Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

leer abajo

Artículos previos

26/10/03   08/11/03   16/11/03   23/11/03   30/11/03   07/12/03   14/12/03   21/12/03   27/12/03   04/01/04   11/01/04   19/01/04   25/01/04   01/02/04   08/02/04   15/02/04   22/02/04   29/02/04   07/03/04   21/03/04   28/03/04   04/04/04   11/04/04   18/04/04   25/04/04   02/05/04   09/05/04   16/05/04   23/05/04   30/05/04   06/06/04   13/06/04   20/06/04   27/06/04   04/07/04   11/07/04   18/07/04   25/07/04   01/08/04   08/08/04   15/08/04   22/08/04   29/08/04   05/09/04   12/09/04   18/09/04   26/09/04   03/10/04   10/10/04   17/10/04   23/10/04   30/10/04   06/11/04   14/11/04   21/11/04   28/11/04   05/12/04   12/12/04   19/12/04   26/12/04   02/01/05   09/01/05   16/01/05   23/01/05   30/01/05   06/02/05   13/02/05   21/02/05   27/02/05   06/03/05   13/03/05   20/03/05   27/03/05   03/04/05   10/04/05   17/04/05   24/04/05   01/05/05   08/05/05   15/05/05   22/05/05   05/06/05   19/06/05   26/06/05   03/07/05   10/07/05   31/07/05   07/08/05   14/08/05   21/08/05   28/08/05   11/09/05   18/09/05   25/09/05   02/10/05   09/10/05   16/10/05   23/10/05   30/10/05   06/11/05   13/11/05   20/11/05  

25.9.05

Del uso de móviles y otros riesgos para la salud 

Psiquiatría Insólita se ha referido ya los teléfonos móviles en dos ocasiones. En una comentábamos los efectos de estos artilugios sobre la salud, y aproximadamente un año después incluíamos su uso en exceso entre las llamadas dependencias electrolúdicas. Hoy repasaremos la controvertida cuestión del riesgo de estos aparatos para la salud y en un segundo tiempo trataremos de fundamentar científicamente la modificación de la normativa sobre tráfico que ha convertido al uso de móvil mientras se conduce en falta muy grave y con una sanción económica mucho más vistosa que la que tenía anteriormente.

Reseñaremos para regocijo de los hipocondríacos, y a pesar de las campañas informativas y desinformativas que niegan que las radiaciones de los teléfonos móviles representen un riesgo para la salud, un artículo recientemente aparecido en Atención Primaria. Según nos explican sus autores, estos simpáticos aparatos generan una rica profusión de ondas de baja frecuencia, coincidentes con las de algunos procesos orgánicos, lo que sugiere la posibilidad de que interfieran con ellos. Por otra parte, aunque es cierto que no emiten radiaciones ionizantes, y por tanto no generan alteraciones en el DNA ni mutaciones, sí pueden inducir efectos térmicos y no térmicos que podrían tener gran trascendencia sanitaria. El artículo menciona la supresión nocturna de melatonina y, a partir de estudios epidemiológicos, el incremento del riesgo de padecer algunos tumores como el neurinoma del acústico o el melanoma uveal. La conclusión es que hay que estar atentos.

Más sutil, pero deliciosamente alarmista es otro trabajo que viene a presentar el uso de móviles como marcador de conductas insalubres o cuando menos de riesgo sanitario, en el que se preguntó a adolescentes (14-16 años) por el uso que hacían del móvil, así como por la presencia de otras “conductas que comprometen la salud”. El uso de móvil se asociaba con consumo de tabaco, abuso de alcohol y gastos semanales excesivos. Llama la atención que nada menos que el 89% (85% de los varones, 93% de las chicas) de los encuestados tenía móvil, lo que se aproxima, sobre todo en las damas, a la totalidad total. Una lectura crítica y cínica de estos datos invita a pensar que, dado que lo que en común tienen “conductas que comprometen la salud” como el uso del móvil, el tabaquismo, las libaciones abusivas o los gastos excesivos fumar, es que cuestan cierto dinero, lo que los autores realmente encontraron es que para los adolescentes disponer de dinero es malo para la salud. Mira por dónde, lo que me decían a mí en mis jurásicos tiempos de quinceañero cuando me racionaban la paga.

Centrándonos en los riesgos circulatorios de los móviles (entiéndase que nos referimos a la circulación de vehículos), ya en 1997 un artículo del New England indicaba que el uso de estos teléfonos mientras se conducía cuadruplicaba el riesgo de accidente. Años después los autores publicaron otro trabajo en el que venían a decir que por diversos motivos y lagunas metodológicas se habían quedado cortos en su cálculo, y se posicionaban a favor de una legislación que restringiese el uso de estos teléfonos al volante. Lo llamativo es que el riesgo, según un artículo reciente, existe aunque se usen teléfonos “manos-libres”. Este último estudio encuentra que el uso de móviles cuadruplica el riesgo de accidente en los 10 minutos siguientes a la conversación, sin influencia alguna de otros factores como edad, sexo o, como se ha dicho, tipo de móvil.

Otras aportaciones, de corte experimental, confirman que los teléfonos manos libres son también un riesgo para la conducción. Unos investigadores del Assaf Harofeh Medical Center de Israel publicaron en el American Journal of Ophthalmology un trabajo en el que se demostraba que la conversación con estos aparatos puede reducir la percepción de estímulos visuales, un aumento del tiempo de reacción y una reducción del campo visual. El estudio se realizó en 41 voluntarios sanos (20 hombres y 21 mujeres), en los que tras unas pruebas previas de referencia se valoró su rendimiento visual mientras participaban, en condiciones de laboratorio, en una conversación utilizando un teléfono móvil manos libres.

Habría que preguntarse por qué motivo se deteriora tanto la atención y la concentración cuando se conduce. Tenemos una posible respuesta en un trabajo realizado en Japón por Kawano y sus colegas del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Tokio. Los autores compararon la calidad del sonido de los móviles con el coche aparcado y circulando a 65 km por hora, descubriendo que cuando el conche está en movimiento se producen hasta 6 pausas de 300 milisegundos en un minuto, y una distorsión de la señal en un 5% del tiempo. Esto parece deberse a que cuando el coche se mueve la señal que recibe el teléfono cambia continuamente, ya que ha de cambiar de una estación a otra a lo largo de su desplazamiento. La pérdida de calidad de la audición que comportan estos cambios obliga a la corteza parietal derecha a un esfuerzo suplementario por mantener la conversación. El esfuerzo, que por su origen y naturaleza exigen tanto los móviles convencionales como los manos libres, puede repercutir negativamente en la atención y concentración del conductor. La conclusión, por lo tanto, es que si hablas por el móvil no conduzcas: párate y disfruta de la nítida señal acústica de la que gozan quienes hablan por teléfono en actitud estática.

Hay otras actuaciones que también influyen negativamente. Cuando se circula a 100 km/hora, marcar un número en el móvil supone un tiempo que implica descuidar la conducción durante 140 metros; perderemos de vista 110 si miramos un callejero, sacamos del bolso unas gafas o bebemos de un bote de refresco. Y se nos irán 80 metros en conectar la radio o encender un pitillo. La atención y concentración del conductor también se reduce si conversa con alguien, lo que me recuerda el “Prohibido hablar al conductor” que exhibían en pequeños carteles los urbanos de Bilbao en mi todavía más jurásica niñez.

Pero no queda ahí la cosa. Existe otra actividad que ha demostrado ser peligrosa cuando se conduce: pensar. Hace cinco años se publicó un estudio realizado al alimón por la DGT y la Universidad Complutense de Madrid en el que se evaluaron las consecuencias de realizar tareas mentales mientras se conducía. Participaron 12 sujetos que condujeron durante 84 km en dos autopistas y dos carreteras. En cada una de ellas realizaron mientras conducían dos tipos distintos de tareas mentales, una de producción verbal (decir en voz alta palabras que empezaran por una letra determinada) y otra de producción de imágenes mentales (pensar en una letra y girarla mentalmente de arriba a abajo o de izquierda a derecha para “ver” cómo quedaba). Estas tareas mentales, según los autores, son comparables a actividades que habitualmente hacen los conductores cuando se encuentran al volante, como por ejemplo comentar con su acompañante algo importante o imaginar el itinerario a seguir para llegar a un destino determinado.

Se midió el grado de atención que requerían estas tareas a través de la dilatación pupilar y el registro de los movimientos oculares. Cuando los sujetos realizaban esas tareas mentales se producía una concentración espacial de la mirada, más acusada al pensar con imágenes, donde el campo visual periférico puede reducirse hasta un 70%. Las tareas con imágenes también producían un efecto de congelación de la mirada. Efectos similares se observaban con ciertas tareas sin manipulación de imágenes, como la conversión mental de euros a pesetas. Por si fuera poco, se apreció que mientras realizaban todas estas tareas los participantes miraban al velocímetro y los retrovisores con menor frecuencia de la habitual. Afortunadamente, tareas más livianas, como mantener una conversación intrascendente o atender un relato que no exigía respuestas, no producen cambios en la mirada o en el campo visual del conductor. El experimento está clara y amenamente expuesto en un artículo de Juana Sánchez en la revista Tráfico con el descriptivo título de “Si piensas, no conduzcas”, en el que uno de los autores señalaba que el interés del estudio consistía en identificar el tipo de pensamientos que pueden distraer al conductor y la intensidad de tal distracción.

Por lo tanto, conductor, si estás al volante, concéntrate al máximo. Si piensas o hablas, que sean banalidades; si escuchas la radio, no repliques. Si es música lo que oyes, no hagas esfuerzos por representarte mentalmente los intérpretes o recordar la letra de tus canciones favoritas. Las autoridades sanitarias deberían avisarnos de que pensar cosas complejas o profundas es una actividad perniciosa para la salud, sobre todo si se expone el contenido del pensamiento y éste se desvía de lo que dictan el poder u otras fuerzas que han irrumpido en la escena social en las últimas décadas, como la corrección política o el sectarismo disfrazado de progresismo. Los efectos secundarios más benignos de decir lo que se piensa son el rechazo, el aislamiento del pensador – enunciador o la actitud displicente y conmiserativa del entorno. Y sobre los deletéreos efectos que a lo largo de la historia ha tenido decir lo que se piensa, más vale no hablar. Afortunadamente, y como reflexionaba uno de los autores del trabajo, "no puede legislarse respecto al pensamiento del conductor", tal y como se hace con respecto a las vallas publicitarias o el uso del móvil. Pero todo se andará.


Fuentes:

Barkana Y, Zadok D, Morad Y, Avni I. Visual field attention is reduced by concomitant hands-free conversation on a cellular telephone. American Journal of Ophthalmology 2004;138:347-353 [Abstract] [Reseña periodística].

Kawano T, Iwaki S, Azuma Y, Moriwaki T, Hamada T. Degraded voices through mobile phones and their neural effects: A possible risk of using mobile phones during driving. Transport Research Part F 2005; 8: 331-340 [Abstract]

Leal Hernández M, Abellán Alemán J, Casas Pina M. Telefonía móvil. ¿Una apuesta con nuestra salud? Aten Primaria 2005; 35: 415 – 418 [Texto completo]

Leena K, Tomi L, Arja RR. Intensity of mobile phone use and health compromising behaviours--how is information and communication technology connected to health-related lifestyle in adolescence? J Adolesc 2005; 28: 35-47 [Abstract].

McEvoy SP, Stevenson MR, McCartt AT, et al. Role of mobile phones in motor vehicle crashes resulting in hospital attendance: a case-crossover study. BMJ 2005; 331: 428 [Texto completo].

Recarte MA, Nunes LM. Effects of verbal and spatial-imagery tasks on eye fixations while driving. J Exp Psychol Appl 2000; 6: 31-43 [Abstract]

Redelmeier DA, Tibshirani RJ. Association between cellular-telephone calls and motor vehicle collisions. N Engl J Med 1997; 336: 453-8 [Abstract].

Redelmeier DA, Tibshirani RJ. Car phones and car crashes: some popular misconceptions. CMAJ 2001; 164 : 1581-2 [Texto completo]

Sánchez J. « Si piensas, no conduzcas ». Tráfico 2000 ; 143 : 25-27 [Texto completo]

posted by Juan  # 10:08


¿Qué es PSIQUIATRIA INSOLITA? 

Selección de noticias relativas a la salud/enfermedad mental y técnicas de tratamiento relacionadas, que pueden resultar de interés por su carácter:
RARO
EXTRAÑO
NUEVO
EXTRAVAGANTE
ORIGINAL
ABSURDO
EXTRAORDINARIO
ASOMBROSO
SORPRENDENTE
MARAVILLOSO
SOBREHUMANO
ESTUPEFACIENTE
INAUDITO
ANORMAL
INCONCEBIBLE
INCREIBLE
DESACOSTUMBRADO
INFRECUENTE
EXCEPCIONAL
CURIOSO
INUSITADO
INUSUAL

This page is powered by Blogger. Isn't yours?