Antes y después de Freud la Psiquiatría se ha enriquecido con muchas aportaciones más o menos curiosas o chocantes procedentes del área de las funciones excretoras y sexuales. Ciertamente, en esta sección hemos omitido durante demasiado tiempo esta cuestión, aunque en buena parte se ha debido a la impresión del editor de que siendo tan amplias y surtidas las publicaciones insólitas sobre sexualidad y sexopatología la cosa era demasiado sencilla. Pero a partir de hoy, en desagravio a las zonas erógenas y cochinas dedicaremos algunas entregas a este campo, que inauguraremos con una propuesta de ensanchamiento de la nosología
desemiana a sus expensas.
Aunque es justo es reconocer que el DSM menciona una gran variedad de parafilias, debe recordarse que engloba varios de estos ejemplos de la creatividad humana en el vago epígrafe de
parafilia no especificada. Peor aún es la omisión de algunos cuadros propios de lo que podríamos llamar Etnopsicopatología Sexual, un campo abonado del que el nosólogo avezado podría recolectar más y más trastornos mentales con los que aumentar el número de páginas de las sucesivas ediciones de sus tratados. Con el fin de contribuir al avance de la Ciencia y al engorde del DSM recogemos hoy dos cuadros que consideramos dignos aspirantes a incorporarse a sus páginas.
Un primer ejemplo es el
Dhat, al que se describe como una neurosis ligada a la cultura consistente en la creencia de que con la orina se evacúa una sustancia blanquecina (el "
Dhat"), que el paciente cree es su semen. Este cuadro, muy frecuente en el subcontinente indio, se acompaña de una importante ansiedad, ya que en esta cultura el semen se asimila a la fuerza y al vigor, con lo que la espermaturia acarrearía la debilidad física y mental.
Más conocido es el
Koro, un síndrome en el que el paciente tiene la convicción de que su pene (elemento
yin, vital) se va encogiendo hasta desaparecer dentro de su abdomen, lo que se acompaña de una enorme angustia y del temor a que el proceso de retracción culmine en la muerte. Existen formas femeninas en las que los pezones son los órganos que se achican hasta ser desaparecer en el interior del cuerpo. E incluso se han descrito formas “
koriformes” en los que el órgano que se retrae es la lengua. Se considera que el koro es un trastorno psicógeno ligado a factores culturales, puesto que es endémico en zonas del sudeste asiático en las que está firmemente arraigada la creencia taoísta en la actividad de los humores
Yin y
Yan en los seres humanos. El fenómeno reviste el especial interés de su contagiosidad, demostrada por las epidemias de Koro recogidas en la literatura. Y parece que incluso puede extenderse a otras culturas y entornos geográficos, como lo sugieren los casos que poco a poco se van describiendo en otras zonas del mundo, muy distantes del sudeste asiático, o en sujetos sin creencias taoístas. Tan es así que podría decirse que nos hallamos ante un cuadro inicialmente endémico, pero capaz de generar epidemias, y que está convirtiéndose lentamente en una pandemia.
¿Dónde ubicaríamos estos trastornos? A uno no le extrañaría que en esta época de corrección política el supuesto respeto a otras formas de ver el mundo y el relativisimo cultural favorecieran la creación de un apartado de “
síndromes ligados a la cultura”, auténtico cajón de sastre para incluir todo tipo de trastornos ajenos a
lo occidental (koro, dhat, los “
ataques de nervios” de los emigrantes hispanos de los USA, el amok, etc) independientemente de su trasunto psicopatológico. En cierto modo no sería más que trasladar a la nosología el capítulo con este contenido que se incluye habitualmente en todo tratado de Psiquiatría que se precie. Entre tanto, y creemos que con más fundamento, plantearemos algunas alternativas.
Es cierto que la contagiosidad del koro sugiere un elemento histérico (en el sentido social del término), pero también podría hablarse de otros parentescos, comunes, dicho sea de paso, al dhat. Supongamos que la creencia en la
dhatorrea urinaria o en la retracción del pene o los pezones se impone en el sujeto a la comprobación por medios objetivos (analítica de orina, medición de los órganos implicados) de su falsedad. Estos pacientes evocarían sin duda un fenómeno delirante, de la misma manera que los casos en los que a pesar de criticar la idea el sujeto no pudiera erradicarla pasarían a engrosar automáticamente el ya extenso
espectro obsesivo. Pero aún existen otras formas y variantes psicopatológicas. Chowdhury, en una amplia muestra de pacientes de koro recolectados con ocasión de una epidemia que asoló el Norte de Bengala, encontró que los sujetos afectos tenían una percepción distorsionada del glande. En su trabajo el autor demostró que este dato no es objetivable en sujetos normales, pacientes ansiosos ni en individuos afectos de patología genital "orgánica" (filariasis escrotal, hidrocele). Debe decirse que llegó a esta conclusión gracias a un test, inventado por él mismo, al que denominó "
Draw a Penis Test" (Test "Dibuje un Pene"). Este sugestivo hallazgo plantea la atractiva posibilidad de una similitud con la distorión de la imagen corporal descrita como central y esencial en ciertas formas de trastornos de la conducta alimentaria. Pero aún hay más: se han descrito casos de koro ligados a enfermedad cerebral (infartos) y a uso de anfetaminas o cannabis.
Así pues, podría encajarse (con su apartado correspondiente) a estos síndromes entre los trastornos psicóticos, los de ansiedad (en amigable vecindad con el trastorno obsesivo – compulsivo) o incluso en una nueva categoría de trastornos del esquema corporal a la que podrían incorporarse otros cuadros clasicamente reconocidos. Y eso sin olvidar la pertinente categoría de Koro en el apartado de síndromes derivados del consumo de anfetaminas o cannabis. Todo esto, claro, acarrearía la posibilidad de ampliar el campo de prescripción de los ISRS o los cada vez menos atípicos.
Existen, pues, motivos para la esperanza, a pesar de que desgraciadamente, ni el dhat ni el koro son aún suficientemente prevalentes por estos pagos para alcanzar el noble fin de poder adjudicar a toda la población un diagnóstico psiquiátrico. Pero todo se andará.
Fuentes
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