En entregas previas nos hemos referido a la relación entre el calendario y algunos fenómenos psicopatológicos y médicos en general. Hoy añadiremos nuevos datos y elementos de los que hemos tenido conocimiento recientemente.
Como es bien sabido, en el hemisferio norte, la esquizofrenia es más común en personas nacidas en los meses invernales.
Hace algo más de un año recogimos algunas de las hipótesis que podrían explicar este agolpamiento, y describíamos un artículo que lo atribuía nada menos que al peculiar ritmo de las tormentas geomagnéticas de nuestro planeta. Desde nuestra exclusivista visión de ciudadanos del cuadrante noroccidental de la Tierra, el pico invernal de la esquizofrenia justificaría hipótesis infecciosas como, por ejemplo, la actividad de algún virus neurotropo que “trabaje” predominantemente en los meses de otoño. La manera de desmontar esta teoría sería intentando replicar los hallazgos “clásicos” en climas más cálidos. Pues bien, así lo hicieron
Carrión-Baralt y asociados en un trabajo publicado a finales del pasado año y realizado en Puerto Rico. Sus resultados eran concluyentes: las personas nacidas en febrero tenían un 36,5% de probabilidades de padecer esquizofrenia, lo que dado el clima cálido de la isla sugeriría en principio que el exceso de esquizofrenia en invierno no guarda relación con factores climáticos, sino con otro tipo de elementos (¿tal vez las tormentas geomagnéticas?). Sin embargo, los mismos autores, después de trastear estadísticamente para eliminar factores confusionantes, hallaron dos variables que se relacionaban con el nacimiento de personas diagnosticadas de esquizofrenia personas nacidas en cualquier época del año. Se trataba de las precipitaciones cuatro meses y de las temperaturas cinco meses antes. Ambas variables remiten nuevamente a la posibilidad de una infección favorecida por factores climáticos. El posible virus, por lo tanto, no sería endémico de zonas húmedas y frías del planeta, sino más bien pandémico o, en su defecto, viajero.
No quedan ahí las aportaciones recientes sobre la distribución de la enfermedad a lo largo del año.
Un trabajo realizado con datos de seis países observó que si bien la esquizofrenia es cuantitativamente más frecuente en los nacidos en invierno, es en cambio cualitativamente más grave en los enfermos que llegaron al mundo en meses cálidos como junio y julio. Estas personas muestran más síntomas negativos como anhedonia y más conductas antisociales, y además la progresión de los síntomas y la enfermedad es más rápida. Habrá que ver si conseguimos explicar todos estos hallazgos con una teoría que no invoque al zodiaco…
El momento de nacimiento de uno no es una cuestión baladí, ni muchísimo menos, y no sólo porque la incorporación de la mujer al mercado laboral y los avances en la protección social y laboral de la maternidad puedan hacer más conveniente desde el punto de vista logístico y vacacional que el parto suceda en una época u otra del año. Para empezar, al menos en Dinamarca está claro que el mes de nacimiento determina la estatura de los neonatos, que es máxima en abril y octubre y mínima en diciembre. La diferencia tal vez no sea espectacular (anda por los 2 mm), pero podría deberse a que por motivos no del todo claro los niños nacidos entre diciembre y febrero suelen tener por lo general una edad gestacional inferior en un día a la de los que vienen al mundo en otros meses del año. La cuestión es si esta diferencia se mantiene en la edad adulta, y según un estudio realizado en Austria así sucede a los 18 años, lo que sugiere que el mes de nacimiento determina la estatura.
Y algo más que la estatura.
En nuestro repaso al fútbol recogíamos que nacer en la primera mitad del año era una ventaja cara a un exitoso futuro deportivo. El motivo parecía ser que en edades tempranas (infantiles, cadetes, juveniles) en las que los equipos se construyen con cohortes de muchachos nacidos en un mismo año, los que lo hicieron en los primeros meses están físicamente más “hechos” y gozan por lo tanto de mejores cualidades físicas, lo que determina que sus entrenadores se inclinen por ellos y realicen de esta manera una selección artificial de las futuras estrellas del balompié. Más importante aún es el efecto calendario en adolescentes y jóvenes en lo que se refiere al suicidio. Un
estudio realizado en Alberta, Canadá, entre adolescentes estudiantes que murieron por suicidio encontró un exceso de muertes entre los nacidos en la segunda mitad del año, o lo que es lo mismo, entre los más jóvenes del curso. Este hallazgo da pie a teorizar que tal vez su juventud relativa implique una menor madurez intelectual y psicológica que supondría un riesgo de fracaso escolar y una falta de mecanismos de afrontamiento adecuados.
Recogeremos también un sorprendente campo de investigación, cual es el de la supuesta capacidad de las personas con enfermedades terminales para evitar morirse en fechas señaladas. Existe, al parecer, la impresión de que si estos enfermos están en una situación crítica cerca de su cumpleaños o de fiestas como la Navidad, Acción de Gracias y otras, se las arreglan para retrasar su muerte hasta transcurridos unos días, posiblemente para disfrutar de la compañía y cercanía de sus allegados en los últimos momentos de su vida, dada la capacidad de captación de visitas que tienen las fiestas. Un
trabajo reciente de Young y Hade intentó verificar si tal “habilidad” podría demostrarse en nada menos que 309221 personas que fallecieron entre 1989 y 2000 por cáncer. Las defunciones se distribuían por igual antes y después de los cumpleaños y de las fiestas, lo que implica que los enfermos no retrasaron su la muerte. Los autores, huelga decirlo, son estadísticos, y su trabajo (como muchos otros de la especialidad) demuestra lo resueltos que son estos científicos para lograr el avance del conocimiento biomédico sobre cuestiones trascendentales, como la que nos ocupa.
Y todo repaso al calendario que se precie no puede pasar por alto los días malditos y malhadados en los que es preferible ni casarse, ni embarcarse… ni salir de casa, si uno ha conseguido desarrollar una fobia.
apareció en el BMJ de la navidad de 2001 (recuérdese que el último número de cada año de esta revista suele ser, digamos, ligero) y apreciaba que en los días 4 de cada mes existía un exceso de muertes por patología cardiaca en pacientes chinos y japoneses residentes en los EEUU. Dada la importancia del estrés en la morbimortalidad de origen cardiaco, los autores sugerían que el temor al día 4 podía haber descompensado una frágil fisiología determinando la muerte. El fenómeno evocaba el famoso caso del Perro de los Baskerville, en el que Sherlock Holmes deducía hábilmente que la muerte se había producido a causa del miedo.
En el siguiente número navideño del BMJ (2002)
Smith rebatía los hallazgos de estos autores con argumentos estadísticos, ya que demostró que el agrupamiento de las muertes el día 4 sólo se cumplía si se excluían ciertas formas de patología cardiaca. En el número también de fin de año (en este caso de 2003) del Medical Journal of Australia, que se consagra igualmente a temas ligeros,
Nirmal S Panesar y asociados comunicaban que en su estudio, realizado en Hong –Kong, no había un exceso de mortalidad en los días 4, 14 y 24 de cada mes, considerados por separado o en su conjunto.
Realmente, tras este repaso uno no puede evitar la impresión de que sería interesante verificar si hay un exceso de natalidad de estadísticos en algún momento del año o alguna fecha del mes…
Fuentes:
Carrion-Baralt JR, Fuentes-Rivera Z, Schmeidler J, Silverman JM. A case-control study of the seasonality effects on schizophrenic births on a tropical island. Schizophr Res 2004; 71: 145-53 [
Abstract]
Messias E, Kirkpatrick B, Bromet E, et al. Summer Birth and Deficit Schizophrenia: A Pooled Analysis From 6 Countries. Arch Gen Psychiatry. 2004; 61: 985-989 [
Abstract].
Panesar NS, Chan NCY, Li SN et al. Is four a deadly number for the Chinese? Med J Aust 2003; 179: 656-658 [
Texto completo]
Phillips DP, Liu GC, Kwok K, Jarvinen JR, Zhang W, Abramson IS. The Hound of the Baskervilles effect: natural experiment on the influence of psychological stress on timing of death. BMJ 2001; 323: 1443-1446 [
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Smith G. Scared to death? BMJ 2002; 325: 1442-1443 [
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Thompson AH, Barnsley RH, Dyck RJ. A new factor in youth suicide: the relative age effect. Can J Psychiatry. 1999; 44: 82-5 [
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Weber GW, Prossinger H, Seidler H. Height depends on month of birth. Nature 1998; 391:754-5
Wohlfahrt J, Melbye M, Christens P, Andersen AM, Hjalgrim H. Secular and seasonal variation of length and weight at birth. Lancet 1998; 352: 1990
Young DC, Hade EM. Holidays, birthdays, and postponement of cancer death. JAMA 2004 Dec; 292: 3012-6 [
Abstract]