Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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5.6.05

Nominados al DSM: 14.- Síndrome de Ulises 

El afán de los médicos y en especial de los psiquiatras por poner nombre a los hallazgos clínicos ha dado lugar a toda una colección de signos, maniobras y síndromes que responden al nombre autores o de figuras literarias. Estos epónimos han sido clasificados y recogidos por diversos estudiosos, destacando en la Psiquiatría en lengua castellana el libro de Rey González y Livianos Aldana.

En mis tiempos de estudiante destacaban los epónimos franceses. A veces uno se encontraba con diversos fenómenos que compartían nombre, como por ejemplo todas las maniobras, signos y síndromes de Pierre Marie, que según me dijeron en una ocasión no eran sino aportaciones de las sucesivas figuras que dio tan ilustre dinastía neurológica francesa. Otras veces el epónimo nace de la literatura, con términos tan obvios como el síndrome de Otelo para englobar a las diferentes dimensiones de la celotipia, o el más exótico síndrome de Lasthenie, o anemia grave por donación compulsiva y extenuante de sangre, un equivalente y comórbido de la anorexia que en ocasiones se denomina simplemente síndrome de Ferjol en recuerdo del novelista francés que creó el personaje.

Mención aparte merece la Odisea, una obra que todo el mundo parece conocer, pero que uno sólo ha leído muy fragmentariamente. Hace ya unos meses recogíamos al hablar de la veisalgia una especie de “resaca patológica” con síntomas disociativos y en trastornos conductuales a la que algunos llaman síndrome de Elpenor en referencia a un personaje de la obra que estando de resaca murió al saltar desde un tejado en un estado confusional. Pero evidentemente no se puede hablar de la Odisea sin referirnos a su protagonista Ulises u Odiseo, a quien debemos varios epónimos. Hace más de 30 años, tomando como símil el viaje sin final y errático del Rey de Itaca, Rang describió como síndrome de Ulises la odisea de interminables, tediosas, molestas y no siempre justificadas pruebas complementarias a las que los médicos someten a los pacientes con el sano fin de dar con el diagnóstico preciso.

También es hasta cierto modo clásico el llamado contrato de Ulises, una propuesta entre bioética y médico-legal que sugiere que los pacientes firmen en condiciones de competencia unas instrucciones previas o voluntades anticipadas en las que autorizan o incluso solicitan que llegado un eventual episodio agudo de su enfermedad se les someta a tratamiento aunque se opongan a ello. Así como Ulises ordenó a sus marineros que le ataran para no dejarse seducir por los cantos de las sirenas, los pacientes ordenarían con este contrato que si en algún momento estando enfermos carecieran de insight no se les dejase rechazar, por ejemplo, el ingreso psiquiátrico.

Más reciente es el síndrome de Odiseo descrito por Connelly y asociados en dos ancianas escocesas que aseguraban que personas allegadas a ellas habían muerto y se habían desfigurado adquiriendo dimensiones desproporcionadas, creencia que sostenían incluso después de que las enfermas vieran a los supuestos fallecidos perfectamente vivos y sanos. Para denominar el cuadro, que consideran un Cotard por poderes, estos autores eligieron a Ulises / Odiseo porque según la obra homérica después de años y años de infructuosa espera Penélope terminó por creer que su marido había muerto. La diosa Atenea convirtió a Ulises en un ser más grande y fuerte, de modo que adquirió una apariencia inmortal, a pesar de lo cual su esposa siguió creyéndolo muerto. Con esta explicación, en realidad, hubiera parecido más apropiado hablar de síndrome de Penélope.

Y aún hay más: a partir de la innegable torpeza del personaje como comandante de su flota y de su tropa a lo largo de su viaje, en el ámbito empresarial se ha propuesto el término síndrome de Ulises para aludir a un gestor desastroso que ejerce un liderazgo inadecuado, que no delega tareas ni asigna responsabilidades, que es incapaz de fijar responsabilidades, que no lleva a cabo una adecuada evaluación de la situación, que no utiliza correctamente los datos de que dispone y que no acierta a comunicar sus objetivos y planes. Un manta, vamos.

Pero al menos en nuestro medio y en los últimos años el síndrome de Ulises se refiere a lo que su principal proponente y divulgador, Joseba Achotegui, define como “síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple”. La similitud con el héroe radica aquí en la penosidad del viaje y las circunstancias adversas que encuentra el emigrante en la tierra a la que llega. Hace tiempo que deseaba abordar en Psiquiatría Insólita esta noción, de creciente impacto profesional y mediático, pero he reprimido mi afán comentador por temor a no encontrar el tono adecuado. La experiencia me ha demostrado que aunque no sea esa mi intención en otras ocasiones estos comentarios han podido llegar a ser hirientes o malinterpretados y no quisiera que sucediese de nuevo lo mismo. Por si acaso, quede clara mi preocupación por la situación social, sobre todo, y psicopatológica, también, de las personas a las que se engloba en esta otra variedad de Ulises, y mi respeto y reconocimiento hacia todas las personas que en los ámbitos sociales, psicológicos y psiquiátricos intentan aliviar las muchas dificultades que rodean a las personas que han emigrado a esta tierra de nuevos ricos que es España, el Estado Español o como cada cual quiera llamarla.

El síndrome de Ulises es según Achotegui toda una constelación de síntomas depresivos, ansiosos, somatomorfos y disociativos, teñidos de matices vivencias e interpretaciones culturales, difícil de identificar claramente con ninguna de las diferentes propuestas del DSM. Le sobran síntomas para ser un trastorno Adaptativo, o un trastorno por Estrés Agudo, y le faltan elementos para encajar en un Trastorno por Estrés Postraumático. Presenta síntomas que podríamos llamar situacionales, o incluso fruto de choque cultural (sin entrar en las circunstancias sociales desfavorables), y afecta a personas de procedencias geográficas y culturales tan variadas que resulta difícil dar con un denominador común desde este punto de vista. Si existe algo que lo unifique es lo connotativo, lo circunstancial, lo externo al individuo, lo social. En definitiva, la situación de sobrecarga, tensión y amenaza a la que se ve sometido el emigrante, de manera que sus síntomas sólo pueden entenderse como una respuesta. Y no sería desajustado considerarlos una respuesta inespecífica, que habla más del ser humano y de su manera de reaccionar ante la adversidad, que de las características del fenómeno migratorio actual.

En realidad, muchos de los síntomas descritos en el Ulises migratorio pueden rastrearse en un cuadro descrito desde los albores de la edad moderna por Johann Hofer que en el siglo XVII fue el primer estudioso de lo que más tarde daría en llamarse nostalgia (como no suelen salir las letras en griego, me limitaré a decir que viene de “regreso a casa” y “dolor”). Desde entonces, muchos han sido los estudiosos del fenómeno desde la Psiquiatría y la Psicología, en particular en Suiza y Holanda. Incluso uno de los grandes de la Psiquiatría, Kart Jaspers, dedicó su tesis a la nostalgia, en su caso, a la relación del fenómeno con el crimen. Lo notable es que al igual que el moderno Ulises, la nostalgia no se relacionaba exclusivamente con el alejamiento o la migración, sino con las condiciones desfavorables en las que por uno u otro motivo se encontraba el individuo en su nuevo medio. Confirman el elemento de adversidad de la nostalgia los abundantes estudios que en su día se hicieron sobre el fenómeno en soldados movilizados para acudir al frente, en los que no sólo influía en alejamiento del entorno y la familia, sino la el riesgo de lesión y muerte que conlleva la guerra. También se ha analizado el problema en refugiados políticos, estudiantes trasladados a medios novedosos y más o menos hostiles e incluso en personas institucionalizadas.

Algunos expertos, como Baier y Welch, plantean unos elementos típicos de la nostalgia, como su aparición en cualquier edad de la vida, la dificultad que tienen los afectados para reconocer el problema o para procesarlo intrapersonalmente, la incomodidad o vergüenza con que la viven los adultos y niños mayores, el sentimiento de tristeza y la añoranza del lugar de origen, y la presencia de síntomas y quejas somáticas. Como el síndrome de Ulises, la nostalgia se ha intentado encajar en el DSM-IV, sin éxito. Comparte rasgos con el trastorno adaptativo, con formas de depresión, con cuadros somatoformes y con la agorafobia, y son frecuentes las ideas obsesivoides. No es raro, por lo tanto, que se haya planteado que merecería su propio hueco en la nosología.

Se han distinguido varias formas de nostalgia, entre las que figuran algunas formas, casi nacionales, como el zeewee holandés, o enfermedad del mar que sufren los marinos cuando se encuentran en tierra. Algunos estudios sobre la nostalgia apuntan que los suizos y, en ge­neral, los naturales de países montañosos, son especialmente susceptibles a este tras­torno. Sánchez y Brown citan como botón de muestra a los gallegos y su "morrina" (error etnotipográ­fico en el original por carencia de "eñes" en el alfabeto inglés) o "saudade".

Las investigaciones recientes sobre el fenómeno de la nostalgia distinguen cuatro formas: añoranza de personas, añoranza del lugar de origen, dificultades de adaptación al nuevo entorno y dificultades con las nuevas rutinas. El fenómeno, pues, no se limita al dolor por la pérdida del lugar de origen y de las personas con las que se convivía, sino que incluye una dificultad para la adaptación, tanto mayor cuanto más adverso sea el nuevo entorno. Por si fueran pocos los rasgos comunes de la nostalgia y el Ulises, hay que recordar que este último afecta en muchos casos a personas procedentes de importantes cordilleras, como los Andes, el Atlas, los Cárpatos… y probablemente el África subsahariana no sea una planicie. De alguna manera, pues, el síndrome de Ulises no es algo novedoso, sino más bien una forma moderna de nostalgia, un cuadro descrito desde hace siglos y que hace alusión por una parte al duelo por el lugar y de origen y las personas allegadas, y por otra, a la dificultad de adaptación al nuevo marco geográfico. En nuestros vertiginosos días de principios del XXI, el elemento sociológico y la alarma humanitaria que suscita a menudo la inmigración han podido incentivar el reconocimiento y la individualización de un problema constante en la historia de una Humanidad y que es un cumplido exponente del sufrimiento psicológico que acarrean las condiciones de vida desfavorables en las que a lo largo de la Historia se han visto inmersos tantos y tantos de sus integrantes.

Pero cuando menos, y aunque como hemos visto se trata de un epónimo demasiado manoseado, hay que reconocer que hablar de síndrome de Ulises en los inmigrantes simplifica las cosas, al ofrecer un término asequible y fácil de recordar. Sería muy engorroso seguir la nomenclatura del pionero Hofer, que a partir del tér­mino griego "pothos" o deseo de lo que está ausente o perdido, denominó inicialmente al fenómeno "philopatridomania" y, en una segunda edición, "pothopadrialalgia". Ciertamente, Ulises es mucho más manejable.


Fuentes:
Achotegui Loizate J. Depresión en el emigrante : una perspectiva transcultural. Barcelona: Mayo, 2002 [Resumen]

Bolzinger A. Il y a deux cents ans, première thèse parisienne sur la nostalgie: Two hundred years ago, the first Parisian doctoral dissertation on nostalgia. Evol Psychiatr (Paris) 2003 ; 68 : 97-107 [Abstract]

Bruggink GM. Resource management affected safety in mytological times – and problems Odysseus had as a leader still occur on the flight deck. Airmanship Online 18 septiembre 2001 [Texto completo]

Connelly PJ, Rodriguez-Castello C, Robertson LM. Odysseus syndrome: nihilism by proxy. Int J Geriatr Psychiatry 2005; 20: 83-4.

Dresser R. Bound to treatment: the Ulysses contract. Hastings Cent Rep 1984; 14: 13-6 [Abstract]

Gutiérrez Rodilla B. Lo literario como fuente de inspiración para el lenguaje médico. Panacea 2003; IV: 61-67 [Texto completo]

Rang M. The Ulysses syndrome. Can Med Assoc J 1972; 106: 122-3; citado en Essex C. Ulysses syndrome. BMJ 2005;330:1268 [Texto]

Rey González A, Livianos Aldana L. La psiquiatría y sus nombres, diccionario de epónimos. Madrid: Editorial Médica Panamericana, S.A, 2000

Sánchez GC, Brown TN. Nostalgia: A Swiss disease (letter). Am J Psychiatry 1994; 151: 1715-1716.

Van Tilburg MA, Vingerhoets AJ, Van Heck GL. Homesickness: a review of the literature. Psychol Med 1996; 26: 899-912 [Abstract]

posted by Juan  # 07:53


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