Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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15.5.05

De colores se visten los campos en la primavera 

Los humanos somos seres netamente visuales, algo para lo que nos faculta especialmente nuestra capacidad para percibir y diferenciar los colores. En esta facultad las mujeres nos sacan un montón de traineras a los varones, y en particular a un servidor, que en su momento tuvo una perra de la raza dogo azul a la que siempre vio de color gris oscuro. Y es que debo reconocer que escuchar a una mujer matizar los tonos de azul, o de verde, o incluso de marrón me suscita emociones variadas: cierta sensación de inferioridad, un toque de estupor y perplejidad ante la surtidísima gama de colores que por lo visto existe en la Naturaleza y que mis conos y mi corteza visual no aprecian y, por último, la incómoda sospecha de que en parte me están vacilando.

La mercadotecnia se apoya mucho también en los colores. Un excelente artículo de Jorge Alcalde publicado en Muy Interesante, recuerda lo difícil que es encontrar un plato azul en ningún restaurante. Los fabricantes son conscientes de la desconfianza alimentaria que nos despierta a los humanos el color azul. La compañía Mars, creadora de las pastillas de chocolate coloreadas M&M's, colorea de azul sólo el 10% de sus unidades, frente al 30% que aparecen de color marrón, y el 20% de rojas o amarillas. Mención aparte merece el color de las píldoras o pastillas, al que nos referiremos en otra ocasión.

En la cosa sanitaria los colores dan mucho también de sí. Los hospitales tienden a utilizar el verde, color que implica serenidad y esperanza, frente al blanco, que para Andrés Aberasturi es en estos centros un símbolo de la muerte. En la asistencia geriátrica se pintan las diferentes plantas o estancias de distintos colores con el fin de favorecer la orientación de los usuarios. Esta estrategia se extremaba hace años en la Fundación Matia de San Sebastián – Donostia, al vestir a cada anciano con un chándal del color de su habitación, o del lugar que se le asignaba en las mesas de los lugares de reunión.

Los colores tienen también su dimensión psiquiátrica y psicopatológica. En una reciente entrevista el Profesor Guimón aseguraba que no puede decirse que haya una relación directa entre las enfermedades físicas y los colores, pero que existen indicios de que existen vínculon entre determinados trastornos psíquicos y algunos colores. Para Goethe, nos explica, existen colores cálidos, como el rojo, el amarillo y el verde, que incitan a la pasión y provocan emociones intensas como el amor, la felicidad, la dicha y la alegría, y colores fríos, como el azul, el violeta y el púrpura, a los que don Johann Wolfgang relacionaba con el desánimo y la tristeza. Según explica Guimón, algunos colores forman parte de la iconografía universal. Así, el negro es el color de la tristeza, el luto, la depresión, lo que también sucede con el marrón. Lo mismo cabe decir del violeta. El rojo, el amarillo, el azul, invocan el amor o el afecto. El blanco, en cambio es el color de la alegría y la espiritualidad. Análogas equivalencias marcan los colores de la casulla del sacerdote en la liturgia católica. En un plano más mundano, hace algunos años hubo quien aseguró que el Barcelona tenía mal fario porque los colores azul y grana (elegidos por Juan Gamper, su fundador, en homenaje a los de su cantón suizo de origen), infunden tristeza, desánimo y melancolía, a sus propios jugadores. Ciertamente, esta hipótesis ha quedado desterrada después de que ayer mismo el club se proclamara campeón de liga, vistiendo además un uniforme de color gris sucio que tampoco es que infunda mucha alegría.

Los estados afectivos parecen influir en la percepción de los colores. Hace muchos años un paciente en fase maniaca me explicaba lo maravillosa que era para él la intensidad de la suciedad (yo diría que gris – marrónacea, pero tendría que consultar el tono exacto con alguna dama) del alfeizar de la ventana de su habitación. Frente a esta hiperestesia, los pacientes depresivos perciben la realidad sin atractivo ni interés, gris, roma, y no pocas veces “negra” en sentido metafórico. Reseñaremos a este respecto un curioso estudio realizado en EEUU con la escala autoaplicada de depresión de Correa y Barrick (precisamente dos de las autoras del trabajo), un instrumento que consiste en 20 items que el paciente responde con un sistema Lickert, marcando entre 0 y 10 su grado de acuerdo con lo que enuncia cada pregunta. Con una puntuación mínima de 0 y máxima de 200, el punto de corte para depresión se sitúa en 80. En el trabajo que comentamos se analizó el particular un ítem que dice literalmente: “noto que todo parece gris / nuboso / grisáceo / sin color”. Después de aplicar una serie de razonamientos estadísticos que en estricta observancia del respeto a los derechos humanos (empezando por los míos propios) no expondré, las autoras apreciaron una correlación entre la intensidad de la depresión y el grado de acuerdo de los pacientes con este particular enunciado. Como bien nos dicen en las conclusiones, queda por ver si esta aparente hipoestesia es un fenómeno biológico o se trata más bien de una metáfora psicopatológica con la que los enfermos transmiten su malestar y hastío.

Comentaremos para terminar dos curiosos trabajos. En el primero, Keegan y Bannister colgaron en un congreso de pediatría un poster realizado con lo que llaman colores no impactantes, que pueden apreciarse en esclarecedoras fotografias: azul, lavanda (yo hubiera jurado que es lila), verde y amarillo (siguiendo las directrices de las señoras con las que discuto sobre colores, hubiera jurado que es crema). Interesaba conocer qué importancia tenía el color de la ropa de quien expone el poster en la aceptación del mismo por los asistentes a la sesión, así que solicitaron a una dama que se colocara junto al panel durante aproximadamente la mitad de la sesión con una blusa de color acorde con el poster (eligieron el lavanda, que yo volvería a llamar lila) y durante la otra mitad con un color discordante, que llaman óxido y que yo denominaría rojo desde mi incompetencia cromática. Para evitar sesgos, las dos blusas empleadas estaban planchadas por el hotel (lo que se supone sugiere que se siguieron las mismas técnicas) y tenían un corte similar. Emplearon como control un poster de idéntica temática y colores, con una expositora vestida en tonos que denominan neutros (una cosa clara, como crema, diría yo). Para medir el impacto, uno de los autores se colocó en las inmediaciones del poster y contó las personas que se interesaban por su contenido según el color de la blusa de la ponente. Aunque los autores enuncian una serie de posibles factores confusionantes, la conclusión, apoyada en un chi cuadrado fetén, es que si uno quiere que su poster tenga éxito de público y crítica debería ponerse una blusa de colores no discordantes con los que ha utilizado en su elaboración. Mención aparte merece el dato de que el “cuenta – asistentes” pudo escuchar a nada menos que cinco personas (no se especifica género o sexo, pero es fácil deducirlo) que no se acercaron al poster, pero que criticaron lo mal conjuntada con el mismo que quedaba la expositora con la blusa óxido.

Por último, Furness y asociados estudiaron la relación entre el color de los coches y el riesgo de accidente de tráfico en Nueva Zelanda. Tras recoger los datos los sometieron a un análisis estadístico univariante (sólo se consideraba el color) y otro multivariante, que tomaba en consideración la edad del conductor, su sexo (perdón: género), nivel educativo, raza, consumo de alcohol seis horas antes del choque, consumo de drogas, uso de cinturón de seguridad, tiempo al volante cada semana, tamaño del motor, matrícula, haber pasado o no la ITV, contar o no con seguro, situación legal del permiso de conducir, tipo de carretera y, por último, clima y luminosidad en el momento del siniestro. En ambos modelos de análisis tomaron como
riesgo estándar (1) el color blanco. La conclusión fue que en ambos modelos el color más seguro era el plateado (0,5 y 0,4). El color marrón era bastante inseguro (1.4 en análisis univariante y 2.1 en el multivariante), y el gris, bastante seguro (0.9 y 0.6). A un servidor le ha llenado de desconsuelo ver que no puede extraer consecuencias de interés personal ya que no se consideró el color “azul Islandia” que según el fabricante tiene mi coche.

Notable aportación para el avance de la Ciencia que permitirá que quien se compre un coche pueda elegir un color que le garantice seguridad. También de esta manera se podrán aplicar con criterios estrictamente científicos bonificaciones o recargas a las pólizas de seguro del automóvil en función del color del vehículo. Según el estudio, los que más deberían pagar son los de color amarillo, ya que si en el análisis multivariante su riesgo es de sólo 0.8, en el univariante, que sólo analiza el color, su riesgo asciende a 2.0. Para que luego llamen supersticiosos a quienes huyen de él.


Fuentes

Aberasturi A. Un blanco deslumbramiento: palabras para Cris. Madrid: Sial Ediciones, 1999

Alcalde J. Colores, salud y comportamiento. Publicado en Muy Interesante [Texto completo]

Apezteguía F. El punto de vista de la Psiquiatría. Entrevista con José Guimón. El Correo, 25 de marzo de 2005 [Texto completo].

Barrick CB, Taylor D, Correa EI. Color sensitivity and mood disorders: biology or metaphor? J Affect Disord 2002; 68: 67-71 [Abstract]

Furness S, Connor J, Robinson E, Norton R, Ameratunga S, Jackson R. Car colour and risk of car crash injury: population based case control study. BMJ 2003;327:1455-6 [Texto completo]

Keegan DA, Bannister SL. Effect of colour coordination of attire with poster presentation on poster popularity. CMAJ 2003 169: 1291-1292. [Texto completo]

posted by Juan  # 10:56


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