Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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13.2.05

Restos de temporada 

Cerraremos la serie sobre indumentaria de médicos y pacientes con una liquidación de las existencias que nos quedan sobre la cuestión y que no hemos utilizado en entregas previas.

Las doctoras Lynn y Bellini, de Philadelphia, publicaron en 1999 un curioso estudio sobre el contenido de los bolsillos de las batas de los médicos y estudiantes de Medicina que asistieron a una serie de conferencias e un departamento universitario. La metodología empleada fue ciertamente sencilla, ya que tras solicitar a sus 70 probandos (todos, se supone, portadores de bata) que vaciaran el contenido de sus bolsillos, las autoras procedieron a registrar todo lo encontrado sin llevar a cabo, según señalan, un “análisis estadístico sofisticado” de sus hallazgos.

A juzgar por el listado de objetos encontrados, la principal conclusión a la que puede llegar el lector es que las batas de los participantes en el estudio estaban dotadas de bolsillos descomunales. Otra posibilidad es que además de médicos y estudiantes fueran al mismo tiempo prestidigitadores especializados en ocultar en sus prendas una infinidad de papeles, utensilios y cacharros. En efecto: Lynn y Bellini encontraron que el 97% llevaba instrumental médico (fonendo y/o martillo de reflejos y/o linterna y/o agujas y/o reglas), un 90%, uno o más manuales de bolsillo, un 83%, notas con tareas a realizar y un 81%, una lista de teléfonos. Nada menos que el 64% llevaba artículos fotocopiados, un 60%, talonarios de recetas, y cerca de la mitad (46%), una PDA. El 40% llevaba una agenda y el 37% encontraba sitio para apuntes de clases o conferencias. Los inevitables protocolos y algoritmos aparecían en el 20% los bolsillos revisados y en un 13% quedaba espacio para fotografías de familiares.

Una segunda conclusión es que a mayor experiencia y dignidad profesional es menor el número de cachivaches que se llevan en los bolsillos. De hecho, el catedrático del departamento llevaba sólo un boli, según nos confían las autoras, quienes aventuran que dentro de unos años las PDA y los buscas reemplazarán al actual contenido en papel.

Pero para consuelo de quienes no puedan reprimir la envidia por la desmesurada capacidad de los bolsillos de las batas norteamericanas, presentamos un contenido de la batas y el instrumental clínico que todos tenemos a nuestra disposición, a nada que nos lo propongamos. Nos referimos a la mugre o, por ser más científicos, la contaminación bacteriana de lo que podríamos llamar fómites profesionales.

El primer trabajo que conocemos al respecto se publicó sospechosamente en el BMJ navideño de 1991, lo que hace pensar que inicialmente se consideraba que la cuestión era poco menos que una curiosidad o una anécdota. En aquel artículo pionero (también se suele decir, a pesar de lo mal que suena, seminal), Wong y asociados examinaron las batas de 100 médicos de diferentes grados y especialidades, y encontraron mugre por doquier, aunque la porquería y la contaminación abundaban especialmente en los puños y los bolsillos. La contaminación se asociaba con el uso prolongado por parte de un mismo médico. Los autores encontraron al perverso Staphylococcus aureus en una cuarta parte de las batas analizadas, en especial (y esto es lo más preocupante) en las áreas de cirugía. Al menos, no encontraron bacilos patógenos Gram negativas bacilli ni otras bacterias malvadas.

Años después, Loh y asociados estudiaron la mugre de las batas de un grupo de estudiantes de Medicina y llegaron a la conclusión de que había más posibilidades de encontrar microbios en las mangas y los bolsillos, donde abundaba la flora saprofita, que incluía aquí también al canallesco estafilo. Curiosamente, aunque los estudiantes sabían que una bata limpia era una garantía contra la contaminación, algunos de ellos metían la prenda en la lavadora sólo de cuando en cuando, por lo que los autores sugieren dos posibles alternativas. Una de ellas sería diseñar batas más sencillas de lavar a mano (es de suponer que para facilitar la tarea a los estudiantes sin acceso a tecnología electrodoméstica) y la otra, que los hospitales clínicos se hagan cargo del lavado de las batas de los estudiantes.

Pero la posibilidad de albergar polizones indeseables no se limita a las batas. En un estudio realizado hace cerca de 10 años, se encontraron microbichos en los fonendos del 80% de los sanitarios participantes. La tasa se elevaba al 90% en los fonendos de los médicos, lo que deja en un muy mal lugar a la profesión. Un hallazgo particularmente inquietante fue que el germen más común fue de nuevo el estafilo aureus, con el agravante de que cerca de la mitad de las cepas eran resistentes a la meticilina. Pero por si estos hallazgos no fueran suficientemente inquietantes, otro estudio encontró legiones del malvado (y antihigiénico) Enterococo faecium en los termómetros electrónicos. Por si fuera poco, según un estudio realizado en Austria se pueden aislar ingentes cantidades de microbios en los bolígrafos de los médicos.

No terminan ahí las posibles fuentes de tribulaciones en el terreno del potencial contaminante de nuestras indumentarias. Las ropas “civiles” son igualmente preocupantes. De hecho, las corbatas pueden alojar ingentes cantidades de bacterias, como se demostró en un estudio revelado el pasado año. Como sucedía con los fonendos, los médicos se distinguen por lo polucionado (con perdón) del objeto de estudio, que alberga estafilos resistentes, pseudomonas de la peor especie y klebsiellas.

En este contexto, no es de extrañar que a la hora de ver pacientes se recomiende no llevar corbata, o introducirla dentro de la camisa, o llevarla bien amarradas (un alfiler de corbata podría ser una solución adecuada… aunque sin duda estaría igualmente sujeto al riego de contaminación). Desgraciadamente, para los médicos que deseen seguir llevando una prenda elegante al cuello, la pajarita no es ninguna solución, ya que también alberga patógenos, además de requerir para su anudado unas habilidades que no están al alcance de todos los facultativos. Para este segundo problema podrían ser útiles las pajaritas que se venden disecadas (esto es: ya anudadas), pero no conocemos ningún estudio que haya analizado los microbios que puedan llegar a portar. Autores como Jacobs se congratulan de la crisis higiénica de las corbatas, ya que según demuestran sustituirlas por camisetas se traduciría en un significativo ahorro personal y del propio sistema sanitario.

En definitiva, si a mediados del XIX se pudo demostrar la necesidad de que los médicos se lavaran las manos para evitar el contagio de la fiebre puerperal de una a otra paciente, en las postrimerías del XX y en los albores del XXI se está llegando a la conclusión de que los utensilios y ropas de los facultativos son unos fómites postmodernos que alojan y transmiten cepas, además resistentes, de microorganismos patógenos. ¡Si el gran Semmelweiss levantara la cabeza…!






Fuentes:

Bilijan MM, Hart CA, Sunderland D, Manasse PR, Kingsland CR. Multicentre randomised double hind crossover trial on contamination of conventional ties and bow ties in routine obstetric and gynaecological practice. BMJ 1993; 307: 1582-4 [Abstract]

Datz C, Jungwirth A, Dusch H, Galvan G, Weiger T. What's on doctors' ball point pens? Lancet 1997; 350: 1824.

Dobson R. Doctors should abandon ties and avoid nose rings. BMJ 2003; 326:1231 [Texto completo]

Jacobs A. On abandoning ties and avoiding nose rings
... and economic analysis of tie wearing might be interesting. BMJ 2003 327: 345 [Texto completo]

Livornese LL Jr, Dias S, Samel C et al. Hospital-acquired infection with vancomycin-resistant Enterococcus faecium transmitted by electronic thermometers. Ann Intern Med 1992; 117: 112-6 [Abstract].

Loh W, Ng VV, Holton J. Bacterial flora on the white coats of medical students. J Hosp Infect 2000; 45: 65-8 [Abstract].

Lynn LL, Bellini LM. Portable Knowledge: A Look Inside White Coat Pockets. Ann Intern Med 1999; 130: 247 - 250 [Texto completo].

Smith MA, Mathewson JJ, Ulert IA, Scerpella EG, Ericsson CD. Contaminated stethoscopes revisited. Arch Intern Med 1996; 156: 82-4 [Abstract].

Wong D, Nye K, Hollis P. Microbial flora on doctors' white coats. BMJ 1991; 303: 1602-4 [Abstract].

posted by Juan  # 10:19


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