pérdida de la
orina y de las heces, sacudidas clónicas generalizadas, es decir, un verdadero
ataque epiléptico. Las ventajas prácticas del electroshock resultan de su
facilidad de aplicación, mucho mayor que el cardiazol; posibilidad de provocar
el ataque en la primera aplicación o a los pocos minutos si ésta ha sido
ineficaz; ausencia de fenómenos de excitación, pérdida inmediata de la
conciencia, ausencia del periodo de latencia con hechos angustiosos, amnesia
completa retrógrada, su posible aplicación aún en enfermos inquietos y gastos
de funcionamiento reducidos al mínimo.
¿Existen indicaciones especiales
sobre el empleo de estos diversos métodos? Hace ya tiempo que se aconseja que
antes de iniciar el tratamiento insulínico en los esquizofrénicos, se
practique la terapéutica convulsivante con cardiazol “para disminuir el 50 %
de casos que deban tratarse con insulina” (Petri-Canella-Levi); hoy se
mantienen indicaciones precisas, no sólo en cuanto se refiere a la forma mental
que debe tratarse, sino también en cuanto a la variedad de la misma. Kogler (Der
Nervenartz, 1939) después de una vasta experiencia, ha formulado las
indicaciones según las cuales se ve que no se trata de aplicar automáticamente
estos métodos terapéuticos a determinadas formas nosológicas, sino de
aplicarlo con distinto criterio a varios estados sindrómicos (síndrome
depresivo, de inhibición, síndrome angustioso, alucinatorio, etc.). He aquí
las conclusiones de Koler, a las que nos asociamos completamente:
1.º
Excluir del tratamiento por los shocks cualquier forma mental, cuando se trata
de procesos morbosos crónicas que han determinado ya un grave déficit de la
personalidad; estas formas, aun tratadas intensamente y durante largo tiempo, no
dan ningún resultado.
2.º
Con cardiazol pueden tratarse formas maníacas crónicas (especialmente de la
edad madura) o melancólicas involutivas que datan de muchos años y ya fijadas
sintomáticamcnte. Precisa advertir que no deben prolongarse la serie de ataques
con cardiazol en los casos en que no se observa mejoría alguna, en general
basta llegar hasta 10 ataques.
3.º
Debe tratarse con cardiazol todos los estados de inhibición motora o de bloqueo
motor hasta el estupor, sin tener en cuenta que el estupor sea depresivo, catatónico,
psicógeno. La interrupción de estos estados sobreviene, o bruscamente, o de un
modo progresivo.
También
han sido tratados con éxito aquellos estados depresivos de larga duración con
pobreza de iniciativa que no alcanzan a superar el llamado “punto muerto”.
Algunas veces la interrupción del estado depresivo ha provocado graves
complicaciones somáticas (bronquitis, bronconeumonías, cistopielitis, inanición).
El estado depresivo puede ser interrumpido también con insulina, especialmente
con el ataque epiléptico por la insulina, pero este método es incierto y muy
largo.
4.º
El cardiazol se ha demostrado eficacísimo para interrumpir los trastornos psicógenos,
como algunos trastornos histéricos,
5.º
El cardiazol da también resultados favorables en alucinosis verbales
establecidas desde muchos años.
6.º
En las neurosis progresivas se han obtenido resultados inciertos, lo mismo con
la insulina que con el cardiazol, resultando refractarias a todos, los
tratamientos.
7.º
El campo de aplicación principal con el shock insulínico es el de las psicosis
agudas de aparición reciente que muestran al propio tiempo síntomas
alucinatorios variados, con un componente afectivo con tendencia a la angustia,
a la desorientación, al estasis (una parte de estas formas eran denominadas
unas veces psicosis aguda delirante alucinatoria, sin precisar su dependencia
con las psicosis esquizofrénicas, y otras, formas depresivas graves con
componente delirante y todavía otra parte se consideraba corno episodios
esquizofrénicos agudos en los cuales aparecía la característica alteración
de la personalidad). El tratamiento en estos casos debe iniciarse lo más pronto
posible porque da al enfermo la tranquilidad desde un primer momento y
finalmente la curación.
8.º
El shock insulínico está estrictamente indicado cuando en las psicosis endógenas
intervienen episodios febriles acompañados generalmente por fuerte excitación
motora y por fuga de ideas en un estado confusional e ideorreico (catatonía
aguda). El tratamiento en estos casos salva la vida. Al descender la temperatura
se nota el efecto sedante y curativo de la medicación insulínica. Debe
empezarse con dosis fuertes ya desde el primer momento; si se obtiene la remisión
de este estado agudo, en general sobreviene la curación total.
Por
lo que se refiere al electroshock no se han publicado trabajos en los que se
precisen sus indicaciones particulares. En todos los casos lo utilizamos
substituyendo al cardiazol, pero damos una cierta importancia al cardiazol como
substancia que actúa sobre la célula nerviosa y lo preferimos al procedimiento
físico.
Recordaremos
las aplicaciones de la hipoglucemia insulínica en el tratamiento de los
delirios postmalarioterápicos de los paralíticos generales (Silva di S. Paolo)
y del insomnio grave a pequeñas dosis (Wiergieko).
Una
pregunta que interesa de manera especial a los parientes del enfermo, es el
porcentaje de curaciones obtenidas hasta ahora con estos métodos. Es difícil
formular una respuesta categórica, ya que las estadísticas dadas por Sakel,
Meduna y otros AA. que durante años han experimentado con estos métodos, no
son exactas por las siguientes razones: l.º porque la esquizofrenia es una
enfermedad que por si sola tiene una tendencia a las remisiones espontáneas,
remisiones que con esta terapéutica son aceleradas. 2.º por la falta de una
noción única de la esquizofrenia, ya que varía de una a otra clínica (muy
demostrativo es el hecho de que en clínicas de la misma escuela el porcentaje
es casi el mismo). 3.º por la escasez de noticias posteriores al momento en que
salió el enfermo de la clínica.
No
obstante, el tratamiento por el shock señala una importante adquisición en la
terapéutica psiquiátrica y abre grandes esperanzas de aplicación más amplia.
En todo caso los más escépticos han de confesar que las remisiones obtenidas
con este método, son siempre mayores que las que se observaban anteriormente.
Dada
la índole esencialmente práctica de estas páginas, apuntaremos sólo algunas
palabras a las varias hipótesis que se han dado para explicar el modo de acción
de la insulina y del cardiazol. Muchas han sido las teorías lanzadas: no es
generalmente aceptada la que admite una acción tóxica de la insulina en el
organismo (Gabbe, Hasana, Kirshbaum, von Noorden y otros) y la que cree “un
aumento de la reacción de defensa vital” (Bauer, Guiraud, Nodet). Predomina
la teoría que lo explica por modificaciones bioquímicas que actúan
directamente sobre la función vital de las células cerebrales, que
especialmente en la esquizofrenia, deben suponerse alteradas, aunque no se haya
podido alcanzar hasta ahora el substrato anatomopatológico indiscutible. Estas
modificaciones, según algunos, consistirían en una hiperglucemia, una
hiperpotasemia, una alcalosis, o derivadas de una variación de los cambios
hidrosalinos, dando lugar a alteraciones en el grado de inhibición de los
coloides tisulares (Bini). Otros (Mason, Smith) piensan que la disminución del
contenido en glucosa de las células enfermas produciría su muerte y la
eliminación de su influencia morbosa en el desenvolvimiento del proceso de
cerebración subsiguiente a los fenómenos psicológicos.
El
cardiazol tiene, junto con una serie de propugnadores, otra de contrarios que
ponen en evidencia sus ventajas y sus peligros, partiendo del
concepto de que el ataque epiléptico disminuye siempre las facultades
mentales del enfermo (demencia epiléptica) y que disminuiría también el
coeficiente de vitalidad y de reactividad de la célula nerviosa frente a estímulos
anormales y secundariamente también la actividad psicosensorial equivocada y
las ideas delirantes, o sea el fondo que constituye la razón de su mejoramiento
clínico (Senise). Pero el resultado global siempre sería perjudicial a la
personalidad psíquica integral. Esta disminución de la funcionabilidad sería
producida en un primer tiempo por la anoxemia y después por la hiperoxigenación
(Finkelmann, Steinberg, Ljebert, 1938).
Fiamberti,
partiendo del concepto de que lo mismo la insulina que el
cardiazol dan lugar a modificaciones vasculares violentas y profundas
(tempestad vascular) y como en la esquizofrenia existen alteraciones vasculares
paralelas a las condiciones psíquicas en que se encuentra el enfermo (Baruk),
da una importancia fundamental a esta conmoción vascular, proponiendo
provocarla sin llegar a las convulsiones.
En
La Presse Médicale de 1937, Boschi comunicaba un nuevo tratamiento en algunas
enfermedades nerviosas y mentales mediante su método. Las enfermedades tratadas
eran la esclerosis múltiple, la corea de Huntington, la neuralgia del trigémino,
los dolores fulgurantes de la tabes, la epilepsia.
Es
sabido que muchas veces la simple punción lumbar determina notables mejorías
en algunos síndromes morbosos; según la opinión común, esta acción
beneficiosa sería debida a la descompresión. Pero esta explicación no
corresponde a la realidad, ya que el líquido se regenera inmediatamente y en
cantidad todavía mayor. Bosch cree que esta hiperproducción de liquido realiza
un verdadero lavado neuromeningeo con eliminación de las escorias y toxinas que
englobarían los espacios intercelulares y que la causa de la mejoría seria
debida a esta acción derivativa. El tratamiento de Boschi puede practicarse de
cuatro maneras:
1.º
Punción lumbar para drenaje del liquido. Es un procedimiento que se usa
especialmente en la meningitis serosa; esta afección tiene por signo principal
la hipertensión indocraniana; la mayor parte de veces la meningitis serosa cura
con este procedimiento porque eliminadas las escorias, desaparece el estado
toxiinfeccioso que sostenía la hipertensión.
2.º
Punción lumbar y provocación de una meningitis aséptica reinyectando en el
raquis parte del liquido extraído del mismo paciente. Se extraen 10 c. c. de líquido
de los cuales 5 c.c. se reinyectan en el raquis y 5 c. c. en la masa glútea. Se
presentan signos de una meningitis aséptica muy leve. Se usa esta modalidad de
tratamiento en las meningitis serosas rebeldes al primero mencionado.
3.º
Punción lumbar y provocación de la meningitis aséptica por la introducción
en el espacio vertebral de una solución de fenolftaleína purísima al 5 0/00
ligeramente alcalinizada con bicarbonato sódico. Se extraen 5 c. c. de líquido,
se adapta a la aguja de punción otra jeringa conteniendo. la solución de
fenolsulfonaftaleína y después de haber aspirado 2-3 c. c. de líquido a fin
de diluir dicha solución, se inyecta el total en el espacio vertebral; los 5 c.
c. de líquido extraído se inyectan en la masa glútea. La reacción que se
obtiene es la de una meningitis con fiebre, cefalea, vómito, paraplejía
transitoria, retención urinaria. Todo desaparece pocos días después. Si no se
obtiene mejoría con una sola aplicación, se repite el tratamiento 2-3 semanas
después.
4.º
Meningitis aséptica provocada por la introducción en el raquis de agua
bidestilada, seguida de una especial autohemoterapia. La dosis de sangre que se
inyecta, según Bosti, es de una gran importancia: se dan dosis muy diluidas (al
1 por un millón y al 1 por 10 millones). Se inyecta 1 c. c. de esta dilución
homeopática en los glúteos 7-8 horas después de la introducción del agua
bidestilada en el espacio vertebral y se repite la inyección de sangre 24-48
horas después.
El
autor del método indica como regla a seguir la del “desnivel bioquímico”
entre el líquido y el medio cefalorraquídeo; según esta regla, deben
introducirse substancias de composición química sencilla como agua bidestilada
o soluciones muy diluidas de fenolsulfonaftaleína. Las substancias complejas,
como los sueros, en lugar de faci1itar el drenaje ejercen una acción de bloqueo
y producen la agravación en vez de la mejoría de los síntomas. Todos los AA.
que han utilizado el método, han obtenido resultados favorables en enfermedades
nerviosas en las cuales los tratamientos más variados no había dado
resultados; ha sido también intentado el método en enfermedades mentales.
Telatin hace preceder a la insulinoterapia el tratamiento diacéfalorraquideo.
Boyle realiza el drenaje del líquido en el hidrocéfalo, en la siringomielia y
en la siringobulbia, pero con un método quirúrgico.
Las
contraindicaciones son las lesiones renales y los estados graves de debilidad
orgánica; cualquiera otra enfermedad concomitante no contraindica el
tratamiento.
Siguiendo
a Boschi se ha denominado esta meningitis aséptica “neuromeningiosis”.
Además
de los medios mencionados para la producción de esta “meningiosis”
artificial, se han usado otras substancias como lecitinas, vitaminas, sueros,
etc. Boschi cree que no deja de tener importancia la substancia que se inyecta
porque explica la acción de la misma mediante el siguiente mecanismo: llegada
esta substancia al sistema nervioso, pasa a la sangre ya por difusión o por
reflujo desde el líquido céfalorraquideo, y desde la sangre
y
del líquido céfalorraquídeo a los centros nerviosos en tanta mayor cantidad,
cuanto más descendida está la barrera hematoencefálica, y este descenso está
provocado por la “neuromeningiosis”. Surge de este modo un problema para la
revisión de la seroterapia intrarraquidea y se discute si no seria conveniente
inyectar en el raquis una substancia que produzca la neuromeningliosis, y al
propio tiempo o a las pocas horas inyectar en la sangre los sueros para que éstos
lleguen a los centros en el momento que se produce la rotura de la barrera
hematoencefálica. Lo mismo que Boschi, Sciclounoff y Seylan (Paris Médical)
formulan esta hipótesis que parece lógica, pero no se han comunicado todavía
los resultados de las experiencias realizadas.
LOS
PREPARADOS BENZEDRINICOS Y SULFAMIDICOS. LA VITAMINA B1.
Dos nuevos preparados han entrado en estos últimos tiempos a formar
parte del arsenal terapéutico de la neuropsiquiatría. Estos son el Sulfato de
Benzedrina y las sulfamidas.
El Sulfato de Benzedrina o fenilaminopropano o betaaminopropilbenzeno o
benzilmetilcarbinamina, como se ve, es muy semejante a la Efedrina (de la cual
se distingue por ser volátil), al Suprifen, al Sympatol, pertenece también a
la serie de los vasoconstrictores, es poco soluble en agua y se disuelve en
alcohol y éter. La acción principal del sulfato de benzedrina se realiza sobre
el simpático (acción simpáticomimética), y también sobre el sistema
nervioso central (Rosselli, Del Turco) estimulando la actividad neuromuscular.
Se usa también en medicina general en los estados de hipertensión arterial,
como descongestionante de la mucosa nasal, como antiespasmódico de la zona
gastrointestinal y también en las personas sanas para aumentar el rendimiento
psíquico. Por lo que se refiere a nuestro campo, podemos afirmar lo siguiente:
La dosificación varía muchísimo según los AA. y los sujetos a tratar;
en general las dosis oscilan entre 10 y 20 mgr. hasta 30-40 mgs. La dosificación
se eleva progresivamente hasta alcanzar la dosis óptima terapéutica, sólo
cuando la dosis precedente no ha producido trastornos manifiestos. Estos han
sido puestos en evidencia por Wibru, Mac Lean, Alien de Rochester en 1937. Estos
trastornos parecen estar en relación de particularidades constitucionales ya
que se producen también a dosis muy pequeñas; consisten en un aumento del
nerviosismo, aprensión y ansiedad, sensación de inquietud, insomnio, excesiva
sudoración, sequedad de la boca, pesadez de la cabeza, irritabilidad, melancolía.
Otros AA. refieren calambres profesionales, necesidad de reposo, pérdida de
peso (en relación con la mayor actividad). Con el uso prolongado, los síntomas
se acentúan y se agudizan. Las contraindicaciones al empleo del medicamento son
los estados de excitación, la epilepsia, ansiedad, hipertensión, insomnio y
traumatismo de la cabeza (Sapiro y Finkelmann).
Las
indicaciones son las siguientes: 1º los primeros experimentos fueron realizados
por Prinzmetal y Bloomberg en 1935 en la narcolepsia, notando una discreta mejoría
del síndrome con desaparición de los ataques de sueño. Estos experimentos
fueron controlados por Ulrich, Trapp y Vigdoff, confirmándolos.
2º
En casos de agotamiento nervioso, Mathanson ha notado una mejoría consistente
en la desaparición de la astenia y de la desgana. También Wibur, Mac Lean,
Allen (1937) obtuvieron mejoría en el 78 %, que desapareció al suspender el
medicamento.
3º
Los mismos AA. experimentaron la droga en forma de psiconeurosis, pero señalan
un porcentaje menor, no porque el medicamento no actúe bien, sino por una
intolerancia del mismo, de tal manera que no pudo continuarse su administración.
4º
En las formas depresivas, los AA. desaconsejan su utilización porque, no sólo
no son modificadas por el medicamento, sino porque se produce un verdadero
despertar de la psicosis; insistiendo largo tiempo en las dosis no se obtiene más
que una mejoría temporal o desde luego nula (en la literatura existen
descripciones desastrosas de casos tratados con sulfato de benzedrina).
Solamente en los casos más leves se notan algunos efectos favorables, por lo
que en este campo el uso debe limitarse a estos últimos casos y a las
depresiones de base orgánica, eliminando las psicosis y las formas psicógenas.
5º
Han tenido amplia aplicación en las psicosis alcohólicas. Se ha partido del
concepto de que el alcohol ejerce una acción depresiva sobre el sistema
nervioso, para concluir en la utilidad del sulfato de benzedrina, que tiene una
acción excitante. Reifestein y Davidoff trataron alcohólicos con dosis de
10-30 mgr. de sulfato de benzedrina por vía oral y por vía endovenosa. Estos
AA. (J.A.M.A., 1938) concluyen por lo que se refiere a las dosis y a las formas
morbosas de aplicación, de la siguiente manera: a) estados leves de depresión
debidos a disregulación, son mejorados en 24 horas con la administración de
10-20 mgr. de medicamento; b) estupor alcohólico, 10-30 mgr. de sulfato de
benzedrina por vía endovenosa provocan la recuperación en 30 minutos; c) delírium
trémens y estados de alucinosis aguda fueron tratados con resultados
satisfactorios; d) psicosis de Korsakoff y alucinosis crónicas: no puede
obtenerse ninguna mejoría.
En
general todos los AA. están de acuerdo en reconocer que los trastornos psíquicos
del alcoholismo todavía incipientes manifiestan una notable mejoría del uso
del sulfato de benzedrina; en estados de intoxicación por alcohol, en los
cuales no se demuestra una psicosis organizada, este medicamento generalmente
produce una reacción favorable. En relación con el uso del medicamento en la
psicosis alcohólica debemos referir otro hecho:
Este
medicamento produce sensaciones similares a las que se manifiestan en un estado
de ligera embriaguez: “a cheap jag” como dicen los americanos. Por esto es
muy bien aceptado por los alcohólicos, los cuales terminan por abusar de él
provocándose perjuicios imprevistos y reacciones tóxicas. Los AA. están de
acuerdo en afirmar que el uso de este medicamento no debe dejarse en manos de
estos enfermos (que son psicópatas), sino que debe limitarse su empleo a los
enfermos hospitalizados, o en los que pueda efectuarse una continua vigilancia.
6º También se ha usado mucho el sulfato de benzedrina en el
parquinsonismo postencefalítico. Salomon, Mitchell, Prinzmetal obtienen
notables mejorías. Disertori (1938), citado por Galli, administra 15-35 mgr.
del producto diarios a los parquinsonianos conjuntamente al tratamiento búlgaro.
De sus casos así tratados, dos tercios curaron casi totalmente. El temblor, la
astenia muscular, las crisis oculógiras, la sialorrea, sudoración, trastornos
dcl ritmo del sueño, son los signos que más se benefician del medicamento.
Lebockzi (1938) también citado por Galli y otros, confirma la utilidad del
producto. También Finkelmann y Shapiro (1937), uniendo la benzedrina, la
atropina notaron una mejoría en el ritmo del sueño, la reducción de las
crisis oculógiras y sensación de aumento de la energía.
7º
Debemos decir dos palabras sobre el uso del sulfato de benzedrina en los sanos.
Se ha usado para realzar el nivel intelectual en el sentido de que produce una
mayor potencia de las ideas y una mayor facilidad en su exposición (Peoples y
Guttmann, Sargant y Blackoburn), Bradley notó especialmente en los jóvenes un
aumento de la capacidad intelectual y una mayor aplicación en el estudio de las
matemáticas. Estas conclusiones han sido confirmadas por Molitck y Sullivan
(1937), por Bucciardi (1937), Colognese (1936), étc. Naturalmente que la droga
actúa solamente como estimulante de un cerebro en estado de depresión, obligándolo
a un mayor rendimiento. En este sentido se ha utilizado en los estados de
torpeza intelectual y física debidos a falta de reposo. Las dosis deben ser
siempre bajas y dadas preferentemente por la mañana (10-20 mgr.); dosis más
fuertes (30 mgr.), provocan irritabilidad y un leve estado de excitabilidad
neuropsíquica que se corrige, si es preciso, con barbitúricos. Debe ser norma
en su empleo el no abusar; pequeñas dosis de sulfato de benzedrina se aconsejan
por los americanos en los estados de torpeza postprandlial en substitución a
los estimulantes exóticos (te, café, etc.).
Los
modernos métodos quimioterápicos consistentes en los preparados sulfamídicos
se usan en neuropatología en las formas agudas de la meningitis meningocócica
y estreptocócica... (A partir de aquí el autor prosigue explicando las
diferentes estrategias terapéuticas empleadas hasta ese momento en el
tratamiento de las meningitis meningocócicas, para profundizar a continuación
en indicaciones e inconvenientes de las sulfamidas, que no incluimos por no
alargar excesivamente el texto. Por el mismo motivo, pasamos directamente a las
indicaciones psiquiátricas de la Vitamina B1, saltando el resto de sus
indicaciones neuropsiquiátricas).
En
la psiquiatría, la vitamina B1 no tiene netas indicaciones bien
individualizadas. Bersot aconseja su empleo: 1º, en la psicosis alcohólica, no
sólo en la de Korsakoff, sino también en el delirium trémens, donde no sólo
actúa como desintoxicante, sino que estos individuos con gastritis crónica
tienen un estado de hipo o avitaminosis.
2º
Como analgésico, en los tratamientos de desmorfinización.
3º
En las intoxicaciones industriales (mercurio, arsénico), que producen
trastornos mentales.
4º
En la esquizofrenia, en aquellas formas producidas por una intoxicación, ya
infecciosa o digestiva o por factores X.
En
cuanto al modo de administración, la mayor parte de AA. habla de la vía
parenteral, ya que casi siempre existe una gastritis. Por vía intramuscular se
usan de 2 a 10 mgr. de vitamina sintética cristalizada; casi siempre basta una
inyección al día. En cuanto al número de éstas, no puede determinarse,
porque depende de la forma morbosa. En las neuralgias no se obtiene la curación
sino con 30 6 más inyecciones. En caso de esclerosis en placas o mielosis
funicular se puede usar la vía endovenosa empleando las dosis fuertes de 10 gr.
por inyección. La vía oral exclusiva es poco aconsejable, sólo como
coadyuvante a los tratamientos efectuados por vía endovenosa o intramuscular.
LOS
SÍNDROMES DEPRESIVOS Y SU TRATAMIENTO
La
psicosis depresiva, o sea la que pertenece a la fase depresiva de la psicosis
maniacodepresiva, ó bien la de la edad involutiva o cualquier otra, hace mucho
tiempo no eran tratadas más que con extracto de opio o con bromuros. Poco a
poco esta terapéutica sintomática ha sido substituida por otra más racional y
radical. Más que un tratamiento se han utilizado muchos y con resultados a
veces muy beneficiosos. El primero de los procedimientos, el que primero cambia
la escena y con mucho el más activa, es el método de las convulsiones epilépticas
producidas por cardiazol. Este método, en todos sus detalles, se encuentra ya
descrito en las páginas anteriores; diré solamente que en la forma depresiva
se nota un cambio rápido, en el sentido de que el enfermo ansioso, insomne, sin
tranquilidad ni paz, encuentra después de las convulsiones lo que con ningún
medicamento podía dársele: el reposo y la tranquilidad. Hoy, cuando no hay
contraindicaciones orgánicas que impidan realizarlo (hipertensión,
arterioesclerosis, nefritis, etc.), es el método de elección. No parece que
sea distinta la acción obtenida con el cardiazol o la de electroshock, por lo
menos así me ha parecido en un enfermo en el que lo he practicado: si esto
fuera confirmado por otros observadores, se podría decir que es por las
convulsiones y no por el medicamento por lo que se produce la curación. Según
el parecer unánime, las convulsiones epilépticas serian la causa de un 1’80
% de curaciones efectivas de la depresión.
Otro
medicamento elogiado como favorablemente activo es el clorhidrato de hématoporfirina
o Photodyl (Nortmark). Esta es una substancia perteneciente al grupo de los
preparados fotodinámicos como la clorofila obtenida de la separación del núcleo
ferroso de la hemoglobina. Su acción se basa en modificaciones aparecidas en
los núcleos mesencefálicos, responsables del disturbio psicodepresivo, por la
sensibilización de la piel ante la luz. Pecker, Meyér, Vinchon, Bourgeois ya
habían comprobado la acción de esta substancia fotodinámica comparándola a
la de la acción de la vitamina en la neurodistonia. Este producto ha sido también
utilizado en la práctica privada y hospitalaria, pero sus resultados han sido
dudosos. Hay quien afirma haber obtenido algunas curaciones (Cavilo, Levi,
Bianchini); yo no las he observado.
En
todo caso su técnica de administración es la siguiente: 9 inyecciones de
Photodyl de 1 c.c. seguidas de 5 días de descanso y luego nueva serie de 9
inyecciones de 2 c.c., después de otro pequeño reposo administración per os
de 30 gotas en tres veces de una solución de la misma hématoporfirina al ½ %,
aumentando en los días sucesivos una gota por dosis hasta llegar a 90 gotas
diarias. Generalmente el medicamento es bien tolerado y no aparecen trastornos
orgánicos ni fenómenos de intolerancia; rara vez los enfermos observan sensación
de pirosis y quemazón al orinar. De este tratamiento se han ocupado Vannotti,
Maloberti (1937-38), Kuppers y Reiter (según ellos habría una mejoría debida
a las modificaciones del ión calcio), Hubnerfeld (según el cual pequeñas
dosis mejorarían la hématopoyesis y la depresión vascular), Cavillo (comunica
una estadística con el 35 % de curaciones completas y el 50 % de mejorías
apreciables). El clorhidrato de hématoporfirina actúa, según el parecer unánime
de los AA., sobre el humor, que se hace más alegre; los enfermos muestran
modificaciones psíquicas consistentes en mayor sociabilidad, disminución del
estado ansioso, del insomnio y de la anorexia, con aumento de peso corporal.
El
propionato de testosterona, hace poco usado en el tratamiento de las
disfunciones sexuales, especialmente del climaterio masculino, ha sido ensayado
en casos de melancolía involutiva. Algunos afirman que con 2-3 inyecciones
semanales de 5 mgr. se obtienen resultados evidentes: despertar de la actividad
psíquica y un aumento de la sensación de bienestar físico; otros en cambio
refieren (Barahal, Psysh, Quarterly, 1938), que aun después de 3-4 meses de
tratamiento las condiciones mentales no han presentado mejoría alguna, ni
tampoco se ha estimulado la función sexual. Yo creo que es conveniente alternar
estos tratamientos que no tienen ninguna contraindicación, en aquellos casos en
que por condiciones particulares del enfermo no puede realizarse ninguna terapéutica
más activa o sea la terapéutica convulsivante.
LA
CIRUGÍA EN LA PSIQUIATRÍA
Desde
el momento en que la semiología neurológica se afinó lo suficiente,
especialmente en lo que se refiere a los tumores craneales, se aconsejó por los
neurólogos y por los cirujanos la intervención sobre los órganos nerviosos,
no sólo sobre el cerebro sino también sobre la medula. Los últimos
descubrimientos sobre la función del simpático y parasimpático han aumentado
el campo de acción de los neurocirujanos en el tratamiento de los síndromes.
La rama de la neurocirugía es de las más difíciles de la cirugía general,
por su especialísima técnica y por sus resultados inseguros, no sólo quoad
valetudinem sino también quoad vitam. En cuanto a las enfermedades mentales, no
se había hablado de métodos quirúrgicos porque no se sabía hacia qué órgano
dirigirlos. Las lesiones no se conocían sino muy parcialmente; todos los
esfuerzos de los histólogos para solucionar los problemas anatomopatológicos
de las psicosis, excepto en las cerebropatías orgánicas y en la parálisis
progresiva, no habían llegado a resultados
positivos.
Egas
Moniz, neurólogo de Lisboa, ha iniciado las tentativas de terapéutica quirúrgica
en las psicosis. Este A. dice, hablando de las bases teóricas del método:
“en el campo neurológico las enfermedades llamadas funcionales irán
desapareciendo sucesivamente; en la psiquiatría sucederá lo mismo, y en cuanto
a la orientación organicista, esta ciencia hará verdaderos progresos”. La
persistencia de los trastornos psíquicos fundamentales (ideas delirantes
expansivas y depresivas) y su invariabilidad en las enfermedades
psicofuncionales (Bumke), indujo a pensar que existirían conexiones patológicas
entre varios sistemas neurónicos que funcionarían originariamente en forma
independiente y con diversa modalidad, formando así vías obligadas y
privilegiadas (conexiones establecidas de Moniz); la actividad psíquica del
sujeto viene coartada de tal manera y dirigida en forma unidireccional y de esta
forma se establecerían ideas erróneas o delirantes. Por una parte, la
reconocida importancia del cerebro anterior del hombre para los procedimientos
menta1es superiores (desarrollo considerable de la corteza frontal y del centro
oval), hizo pensar que fuera la sede de estas alteraciones en la conexión
intraneuronal; por otro lado, la ausencia de graves trastornos consecutivos a
las intervenciones e incluso a la extirpación total del lóbulo frontal han
inducido a Moniz a intentar la resección o la rotura de las supuestas falsas
conexiones. Ha ideado una técnica operatoria que consiste en la trepanación
del cráneo en cuatro puntos y en la extirpación de esferoides de substancia
nerviosa con un instrumento especial hecho como un punzón, llamado “leucotomo
cerebral”; realiza también inyecciones intracerebrales de alcohol absoluto en
las zonas sospechosas. La práctica de la intervención, según la modalidad
propuesta por Moniz no está al alcance de todos los cirujanos y no siempre
puede practicarse en los hospitales psiquiátricos. Para obviar este
inconveniente técnico, Fiamberti ha propuesto, en 1937, una modificación del método.
Ha llegado a los lóbulos prefrontales por vía transorbitaria, sirviéndole de
guía la aguja de Dogliotti. Coloca la guía bajo la arcada orbitaria, con
anestesia local dándole una inclinación de 45 hacia fuera del arco orbitario;
así llega a la proximidad inmediata del lóbulo prefrontal; introducida la
aguja por esta guía, se profundiza todavía más adelante 1 cm. y ½ o 2 cm.;
de este modo se alcanza el cerebro oval prefrontal: basta inyectar alcohol
absoluto o la solución de formalina al 10% (Rass. di Studi Psich., vol. XXIV,
1937). Más tarde (1939), ha insistido eh su argumento para tratar por este método
formas abandonadas ya a toda terapéutica y que constituirían un peso económico
importante para la sociedad.
Los
casos tratados por Moniz en un primer tiempo correspondían a diversas formas
psicofuncionales; los resultados obtenidos serían alentadores, especialmente en
lo que se refiere a la psicosis afectiva (manía, melancolía), a la ansiedad
(casi siempre desaparecida), a la agitación psicomotora (mejorada).
Fiamberti,
en un primer tiempo, ha empleado su variante en enfermos graves, pero no da
conclusión alguna sobre la eficacia terapéutica del método, limitándose
simplemente a afirmar que el método no es peligroso quoad vitam. Rizzatti (Schizofrenie,
1937), partiendo del concepto emitido unos años antes por Donaggio acerca de la
importancia del lóbulo frontal en los trastornos motores extrapiramidales, ha
utilizado el método anteriormente descrito en el parquinsonismo; expone 5 casos
con 3 curaciones y 2 mejorías.
Aunque
las críticas de este método sean muchas y algunas muy justas, el punto de
vista de Fiamberti me parece el más adecuado. Él “adscribe al psiquiatra el
deber de no descuidar el estudio objetivo de los métodos terapéuticos, que
debe juzgar sólo basándose en los hechos comprobados”. Todas las
concepciones, aun las nacidas de la lógica y de teorías sólidas, pueden
resultar falsas, por la observación posterior de los hechos, como enseña la
historia de la terapéutica.
LA
OFIDIOTERAP1A
Antigua
terapéutica es la del veneno de la serpiente; los homeópatas hace tiempo
usaban las pequeñas dosis del veneno de serpiente para combatir el dolor. Hoy
la medicina alopática lo usa con diverso resultado en las formas dolorosas de
naturaleza distinta, de larga duración, en los casos en que los preparados de
morfina, conducirían seguramente al morfinismo. Se sabe, por los estudios de
Calmette, que la acción analgésica del veneno sería debida a una combinación
del mismo veneno con fosfátidos de las células nerviosas; la combinación
formada hace desaparecer la sensibilidad dolorosa, pero no la conducción
motora. No hablaremos de su utilización en otras ramas de la medicina,
especialmente por una presunta acción curativa de las células neoplásicas
(acción considerada casi por todos como nula Klonsitzky), sino que nos
limitaremos a nuestra especialidad.
En
neuropatología sé han experimentado varios de estos venenos, desde el de
Trigonocefalo, el de Lachesis alternatus y de otros reptiles, pero siempre con
escasos resultados; en la práctica, solamente se usa el veneno de cobra y de la
Vípera ammodytes, que son los más activos. En patología nerviosa han sido
tratadas especialmente con el veneno de cobra los dolores fulgurantes y gástricos
de los tabéticos. F. Negro fué quien trató por primera vez tabéticos con
resultados brillantes; luego otros han comunicado también buenos resultados.
Debemos referir a este propósito, que Wagner v. Jauregg en estos últimos
tiempos cree que los dolores tabéticos no son más que la expresión de la
alteración del tejido nervioso por el proceso patológico, y sobre esta lesión
poco o nada hacen los procedimientos terapéuticos específicos o no. En 1937
Rottman ha publicado un trabajo en la Klin. Woch. respecto a la aplicación de
la cobroterapia en los síntomas irritativos sensitivos de la tabes dorsal. Sus
enfermos presentaban Wassermann negativa y ausencia de otros signos tabéticos,
como abolición de reflejos y rigidez pupilar; tenían solamente crisis
dolorosas lancinantes y gástricas.
El
método es el siguiente: 2 a 2 ½ unidades-ratón a 8-12 unidades ratón, en la
mujer y de 16 unidades-ratón en los hombres, practicando la inyección con
intervalos de 1-3 días; esta dosificación es variable según las
circunstancias, pero precisa acercarse a la dosis-umbral que puede decirse
alcanzada cuando desaparece el dolor; en casos gravísimos puede alcanzarse
hasta 20 unidades-ratón (unidad-ratón es la dosis mínima letal entre 5-7
horas para ratones del peso de 19-21 gr.). Alcanzada la dosis umbral, se
mantiene en la misma al enfermo el mayor tiempo posible, teniendo presente que
la mejoría se consolida más repitiendo la misma dosis. Se usa la vía hipodérmica;
si debe actuarse in situ es mejor la vía intradérmica. Se desinfecta la piel
con alcohol y éter pero no con tintura de yodo. No hay contraindicaciones
absolutas; en caso de déficit renal deberá examinarse antes la orina. Cuando
se termina el tratamiento, o cuando se debe interrumpir porque se manifiesten
signos de intolerancia, consistentes en irritación, insomnio, hemorragias
nasales y depresión, se administra cloruro sódico y piramidón. Mientras se
emplea este medicamento, es conveniente no hacer tratamientos específicos ni
roentgenterapia, ni radiumterapia y únicamente 2-3 veces por semana una inyección
de preparados arsenicales cacodílicos.
El
veneno de cobra se ha utilizado también en la ciática y la radiculitis. Segré
refiere óptimos resultados obtenidos por él en la ciática en estos casos
algunas veces se observa al principio un aumento de los dolores al que sigue una
mejoría absoluta. Negro ha tratado radiculitis de diverso origen, obteniendo
siempre buenos resultados.
Hay también experimentos realizados con venenos de otra especie: per os,
con veneno de víbora (Aspidasi). En 1938, Ppepeu ha referido en la Deutsche Med.
Woch. buenos resultados terapéuticos obtenidos en formas neurálgicas de otra
naturaleza. Este A. explica la acción del veneno por una activación del
protoplasma celular, principalmente determinada por los encimas contenidos en el
veneno. También Durckardt ha obtenido buenos resultados con el mismo veneno, en
las neuralgias.
Podemos
concluir diciendo que mientras las otras aplicaciones del veneno ofídico
parecen decaer ante la prueba clínica (Klobnsitzky en el Instituto, de Biología
de San Paulo del Brasil ha encontrado completamente ineficaz el veneno de cobra
en los tumores); su acción analgésica parece comprobada de manera que puede
decirse que “el veneno de serpiente tiene una acción analgésica potentísima,
superior a los analgésicos conocidos” (Negro).
ONDAS
CORTAS
Muchos
son los trabajos que se comunican constantemente sobre el tratamiento con
diatermia, ondas cortas, marconiterapia, etc. La marconiterapia está fundada en
el uso de oscilaciones eléctricas de altísima frecuencia; estas oscilaciones
generan corrientes de alta frecuencia en circuitos oscilatorios sintonizados,
pudiendo irradiar al ambiente periférico ondas electro-magnéticas de longitud
variable entre 3 y 30 metros según la frecuencia. Algunos ingenieros americanos
notaron en algunos operarios de transmisiones radiotelefónicas por onda corta,
la aparición de trastornos nerviosos. Experimentadores médicos (Schereschewky,
Izar, etc.), comenzaron a estudiar el efecto de estas ondas en animales de
laboratorio y después en hombres; precisando de esta forma los efectos específicos
sobre el organismo además del efecto térmico ya conocido. Se establecieron así
diferencias fundamentales entre diatermia y marconiterapia, viéndose que tal
diferencia se extendía al campo terapéutico, dados los resultados óptimos
btenidos con esta última en los procesos inflamatorios. Hoy a estos efectos
específicos se añade el efecto calórico obtenido primero solamente con la
diatermia. La electropirexia con las ondas cortas es otro de los progresos de la
terapéutica moderna de la que hablaremos luego. El calor producido por las
ondas cortas es más homogéneo que el obtenido por la diatermia. Los tejidos
profundos se calientan más que los superficiales, con otras ventajas como el
menor tiempo de aparición del calor, tiempo en que el enfermo debía permanecer
inmóvil, lo que no siempre se podía obtener en enfermos inquietos; con la
marconiterapia no hay peligro alguno para el enfermo porque los electrodos de
los aparatos de onda corta están lejos de la piel
Por
lo que se refiere a la neuropsiquiatria, cada día se extiende más su campo de
aplicación. En el campo de la neurología una gran aplicación de la
marconiterapia ha sido en la ciática. No todos, sin embargo, están de acuerdo
con los resultados; parece que la causa de los fracasos debe referirse a la
falta de potencia usada y a la inexactitud de la técnica. Precisa usar dosis
fuertes (dosis que producen sensación de calor agradable, al máximo bien
tolerado) y contemporáneamente procedimientos dietéticos y medicamentosos. Los
electrodos del aparato (diam. 18 por 27 cm.) se disponen uno en la región
lumbosacra y el otro en la cara anterior de las costillas en el tercio inferior;
pueden también aplicarse en las piernas: un electrodo se pone bajo la planta
del pie aislado del suelo, y el otro en el tercio inferior del mismo muslo; los
dos electrodos están a una cierta distancia de la piel (2-3 cm.). Otra posición
de los electrodos puede ser la transversal (espalda y bajo vientre) y otra la
longitudinal (espalda-parte posterior de la pierna); esta posición se usa en
casos leves.
Las
neuralgias del tronco se tratan con un número muy pequeño de aplicaciones
(4-5); las neuralgias de las articulaciones necesitan por lo menos 8
aplicaciones. Para las dosis hay que utilizar las dosis medianas. Para la
neuralgia braquial las aplicaciones se hacen con un electrodo en la región
escapular y otro en la región dorsal de la muñeca; si se debe tratar solamente
el antebrazo se puede aplicar un electrodo debajo y el otro encima del brazo en
dirección oblicua. Para los miembros se puede usar también electrodos en
espiral, de Kowarschik, de reciente construcción.
Las
ondas cortas se usan también en la tabes (en algunos casos se han visto
desaparecer dolores lancinantes), en abscesos cerebrales, análogamente a los
que se han hecho para furúnculos, abscesos, tiñas cutáneas (Schiliephare
refiere casos de curación), en esclerosis múltiples (sin buenos resultados),
en poliomielitis anterior aguda y en encefalitis (algunas veces sin éxito), en
la hemiplejia, en el parquinsonismo. En la práctica psiquiátrica, se utiliza
especialmente en la parálisis progresiva. En este caso, no se trata más que de
producir un estado febril con la onda corta; debemos añadir que el proceso
febril producido por la marconiterapia se domina fácilmente, dado que la altísima
frecuencia utilizada produce la mínima excitación de los músculos y de los
nervios. También pude usarse, además, cualquier medicamento quimioterápico
(salvarsán, stovarsol, etc.), mientras se practica el tratamiento físico, ya
que estos medicamentos no alteran el desenvolvimiento del acceso febril.
Se
usa una cama a propósito con tres planos inclinados, sobre la cual el paciente
se coloca en decúbito supino, y dos electrodos que se colocan debajo de la
cama, lo suficientemente distanciados del plano del lecho (para no producir
localizaciones del campo y fuertes calentamientos locales). Al paciente se le da
una dieta rica en hidratos de carbono, tisanas, algún sedante (que según
algunos facilitaría la acción de la temperatura), una solución de cloruro sódico
al 0,6 % (para compensar la fuerte transpiración). El enfermo se recubre de
lana y de una tela de goma y de otro material absorbente para que no quede con
la piel bañada en sudor. Se trata de establecer la duración, el número de las
aplicaciones, su periodicidad y el grado de temperatura que debe alcanzarse.
Todo ello depende, como siempre, en gran parte de la resistencia orgánica del
paciente. Hay que tener en cuenta que son contraindicaciones las enfermedades
cardiacas, renales, hepáticas, pulmonares, vasculares (arterioesclerosis), edad
avanzada. Neymann ha dado un esquema de valores máximos para la determinación
terapéutica.
En
la tabes y parálisis progresiva, temperatura de 37’7; duración 6 horas; número
de aplicaciones 30; dos veces por semana.
En
la lúes cerebral, temperatura 41; duración•2 horas; aplicaciones 30; dos
veces por semana.
En
la esclerosis múltiple: temperatura 39’7-40’8, duración 8 horas, número
de aplicaciones, 20; una vez por semana.
En
la corea, temperatura, 39’7; duración, 8 horas; número de aplicaciones, 2-3;
dos veces por semana.
Por
lo que se refiere a la temperatura, no todos los AA. están de acuerdo; algunos
sostienen que los buenos resultados se obtienen con temperaturas muy fuertes
(Germania), otros con temperaturas fortísimas (América). Lo esencial es el
poder alcanzar grandes potencias (600-800 vatt), cosa que se obtiene a veces
acoplando dos aparatos de 350-300 vatt.
Debemos
decir que por razones inherentes al estado psíquico de gran parte de paralíticos
progresivos, la electropirexia no puede de ninguna manera substituir a la
malarioterapia, la cual tendrá siempre un campo de acción más vasto.
EL
NUEVO TRATAMIENTQ ATROPINICO DEL PARKINSONISMO
Si
bien hoy día está más difundida que nunca la idea de que el parkinsonismo no
es un estado póstumo secundario a una enfermedad anterior, sino una afección
crónica, o por lo menos una enfermedad en la cual mientras algunos focos están,
apagados, otros permanecen todavía activos, y en una situación siempre
dispuesta a reagudizarse. Todas las terapéuticas que se practican no son más
que sintomáticas. Si se parte de este concepto terapéutico, no tendremos
ilusiones ni desilusiones lo mismo los médicos que los enfermos.
La
sintomatología del parkinsonismo encefalítico es polimorfa: todavía el
temblor y la rigidez son los síntomas cardinales; siguen después la sialorrea,
las mioclonias, los espasmos musculares, la hipersecreción sebácea, las crisis
oculógiras, los vértigos, las algias, las parestesias. W. Hauburn ha
delimitado el estado mental de los parkinsonianos: ha establecido, y todos los
demás AA. están de acuerdo con él, que la inteligencia en general permanece
inalterada, la atención parece atenuada, la asociación de ideas lentificada (bradifrenia),
lentificación también de las funciones motoras de la voluntad; afectividad y
emotividad escasas; reflexión, concentración y creación escasamente
desarrolladas. Todos estos síntomas, o se encuentran desde luego presentes o se
desarrollan lentamente.
Hablaremos
de la terapéutica que se emplea en el parkinsonismo repitiendo que siempre se
trata de un tratamiento sintomático. ¿Cuál podría ser la terapéutica de un
padecimiento del cual conociéndose bien la anatomía patológica no conocemos
nada de su patogenia y etiología?.
El
tratamiento búlgaro, método empírico pero beneficioso para tantos enfermos
hasta ahora en condiciones miserables de absoluta invalidez, no es más que una
terapéutica sintomática: pero conduce a una recuperación funcional
notablemente superior a la que producen los demás tratamientos si se exceptúa
el de Roemer (atropina). Atropina, escopolamina, hiosciamina, estramonio, son la
base en que se apoya la terapéutica atropínica del parkinsonismo. Se sabe a
las dosis en que se emplean estos medicamentos y se sabe ya el resultado que se
obtiene. Es bien conocida la terapéutica atropínica a altas dosis propuesta
por Kleemann y Roemer (administración 3 veces al día de una gota de solución
al 0’50 % de atropina aumentando una gota por cada vez hasta llegar a una
dosis cotidiana de 10, 15, 20, 25 mgr. según la tolerancia).
El
método original del tratamiento búlgaro ha sido ideado por Raeff, herbolario
de Kipka en el cantón de Kazaulik, en Bulgaria. El medicamento original está
compuesto de la siguiente forma: 1) una raíz, en pequeños pedacitos: es la raíz
de belladona, de la cual se prepara un cocimiento mediante ebullición (30 gr.
de raíz en 600 gr. de vino blanco); 2) un paquete de papelitos con 0’25 gr.
de un polvo negro (polvo de carbón) que se añade al cocimiento para la
decoloración del vino y para hacer precipitar las substancias mucilaginosas; 3)
píldoras de color blancosucio de miga de pan, con pequeñas porciones de
canela, nuez moscada, etc. 4) raíz de cálamo aromático.
Ya
desde los primeros tiempos de su empleo muchos AA. reconocieron que la parte
verdaderamente activa y única de todo este material es la raíz de belladona y
han eliminado todos los otros accesorios o sea los polvos, píldoras, etc. Pero
además ha sido también abandonada la preparación primitiva del
cocimiento-maceración, porque se ha demostrado como poco activa frente a otras
más eficaces. Ceni usa el residuo seco del cocimiento, residuo obtenido con la
evaporación a baño de maria de la raíz, que se administra a gotas.
Recientemente (1939) Panegrossi aconseja el extracto en frío al 5 %, mediante
una maceración de la raíz en agua acidificada; según el A., esta preparación
tiene las ventajas de tener mayor eficacia terapéutica, de su fácil conservación
durante mucho tiempo y de su contenido fijo en alcaloide (0’20 %).
Después
de la introducción del método de tratamiento de belladona búlgara, algunos
farmacólogos italianos y el Laboratorio de la Sanidad Pública Italiana, han
visto que la belladona italiana es igual que la búlgara, solamente que contiene
una proporción inferior de alcaloides, por lo que debe usarse a dosis
superiores. Ferrannini, D’Ormea, Broggi, Medea, han observado diferencias
entre los dos métodos en favor y en contra. Ha sido fabricado y puesto a la
venta un preparado “Panatropa” del cual ya Medea en 1936 y M. John en 1939
han puesto en evidencia sus grandes ventajas frente a la simple cura atropínica.
En Alemania, la Chemisch Pharm. P. G. Hamburg, ha puesto en el comercio el
Homburg 680, que es un extracto estabilizado de raíz de belladona búlgara, una
gota del cual corresponde a O’075 mgr. de alcaloide total. En Inglaterra,
Neuwahl ha afirmado que los mismos efectos se obtienen con la belladona inglesa.
La
administración en cualquier forma que sea, se hace siempre a dosis progresivas
fraccionadas en las 24 horas; de esta manera se alcanzan dosis elevadísimas,
obteniendo toda la acción calmante sin que aparezcan efectos tóxicos o por lo
menos efectos tóxicos muy débiles. (Baldauf, Neuwahl). Coadyuvantes del
tratamiento son: alimentación atóxica ovolactovegetariana, especialmente
vegetariana porque parece favorecer la acción de la droga. Vida higiénica,
aire libre, masaje, reeducación de los movimientos, ejercicios ligeros y de
distracción (Panegrossi, Baldauf). (A partir de aquí, continúa con diversas
consideraciones relativas a la enfermedad de Parkinson y su tratamiento, para
dar paso a otros apartados más específicamente neurológicos que no
reproducimos en aras de una menor extensión del texto).