Presentación del libro: “Reinventar
el vínculo educativo: aportaciones de La Pedagogía Social y del Psicoanálisis”
Coordinadora Hebe Tizio. Editorial Gedisa, Barcelona. 1ª Edición 2003.
Buenas tardes a todos.
En primer lugar quiero agradecer su
presencia aquí, esta tarde, presencia sin la cual este encuentro no sería
posible. Un encuentro que convoca a leer un libro.
¿Qué podría yo hacer para que Vds.
consintieran al menos en acercarse a él, darse el permiso de ojearlo, de
tomarlo entre sus manos cuando lo vean en el estante de una librería, o,
quizás, pedírselo prestado a una colega…?
Me gustaría transmitirles lo mucho que a mí me está aportando su
lectura, una lectura advertida y
orientada.
Hoy no es fácil encontrarse con
libros advertidores. Tenemos libros solucionarios, al estilo de los dos paradigma que comanda el discurso
hipermoderno de nuestra época, el
paradigma problema-solución y, por otra, el paradigma de la evaluación.
El libro ofrece muchos temas sobre los cuales podría haber llamado su atención;
pero, como hay que elegir y ser breves, he escogido centrar este comentario
sobre uno de los puntos nucleares que lo atraviesan. Pero no ha sido ésta una
elección azarosa, sino que obedece al efecto que produjo sobre nosotras mismas
su lectura;
“Lo
que la educación tiene de antidestino “–Pág. 61-
Este tema hizo que nos detuviéramos y nos
preguntáramos sobre nuestra práctica cotidiana, transformándose en un punto
nodal para la misma.
Porque este no es un libro de teoría,
aunque también.
Entre las muchas razones por las que acepté
estar aquí hoy y enfrentarme al miedo que me producen estas situaciones, está
una de las particularidades que se encuentra en el libro; la conversación que
se mantiene entre la teoría y la práctica; pero al modo de que es la práctica
misma la que pone a prueba los conceptos, a través de las consecuencias de las
intervenciones sobre el sujeto mismo. Es pues un texto orientado desde la
ética.
“Lo que la educación tiene de antidestino”
Que se nos hiciera comprensible nos condujo
a situar el par significante educación-antidestino al lado de las respuestas
que íbamos encontrando en el texto mismo:
·
“se trata de dar un lugar distinto del que el
sujeto nos convoca”,
·
“…si el niño espera que se le
responda como está habituado, y no lo encuentra, esto puede producir
una modificación…”,
·
“…introducir otra lógica que permita
poner un freno a las modalidades de respuestas esperadas por el sujeto. Si
no se puede introducir esta ruptura, el sujeto convocará al educador para
reafirmar su propia dificultad, y se contribuirá a la cronificación de sus
problemas”.
·
etc.…
Entre las respuestas encontramos un
denominador común “el sujeto convoca al educador para que responda de una
manera determinada” y el libro nos advierte de ello e incluso de nuestra responsabilidad
para la cronificación del malestar de un sujeto.
Pero no se asusten, porque estar advertidos
y orientados de la buena manera, como he escuchado tantas veces decir a Anna
Aromí, no es sin consecuencias, tanto para el sujeto –de la educación-como
para el educador –agente de la educación-.
Lo van a poder escuchar muy bien desde la
práctica misma ya que, al modo que se hace presente en el libro mismo, he
tomado una de las viñetas que aparecen en él para poner a prueba esta orientación advertida, fragmento que corresponde al capítulo 4 del libro, titulado
“Trabajo educativo con adolescentes”, página 77:
“A. es derivada a nuestro centro procedente de una institución religiosa
en la que consideraban haber agotado las
posibilidades de trabajo con ella. Sus expresiones en forma de conductas antisociales (fugas,
robos, transgresiones de las normas…)
iban en aumento…
Meses antes de ingresar en nuestro centro
A. se había fugado yendo en busca de su madre, reclamándole la posibilidad
de volver al domicilio familiar en el
que ella vivía con sus cuatro hijos que nunca habían estado en situación de
tutela administrativa. La respuesta de la madre fue expulsarla
y llevarla a la policía para que la devolvieran al centro. Del mismo modo que a
la edad de cinco años fue entregada al cura
del pueblo porque ella misma manifestó haber
agotado todas sus fuerzas para con ella. A. se entrega a una escalada de
transgresiones, haciéndose expulsar
y rechazar….”
Detengámonos sobre dos
frases:
1.- sus expresiones en forma de conductas
antisociales
iban en aumento
2.- haciéndose expulsar y rechazar.
La conducta de A. se lee, se hace con ella
un ejercicio de lectura comprensiva, lectura que localiza al sujeto (historia),
sin excluirla, como podemos escuchar en otros
discursos que evaluarían dicha conducta como un problema a extinguir centrando
sus estrategias de intervención en el paradigma problema-solución.
Aquí radica una clara
diferencia y un punto de encuentro entre la pedagogía y el psicoanálisis, ambos
trabajan con sujetos, y, si se le excluye los efectos retornan de la peor
manera. Hoy tenemos claros ejemplos.
Lo que impide que A. funcione con
normalidad no es una incapacidad, ni un trastorno, sino su posición de
repetición de lo que había pasado en su historia. Es decir, la conducta es
tomada como una forma de expresión del malestar de un sujeto”, como algo
que la compete en lo más íntimo de su ser, tanto desde la vertiente que la
identifica, como desde la vertiente pulsional.
Pero, si es un malestar podríamos
preguntarnos por qué lo repite sin cesar. Freud nos legó una advertencia
fundamental:
“El mal existe. No solamente en el macro
mundo de lo social, sino también en el micro mundo de la subjetividad: en cada
uno habita el mal. Y la paradoja de los seres hablantes es que cada uno tiende
activamente a buscar ese mal como si fuera su propio bien… El psicoanálisis propone una definición del hombre que
incluye la animalidad, lo no-civilizado, la pulsión de muerte…De ahí que los
saberes, la educación, la cultura, sean no solo el mejor medio sino el único
modo de tratamiento posible para hacer de la vida algo habitable…Descubriendo
el psicoanálisis
Freud legó a la humanidad el instrumento para poder cambiar, uno por uno, algo
en todo eso”. – págs. 122,123-
Pero no todo. Este “no todo”,
este imposible bien podría haberse tomado como otro tema de comentario, lo
imposible que concierne a la tarea educativa, que comparte con el psicoanálisis
y la política.
Pero no ha sido el caso, aunque
los que se acerquen a su lectura podrán encontrarlo.
Estos educadores que van a recibir a A.
toman advertidos y orientados por el psicoanálisis que A. es un sujeto que se
hace representar, que se expresa, por estas conductas antisociales.
Volvamos a la segunda frase,
“haciéndose expulsar y rechazar”.
Es decir, allá por
donde va esta chica se coloca de manera que va a provocar que el Otro la
expulse, que la rechace.
La consecuencia es un estrepitoso “fracaso
escolar”. Ella está absolutamente enfrascada en esta dialéctica, no pudiendo ocuparse nada más que de hacerse expulsar y
rechazar. Parafraseando a María Zambrano, A. se encuentra encerrada dentro del
laberinto primario que es la mente de todo hombre originariamente, encerrada como el
Minotauro, desbordante de ímpetu sin salida.
Con éstos previos es con los que llega a la
nueva institución, diciendo sin palabras, con su comportamiento,
“yo soy una fracasada y merezco la expulsión”. Es su tarjeta de
identidad, su DNI (Recordemos que es una adolescente). Este era su destino y a lo que convocaba constantemente.
La acción educativa sostenida por un equipo
advertido se orienta para que A. pueda entender que es ella la que se hace
rechazar, y que no es el mundo el que juega en su contra. De modo que tampoco se
la fija como chica problemática.
Espero que alguno de los presentes en la
sala haya podido compartir mi entusiasmo realista cuando comenzaba escogiendo
este punto nodal que recorre el libro,
“lo
que la educación tiene de antidestino, es decir, “cómo ir contracorriente de la
maquinaria que hace que un sujeto se presente siempre tropezando con la misma
piedra”…En este sentido podríamos decir que el
proceso de apropiación de la cultura está del lado de la separación de ese Otro
previo
constituido por el sujeto. El
acto educativo implica un movimiento de ruptura con un estado anterior. Se
consiente a una apropiación de saber, pero eso comporta una separación, pone en
forma un vacío y el educador trabaja con lo que viene al lugar de ese vacío:
los saberes culturales”. – pág. 64 -
Es para mí una lectura que reconforta y que
permite ir más allá de la desidia, de la quemazón profesional, del control de
la conducta, etc.
“Reinventar el vínculo
educativo, aportaciones de la Pedagogía Social y del Psicoanálisis” es toda una
apuesta realista y realizable. Se trata de devolvernos el amor por la pregunta
y la conversación.
Un libro que nos advierte, nos orienta y
nos pone a trabajar con lo que es nuestro quehacer de cada día bien se merece
una oportunidad. Espero que haya alguien en la sala que se la dé.
Muchas gracias.
María Verdejo (Psicoanalista)