El mundo cambia. La sociedad humana modifica con notable rapidez sus valores y creencias, sus tecnologías y sus sistemas políticos y culturales. Por cierto, que estos cambios siguen caminos muy alejados de lo que los soñadores o los enterados de cada momento histórico son capaces de prever. Hace 30 años se especulaba que con el nuevo siglo los humanos (bueno, un par de naciones de humanos) dispondrían de bases permanentes en la Luna o en Marte, pero muy poca gente, incluso entre los visionarios de la Ciencia Ficción, era capaz de imaginar algunas de las circunstancias políticas, culturales y tecnológicas actuales. Esta discordancia entre predicciones y realidades da idea de lo torpes que suelen ser las predicciones sobre el futuro o, si se quiere, de lo insensatas que son las prospecciones del futuro y se demuestra en que en
Blade Runner, el film futurista de más éxito, realizado a primeros de los 80, no aparece un solo teléfono móvil.
Pero los cambios más sorprendentes no corresponden a la tecnología más o menos doméstica, sino al ámbito de la Política y la Sociología. Hace cuarenta años, y aunque aún quede mucho por mejorar, era impensable que la mujer alcanzara la representación de la que goza actualmente en el mundo laboral. Si hace tan sólo 20 años era una realidad la existencia de un invisible telón de acero en Europa, hoy en día la mitad occidental del entonces mundo comunista se apresta a integrarse en la Unión Europea, y por si fuera poco el país en el que se firmó el Pacto de Varsovia hace tiempo que pertenece a la OTAN. Y por último, ¿quién nos hubiera podido convencer hace sólo 20 ó 25 años de que el cigarrillo iba a dejar de ser tan molón y ligón como lo era entonces? Que levante el dedo quien por entonces pudiera prever que el transcurso de poco más de una generación los fumadores iban a pasar a ser considerados una colección de viciosos, degenerados, contaminadores y enfermos.
Buen ejemplo de este
aggiornamiento a través del
apestamiento lo representa un artículo que publicó el
Medical Journal of Australia en su número de despedida de 2004. Al igual que el
British Medical Journal y el
Canadian Medical Association Journal, la revista australiana tiene la sana costumbre de dedicar su número de fin de año a cuestiones ligeras,
más o menos humorísticas y más o menos humanísticas. El
artículo a que hacemos referencia estudió nada menos que 132176 anuncios de candidatos a emparejamiento en
RSVP, una página web que hace las veces de agencia matrimonial o al menos de búsqueda de pareja, plan o ligue. Según cuentan los tres autores, el acceso a tamaña base de datos lo realizaron en un solo día, y cabe esperar que se apoyaran en que el motor de búsqueda de la página permite explorar rápidamente si las personas que se postulan a pareja son o no fumadores, porque de lo contrario cada uno de los autores habría tenido que enfrentarse al trabajo ciclópeo, hercúleo, perurénico, en fin, de revisar “sólo” 44058,66 anuncios. Realmente, hacerlo en 24 horas habría tenido su mérito.
Es posible que el lector se pregunte de dónde surge el interés de Chapman, Wakefield y Durkin por el estatus tabaquero de los aspirantes a encontrar pareja en una ciberagencia matrimonial. Pues bien, según nos explican en la introducción, ya por 1992,
la cualidad más apreciada por los aspirantes a compartir piso en Sydney era que sus posibles compañeros de vivienda no fumaran. No sólo eso: en los EEUU y
en el Reino Unido, el hecho de que el propietario de una casa sea fumador rebaja considerablemente la expectativa de venta y el precio final de la transacción, ya que la vivienda está repleta de manchas y olores tabáquicos que desagradan a los potenciales compradores. Por último, según parece, el hecho de que el propietario de un bien no fume aumenta su interés y su valor, como lo demuestra que nada menos que 368323 de los anuncios recogidos por
e-Bay en un solo día incorporaban como mérito añadido que se trataba de productos no expuestos a humo de tabaco. La conclusión es clara: las casas o los objetos contaminados por el tabaco pierden apreciación, mientras que si se mantienen impolutos son más valorados.
Así pues, tiene lógica preguntarse si las personas que fuman también pierden valor en el “mercado”, y desde luego una ciberagencia matrimonial puede ser un indicador oportuno y accesible para la investigación, en la medida en que como ya hemos dicho, uno de los rasgos para seleccionar potencial pareja es si fuma o no. Para ser exactos, la página permite clasificar a los candidatos en no fumadores, fumadores que están tratando de dejarlo, fumadores sociales y fumadores habituales. Además, esta página ofrece un Top 100 de las personas cuyos anuncios son más visitados, lo cual representa otro indicador importante, al incluir a las personas con mayor éxito, al menos en lo que se refiere a las preferencias de quienes acceden a la web. Los resultados de la experiencia fueron espectaculares. En primer lugar, entre las personas que se ofrecían como potencial pareja había una proporción de fumadores superior a la de la población general australiana, y además, con el nivel de significación estadística
comme il faut (p <>australianos y australianas no fumadores, por encima del 67% de no fumadores del total de anunciados en la web; esto, según nos explican los autores, alcanza una significación estadística incluso más fetén (p < name="i1085847">
Chapman S. Shared accommodation — non-smokers wanted. Tobacco Control 1992; 1: 248 [
Texto completo].
Chapman S, Wakefield MA, Durkin SJ. Smoking status of 132 176 people advertising on a dating website Are smokers more “desperate and dateless”?. MJA 2004; 181: 672-674 [
Texto completo]
Martin A. On tobacco road, it’s a tougher sell. New York Times 2004; 8 Feb.
McIntyre S. Smoking devalues your house. Evening Standard 2004; 4 Feb. Available at:
www.thisislondon.co.uk/news/business/articles/timid73843?source (accedido el 10 de abril de 2005)
El mundo cambia. La sociedad humana modifica con notable rapidez sus valores y creencias, sus tecnologías y sus sistemas políticos y culturales. Por cierto, que estos cambios siguen caminos muy alejados de lo que los soñadores o los enterados de cada momento histórico son capaces de prever. Hace 30 años se especulaba que con el nuevo siglo los humanos (bueno, un par de naciones de humanos) dispondrían de bases permanentes en la Luna o en Marte, pero muy poca gente, incluso entre los visionarios de la Ciencia Ficción, era capaz de imaginar algunas de las circunstancias políticas, culturales y tecnológicas actuales. Esta discordancia entre predicciones y realidades da idea de lo torpes que suelen ser las predicciones sobre el futuro o, si se quiere, de lo insensatas que son las prospecciones del futuro y se demuestra en que en
Blade Runner, el film futurista de más éxito, realizado a primeros de los 80, no aparece un solo teléfono móvil.
Pero los cambios más sorprendentes no corresponden a la tecnología más o menos doméstica, sino al ámbito de la Política y la Sociología. Hace cuarenta años, y aunque aún quede mucho por mejorar, era impensable que la mujer alcanzara la representación de la que goza actualmente en el mundo laboral. Si hace tan sólo 20 años era una realidad la existencia de un invisible telón de acero en Europa, hoy en día la mitad occidental del entonces mundo comunista se apresta a integrarse en la Unión Europea, y por si fuera poco el país en el que se firmó el Pacto de Varsovia hace tiempo que pertenece a la OTAN. Y por último, ¿quién nos hubiera podido convencer hace sólo 20 ó 25 años de que el cigarrillo iba a dejar de ser tan molón y ligón como lo era entonces? Que levante el dedo quien por entonces pudiera prever que el transcurso de poco más de una generación los fumadores iban a pasar a ser considerados una colección de viciosos, degenerados, contaminadores y enfermos.
Buen ejemplo de este
aggiornamiento a través del
apestamiento lo representa un artículo que publicó el
Medical Journal of Australia en su número de despedida de 2004. Al igual que el
British Medical Journal y el
Canadian Medical Association Journal, la revista australiana tiene la sana costumbre de dedicar su número de fin de año a cuestiones ligeras,
más o menos humorísticas y más o menos humanísticas. El
artículo a que hacemos referencia estudió nada menos que 132176 anuncios de candidatos a emparejamiento en
RSVP, una página web que hace las veces de agencia matrimonial o al menos de búsqueda de pareja, plan o ligue. Según cuentan los tres autores, el acceso a tamaña base de datos lo realizaron en un solo día, y cabe esperar que se apoyaran en que el motor de búsqueda de la página permite explorar rápidamente si las personas que se postulan a pareja son o no fumadores, porque de lo contrario cada uno de los autores habría tenido que enfrentarse al trabajo ciclópeo, hercúleo, perurénico, en fin, de revisar “sólo” 44058,66 anuncios. Realmente, hacerlo en 24 horas habría tenido su mérito.
Es posible que el lector se pregunte de dónde surge el interés de Chapman, Wakefield y Durkin por el estatus tabaquero de los aspirantes a encontrar pareja en una ciberagencia matrimonial. Pues bien, según nos explican en la introducción, ya por 1992,
la cualidad más apreciada por los aspirantes a compartir piso en Sydney era que sus posibles compañeros de vivienda no fumaran. No sólo eso: en los EEUU y
en el Reino Unido, el hecho de que el propietario de una casa sea fumador rebaja considerablemente la expectativa de venta y el precio final de la transacción, ya que la vivienda está repleta de manchas y olores tabáquicos que desagradan a los potenciales compradores. Por último, según parece, el hecho de que el propietario de un bien no fume aumenta su interés y su valor, como lo demuestra que nada menos que 368323 de los anuncios recogidos por
e-Bay en un solo día incorporaban como mérito añadido que se trataba de productos no expuestos a humo de tabaco. La conclusión es clara: las casas o los objetos contaminados por el tabaco pierden apreciación, mientras que si se mantienen impolutos son más valorados. Así pues, tiene lógica preguntarse si las personas que fuman también pierden valor en el “
mercado”, y desde luego una ciberagencia matrimonial puede ser un indicador oportuno y accesible para la investigación, en la medida en que como ya hemos dicho, uno de los rasgos para seleccionar potencial pareja es si fuma o no. Para ser exactos, la página permite clasificar a los candidatos en no fumadores, fumadores que están tratando de dejarlo, fumadores sociales y fumadores habituales. Además, esta página ofrece un Top 100 de las personas cuyos anuncios son más visitados, lo cual representa otro indicador importante, al incluir a las personas con mayor éxito, al menos en lo que se refiere a las preferencias de quienes acceden a la web.
Los resultados de la experiencia fueron espectaculares. En primer lugar, entre las personas que se ofrecían como potencial pareja había una proporción de fumadores superior a la de la población general australiana, y además, con el nivel de significación estadística
comme il faut (p <>australianos y australianas no fumadores, en tanto que el porcentaje de no contaminadores de la muestra total no pasaba del 67%; esto, según nos explican los autores, alcanza una significación estadística incluso más fetén (p <>visitados” y el 78% de las mujeres más valoradas aseguraban no fumar y que sólo el 2% de ambos sexos reconocían ser fumadores regulares.
De estos datos parece deducirse que hay más fumadores entre quienes buscan pareja activamente en Internet que entre la población general. Esto, salvo que un artículo posterior demuestre que en Australia hay más ordenadores o más usuarios de la red entre los fumadores, sugiere que quien fuma lo tiene más crudo para encontrar pareja por procedimientos, digamos, convencionales. Por lo tanto, podemos extraer la conclusión de que al menos en el gigante de Oceanía los fumadores son globalmente menos apreciados como pareja.
Pero existe otra perspectiva, que los autores no contemplan, y es la de quienes visitan la web y, por lo tanto, también buscan pareja con una fruición, urgencia y necesidad tal vez no menores a las de quienes se exponen en la misma. Si los visitantes de RSVP prefieren parejas no fumadoras, podría deberse a que ellos mismos no fuman. Por lo tanto, no es descabellada la explicación alternativa de que hay muchísimos no fumadores que no tienen éxito cuando buscan pareja mediante las técnicas más habituales y se ven por ello abocados a pescarla en Internet. En otras palabras, los no fumadores ligarían menos que los fumadores, y los hallazgos de Chapman y asociadas reflejarían carencias afectivas no en los fumadores, sino en quienes no fuman. Sin embargo, y por lamentables criterios extracientíficos de corrección política seguramente no es muy prudente defender esta hipótesis, así que si en algo aprecia mi integridad física, ruego al lector que se olvide de que la he sugerido. Gracias en mi nombre y en el de mi esposa y mis dos hijos.
En definitiva, nos quedaremos con las conclusiones de los autores, cada uno de los cuales tiene por cierto la atención de aclararnos al final de su trabajo si tiene pareja y si sus eventuales situaciones de soltería o soledad afectiva le han creado en algún momento un alto grado de desasosiego y desesperación (como para anunciarse en RSVP, se supone). Así pues, parafraseando el famoso tema de la Montiel, diremos que quien en Australia fumando espere al hombre que más quiere, deberá considerar hacerlo sentada.
Fuentes:
Chapman S. Shared accommodation — non-smokers wanted. Tobacco Control 1992; 1: 248 [
Texto completo].
Chapman S, Wakefield MA, Durkin SJ. Smoking status of 132 176 people advertising on a dating website
Are smokers more “desperate and dateless”?. MJA 2004; 181: 672-674 [
Texto completo]
Martin A. On tobacco road, it’s a tougher sell. New York Times 2004; 8 Feb.
McIntyre S. Smoking devalues your house. Evening Standard 2004; 4 Feb. Available at:
www.thisislondon.co.uk/news/business/articles/timid73843?source (accedido el 10 de abril de 2005)