Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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3.10.04

47.- Nominados al DSM: A la rica fobia  

Retomamos con ímpetu nuestra sección de candidatos a nuevas ediciones del DSM con el intento de reparar el injusto ninguneo al que la APA y los adeptos a su sistema nosológico someten a las llamadas fobias específicas. No es ya que el DSM-IV sólo les dedique un único apartado (F40.2), sino que además despacha su rica variedad en cinco subgrupos (tipo animal, tipo ambiental, tipo sangre-inyecciones-daño, tipo situacional y “otros tipos”). ¡Qué contraste con la pormenorizada descripción que puede encontrarse en enciclopedias y en alguna página web! ¡Qué ocasión han dejado correr los nosólogos de la APA para ensanchar el campo de la Psiquiatría y –de paso- el de los afectados por trastornos psiquiátricos!

Porque las fobias son ubicuas. Sin llegar al extremo indudablemente patológico de la panofobia, ¿quién no tiene algún miedo secreto, inconfesable, capaz de suscitar en su psique un temor acusado y persistente y en su soma todo tipo de reacciones vegetativas de estrés condensado y depurado? Tomemos por ejemplo, las fobias a animales. Conozco entre la población aún no diagnosticada (¡imperdonable desidia!) zoofóbicos diversos, y no todos ellos son agrizoofóbicos. Alterno así con más cinofóbicos que alectorofóbicos, mientras que apifóbicos (también llamados melisofóbicos) y elurofóbicos andan a la par. Eso sí: he de reconocer que no he tenido noticia de equinofóbicos a excepción salvo Juanito el freudiano. De lo que estoy seguro es de que la nisatofobia (no confundir con musofobia) no sólo afectó a otro caso célebre de don Segismundo, al que habitualmente se describe como una persona con un problema obsesivo, sino que aflige a amplias capas de la población. La literatura nos ofrece interesantes ejemplos, como Winston, el protagonista de 1984, que termina renunciando a sus principios y al amor que sostiene su disidencia y su oposición al Gran Hermano al verse expuesto a un montón de roedoras innobles. Y si alguien está interesado en desarrollar esta fobia, que lea “Las ratas del Cementerio”, de Henry Kuttner, lo que le permitirá, con un poco de suerte, convertirse también en un tafefóbico o placofóbico.

La familia no siempre protege de los temores, como lo demuestra la singenesofobia o la extendidísima penterofobia. Y en ese terreno que a algunos vuelve ereutrofóbicos son abundantes los ciudadanos afligidos que hasta ahora han sido no atrapados en (perdón, quería decir atendidos por) la red asistencial de salud mental. Efectivamente, a pesar de que pocos caballeros se reconocerán venustrafóbicos, seguro que en el vecindario del lector hay algún hedonofóbico y no faltará quien por ese u otro motivo tiene un componente erotofóbico o gimnofóbico. Sospecho también que es más prevalente la medomalacufobia que la medortofobia. A pesar de los esfuerzos del ayuntamiento de Barcelona seguro que hay más dishabiliofóbicos que vestifóbicos y posiblemente, los tanatofóbicos y los nosofóbicos (ya sean mono o pluripatopatofóbicos) son legión. Detrás de los consumidores de crecepelos se esconden muchos falacrofóbicos. Y no perdamos de vista el aspecto transcultural: En las culturas anglosajonas es prevalente la parascavedecatriafobia, en tanto que por estos pagos representa un mayor problema la tritidecatriafobia.

Así pues, es imperdonable el olvido de las fobias. En esta misma sección, nunca decidofóbica y en absoluto herisófoba, hemos querido reparar esta injusticia al reivindicar la paruresis, un fenómeno de clara raigambre fóbica. Pero en nuestra empresa justiciera, sin embargo, no caeremos en el error de exigir un a categoría diagnóstica para cada una de las múltiples variedades de fobia que pueden encontrarse en los listados a los que hacíamos referencia, y que hacen gala de un conocimiento de lenguas clásicas del que los baby-boomers de la Ley de Educación de 1970 carecemos y que nos vuelve –hay que reconocerlo- un poco helenologofóbicos e hipopotomonstrosesquipedaliofóbicos. Y no es por condicionantes grafofóbicos, ni mucho menos fronemofóbicos, sino porque consideramos que tamaña pormenorización restaría seriedad y trascendencia a nuestro empeño y su riqueza lexicológica sólo revestiría interés, probablemente, para los adictos a los crucigramas de Ocón de Oro (patología a la que esperamos dedicar atención en el futuro). Por lo tanto, convencidos que nuestros lectores no son epistemofóbicos, y puesto que no nos caracteriza la catagelofobia, defendemos la expansión de la sección de las fobias en ulteriores ediciones de los DSM.

Una precisión: no pretendemos individualizar síntomas. Es evidente que muchos temores fóbicos son sintomáticos de otros trastornos. Una bromidrosifobia puede ser sintomática de una depresión, de una psicosis (síndrome de referencia olfatorio) o constituirse en un trastorno monosintomático, sin pasar por alto que en algunas personas nos hallemos ante una consecuencia no psicopatológica de una ablutofobia. A su vez, en la inmensa mayoría de los casos, la sitofobia, la obesofobia o la pocrescofobia serán sintomáticas de trastornos de la conducta alimentaria. Otras veces, la terminología no es lo suficientemente precisa: ¿Qué es un amoxafóbico? Hay quien lo define como una persona con temor a conducir, mientras que otros amplían el concepto al temor a montar en coche. Y con el diccionario en mano no nos queda claro si a los motorfóbicos o los ocofóbicos, denominados también lacanofóbicos (ojo: no es que teman a nuestro simpático colega francés Santi Lacan), les aflige la perspectiva de viajar en coches o vehículos, o el riesgo de ser arrollados por los mismos.

Surge así la pregunta de cuál debe ser el criterio que nos guíe para determinar qué fobias merecen su inclusión en el DSM y cuáles no. No tenemos una respuesta válida con argumentos científicos, pero sí podemos proponer la estrategia más conveniente en nuestro tiempo, que es la mediática. Porque, al fin y al cabo, para que se reconozca la existencia de un problema es necesario insistir sobre su importancia y prevalencia en los medios de comunicación. Este es el mecanismo, probablemente, en virtud del cual cada día hay una mayor preocupación, real, excesiva o incluso ergofóbica, por el mobbing. También ayuda mucho que haya una botica que se postule como efectiva en la nueva indicación, ya que nuestra cultura no es nada farmacofóbica y nuestra profesión, se caracteriza por cualquier cosa menos por la neofarmacofobia. En este sentido confiamos en que los ISRS sean unos poderosos aliados en nuestra cruzada profobias.

Todo esto tiene que ver con una noticia que hemos leído, en el que al describirse el caso de un alumno de 2º de ESO que hace pensar en una ansiedad por separación [F93.0] pero que al decir del periodista los psiquiatras han descrito como una fobia al instituto. Es una situación grave y dolorosa para el afectado, que según explica su madre lleva años con este problema y presenta un lógico retraso escolar. Con el paso del tiempo, además, su situación, lejos de mejorar, se ha intensificado, con lo que a sus 14 años (y en un curso que se imparte en el instituto) la circunstancia espacio-temporal se impone y da pie al nuevo concepto de "fobia al instituto", que la reseña destaca en su titular. Es de desear que alguien sea capaz de ayudar a Daniel, porque sin duda le hace mucha falta.

Yendo más allá de este doloroso caso, las posibilidades que el nuevo concepto abre a la banalización de la Psiquiatría son inmensas. Olvidado Daniel, el salto de su triste historia a los medios de comunicación y sobre todo los honores de titular concedidos a la "fobia al instituto" permitirán que las familias de no pocos adolescentes y los propios interesados lleguen a la conclusión de que su desgana por los estudios es nada menos que un problema psicopatológico. De hecho, queda mejor decir “mi hijo tiene una fobia a los estudios / tiene fobia al instituto / tiene una liceofobia" que confesar “no le van los estudios” o concluir sin más que “es un vago”. En nuestra cruzada por acercar el diagnóstico psiquiátrico a toda la población debemos afrontar este caso con un ánimo diametralmente opuesto a la eufobia, porque nos permite pensar que tal vez a medio plazo podamos tener un trastorno más en el DSM. Gran avance para la Psiquiatría. Por cierto, que para cuando llegue el momento confío en que quede claro que el acuñador del nuevo término de liceofobia es un servidor, porque de lo contrario podría sentirme maltratado y en ruta hacia una rabdofobia. También he de reconocer (y de prepararme para los honores debidos cuando entren en el DSM) que los términos nisatofobia y tritidecatriafobia son creación propia con la asistencia de un diccionario online de griego. Espero que aunque la APA no me pague royalties, al menos me haga una rebaja al comprar el DSM-V, porque el precio del IV-TR me ha dejado helado.

Pequeño glosario indispensable para seguir esta entrega:
Ablutofobia: Miedo a lavarse o bañarse - Agrizoofobia: Miedo a los animales salvajes - Alectorofobia: Miedo a los pollos - Amoxafobia: Miedo a montar en un coche o miedo a conducir un coche - Apifobia: Miedo a las abejas - Bromidrosifobia: Miedo a desprender malos olores corporales - Catagelofobia: Miedo a ser ridiculizado - Cinofobia: Miedo a los perros - Decidofobia: Miedo a tomar decisiones - Dishabiliofobia: Miedo a quitarse la ropa - Elurofobia: Miedo a los gatos - Epistemofobia: Miedo al conocimiento - Equinofobia: Miedo a los caballos - Ereutrofobia: Miedo a la ruborización - Ergofobia: miedo al trabajo - Erotofobia: : Miedo al amante sexual o a las preguntas sexuales - Eufobia: miedo a las buenas noticias - Falacrofobia: Miedo a convertirse calvo - Farmacofobia: Miedo a drogas o medicamentos - Fronemofobia: Miedo al pensamiento - Gimnofobia: Miedo a la desnudez - Grafofobia: Miedo a la escritura - Hedonofobia: Miedo a al placer - Helenologofobia: Miedo a los términos griegos o de la terminología científica compleja - Herisofobia: Miedo a desafíos contra la doctrina oficial o a la desviación radical - Hipopotomonstrosesquipedaliofobia: Miedo a palabras largas - Lacanofobia: Miedo a los vehículos - Medomalacufobia: Miedo a perder una erección - Medortofobia: Miedo a un pene erguido - Melisofobia: Miedo a las abejas - Monopatofobia: Miedo a una enfermedad - Motorfobia: Miedo a los coches - Musofobia: Miedo a los ratones - Neofarmacofobia: Miedo a drogas o medicamentos nuevos - Nisatofobia: Miedo a las ratas - Nosofobia: Miedo a la enfermedad - Ocofobia: Miedo a los vehículos - Panofobia: Miedo a todo - Parascavedecatriafobia: Miedo a los viernes y trece - Penterafobia: Miedo a la suegra - Placofobia: Miedo a lápidas y tumbas - Pluripatofobia: Miedo a varias enfermedades - Pocrescofobia: Miedo a ganar peso - Rabdofobia: Miedo a ser seriamente castigado - Singenesofobia: Miedo a los parientes - Sitofobia: Miedo a comer - Surifobia: Miedo a los ratones - Tafefobia: Miedo a ser enterrado vivo - Tanatofobia: Miedo a la muerte - Tritidecatriafobia: Miedo a los martes y trece - Venustrafobia: Miedo a las mujeres hermosas - Vestifobia: Miedo a la ropa - Zoofobia: Miedo a los animales.

posted by Juan  # 13:12


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