Al hablar de enfermedad mental pululan ciertas creencias y mitos que
determinan la percepción que existe sobre ella. Así lo cree Peio
Mujika, director de actividades de día de Aguifes, Asociación
Guipuzcoana de Familiares y Enfermos Psíquicos que ejerció de
anfitriona en el acto. Ejemplos de ello hay por doquier. Estas falsas
creencias determinan una «visión equivocada» de los afectados,
describe Mujika. Esos prejuicios convierten con frecuencia incluso a los
progenitores en «culpables» de la enfermedad de sus descendientes, un
dato muy elocuente que demuestra «cómo el estigma afecta también al
entorno familiar más cercano», según reveló el portavoz de la
asociación guipuzcoana.
Incremento de pacientes
La evolución de los pacientes con diagnóstico de esquizofrenia u otras
psicosis atendidos en el territorio histórico ha ido en aumento en los
últimos años. El incremento no ha cesado desde 1997, fecha en que se
comenzó a describir una clara línea ascendente, de 2.500 hasta las
3.600 personas atendidas durante 2002. La estadística parece demostrar
que «nuestra capacidad de atraer al sistema sanitario a pacientes psicóticos
graves ha mejorado», valora a la luz de esos datos Álvaro Iruin,
responsable de Asistencia Psiquiátrica del Sistema Vasco de Salud-Osakidetza.
El jefe de Salud Mental del Departamento de Sanidad incorporó un nuevo
argumento al debate: «El estigma como un factor de discriminación
positiva». Si bien con frecuencia este concepto viene acompañado de
una acepción negativa -«como si fuera una mancha»-, este psiquiatra
cree conveniente convertir el estigma «en un signo diferencial». Dice
que la clave reside no tanto en «la presencia o no de esa mancha» sino
en la consideración que hacemos de ella. Pone el acento, por tanto, en
la actitud de las personas ante el hecho diferencial de la enfermedad
mental.
No se trata de una cuestión baladí. La lucha contra la estigmatización
que arrastran las enfermedades mentales severas figura en la agenda política
de distintas instituciones y organismos. En su informe de salud mental,
la OMS, dentro de la recomendación cuarta, dirigida a todos los países,
establece una postura firme sobre la necesidad de educar e informar
acerca de este tipo de dolencias. El Ararteko también fija la necesidad
de impulsar mecanismos que permitan sensibilizar a la población sobre
esta cuestión.
Consecuencias
Los profesionales del sector subrayan que la estigmatización tiene sus
consecuencias: escasez de recursos para el desarrollo de servicios de
psiquiatría; desproporción entre la gravedad de los problemas causados
por la esquizofrenia y los medios que se emplean... Estudios recientes
concluyen, según el director de Aguifes, que más del 40% de
propietarios de viviendas rechazan a posibles inquilinos sólo por
padecer trastornos psiquiátricos. Es decir, «el hecho de padecer una
enfermedad mental dificulta el derecho a la vivienda», denunció.
También es cierto, tal como señala Álvaro Iruin, que «si preguntamos
a familiares y pacientes dónde quieren que viva la persona afectada,
existe un punto de coincidencia al responder que el mejor lugar es con
la propia familia», apostilla. El terreno laboral también se muestra
sinuoso para este colectivo. Las oportunidades de empleo son exiguas y
el aislamiento social está muy presente. Con el objetivo de normalizar
esa reinserción, el jefe de Asistencia Psiquiátrica de Osakidetza
explicó que su departamento participa de una iniciativa ya iniciada
hace dos años. La creación de un servicio de acompañamiento para el
enfermo, en esos primeros pasos titubeantes de incorporación al
trabajo, es una de las líneas de actuación que se apuntan y que verán
la luz en un futuro, ya que «todavía no están asignados los fondos
para ello», aclaró Iruin.
Francisco Chicharro, presidente de la Asociación Española de
Neuropsiquiatría (AEN) confiesa, sin soslayar las demandas actuales,
que la evolución en la asistencia psiquiátrica en los últimos veinte
años «ha sido espectacular». En la CAV, en el año 93 había algo más
de 40.000 pacientes en tratamiento. Una década después, en 2002, eran
ya más de 70.000, «y eso tiene que ver con la progresiva desaparición
del estigma que existía a la hora de acudir a salud mental», opina.
Tanto es así, que si bien en fechas pretéritas era muy difícil «arrastrar
al paciente» a una consulta de psiquiatría, hoy en día «nos quejamos
de que por cualquier acontecer negativo de la vida uno se acerca a este
servicio», apuntó el también presidente de la Asociación Vasca de
Salud Mental-OME y director médico del Hospital Psiquiátrico de
Zamudio. Probablemente, dijo, en estos momentos gran parte de la población
recurre a los servicios sanitarios para resolver «otro tipo de
conflictos».