Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

leer abajo

Artículos previos

26/10/03   08/11/03   16/11/03   23/11/03   30/11/03   07/12/03   14/12/03   21/12/03   27/12/03   04/01/04   11/01/04   19/01/04   25/01/04   01/02/04   08/02/04   15/02/04   22/02/04   29/02/04   07/03/04   21/03/04   28/03/04   04/04/04   11/04/04   18/04/04   25/04/04   02/05/04   09/05/04   16/05/04   23/05/04   30/05/04   06/06/04   13/06/04   20/06/04   27/06/04   04/07/04   11/07/04   18/07/04   25/07/04   01/08/04   08/08/04   15/08/04   22/08/04   29/08/04   05/09/04   12/09/04   18/09/04   26/09/04   03/10/04   10/10/04   17/10/04   23/10/04   30/10/04   06/11/04   14/11/04   21/11/04   28/11/04   05/12/04   12/12/04   19/12/04   26/12/04   02/01/05   09/01/05   16/01/05   23/01/05   30/01/05   06/02/05   13/02/05   21/02/05   27/02/05   06/03/05   13/03/05   20/03/05   27/03/05   03/04/05   10/04/05   17/04/05   24/04/05   01/05/05   08/05/05   15/05/05   22/05/05   05/06/05   19/06/05   26/06/05   03/07/05   10/07/05   31/07/05   07/08/05   14/08/05   21/08/05   28/08/05   11/09/05   18/09/05   25/09/05   02/10/05   09/10/05   16/10/05   23/10/05   30/10/05   06/11/05   13/11/05   20/11/05  

23.10.04

Celebridades (2) 

Comentábamos la pasada semana la fascinación que ejercen los individuos notables, y su justificación ontológica y filogenética. Hoy analizaremos dos curiosos trabajos (y uno diría que un pelín guasones) acerca de la relevancia sanitaria de las celebridades.

El primero de los trabajos se refiere al archiconocido subgrupo de famosos que integran los actores y actrices ganadores de un Oscar. En 2001, DA Redelmeier y SM Singh publicaron en una revista tan seria y prestigiosa como los Annals of Internal Medicine una de esas aportaciones epidemiológicas que le dejan a uno la duda de si los practicantes de esta disciplina tienen una excelsa visión de la realidad o si por el contrario son una colección de vacilones. En este caso, los autores se entretuvieron analizando la expectativa de vida de los actores y actrices premiados con un oscar tomando como grupo control a colegas de características sociodemográficas similares que habían participado en las películas por las que los sujetos a estudio obtuvieron la estatuilla. Su investigación, que marca sin duda un antes y un después en la Historia (así: con mayúsculas) de la Ciencia y del humano afán de conocimiento, concluía que ganar un oscar en la categoría de actor o actriz da al premiado cuatro años más de vida que a los actores no premiados, lo que podría haberse intuido si se hubiera hecho estudios previos con conejos, cuya longevidad es por lo general mucho menor que la del único conejo ganador de un Oscar, que lleva más de cincuenta años en el negocio.

Los mencionados autores y el propio dr Fitzpatrick, autor de la editorial acompañante, no aciertan a encontrar una explicación plausible para tan trascendental hallazgo. El sistema de selección de los controles excluye que se haya producido el error de comparar personas de extracto social diferente o que hayan vivido en épocas con un nivel sociosanitario global distinto. Y la longevidad de los oscarizados resulta aún más sorprendente si tenemos en cuenta que no son precisamente personas que se cuiden o que se caractericen por una vida sana y ordenada, antes bien sus vidas están presididas por el desenfreno, el estrés, las drogas, los estilos de vida no saludables, en definitiva (no quisiera señalar, pero… ¡muchos de ellos incluso son fumadores!). En otras profesiones, como los directivos de empresas, el aumento de la supervivencia asociado al éxito profesional se atribuía clásicamente al mayor estatus económico que obtenían los sujetos afortunados en los negocios (y a los sinsabores que en este terreno depara el fracaso profesional a los menos afortunados). Sin embargo, puesto que la metodología del estudio que describimos excluye estos factores confusionantes, habría que concluir que el éxito per se prolonga la vida. Los autores profundizarían más adelante en su estudio epidemiológico – cinematográfico, estudiando los efectos de ganar el oscar en guionistas de cine. En este caso, el galardón se asociaba a una menor supervivencia, lo que echaba por tierra la hipótesis de que el éxito da vida. Por cierto: la investigación en guionistas se publicó en un número navideño – desenfadado del BMJ que probablemente era también el marco más adecuado para el estudio en actores y actrices.

El segundo trabajo se refiere a las incomodidades que entraña para los trabajadores sanitarios el atender a personas relevantes y famosas. Se trata de un artículo publicado en 2002 que, al parecer, intenta complementar la amplia bibliografía ya existente acerca de los pacientes “difíciles” (generalmente portadores de trastornos de la personalidad) y su tortuosa relación con los médicos. En este caso los enfermos “difíciles” no se caracterizan (o no sólo se caracterizan) por ser diagnosticables de alguna psicopatía, sino por su relevancia social. Por lo que nos cuentan el dr Groves y sus colegas, parece que cuando alguien importante o especial ingresa en un hospital el personal asistencial empieza a tener una serie de problemas lo suficientemente notables como para merecer un artículo científico que se remata con una serie de recomendaciones para ayudar a los sanitarios a relacionarse con estos “pacientes especiales” sin perder la confidencialidad, la objetividad o los nervios.

Los autores distinguen tres variedades de personas relevantes. La primera es la de las celebridades (“celebrity patients”), categoría que podríamos traducir por famosos (en el sentido más amplio y menos peyorativo del término). Estos pacientes atraen el interés de los medios de comunicación, con lo que se pone en riesgo la confidencialidad y se llega a resentir la intimidad de los propios sanitarios que los atienden. Los segundos son los VIPs, personas de prestigio o influencia en su campo de trabajo o actuación, como por ejemplo un médico especialista de renombre. En estos casos, se nos explica, el médico tratante corre el riesgo de ceder los trastos al enfermo – médico, perdiendo por completo la objetividad. La última categoría es la de los “potentados” (“potentates”) que engloba a sujetos más o menos narcisistas que se consideran extraordinariamente importantes en relación con su mérito real y/o con su relevancia pública o social. Los autores nos ilustran con el caso de una princesa procedente de un emirato petrolero, francamente petarda y exigente que pone de los nervios a todo el personal asistencial. Aunque no veo mucho la tele, tengo la impresión de que algunos famosos de televisivos última generación pertenecen a este grupo.

Permítaseme que me detenga en algunos aspectos del grupo de las celebridades que me han llamado la atención, tal vez porque a fuerza de ejercer la profesión a bastantes kilómetros de Hollywood nunca había reflexionado sobre estas cuestiones. Según el artículo, la categoría de las celebridades puede dividirse en una rica gama de subespecies, entre las que encontramos no sólo a cantantes, deportistas o actores de fama, sino también a políticos, mega – ricos (sic), criminales famosos, agentes del KGB (en serio), miembros de la realeza y cortesanos hasta el rango de duque o incluso “jeques, emires y similares”. Lo peor de atender a esta gente, además de mantener la confidencialidad y protegerles del acoso de los chicos de la prensa, es manejarse con todo el séquito que los acompaña al hospital, que según el dr Groves y asociados se compone, entre otros, por acupuntores, abogados, guardaespaldas, mayordomos, amigos, esposas, hijos, hijastros, masajistas, parejas, amantes, mascotas ("en especial perros"), traductores, enfermeras personales, peluqueros y “otras personas significativas”. Ciertamente tiene que ser un follón impresionante manejar tamaña corte y organizar los turnos de visita. Y menos mal que los autores no han tenido como referencia el derogado artículo 10.5 de la Ley General de Sanidad, que imponía que había que dar información completa y continuada, verbal y escrita, a pacientes y allegados, porque de haber sido así se habrían pasado el día conversando con el famoso y con todos los allegados descritos (bueno, cabe la posibilidad de que pudieran eludir informar al perro sin temor a ser denunciados por no seguir la norma).


Fuentes:
Fitzpatrick R. Social Status and Mortality. Ann Intern Med 2001;134: 1001-1003 [Texto completo en pdf].

Groves JE, Dunderdale BA, Stern TA. Celebrity Patients, VIPs, and Potentates.Prim Care Companion J Clin Psychiatry 2002; 4: 215-223 [Texto completo en pdf]

Redelmeier DA, Singh SM. Association between mortality and occupation among movie directors and actors. Survival in Academy Award-winning actors and actresses.Ann Intern Med 2001;134: 955-62 [Texto completo en pdf].

Redelmeier DA, Singh SM. Longevity of screenwriters who win an academy award: longitudinal study. BMJ 2001; 323: 1491-6 [Texto completo en pdf].

posted by Juan  # 22:04


¿Qué es PSIQUIATRIA INSOLITA? 

Selección de noticias relativas a la salud/enfermedad mental y técnicas de tratamiento relacionadas, que pueden resultar de interés por su carácter:
RARO
EXTRAÑO
NUEVO
EXTRAVAGANTE
ORIGINAL
ABSURDO
EXTRAORDINARIO
ASOMBROSO
SORPRENDENTE
MARAVILLOSO
SOBREHUMANO
ESTUPEFACIENTE
INAUDITO
ANORMAL
INCONCEBIBLE
INCREIBLE
DESACOSTUMBRADO
INFRECUENTE
EXCEPCIONAL
CURIOSO
INUSITADO
INUSUAL

This page is powered by Blogger. Isn't yours?