Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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3.7.05

Animales 

Hace ya unos cuantos meses detuvimos nuestra mirada en lo que podría denominarse Psiquiatría Animal. Repasando el almacén de hallazgos pintorescos relacionados con la Psiquiatría y la Medicina he caído en la cuenta de que existe abundante material relacionado con los animales, por lo que habrá que dedicar unos capítulos a esta cuestión.

Desde hace milenios el ser humano ha sido capaz de establecer asociaciones con otras especies de animales. Asociaciones, por supuesto, asimétricas y caracterizadas por un marcado beneficio para los humanos. Los animales han procurado y procuran a nuestra especie alimento, trabajo, transporte, seguridad y vestimenta, son banco de pruebas para la investigación biomédica y farmacológica, e incluso resultan útiles para atacar o defenderse de otros humanos. No es por cierto nada extraño que en nuestra relación con otras especies las animaladas las cometamos nosotros, como se demuestra en el trato violento o negligente, en la caza o pesca masiva, o en los espectáculos o apuestas que tienen como protagonistas y víctimas a animales.

Pero con todo, a gran parte de los humanos los animales nos inspiran ternura y afecto, y gozamos de su compañía. Muchos niños anhelan contar con un amiguito animal, una mascota a la que cuidar, con la que jugar o pasear. Los míos, por ejemplo, la desean tanto que han sido capaces de adoptar sucedáneos tan curiosos como caracoles o limacos intentando demostrar una capacidad de cuidar bichos que les sirva ante sus padres de credencial para optar a poseer un gato o un perro. Con cuatro años de edad mi hija se presentó un día con una bolsa de plástico transparente en la que podían apreciarse cinco hormigas a las que pretendía adoptar y unas briznas de hierba que les había aportado como alimentación. Afortunadamente, fue posible convencerle de que debería devolverlas a donde las había encontrado antes de que su familia las echara en falta.

Centrándonos en el campo psicosanitario, que se supone es el de interés de esta sección, una de las principales aportaciones de nuestro desigual y abusivo contrato con los animales domésticos es el ensanchamiento de las posibilidades de enfermar del ser humano. La domesticación de los toros y las vacas nos abrió las puertas a la tuberculosis (o para ser más precisos, abrió nuestro cuerpo al bacilo de Koch). Los bovinos también nos permitieron contactar con algunas tenias. El trato con los pollos nos aportó la gripe y, como bien sabrá el lector en nuestros días se cierne la amenaza de una pandemia si se extiende el síndrome respiratorio ligado a especies aviares que por el momento y salvo excepciones parece confinado al sudeste asiático. Ciertas aves de compañía nos expusieron a las clamidias. Nuestro mejor amigo, el perro, nos acercó la rabia y la hidatidosis. El autosuficiente gato, a la toxoplasmosis. El trato con ovejas y cabras nos legó la brucelosis y nos abrió el camino de la hidatidosis. El consumo de carne de cerdo nos ofrece la posibilidad de adquirir triquinosis y ciertas teniasis. Parece que la infección VIH es una enfermedad de monos transmitida al hombre por algunos ejemplares domesticados o utilizados como alimento. No falta, por último, quien asegura que la sífilis es el legado de ciertas prácticas zoofílicas en la América precolombina. Y todo esto, por supuesto, sin contar con que algunas especies pueden ser reservorio de gérmenes altamente patógenos para el ser humano. Es el caso, por ejemplo, de esas tortuguitas tan majas que tiene Ud en su casa y que para que se entere pueden estar rebosantes de salmonellas.

La incesante investigación científica ha conseguido en los últimos años profundizar en la capacidad que tienen nuestras mascotas y animales domésticos de ampliar nuestro elenco de conocidos bacterianos y víricos. Un capítulo especial lo merecen las que podríamos llamar aves de compañía, a las que se ha relacionado, gracias a estudios epidemiológicos, con el cáncer de pulmón. A pesar de que el tabaco y sus múltiples sustancias acompañantes representan el principal agente etiológico de esta enfermedad, existen en todas las series casos de personas que no han fumado nunca. En la época en la que no se daba tanta importancia al tabaquismo pasivo, algunos estudios europeos (Gran Bretaña, Holanda, Alemania) encontraron una asociación entre la posesión de pajaritos domésticos y la aparición de cáncer de pulmón. Por supuesto, el hecho de que el canario, el jilguero, el periquito o el loro puedan conducir a la neoplasia exigiría la participación de algún microorganismo malvado, y ciertamente las clamidias serían un buen candidato para tan perversa actividad. Sin embargo, dos estudios publicados conjuntamente en el BMJ en 1996 y realizados en marcos geográficamente dispares (Missouri y Suecia) descartaban tal asociación. Uno de los dos trabajos deja claro que no existe correlación entre tener en casa un pajarito y el riesgo de desarrollar cáncer, independientemente de la especie del ave, del número de ejemplares que se tenga, su localización dentro de la casa o el tiempo que se haya tenido al animal.

Los gatos han recibido también una considerable atención por parte de los investigadores (incluso psiquiatras, como se recogerá en otra entrega). Hace un poco más de una década existió una notable controversia acerca del virus de la leucemia felina y su posible transmisión al ser humano, con el consiguiente riesgo de desarrollar la enfermedad. Hasta la fecha no se ha podido probar que sea así, como tampoco se ha podido demostrar que otro virus gatuno, el de la inmunodeficiencia felina, sea capaz de pasarse a nuestra especie.

Continuando con los gatos el New England publicó hace años un curioso caso clínico en el que un gato doméstico mordisqueaba el catéter portaba su dueño para recibir quimioterapia. A resultas de aquel inocente juego, el paciente tuvo una hemorragia y padeció una infección por Pasterurella Multocida, un germen habitual en el tubo digestivo de muchos animales domésticos. En el mismo número se nos cuenta otro caso en el que una mujer desarrolló una severa infección subcutánea por Mycobacterium Chelonae que le desintegró el tendón de Aquiles. En la zona infectada pudo encontrarse restos de pelo de un terrier al que la paciente acostumbraba a refrotar y acariciar con la región que posteriormente se infectó. Los autores no pudieron verificar si el can padecía una infección por el microorganismo o se había limitado a ejercer de vector fómite para su transmisión.

Es de esperar que estos espeluznantes datos sirvan a los más hipocondriacos de nuestros lectores para deshacerse de sus animales domésticos. Ciertamente, la adopción de hormigas tiene menos riesgos.


Fuentes:

Alavanja MCR, Brownson RC, Berger E, Lubin J, Modigh C. Avian exposure and risk of lung cancer in women in Missouri: population based case-control study. BMJ 1996; 313: 1233-1235 [Texto completo]

Donaldson LJ, Rankin J, Proctor S. Is it possible to catch leukaemia from a cat? Lancet 1994; 344: 971-2.
Kanzaki LI, Looney DJ. Feline immunodeficiency virus: a concise review. Front Biosci. 2004; 9: 370-7 [Abstract]

Majeed H, Verghese A, Rivera RR. The cat and the catheter. N Engl J Med. 1995; 332: 338

Modigh C, Axelsson G, Alavanja M, Andersson L, Rylander R. Pet birds and risk of lung cancer in Sweden: a case-control study. BMJ 1996; 313: 1236-1238. [Texto completo]

Nikiforuk A. The fourth horseman. London: Penguin, 1994

posted by Juan  # 14:28


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