El “Almanaque de Locos”. Una visión popular de la enfermedad mental en el franquismo.

Andrés Porcel Torrens. Servicio de Psiquiatría. Hospital de La Ribera. Alzira (Valencia)

(Póster presentado a XXI Jornadas AEN. Alicante, 2007)

 

Introducción
Durante la prolongada posguerra española, en las décadas que van desde el fin de la contienda al inicio de los años sesenta, la historieta adquirió un papel relevante como medio de comunicación de masas. Las publicaciones de historieta se generalizaron entre un público popular y su penetración llegó habitualmente mucho más allá de la edad infanto-juvenil a la que pretendían inicialmente dirigirse. Con el cine, los tebeos  fueron entonces la principal fuente de ocio y de recepción de estética  de que dispusieron varias generaciones en sus años de formación.

Una aproximación actual convierte a estas publicaciones en una fuente histórica donde se reflejan estereotipos, vivencias, valores y actitudes comunes en la sociedad en que se difundieron.

La editorial Valenciana, una de las más importantes empresas editoras del país, publicó con periodicidad anual entre 1946 y 1963 el Almanaque de Locos, una revista de humor, sin personajes fijos, que en forma de breves historietas y chistes trataba  de forma monográfica el tema de los trastornos mentales. Más allá de su valor estético, la publicación es un reflejo  de la visión más popular y espontánea de la visión  que sobre la enfermedad mental tenía un público general sin acceso a formas de cultura superior. Las historietas recogen además testimonios sobre el entorno asistencial de esos años, y sobre como es interiorizado por la masa.

Objetivos

Tomando como fuente los ejemplares disponibles de esta colección, este  trabajo ofrece un resumen muy breve del análisis, textual e iconográfico, de  tres  aspectos básicos: los arquetipos del trastorno mental, la visión de los profesionales de la salud mental y el contexto asistencial psiquiátrico.

Exposición

a)    Imágenes de la enfermedad mental.

 La imagen del trastorno mental está muy lejos de ofrecerse sistematizada ni explicada. Lo que vemos  es la impresión, el trazo grueso, la forma en que de manera directa se transmite una imagen arquetípica que reconocida por el público despierta una complicidad inmediata. La locura, definida así literalmente, sin matiz alguno, es ante todo la ausencia de una lógica convencional. Las normas elementales del pensamiento son subvertidas dando lugar a las paradojas que nutren los clásicos chistes, en los que a menudo se recurre al mantenimiento de una lógica interna ajena sin embargo a las formas convencionales. Así, la portada del almanaque de 1949 ilustra bien la inversión del orden establecido a la manera de las tradicionales “fiestas de locos” de raíces medievales. Los tipos gráficos del loco, repetidos una y otra vez, retratan el absurdo de los atuendos y el extravío de los gestos, marcando rotundamente la diferencia con el mundo “normal”. La página que ilustra Serafín, con el título de Fiesta en el manicomio ofrece una gran variedad de ejemplos en esta línea.

De forma más sutil, se ofrecen otros ejemplos en que es más difícil distinguir al cuerdo del orate, situación que suele dar lugar a errores. La confusión puede venir únicamente de lo formal, del aspecto físico; o nacer del hecho de mostrarse en un enfermo  las facultades aparentemente preservadas. Se muestra  entonces una imagen en que la locura no consiste ya en la pérdida de la coherencia formal, sino en una perversión de las reglas del pensamiento. El ejemplo de la historia en que se demuestra que un juez emite sentencias  aparentemente contradictorias, siendo un médico quien detecta lo anormal de su conducta, es una adecuada representación de esta idea.  En las historietas que se desarrollan fuera del manicomio veremos ya que el aspecto de  los pacientes es en todo asimilable al arquetipo del hombre común.

Pocas muestras se ofrecen acerca de las posibles causas del desequilibrio mental. Las impresiones fuertes y los traumatismos son las mas repetidas, como formas degradadas de ideas de raíz hipocrática.

Con los años detectamos la presencia de términos más elaborados, que ilustran la difusión popular de los saberes académicos. Así, los pronósticos disparatados de Soriano, calificados como “esquizofrénicos”, o la creciente aparición del psicoanálisis o de la idea de “complejo” o la alusión a la “manía persecutoria”.

b) Los profesionales de la salud mental. La asistencia se identifica con la figura de los médicos, calificados casi siempre como psiquiatras. Su aspecto remite habitualmente al de cualquier otro galeno, incluyendo la bata y a menudo el espéculo. No son sin embargo infrecuentes los casos en que los psiquiatras son caracterizados del mismo modo grotesco y absurdo que sus pacientes, contaminados de su  misma absurdidad. En una historieta de Palop, un joven que desea especializarse en Psiquiatría, confunde al director del manicomio con un paciente, al mostrarse con los atributos típicos de los mismos. Fuera de la función de vigilancia, poco se muestra acerca del trabajo del psiquiatra, que emite sus juicios   siempre sin explicación previa y en historietas llenas de ironía que apuntan la imagen de la escasa confianza depositada en estas figuras. En el caso de los psicoanalistas, les veremos languidecer aburridos frente a los pacientes o dar los consejos más pedestres, con más de una alusión a su interés económico ay a sus elevados honorarios.

La figura acompañante a la del médico es la de los loqueros, personajes que aparecen en pareja, siempre vestidos con bata, con maneras brutales y que refuerzan el carácter de defensa social frente al enfermo que se adjudica a quienes se dedican a la asistencia mental.

c) El contexto asistencial psiquiátrico. El manicomio se muestra como el ámbito característico de la asistencia psiquiátrica. Se insiste en  su carácter de reclusión, un lugar donde los pacientes son encerrados contra su voluntad y donde han de permanecer durante mucho tiempo. Las alusiones a encierros de treinta o de cien años no son raras. Gráficamente, el aspecto carcelario se refuerza con la presencia de rejas y de muros que cierran las perspectivas al exterior. La  salida de allí se concibe difícil y sujeta al criterio arbitrario de unos médicos  hacia  quienes constantemente se ironiza sobre  sus capacidades. Las figuras de los vigilantes no son amables y en ellas se alterna  una socarronería cruel con sus  maneras claramente amenazantes.  Solo en algunas ocasiones el manicomio es mostrado como un refugio de paz ante un mundo desquiciado, que propicia la locura de la sociedad. En la misma línea, en la historieta de Pertegás que relata la vida del padre Jofré, encontraremos la visión del manicomio como centro benéfico, bien que ajeno por completo a un rol sanitario.

Conclusiones

El estudio de la de la difusión académica de los saberes científicos y médicos contribuye a explicarnos nuestras propias prácticas y los paradigmas conceptuales en los que nos encontramos. Sin embargo, esta perspectiva puede completarse con la de la difusión popular del saber, con unos cauces y unos ritmos diferentes, en el que hay que recurrir a fuentes históricas ajenas al mundo profesional. Esta aproximación nos acercará a las mentalidades del público general, donde conviven mezclados saberes tradicionales, ideas académicas periclitadas y degradadas y la asimilación de conceptos no siempre entendidos de manera ortodoxa. Aunque muy limitada por el espacio, esta exposición muestra la riqueza que espera a quien se aproxima a las fuentes populares.

Bibliografía

Cirici Pellicer A. La estética del franquismo. Barcelona: Gustavo Gili, 1977.

Porcel Torrens  P: Clásicos en Jauja: La historia del tebeo valenciano. Valencia: Ponent, 2002.

González Duro E. Psiquiatría y sociedad autoritaria: España 1939-1975. Madrid: Akal, 1978.

                                                           

 

El término esquizofrénico se aplica a todo lo que pueda sonar a disparatado

La labor de consulta ambulatoria se identifica habitualmente con el psicoanálisis

Las alusiones al psicoanálisis se hacen mas frecuentes al avanzar la colección

 

El término complejo se popularizó con facilidad

El aspecto estrafalario y lo disparatado de los métodos no impiden la alusión a los altos honorarios

la locura como alteración de las facultades- irresponsabilidad del demente

 

la locura como inversión de la lógica

Los psiquiatras como otros orates

La labor del psiquiatra parece compartir el sinsentido de sus pacientes

 

Mas que asistencial, la labor médica frente a la locura aparece como caprichosa y extravagante

El TCE como causa de vesania

la institución como cárcel- la camisa de fuerza

El manicomio como refugio frente al desorden social. Una imagen inusual de la celda acolchada.

La figura de los loqueros, garantes del orden social y manicomial

Hagiografía del Padre Jofré- la asistencia como acto de caridad