Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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28.11.04

Abscisas y ordenadas 

Volvemos a dedicar nuestra atención al órgano viril impar y medial reiterando, una vez más, que no nos referimos a la nariz. Si la pasada semana nos referíamos a las peculiaridades de su forma, hoy nos sumergiremos en consideraciones sobre su tamaño.

Se trata, hay que apresurarse a decirlo, de una cuestión crucial, más trascendente que lo que a priori pudiera pensarse. No sólo por las consideraciones erótico – neuróticas que a todos nos vienen a la cabeza, sino por otros aspectos que, como detallaremos, van más allá de las preocupaciones del individuo portador para alcanzar los ámbitos de la Demografía y la Salud Pública. Así lo reconocieron hace tres años en India, donde se puso en marcha un proyecto de investigación para determinar si la inusual tasa de rotura de condones del país (nada menos que el 15%) guardaba relación con el tamaño (se supone que excesivo) de los penes del país. Evidentemente, la cuestión tiene su importancia en un país expuesto a una presión demográfica asfixiante y en el que sin desterrarse aún las enfermedades de transmisión sexual clásicas se va asentando la infección VIH, la venérea postmoderna. El proyecto, cuyos resultados desconocemos, contemplaba el registro fotográfico de penes del país en erección. Con el fin de preservar la confidencialidad, se dispuso que la fotografía no incluyera al cuerpo que habitualmente aparece unido a este órgano. A continuación, un programa informático ad hoc, calcularía la longitud y la anchura de cada pene y establecería algo así como el tamaño tipo del miembro viril indio.

Lamentablemente, la noticia que nos hizo conocer el proyecto no hablaba de grupos control con penes procedentes de otros países y razas (huy, perdón, ¡¡lo que acabo de decir!!), pero a uno le parece que sería muy necesario, porque sin esta comparación no quedaría del todo claro si el problema es el insuficiente tamaño de los condones comercializados en la India o la impericia de los usuarios. Si fuera lo primero habría que crear un organismo homologador de los preservativos para garantizar que sus dimensiones se ajustan a los penes del país, pero si es lo segundo las autoridades sanitarias deberían dejarse de mediciones y plantearse seriamente una campaña educativa.

Pero, descendiendo ya varios escalones desde lo social hasta el nivel del individuo, de la misma manera que como veíamos hace una semana la forma del pene tiene importancia desde el punto de vista del éxito reproductivo, el tamaño parece tenerla desde el punto de vista de la actividad sexual más recreativa; es decir: no comprometida con la reproducción. El saber popular lo ha sostenido así clásicamente, pero en los años 60 los trabajos de Masters y Johnson llegaron a la conclusión de que el tamaño del pene no influía en la satisfacción coital de la mujer. Los lectores interesados en esta cuestión pueden acudir al tema de Javier Krahe “Un burdo rumor”, elegante trabajo de revisión que asegura que en estos asuntos importa más la calidad que la cantidad.

Pues bien: trabajos recientes demuestran que contrariamente a lo expuesto por Masters y Johnson, el tamaño del pene sí tiene importancia. Sirva como botón de muestra una aportación del Russell Eisenman cuya metodología, debo reconocerlo, me ha fascinado. A partir de hallazgos previos que sugerían la importancia de la anchura frente a la longitud del pene, este autor interrogó al respecto a 50 estudiantes de sexo femenino a las que consideró sexualmente activas. Lo notorio de su abordaje fue que los encuestadores, en persona o por teléfono, fueron dos varones “atletas populares”. He de confesar que ignoro qué quiere decir aquí “atleta”, aunque a mi mente reprimida acuden toda suerte de sinónimos procaces. Los dos encuestadores fueron también quienes realizaron la selección de las probandas, basándose (textual) en “su experiencia social previa y en el conocimiento de las mujeres” en cuestión. Mis insuficientes conocimientos de inglés religioso me impiden aclarar al lector si la palabra “conocer” tiene en ese contexto el significado bíblico que tiene en castellano. Por otra parte, y aunque tal vez tenga que ver con la extracción (in)cultural de un servidor, tengo la impresión de que si la experiencia se hubiera realizado en nuestro medio los dos encuestadores habrían elaborado la lista de compañeras encuestables delante de unas cervezas profiriendo de paso todo tipo de comentarios machistas, soeces y fanfarrones sobre su “conocimiento” de las mujeres seleccionadas. Pero, claro, el estudio se realizó en un campus de Texas, medio mucho más serio y científico que la universidad provinciana en la que uno cursó sus estudios.

Los entrevistadores abordaron a las mujeres y les preguntaron (textual): “Cuando tienes relaciones sexuales, ¿qué te agrada más, la longitud o la anchura del pene?”. Para evitar un efecto “orden”, a una mitad de la muestra se le formuló la pregunta enunciando primero la anchura y a la otra se le mencionó antes la longitud. El resultado fue una victoria espectacular (45 a 5) de la anchura, con una chi cuadrado antológica, que permitió a Einsenman concluir que el tamaño del pene sí es importante, con la salvedad de que -si nos ponemos pedantes- tiene más valor el eje de abscisas que el de ordenadas. Para fundamentar su hallazgo, el autor invoca consideraciones biomecánicas que se resumen en que los penes de base ancha conseguirían una estimulación clitoridiana más eficiente o aportarían una sensación de repleción vaginal más intensa y gratificante.

Las conclusiones, empero, tal vez sean precipitadas. Puesto que no queda claro de qué manera “conocían” los encuestadores a sus entrevistadas, no hubiera estado de más que se nos comunicara la anchura de sus respectivos penes, o el grado de implicación afectiva que estas mujeres pudieran tener con los denominados “atletas”, ya que estos dos factores -podrían representar un sesgo notabilísimo. De todos modos, dada la goleada a favor de la anchura, aceptaremos provisionalmente que en esta época y en esta cultura en la que el coito tiene más importancia recreativa que reproductiva, es más ventajoso tener un pene chaparro, apaisado o potolo (que diríamos en el País de los Baskos) que estilizado, longilíneo o espigado.

También habría que reflexionar sobre la validez de los estudios en laboratorio sexológico de Masters y Johnson, de la que uno siempre ha dudado, pues resulta difícil creer que pueda considerarse fisiológicamente representativa una relación sexual en la que los participantes están siendo observados por una pareja en bata blanca, pertrechada de block y bolígrafo, y se encuentran conectados a toda suerte de cachivaches. A esta consideración hay que añadir ahora con perplejidad que a pesar de su vorágine mensuradora se les pasó por alto lo gratificante que puede ser un pene ancho. Debe ser que olvidaron incluir en su instrumental dispositivos para medir la circunferencia peneana (tarea que podría haber sido llevada a cabo con gran eficacia por un metro de costurera) o para calcular su anchura. Para esto último podrían haber utilizado un aparejo que me presentaron en mis tiempos de estudiante de bachillerato y al que estos eximios autores podrían haber sacado mucho jugo, porque también medía diámetros internos y profundidades. Calibre o pie de rey, creo recordar que se llamaba.


Fuentes:
Eisenman R. Penis size: Survey of female perceptions of sexual satisfaction. BMC Womens Health 2001; 1: 1 [Texto completo].
Sharma R. Project launched in India to measure the size of men’s penases. BMJ 2001;323:826 [Texto completo]


posted by Juan  # 08:59


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