Henos aquí, de nuevo, en tiempos de rebajas, prestando atención a la bibliografía que ha su vez ha centrado su interés en la indumentaria de médicos o pacientes. Tras revisar el pijama y la bata, atenderemos hoy a la elegancia del médico, que tradicionalmente se ataviado con bata y, bajo ella, ropajes elegantes y, todo hay que decirlo, caros. En los últimos años, en cambio, no solo se ha despojado de la bata, sino que ha sustituido el traje o la corbata por una ropa más informal y “sport”, como si de esta manera descendiera desde un pedestal de relevancia y solemnidad para hacerse más accesible, cercano e igual al paciente, como si el paso a ropa menos fina consiguiera la democratización de la relación sanitaria.
Pasados ya unos cuantos años, tendremos que ver en qué ha quedado todo esto y qué opinan los pacientes y usuarios. Por chocante que parezca, al menos en el mundo anglosajón no son pocos los estudios dedicados a la opinión de usuarios y pacientes acerca del ropaje civil y apariencia externa de los médicos o la necesidad de la bata. Algunos países parecen tener un interés especial en la cuestión. Así, en Australia se han realizado dos estudios, publicados ambos en 2001. Según el primero de ellos,
realizado por el dr. Harnett, no había una opinión definida al respecto entre un grupo de pacientes oncológicos que, sin embargo y curiosamente, preferían ver con bata a los médicos más jóvenes e inexpertos y no a los veteranos, tal vez porque a éstos les suponían un saber derivado de la edad que haría innecesario que portasen una prenda indicativa de conocimientos y capacidad técnica.
Sin embargo,
un estudio de Gooden y colaboradores realizado en diversos servicios médicos y quirúrgicos llegó a la conclusión de que aunque a la mayoría de los pacientes la cuestión les traía sin cuidado existía una minoría significativa que prefería al médico con bata, ya que de esta manera confiaban más en el galeno y les resultaba más fácil comunicarse con él. De hecho, los autores opinaban que el reconocimiento, simbolismo y formalidad que confiere la bata pueden favorecer la comunicación y mejorar la relación médico – paciente, en lugar de representar una barrera, como se temía.
La pediatría es una especialidad muy preocupada por las repercusiones que el aspecto externo de sus facultativos pueda tener en los pacientes. El BMJ navideño de 1996 publicó un
estudio de un grupo de pediatras de Birmingham que había preguntado a 203 niños de sus consultas qué opinaban de un médico de cada sexo presentado con cinco atuendos diferentes que
se reproducen en el artículo. Así, en el caso del varón, los atuendos eran sport, sport con corbata, bata, traje-corbata y lo que podríamos llamar
tiradillo. El resultado fue que los niños consideraban que los médicos vestidos de manera formal o elegante eran competentes profesionalmente, pero no amistosos, mientras que los vestidos de manera informal les parecían amistosos, pero no competentes.
No obstante, en otros estudios no se ha apreciado que la bata aleje a los niños del pediatra. Una
investigación canadiense encontró que los infantes (69%) preferían que el pediatra llevase bata, lo que descartaba que la toga galénica infunda temor a los niños. Los padres creían que el complemento esencial del facultativo debía ser lo una etiqueta identificativa (lo que en el País de los Baskos llamamos
txartela) con el nombre y cargo, pero colocaban en segundo lugar a la bata (66%). Los progenitores valoraban favorablemente otras características curiosas de los pediatras como tener bigote o barba arreglados. Sin embargo, criticaban las sandalias abiertas, los zuecos o los pantalones cortos, al tiempo que no tenían una opinión definida respecto de los pijamas verdes, o la indumentaria “civil” de los pediatras (vestido vs falda y blusa en las damas, o camisa y corbata en los caballeros).
También en los EEUU se han preocupado por la indumentaria del pediatra, como lo demuestra un
estudio realizado en un servicio de urgencias de Ohio, que demostró que independientemente de otros factores una mayoría minoritaria de los niños prefería ser atendidos por médicos con apariencia formal, y que puestos a elegir cerca de dos tercios descartaba a los médicos con aspecto menos arreglado (sin bata, sin corbata y con zapatillas deportivas). Si la visita a urgencias tenía lugar por la noche, los niños rebajaban su nivel de exigencia y toleraban mejor las indumentarias informales. Asimismo, al unir las preferencias de niños y padres, la preferencia por la bata y la corbata se elevaba hasta un 75% y el rechazo al médico con ropa informal hasta un 84%.
En el ámbito de la atención primaria, un trabajo relativamente antiguo,
realizado en Glasgow, observó que los pacientes preferían que el médico llevara bata, evitase las pegatinas o pins de contenido político y, en el caso de los varones, no llevara el pelo demasiado largo. Todos los pacientes eran más indulgentes con la apariencia de los facultativos en los turnos de guardia, pero en conjunto, los de edad avanzada eran especialmente estrictos a la hora de exigir una presencia formal.
Y también los pacientes de los dermatólogos los prefieren con bata, pantalón de vestir y etiqueta identificativa. En un estudio de
Kanzler y colaboradores, la preferencia por el médico “arreglado” era generalizada con independencia del sexo (perdón: género), edad, raza (con perdón) o clase social del paciente encuestado.
Así pues, parece que la idea de “
allanar” la indumentaria médica con ropas de sport y con la erradicación de la bata no goza de aprobación o aceptación entre los pacientes. En otras, la bata o la corbata, lejos de dificultar la relación médico - paciente, contribuyen a aumentar la confianza. Ciertamente, vestir ropa de sport no siempre significa acercarse al paciente o rebajar el propio nivel adquisitivo o social (como lo demuestra el precio de algunas marcas de ropa supuestamente informal, o el gusto que ciertos sectores pijos tienen por ellas). Pero es que además, en lo que se refiere a la bata, el estudio más reciente,
publicado el pasado mayo, insiste en que la mayoría (56%) de los pacientes los (nos) prefieren blancos y radiantes y arreglados, aportando como principal razón la facilidad para identificar al galeno entre la pléyade de trabajadores sanitarios (lo que la corrección político – semántica norteamericana actualmente llama proveedores de cuidados de salud o health care providers).
A estas alturas podemos preguntarnos si hay algún estudio específico relacionado con la Psiquiatría. Pues lo hay. Centrado en pacientes de hospital psiquiátrico y publicado en 1997 en el British Journal of Psychiatry, este trabajo, de
Gledhill y cols, encontró que los enfermos preferían que el psiquiatra llevase ropa elegante y bata. Contrariamente a lo que cabría esperar visto el creciente rechazo a la indumentaria clásica de la profesión, los psiquiatras eran de la misma opinión. En este mismo estudio se investigó por aspectos relacionales, y se observó que los pacientes preferían que se les llamara por el nombre de pila (lo que equivaldría al tuteo del castellano) y tratar al psiquiatra con el título de doctor y el apellido (lo que vendría a ser tratarle de Ud). Entre los psiquiatras había diferencias en función de su status. Los residentes tendían a tutear al paciente, mientras que los consultants o psiquiatras ya especializados lo trataban de Ud. En todo caso, tanto los consultants como los residentes, preferían que el paciente les tratara de Ud. En otras palabras, que en el creemos único estudio al respecto, los psiquiatras, al menos en el ámbito hospitalario, y los propios pacientes, prefieren seguir manteniendo las distancias.
En definitiva, parece que al menos en el ámbito anglosajón los usuarios prefieren al médico y al psiquiatra togado. Habrá que revisar si realmente merece la pena prescindir de la bata y vestir en tono llano. De momento, ante el persistente gusto por la
corbata habría que exigir que los cada vez menos médicos residentes varones sean capaces de anudársela correctamente y que los ya seniors que no hayan desarrollado esta habilidad la adquieran. Desde esta sección, siempre comprometida con las necesidades de los MIRes y la formación continuada de los psiquiatras en general, ofrecemos esta
web donde podrán aprender diversos estilos de anudado. De nada.
Fuentes:
Douse J, Derrett-Smith E, Dheda K, Dilworth JP. Should doctors wear white coats? Postgrad Med J 2004; 80: 284-6 [
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Gledhill JA, Warner JP, King M. Psychiatrists and their patients: views on forms of dress and address. Br J Psychiatry, Sep 1997; 171: 228 – 232 [
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Harnett PR. Should doctors wear white coats? MJA 2001; 174: 343-344 [
Texto completo] Barrett TG, Booth IW. Sartorial eloquence: does it exist in paediatrician – patient relationship? BMJ 1994; 309: 1710-1712 [
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Kanzler MH, Gorsulowsky DC. Patients' attitudes regarding physical characteristics of medical care providers in dermatologic practices. Arch Dermatol 2002; 138: 463-6 [
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Matsui D, Cho M, Rieder MJ. Physicians' attire as perceived by young children and their parents: the myth of the white coat syndrome. Pediatr Emerg Care 1998; 14: 198-201 [
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