Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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10.10.04

48.- Cronotipos 

Las posibilidades de catalogar a los seres humanos en categorías dicotómicas para encontrar a continuación diferencias radicales entre las clases resultantes son infinitas. La más obvia clasificación es la de los humanos hombres y mujeres, y la consiguiente enumeración de los rasgos que los diferencian. Algunas de ellas, desde luego, pueden ser objetivas; otras, no tanto, y no faltan las que simplemente reflejan una marcada tendenciosidad en el estudioso (Remitimos al respecto a la clásica revisión del Profesor Esculapio sobre la superioridad del hombre sobre la mujer).

Pero como el lector sabe, hay a nuestro alcance muchas otras divisiones que pueden dar pie a señalar diferencias más o menos tendenciosas: jóvenes vs viejos, blancos / caucasianos vs negros / subsaharianos, judíos vs gentiles, fieles vs infieles, yankees vs sudistas, ricos vs pobres, derechas vs izquierdas, diestros vs zurdos, grecochipriotas v turcochipriotas, bizkainos vs guipuzcoanos, madridistas vs colchoneros, etc, etc, etc.

Viene esto a cuento porque deseamos comentar una interesante categorización de los seres humanos que posiblemente no es demasiado conocida por nuestros lectores: se trata de la división de los seres humanos por su estilo cronotípico, preferencia circadiana o, en otras palabras, su sesgo matutino o vespertino a la hora de llevar a cabo todo tipo de actividades. La variabilidad rítmica de los seres humanos permite así hablar de sujetos matutinos (también llamados alondras) que concentran su actividad en las primeras horas del día y de personas vespertinas (denominadas asimismo búhos) que tienden a realizar sus actividades al final de la jornada. La taxonomía resultaría incompleta si no incluimos a los indiferenciados o intermedios, que no tienen una polaridad circadiana definida y a los la bibliografía no identifica con ninguna especie de ave en particular (lamentablemente, mis más que exiguos conocimientos ornitológicos no me permiten proponer ninguna alternativa).

La Ciencia que estudia éste y otros aspectos de la conducta humana relacionada con el tiempo cronológico (alguno de ellos ya abordados en esta sección) recibe el nombre de Psicocronobiología y se apoya en instrumentos neurofisiológicos y en diversas escalas, con nombres tan descriptivos como la Escala Compuesta de Matutinidad (CMS), el Cuestionario de Matutinidad – Vespertinidad (MEQ), el Diario del Ritmo Social (SRM) y otros aparejos. Desde lo fisiológico se ha comprobado que ciertos parámetros biológicos diferencian claramente a alondras y búhos; así, como la secreción de hormonas o los picos térmicos corporales, que se producen en los matutinos a una hora más temprana que en los vespertinos. Hay también una abundante bibliografía a disposición de los lectores interesados en esta cuestión; de ella, por cuestiones de accesibilidad idiomática y geográfica, merece la pena destacar un artículo de Díaz y Aparicio publicado en Anales de Psicología, que aporta una interesante revisión de la cuestión y los resultados de un estudio propio. Como resumen puede decirse que las alondras tienden a obtener información del entorno a partir de fuentes concretas y a través de la experiencia directa (sensación), y lo asimilan a esquemas de comportamiento previo. Asimismo, elaboran la información mediante esquemas de conocimiento novedosos u originales, adoptando un punto de vista creativo (innovación). En otros términos, las matutinas alondras se caracterizan por un estilo cognitivo que podríamos llamar conservador, mientras que los vespertinos búhos son más innovadores y originales.

Todos estos hallazgos pueden rebatirse con argumentos variados. En primer lugar, alguno de los trabajos no especifica la proporción de hombres y mujeres en sus “sujetos” (habitualmente, sufridos universitarios que no pueden negarse a ser “voluntarios” en los trabajos de investigación de sus profesores). Y esto tiene su importancia, ya que a la edad en la que los sufridos investigados son “reclutados” y por su condición de estudiantes existe una marcada diferencia entre sexos (perdón: géneros), como lo tozudamente demuestran las estadísticas que comparan los resultados académicos de hombres y mujeres. Así, desde un punto de vista sólo discretamente misógino el estilo matutino, con los pies en el suelo, parece más pragmático y por lo tanto femenino, mientras que el vespertino, con un cierto toque julay, podría responder más a las peculiaridades masculinas. Puede también argumentarse que este rasgo circadiano es una adaptación o una consecuencia de los horarios a los que el sujeto debe realizar sus actividades. En otras palabras, la obligación de trabajar en turnos de mañana podría inducir, forzar o hacer necesaria una polaridad matutina, mientras que quien no tenga que levantarse pronto podría ser más fácilmente vespertino. Una persona con un estilo búho no tendría más remedio que convertirse en alondra si sus horarios o sus circunstancias personales lo hacen necesario (y doy fe de que en algunos sujetos como yo mismo se ha dado el caso). De esta manera, los picos térmicos u hormonales adelantados podrían ser una mera adaptación al ritmo horario fijado por circunstancias (laborales) externas al sujeto. Por último, también podría proponerse un sesgo en función de la edad, en la medida que el rasgo alondra, correlacionado con el estilo cognitivo conservador supuestamente seleccionado y favorecido por el paso de los años, puede aparecer en individuos de mayor edad, mientras que el búho parece más relacionado con una forma juvenil de andar por el mundo. Por lo tanto, incluso en las muestras de sufridos universitarios, se debería estudiar si no es la edad lo que en definitiva diferencia el tipo matutino y el vespertino.

Pues bien, queridos escépticos, argumentos hay para sostener la fiabilidad de la división entre búhos y alondras. Para empezar, en esta época en la que cualquier abordaje científico o así del ser humano no será considerado serio si no contiene alguna referencia genómica, se ha podido determinar que la polaridad circadiana responde a condicionantes genéticos. Los estudios que separan los resultados en función del sexo (perdón: género) no muestran que el diferente estilo cognitivo tenga que ver con esta variable. Y lo que es más: hay indicios de que ser alondra o búho se puede relacionar con el ritmo más amplio de lo circanual, ya que (al menos en el hemisferio norte) nacen más alondras en la segunda mitad del año, con un máximo en diciembre – enero, mientras que los nacimientos de búhos tienen lugar preferentemente en la primera mitad, alcanzando las cotas más altas en junio – julio. Hará falta que en Australia, Nueva Zelanda o Patagonia se anime alguien a comprobar si por esos pagos resulta que los búhos nacen en la segunda mitad del año y las alondras en la primera.

Para terminar, cabe preguntarse por la dimensión práctica de todos estos hallazgos. ¿Existe, podemos preguntarnos, la posibilidad de que veamos algún día una Psicocronobiología Aplicada? Sus estudiosos creen que sí, y aseguran que sus trabajos pueden ser de gran utilidad para la Medicina y Psicología laboral. Llevados por la corriente de pensamiento hiperoptimista que sostiene que el avance de la Ciencia y del Conocimiento nos hará a todos más felices, puede soñarse así con un escenario ideal en el que los psicólogos de empresa puedan, previo estudio con el MEQ, el CSM o el SRM, separar a alondras de los búhos para dirigir a los primeros a los turnos de mañana y a los segundos a los de tarde. La productividad de la empresa y la satisfacción del trabajador (los llamados ahora “personas” en las encuestas al efecto que me remite Osakidetza) se dispararán hasta cotas impensables en estos momentos. Y por supuesto estos hallazgos permitirán un mobbing con fundamento científico. ¿Qué mejor manera de abrir la puerta de la empresa a un búho que ponerle a trabajar a partir de las 6 de la mañana? ¿Habrá una mejor manera de persuadir a una alondra para que se vaya que ponerle a trabajar de noche? Con el avance de la Ciencia, visto está, todos seremos felices y comeremos perdices... con independencia de la especie de ave a la que según criterios psicocronológicos pertenezcamos.



Fuentes:

Díaz Morales JF, Aparicio García M. Relaciones entre matutinidad - vespertinidad y estilos de personalidad. An Psicología 2003; 19: 247-256 [Texto completo en pdf]

Natale V, Adan A, Chotai J. Further results on the association between morningness-eveningness preference and the season of birth in human adults. Neuropsychobiology 2002; 46: 209-14 [Abstract]



posted by Juan  # 10:15


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