Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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30.10.04

Psiquiatría Insólita 

La próxima semana se cumplirá (en unidades semanales) un año desde el primer envío de esta sección. La idea era dedicar una entrega precisamente a este aniversario o, como alternativa, celebrar el número 50, que es como muy redondo, con algún tipo de referencia a lo ya publicado. Lo cierto es que la entrega número 50 fue la de la semana pasada, algo de lo que el torpe editor de la cuestión no se llegó a percatar porque se equivocó al contar las entregas previas. Penoso. Así pues, quedaba anulada una de las posibilidades iniciales de colgar un (auto)comentario.

Pero reflexionando sobre el particular, he caído en la cuenta de que el año se cumple al cerrar un bloque de 52 semanas, o, si tenemos en cuenta que en marzo hubo un domingo sin sección, un bloque de 51 semanas. De esta manera, el comentario que se cuelgue (espero) en el momento en que se pueda decir que hace un año que se colgó el primero, será en realidad el comentario que abra el segundo año de la sección. No sé si me explico; más bien, me parece que no, pero es lo mismo: con este obtuso razonamiento justifico ante mí mismo (y espero que ante la Historia) la decisión de colgar el (autocomentario) este fin de semana, que es el que cierra el primer año, y no el próximo, en el que se abre el segundo. Claro como la luz del día.

Esta sección se debe en su origen a Oscar Martínez Azumendi, que no sólo la propuso sino que ideó su esquema y sus aspectos técnicos. En las primeras semanas hubo una serie de problemas de origen no precisable, que culminaron un infausto domingo al “entrar” en la lista una aburrida y agobiada conversación entre el propio Oscar y el editor que suscribe. Posteriormente los problemas han sido menores, pero de cuando en cuando la informática y blogger nos sorprenden con envíos retrasados o colgados en la web, por motivos desconocidos, en lugares difícilmente accesibles. Con todo, Oscar ha sido capaz de desfazer todos y cada uno de los entuertos. Enhorabuena y grasiah, maehtro.

En cuanto a su contenido, Psiquiatría Insólita se nutre fundamentalmente de la curiosa capacidad de su editor para detectar y fascinarse con cuestiones más o menos pintorescas o insólitas cada vez que cae en sus manos una revista o una web. Esta facultad, he de reconocerlo, me ha convertido en un almacén de datos banales, inútiles y prescindibles; en un archivo de majaderías pseudocientíficas y memeces pretenciosas; en definitiva, ha hecho de mi trabajada psique un catálogo de hallazgos estúpidos, chocantes y a veces incluso chistosos. En otras palabras, ha atomizado y parcelizado mi mente, anulando la capacidad de sintetizar los conocimientos, incluso cuando son útiles; evidentemente, en algo lamentable, que en su momento fue objeto del interés y atención casi diría que clínica de uno de mis exjefes. No obstante, abrigo la esperanza de que esta peculiar característica sea a la larga una habilidad adaptativa en esta época en la que se llevan tanto los exámenes test con preguntas rebuscadas, absurdas y a su manera insólitas.

También se ha nutrido de material recogido con Pablo Malo y Jose Uriarte para las Selecciones de la prestigiosa revista científica The Txori-Herri Medical Journal, parte del cual se publicó en su momento. De vez en cuando se ha utilizado alguna referencia ya comentada en las Selecciones. Esta práctica de reciclado de material insólito, que demuestra a las claras la falta de rigor del editor, no sólo es inapropiada, criticable y deleznable, sino que con toda seguridad se repetirá en el futuro.

Una mención aparte merecen los abundantes fallos tipográficos, que demuestran el estilo garrazas del editor. No son menos notables las antxoas sintácticas, que evidencian, en primer lugar, que el editor deja por todas partes rastros de los sucesivos cambios estilísticos. En segundo lugar, son un ilustrativo ejemplo de ese extendido trastorno perceptivo, próximo según algunos autores a las alucinaciones negativas, que consiste en que al revisar lo escrito no se lee lo realmente plasmado en el papel o en el ordenador, sino aquello que se quería escribir.

Como es un poco complicado orientarse en las entregas previas, y a la espera de otro analítico y más manejable, se ha elaborado un índice cronológico que incluimos a continuación. En word estaba en forma de tabla y quedaba muy majo, pero al pasarlo a blogger se ha perdido ese formato y ha habido que reeditarlo. Esperemos, con todo, en que quede presentable.


INDICE CRONOLOGICO DE PSIQUIATRIA INSOLITA
1. Psicocirugía genital. 8.11.03
2. Lo que se pierde Ud por no ser fumador. 16.11.03
3. Contrastar hipótesis. 23.11.03
4. Efectos Colaterales y Ecologia. 30.11.03
5. Teorías Perecederas. 7.12.03
6. Seis novias (hipótesis) para un síndrome. 14.12.03
7. Nominados al DSM. 21.12.03
8. Nominados al DSM: 1. Paruresis. 27.12.03
9. Nominados al DSM: 2. Rinotiloexomanía (Primera parte). 4.1.04
10. Nominados al DSM: Rinotiloexomania (y 2). 11.1.04
11. Chicle. 19.1.04
12. Genio y enfermedad mental. 25.1.04
13. Realidad Insólita. 1.2.04
14. Nominados al DSM: 3. Adicciones variadas: 1. Amor, amor, mi amor. 8.2.04
15. Psicopatología Recreativa (1). 15.2.04
16. Psicopatología recreativa: 2. Beatrix Potter, con una pequeña disgresión sobre traducciones científicas.
22.2.04
17. Psicopatología Recreativa: 3. El trasunto psiquiátrico del Bosque de los 100 Acres. 29.2.04
18. Izquierdas y derechas (1): Levoacunadoras, detxtroemocionales y dextroacostadores. 7.3.04
19. Teléfonos y salud. 21.3.04
20. Mens sana in corpore sano, canoro et amico. 28.3.04
21. Calendario (Part one). 4.4.04
22. Calendario: 2. Luna, lunera cascabelera. 11.4.04
23. Calendario: 3. Zodiaco. 18.4.04
24. Calendario (y 4): Los días. 25.4.04
25. El segundo mejor amigo de las chicas. 2.5.04
26. Nominados al DSM: 4. Adicción al chocolate. 9.5.04
27. Vade Retro chocolate. 16.5.04
28. ¿Es el chocolate es bueno para la salud? 23.5.04
29. Vida es fútbol. 30.5.04
30. Sobre selecciones y sanidad. 6.6.04
31. Las edades del fútbol. 13.6.04
32. Fútbol y Salud (1). 20.6.04
33. Fútbol y Salud (y 2). 27.6.04
34. Nominados al DSM - V: 5.- Compradores compulsivos. 4.7.04
35. Izquierdas y derechas (2): Amor y música. 11.7.04
36. Izquierdas y derechas (3): La política. 18.7.04
37. Izquierdas y derechas (y 4): Los zurdos. 25.7.04
38. Nominados al DSM: 6. Veisalgia. 1.8.04
39. Psicoboticas: 1. Serendipia. 8.8.04
40. Psicoboticas (2): El prodigioso litio. 15.8.04
41. Breve paréntesis: Disney y la enfermedad mental. 22.8.04
42. Psicoboticas (3): A la búsqueda de un nombre. 29.8.04
43. Revisión. 5.9.04
44. Psicoboticas (4): Olvidada reserpina. 12.9.04
45. Psicoboticas (5: Haloperidol. 18.9.04
46. Psicoboticas (6): ¿Viejas? historias. 26.9.04
47. Nominados al DSM: A la rica fobia. 3.10.04
48. Cronotipos. 10.10.04
49. Celebridades. 17.10.04
50. Celebridades (2). 23.10.04

posted by Juan  # 8:27 AM

23.10.04

Celebridades (2) 

Comentábamos la pasada semana la fascinación que ejercen los individuos notables, y su justificación ontológica y filogenética. Hoy analizaremos dos curiosos trabajos (y uno diría que un pelín guasones) acerca de la relevancia sanitaria de las celebridades.

El primero de los trabajos se refiere al archiconocido subgrupo de famosos que integran los actores y actrices ganadores de un Oscar. En 2001, DA Redelmeier y SM Singh publicaron en una revista tan seria y prestigiosa como los Annals of Internal Medicine una de esas aportaciones epidemiológicas que le dejan a uno la duda de si los practicantes de esta disciplina tienen una excelsa visión de la realidad o si por el contrario son una colección de vacilones. En este caso, los autores se entretuvieron analizando la expectativa de vida de los actores y actrices premiados con un oscar tomando como grupo control a colegas de características sociodemográficas similares que habían participado en las películas por las que los sujetos a estudio obtuvieron la estatuilla. Su investigación, que marca sin duda un antes y un después en la Historia (así: con mayúsculas) de la Ciencia y del humano afán de conocimiento, concluía que ganar un oscar en la categoría de actor o actriz da al premiado cuatro años más de vida que a los actores no premiados, lo que podría haberse intuido si se hubiera hecho estudios previos con conejos, cuya longevidad es por lo general mucho menor que la del único conejo ganador de un Oscar, que lleva más de cincuenta años en el negocio.

Los mencionados autores y el propio dr Fitzpatrick, autor de la editorial acompañante, no aciertan a encontrar una explicación plausible para tan trascendental hallazgo. El sistema de selección de los controles excluye que se haya producido el error de comparar personas de extracto social diferente o que hayan vivido en épocas con un nivel sociosanitario global distinto. Y la longevidad de los oscarizados resulta aún más sorprendente si tenemos en cuenta que no son precisamente personas que se cuiden o que se caractericen por una vida sana y ordenada, antes bien sus vidas están presididas por el desenfreno, el estrés, las drogas, los estilos de vida no saludables, en definitiva (no quisiera señalar, pero… ¡muchos de ellos incluso son fumadores!). En otras profesiones, como los directivos de empresas, el aumento de la supervivencia asociado al éxito profesional se atribuía clásicamente al mayor estatus económico que obtenían los sujetos afortunados en los negocios (y a los sinsabores que en este terreno depara el fracaso profesional a los menos afortunados). Sin embargo, puesto que la metodología del estudio que describimos excluye estos factores confusionantes, habría que concluir que el éxito per se prolonga la vida. Los autores profundizarían más adelante en su estudio epidemiológico – cinematográfico, estudiando los efectos de ganar el oscar en guionistas de cine. En este caso, el galardón se asociaba a una menor supervivencia, lo que echaba por tierra la hipótesis de que el éxito da vida. Por cierto: la investigación en guionistas se publicó en un número navideño – desenfadado del BMJ que probablemente era también el marco más adecuado para el estudio en actores y actrices.

El segundo trabajo se refiere a las incomodidades que entraña para los trabajadores sanitarios el atender a personas relevantes y famosas. Se trata de un artículo publicado en 2002 que, al parecer, intenta complementar la amplia bibliografía ya existente acerca de los pacientes “difíciles” (generalmente portadores de trastornos de la personalidad) y su tortuosa relación con los médicos. En este caso los enfermos “difíciles” no se caracterizan (o no sólo se caracterizan) por ser diagnosticables de alguna psicopatía, sino por su relevancia social. Por lo que nos cuentan el dr Groves y sus colegas, parece que cuando alguien importante o especial ingresa en un hospital el personal asistencial empieza a tener una serie de problemas lo suficientemente notables como para merecer un artículo científico que se remata con una serie de recomendaciones para ayudar a los sanitarios a relacionarse con estos “pacientes especiales” sin perder la confidencialidad, la objetividad o los nervios.

Los autores distinguen tres variedades de personas relevantes. La primera es la de las celebridades (“celebrity patients”), categoría que podríamos traducir por famosos (en el sentido más amplio y menos peyorativo del término). Estos pacientes atraen el interés de los medios de comunicación, con lo que se pone en riesgo la confidencialidad y se llega a resentir la intimidad de los propios sanitarios que los atienden. Los segundos son los VIPs, personas de prestigio o influencia en su campo de trabajo o actuación, como por ejemplo un médico especialista de renombre. En estos casos, se nos explica, el médico tratante corre el riesgo de ceder los trastos al enfermo – médico, perdiendo por completo la objetividad. La última categoría es la de los “potentados” (“potentates”) que engloba a sujetos más o menos narcisistas que se consideran extraordinariamente importantes en relación con su mérito real y/o con su relevancia pública o social. Los autores nos ilustran con el caso de una princesa procedente de un emirato petrolero, francamente petarda y exigente que pone de los nervios a todo el personal asistencial. Aunque no veo mucho la tele, tengo la impresión de que algunos famosos de televisivos última generación pertenecen a este grupo.

Permítaseme que me detenga en algunos aspectos del grupo de las celebridades que me han llamado la atención, tal vez porque a fuerza de ejercer la profesión a bastantes kilómetros de Hollywood nunca había reflexionado sobre estas cuestiones. Según el artículo, la categoría de las celebridades puede dividirse en una rica gama de subespecies, entre las que encontramos no sólo a cantantes, deportistas o actores de fama, sino también a políticos, mega – ricos (sic), criminales famosos, agentes del KGB (en serio), miembros de la realeza y cortesanos hasta el rango de duque o incluso “jeques, emires y similares”. Lo peor de atender a esta gente, además de mantener la confidencialidad y protegerles del acoso de los chicos de la prensa, es manejarse con todo el séquito que los acompaña al hospital, que según el dr Groves y asociados se compone, entre otros, por acupuntores, abogados, guardaespaldas, mayordomos, amigos, esposas, hijos, hijastros, masajistas, parejas, amantes, mascotas ("en especial perros"), traductores, enfermeras personales, peluqueros y “otras personas significativas”. Ciertamente tiene que ser un follón impresionante manejar tamaña corte y organizar los turnos de visita. Y menos mal que los autores no han tenido como referencia el derogado artículo 10.5 de la Ley General de Sanidad, que imponía que había que dar información completa y continuada, verbal y escrita, a pacientes y allegados, porque de haber sido así se habrían pasado el día conversando con el famoso y con todos los allegados descritos (bueno, cabe la posibilidad de que pudieran eludir informar al perro sin temor a ser denunciados por no seguir la norma).


Fuentes:
Fitzpatrick R. Social Status and Mortality. Ann Intern Med 2001;134: 1001-1003 [Texto completo en pdf].

Groves JE, Dunderdale BA, Stern TA. Celebrity Patients, VIPs, and Potentates.Prim Care Companion J Clin Psychiatry 2002; 4: 215-223 [Texto completo en pdf]

Redelmeier DA, Singh SM. Association between mortality and occupation among movie directors and actors. Survival in Academy Award-winning actors and actresses.Ann Intern Med 2001;134: 955-62 [Texto completo en pdf].

Redelmeier DA, Singh SM. Longevity of screenwriters who win an academy award: longitudinal study. BMJ 2001; 323: 1491-6 [Texto completo en pdf].

posted by Juan  # 10:04 PM

17.10.04

Celebridades (1) 

Llamaremos celebridades a algunas personas que ejercen una poderosa atracción sobre sus congéneres. Suelen ser, por lo general, figuras públicas a las que se supone algún mérito especial, lo que en nuestros días nos remite a artistas, actores, cantantes, deportistas y otros gremios y castas cuyos integrantes reciben la admiración de la población.

Tenemos noticia de ciudadanos admirados en la antigua Grecia, en Roma... En cambio, el oscurantismo medieval parece haber difuminado la relevancia pública de las celebridades, o al menos uno se siente tentado de creerlo así al comprobar que las referencias históricas a figuras artísticas o incluso guerreras de aquella época que han llegado a nuestros días son mínimas. Con el Renacimiento, el gusto por la cultura y el arte y el reconocimiento del individuo reemergió la admiración por personas determinadas, potente y vigorosa en nuestros días.

Cabe preguntarse si esta atracción por personas, personajes y personajillos es exclusiva de nuestra cultura. Aunque es cierto que en Occidente puede ser especialmente intensa, la experiencia tras desplome y progresiva asimilación sociocultural del antiguo bloque comunista sugiere la universalidad del fenómeno. Hoy en día, en la Europa Oriental, en China, en Vietnam, la admiración del vulgo por artistas, deportistas y demás celebridades no difiere mucho en nuestros días de la que pueda apreciarse en Europa Occidental o en los EEUU. Y posiblemente para explicar que el fenómeno sea desconocido o menos notorio en los países islámicos más teocráticos no haya que invocar a circunstancias de la cultura occidental, sino a las características de esas sociedades donde no aflora.

La aparente universalidad de la sumisión a las celebridades ha suscitado el interés de la Psicología Evolucionaria, una de las variantes de la aplicación del pensamiento darwinista a las Ciencias de la Conducta. Según esta corriente, en los últimos 10.000 años, una mínima parte de la existencia de la especie sobre la Tierra, el ser humano ha experimentado un desarrollo social y cultural impresionante, sin que su sustrato neuropsicológico (a grandes rasgos, el cerebro humano) se haya modificado en igual medida. Por lo tanto, puede decirse que a pesar de nuestra avanzadísima posición en otros órdenes, nuestro cerebro y nuestra conducta están adaptados al hostil entorno prehistórico tardío del Pleistoceno, en el que para sobrevivir había que ser resuelto, enérgico y agresivo. La disociación entre la cultura y el anclaje neurobiológico serviría para explicar, por ejemplo, que seres refinados e ilustrados como nosotros seamos al mismo tiempo tan bestias, crueles y desalmados. En otras palabras, la hipótesis armonizaría lo mejor y lo peor del ser humano.

Pues bien: desde ese paradigma se ha propuesto que la seducción que ejercen las celebridades sobre la masa puede explicarse por la tendencia que nuestros remotos antepasados tenían a seguir a las personas de prestigio y éxito, básicamente para ver cómo conseguían sobrevivir en el desfavorable medio prehistórico. Es decir: cuando un individuo estaba bien nutrido, tenía éxito sexual y reproductivo y había llegado a una edad avanzada, adquiría prestigio ante sus congéneres, que intentaban aprender sus estrategias. Trastocando un dicho popular, diremos que la gente iba donde iba Vicente el prestigioso. En nuestros días el mérito no tiene tanto que ver, al parecer, con la mera subsistencia, así que los individuos a seguir y admirar son las celebridades artísticas, culturales y sociales. O quienes reúnen en su persona diferentes dimensiones admirables, como sucede en el caso de un ciudadano británico al que me referiré más adelante, famoso por sus habilidades futbolísticas y su glamour.

Pero aun aceptando que la fascinación por celebridades sea heredera de la admiración de nuestros ancestros pleistocénicos por sus compañeros exitosos, nos podemos preguntar si el fenómeno sigue teniendo sentido en nuestros días. El poderoso influjo de las opiniones de las celebridades, sobradamente demostrado por la influencia que se supone al posicionamiento de celebridades a favor o en contra de determinadas causas más o menos nobles, sugiere hay una dimensión social muy importante. A su vez, los faros de nuestra cultura obtendrán algún beneficio, aunque sea meramente narcisístico, de su estatus y de la trascendencia que se atribuye a las conductas y opiniones de ciudadanos que en no pocas ocasiones son bastante majaderillos.

¿Y qué pasa con los abducidos por el atractivo de las celebridades? ¿Su fascinación les resulta ventajosa o desventajosa? En este punto son de interés los trabajos, solo o en compañía de otros, del psicólogo británico John Maltby, que nos permiten concluir que la atracción extrema es desadaptativa, no sólo para la celebridad (recuérdense los casos de acoso que han sufrido no pocas estrellas) sino para el propio admirador, cuyos esquemas cognitivos se acercan a los de la erotomanía. Sin embargo, si su intensidad es adecuada, el fenómeno puede ser ventajoso para los individuos fascinados, como se desprende de un reciente trabajo del citado autor que revela que los adolescentes enganchados a celebridades (los “fans”, en pocas palabras) tienen una gran estabilidad emocional y son populares entre sus amigos. Parece que al menos en parte su popularidad se debe a que gracias a su seguimiento de figuras y figurones adquieren unos conocimientos que les facilitan el intercambio, algo muy importante a una edad y en unos grupos sociales en los que hablar de los artistas o cantantes favoritos ocupa gran parte de la conversación entre los individuos.

En resumen; que todos compartimos un interés general en las celebridades, derivado, según la Psicología Evolucionaria, de lo que hace poco tiempo en términos de la historia de nuestra especie representaba una conducta adaptativa. También parece que profundizar en el conocimiento de esta gente hace populares y queridos a los adolescentes. Para la particular querencia de los adolescentes por los famosos, Maltby ofrece una explicación no ya desde la Psicología Evolucionaria, sino desde la Evolutiva. A esas edades, los humanos se distancian de los padres y transfieren el apego a figuras y figurones a los que otorgan el estatus heroico y la infalibilidad previamente atribuidas a los progenitores. Además, hablar de los famosos refuerza los lazos con el grupo de pares (amigos), tan relevante en la maduración sana o insana de los adolescentes. Parece, pues, que la precoz querencia de mi hija sieteañera por Beckham no es sólo una manifestación de rebeldía contra un padre omnipotente y del Athletic, sino que denota que se está produciendo ya un alejamiento afectivo y una devaluación de mi imagen. Si es que no somos nada, pero nada de nada...


Fuentes
Giles DC, Maltby J. The role of media figures in adolescent development: relations between autonomy, attachment, and interest in celebrities. Pers Individ Dif 2004; 36: 813-822 [Abstract]

Henrich J, Gil-White FJ. The evolution of prestige: freely conferred deference as a mechanism for enhancing the benefits of cultural transmission. Evol Hum Behav 2001; 22: 165-196 [Texto completo].

McCutcheon LE, Ashe DD, Houran J, Maltby J. A cognitive profile of individuals who tend to worship celebrities. J Psychol. 2003; 137: 309-22 [Abstract].



posted by Juan  # 10:12 AM

10.10.04

48.- Cronotipos 

Las posibilidades de catalogar a los seres humanos en categorías dicotómicas para encontrar a continuación diferencias radicales entre las clases resultantes son infinitas. La más obvia clasificación es la de los humanos hombres y mujeres, y la consiguiente enumeración de los rasgos que los diferencian. Algunas de ellas, desde luego, pueden ser objetivas; otras, no tanto, y no faltan las que simplemente reflejan una marcada tendenciosidad en el estudioso (Remitimos al respecto a la clásica revisión del Profesor Esculapio sobre la superioridad del hombre sobre la mujer).

Pero como el lector sabe, hay a nuestro alcance muchas otras divisiones que pueden dar pie a señalar diferencias más o menos tendenciosas: jóvenes vs viejos, blancos / caucasianos vs negros / subsaharianos, judíos vs gentiles, fieles vs infieles, yankees vs sudistas, ricos vs pobres, derechas vs izquierdas, diestros vs zurdos, grecochipriotas v turcochipriotas, bizkainos vs guipuzcoanos, madridistas vs colchoneros, etc, etc, etc.

Viene esto a cuento porque deseamos comentar una interesante categorización de los seres humanos que posiblemente no es demasiado conocida por nuestros lectores: se trata de la división de los seres humanos por su estilo cronotípico, preferencia circadiana o, en otras palabras, su sesgo matutino o vespertino a la hora de llevar a cabo todo tipo de actividades. La variabilidad rítmica de los seres humanos permite así hablar de sujetos matutinos (también llamados alondras) que concentran su actividad en las primeras horas del día y de personas vespertinas (denominadas asimismo búhos) que tienden a realizar sus actividades al final de la jornada. La taxonomía resultaría incompleta si no incluimos a los indiferenciados o intermedios, que no tienen una polaridad circadiana definida y a los la bibliografía no identifica con ninguna especie de ave en particular (lamentablemente, mis más que exiguos conocimientos ornitológicos no me permiten proponer ninguna alternativa).

La Ciencia que estudia éste y otros aspectos de la conducta humana relacionada con el tiempo cronológico (alguno de ellos ya abordados en esta sección) recibe el nombre de Psicocronobiología y se apoya en instrumentos neurofisiológicos y en diversas escalas, con nombres tan descriptivos como la Escala Compuesta de Matutinidad (CMS), el Cuestionario de Matutinidad – Vespertinidad (MEQ), el Diario del Ritmo Social (SRM) y otros aparejos. Desde lo fisiológico se ha comprobado que ciertos parámetros biológicos diferencian claramente a alondras y búhos; así, como la secreción de hormonas o los picos térmicos corporales, que se producen en los matutinos a una hora más temprana que en los vespertinos. Hay también una abundante bibliografía a disposición de los lectores interesados en esta cuestión; de ella, por cuestiones de accesibilidad idiomática y geográfica, merece la pena destacar un artículo de Díaz y Aparicio publicado en Anales de Psicología, que aporta una interesante revisión de la cuestión y los resultados de un estudio propio. Como resumen puede decirse que las alondras tienden a obtener información del entorno a partir de fuentes concretas y a través de la experiencia directa (sensación), y lo asimilan a esquemas de comportamiento previo. Asimismo, elaboran la información mediante esquemas de conocimiento novedosos u originales, adoptando un punto de vista creativo (innovación). En otros términos, las matutinas alondras se caracterizan por un estilo cognitivo que podríamos llamar conservador, mientras que los vespertinos búhos son más innovadores y originales.

Todos estos hallazgos pueden rebatirse con argumentos variados. En primer lugar, alguno de los trabajos no especifica la proporción de hombres y mujeres en sus “sujetos” (habitualmente, sufridos universitarios que no pueden negarse a ser “voluntarios” en los trabajos de investigación de sus profesores). Y esto tiene su importancia, ya que a la edad en la que los sufridos investigados son “reclutados” y por su condición de estudiantes existe una marcada diferencia entre sexos (perdón: géneros), como lo tozudamente demuestran las estadísticas que comparan los resultados académicos de hombres y mujeres. Así, desde un punto de vista sólo discretamente misógino el estilo matutino, con los pies en el suelo, parece más pragmático y por lo tanto femenino, mientras que el vespertino, con un cierto toque julay, podría responder más a las peculiaridades masculinas. Puede también argumentarse que este rasgo circadiano es una adaptación o una consecuencia de los horarios a los que el sujeto debe realizar sus actividades. En otras palabras, la obligación de trabajar en turnos de mañana podría inducir, forzar o hacer necesaria una polaridad matutina, mientras que quien no tenga que levantarse pronto podría ser más fácilmente vespertino. Una persona con un estilo búho no tendría más remedio que convertirse en alondra si sus horarios o sus circunstancias personales lo hacen necesario (y doy fe de que en algunos sujetos como yo mismo se ha dado el caso). De esta manera, los picos térmicos u hormonales adelantados podrían ser una mera adaptación al ritmo horario fijado por circunstancias (laborales) externas al sujeto. Por último, también podría proponerse un sesgo en función de la edad, en la medida que el rasgo alondra, correlacionado con el estilo cognitivo conservador supuestamente seleccionado y favorecido por el paso de los años, puede aparecer en individuos de mayor edad, mientras que el búho parece más relacionado con una forma juvenil de andar por el mundo. Por lo tanto, incluso en las muestras de sufridos universitarios, se debería estudiar si no es la edad lo que en definitiva diferencia el tipo matutino y el vespertino.

Pues bien, queridos escépticos, argumentos hay para sostener la fiabilidad de la división entre búhos y alondras. Para empezar, en esta época en la que cualquier abordaje científico o así del ser humano no será considerado serio si no contiene alguna referencia genómica, se ha podido determinar que la polaridad circadiana responde a condicionantes genéticos. Los estudios que separan los resultados en función del sexo (perdón: género) no muestran que el diferente estilo cognitivo tenga que ver con esta variable. Y lo que es más: hay indicios de que ser alondra o búho se puede relacionar con el ritmo más amplio de lo circanual, ya que (al menos en el hemisferio norte) nacen más alondras en la segunda mitad del año, con un máximo en diciembre – enero, mientras que los nacimientos de búhos tienen lugar preferentemente en la primera mitad, alcanzando las cotas más altas en junio – julio. Hará falta que en Australia, Nueva Zelanda o Patagonia se anime alguien a comprobar si por esos pagos resulta que los búhos nacen en la segunda mitad del año y las alondras en la primera.

Para terminar, cabe preguntarse por la dimensión práctica de todos estos hallazgos. ¿Existe, podemos preguntarnos, la posibilidad de que veamos algún día una Psicocronobiología Aplicada? Sus estudiosos creen que sí, y aseguran que sus trabajos pueden ser de gran utilidad para la Medicina y Psicología laboral. Llevados por la corriente de pensamiento hiperoptimista que sostiene que el avance de la Ciencia y del Conocimiento nos hará a todos más felices, puede soñarse así con un escenario ideal en el que los psicólogos de empresa puedan, previo estudio con el MEQ, el CSM o el SRM, separar a alondras de los búhos para dirigir a los primeros a los turnos de mañana y a los segundos a los de tarde. La productividad de la empresa y la satisfacción del trabajador (los llamados ahora “personas” en las encuestas al efecto que me remite Osakidetza) se dispararán hasta cotas impensables en estos momentos. Y por supuesto estos hallazgos permitirán un mobbing con fundamento científico. ¿Qué mejor manera de abrir la puerta de la empresa a un búho que ponerle a trabajar a partir de las 6 de la mañana? ¿Habrá una mejor manera de persuadir a una alondra para que se vaya que ponerle a trabajar de noche? Con el avance de la Ciencia, visto está, todos seremos felices y comeremos perdices... con independencia de la especie de ave a la que según criterios psicocronológicos pertenezcamos.



Fuentes:

Díaz Morales JF, Aparicio García M. Relaciones entre matutinidad - vespertinidad y estilos de personalidad. An Psicología 2003; 19: 247-256 [Texto completo en pdf]

Natale V, Adan A, Chotai J. Further results on the association between morningness-eveningness preference and the season of birth in human adults. Neuropsychobiology 2002; 46: 209-14 [Abstract]



posted by Juan  # 10:15 AM

3.10.04

47.- Nominados al DSM: A la rica fobia  

Retomamos con ímpetu nuestra sección de candidatos a nuevas ediciones del DSM con el intento de reparar el injusto ninguneo al que la APA y los adeptos a su sistema nosológico someten a las llamadas fobias específicas. No es ya que el DSM-IV sólo les dedique un único apartado (F40.2), sino que además despacha su rica variedad en cinco subgrupos (tipo animal, tipo ambiental, tipo sangre-inyecciones-daño, tipo situacional y “otros tipos”). ¡Qué contraste con la pormenorizada descripción que puede encontrarse en enciclopedias y en alguna página web! ¡Qué ocasión han dejado correr los nosólogos de la APA para ensanchar el campo de la Psiquiatría y –de paso- el de los afectados por trastornos psiquiátricos!

Porque las fobias son ubicuas. Sin llegar al extremo indudablemente patológico de la panofobia, ¿quién no tiene algún miedo secreto, inconfesable, capaz de suscitar en su psique un temor acusado y persistente y en su soma todo tipo de reacciones vegetativas de estrés condensado y depurado? Tomemos por ejemplo, las fobias a animales. Conozco entre la población aún no diagnosticada (¡imperdonable desidia!) zoofóbicos diversos, y no todos ellos son agrizoofóbicos. Alterno así con más cinofóbicos que alectorofóbicos, mientras que apifóbicos (también llamados melisofóbicos) y elurofóbicos andan a la par. Eso sí: he de reconocer que no he tenido noticia de equinofóbicos a excepción salvo Juanito el freudiano. De lo que estoy seguro es de que la nisatofobia (no confundir con musofobia) no sólo afectó a otro caso célebre de don Segismundo, al que habitualmente se describe como una persona con un problema obsesivo, sino que aflige a amplias capas de la población. La literatura nos ofrece interesantes ejemplos, como Winston, el protagonista de 1984, que termina renunciando a sus principios y al amor que sostiene su disidencia y su oposición al Gran Hermano al verse expuesto a un montón de roedoras innobles. Y si alguien está interesado en desarrollar esta fobia, que lea “Las ratas del Cementerio”, de Henry Kuttner, lo que le permitirá, con un poco de suerte, convertirse también en un tafefóbico o placofóbico.

La familia no siempre protege de los temores, como lo demuestra la singenesofobia o la extendidísima penterofobia. Y en ese terreno que a algunos vuelve ereutrofóbicos son abundantes los ciudadanos afligidos que hasta ahora han sido no atrapados en (perdón, quería decir atendidos por) la red asistencial de salud mental. Efectivamente, a pesar de que pocos caballeros se reconocerán venustrafóbicos, seguro que en el vecindario del lector hay algún hedonofóbico y no faltará quien por ese u otro motivo tiene un componente erotofóbico o gimnofóbico. Sospecho también que es más prevalente la medomalacufobia que la medortofobia. A pesar de los esfuerzos del ayuntamiento de Barcelona seguro que hay más dishabiliofóbicos que vestifóbicos y posiblemente, los tanatofóbicos y los nosofóbicos (ya sean mono o pluripatopatofóbicos) son legión. Detrás de los consumidores de crecepelos se esconden muchos falacrofóbicos. Y no perdamos de vista el aspecto transcultural: En las culturas anglosajonas es prevalente la parascavedecatriafobia, en tanto que por estos pagos representa un mayor problema la tritidecatriafobia.

Así pues, es imperdonable el olvido de las fobias. En esta misma sección, nunca decidofóbica y en absoluto herisófoba, hemos querido reparar esta injusticia al reivindicar la paruresis, un fenómeno de clara raigambre fóbica. Pero en nuestra empresa justiciera, sin embargo, no caeremos en el error de exigir un a categoría diagnóstica para cada una de las múltiples variedades de fobia que pueden encontrarse en los listados a los que hacíamos referencia, y que hacen gala de un conocimiento de lenguas clásicas del que los baby-boomers de la Ley de Educación de 1970 carecemos y que nos vuelve –hay que reconocerlo- un poco helenologofóbicos e hipopotomonstrosesquipedaliofóbicos. Y no es por condicionantes grafofóbicos, ni mucho menos fronemofóbicos, sino porque consideramos que tamaña pormenorización restaría seriedad y trascendencia a nuestro empeño y su riqueza lexicológica sólo revestiría interés, probablemente, para los adictos a los crucigramas de Ocón de Oro (patología a la que esperamos dedicar atención en el futuro). Por lo tanto, convencidos que nuestros lectores no son epistemofóbicos, y puesto que no nos caracteriza la catagelofobia, defendemos la expansión de la sección de las fobias en ulteriores ediciones de los DSM.

Una precisión: no pretendemos individualizar síntomas. Es evidente que muchos temores fóbicos son sintomáticos de otros trastornos. Una bromidrosifobia puede ser sintomática de una depresión, de una psicosis (síndrome de referencia olfatorio) o constituirse en un trastorno monosintomático, sin pasar por alto que en algunas personas nos hallemos ante una consecuencia no psicopatológica de una ablutofobia. A su vez, en la inmensa mayoría de los casos, la sitofobia, la obesofobia o la pocrescofobia serán sintomáticas de trastornos de la conducta alimentaria. Otras veces, la terminología no es lo suficientemente precisa: ¿Qué es un amoxafóbico? Hay quien lo define como una persona con temor a conducir, mientras que otros amplían el concepto al temor a montar en coche. Y con el diccionario en mano no nos queda claro si a los motorfóbicos o los ocofóbicos, denominados también lacanofóbicos (ojo: no es que teman a nuestro simpático colega francés Santi Lacan), les aflige la perspectiva de viajar en coches o vehículos, o el riesgo de ser arrollados por los mismos.

Surge así la pregunta de cuál debe ser el criterio que nos guíe para determinar qué fobias merecen su inclusión en el DSM y cuáles no. No tenemos una respuesta válida con argumentos científicos, pero sí podemos proponer la estrategia más conveniente en nuestro tiempo, que es la mediática. Porque, al fin y al cabo, para que se reconozca la existencia de un problema es necesario insistir sobre su importancia y prevalencia en los medios de comunicación. Este es el mecanismo, probablemente, en virtud del cual cada día hay una mayor preocupación, real, excesiva o incluso ergofóbica, por el mobbing. También ayuda mucho que haya una botica que se postule como efectiva en la nueva indicación, ya que nuestra cultura no es nada farmacofóbica y nuestra profesión, se caracteriza por cualquier cosa menos por la neofarmacofobia. En este sentido confiamos en que los ISRS sean unos poderosos aliados en nuestra cruzada profobias.

Todo esto tiene que ver con una noticia que hemos leído, en el que al describirse el caso de un alumno de 2º de ESO que hace pensar en una ansiedad por separación [F93.0] pero que al decir del periodista los psiquiatras han descrito como una fobia al instituto. Es una situación grave y dolorosa para el afectado, que según explica su madre lleva años con este problema y presenta un lógico retraso escolar. Con el paso del tiempo, además, su situación, lejos de mejorar, se ha intensificado, con lo que a sus 14 años (y en un curso que se imparte en el instituto) la circunstancia espacio-temporal se impone y da pie al nuevo concepto de "fobia al instituto", que la reseña destaca en su titular. Es de desear que alguien sea capaz de ayudar a Daniel, porque sin duda le hace mucha falta.

Yendo más allá de este doloroso caso, las posibilidades que el nuevo concepto abre a la banalización de la Psiquiatría son inmensas. Olvidado Daniel, el salto de su triste historia a los medios de comunicación y sobre todo los honores de titular concedidos a la "fobia al instituto" permitirán que las familias de no pocos adolescentes y los propios interesados lleguen a la conclusión de que su desgana por los estudios es nada menos que un problema psicopatológico. De hecho, queda mejor decir “mi hijo tiene una fobia a los estudios / tiene fobia al instituto / tiene una liceofobia" que confesar “no le van los estudios” o concluir sin más que “es un vago”. En nuestra cruzada por acercar el diagnóstico psiquiátrico a toda la población debemos afrontar este caso con un ánimo diametralmente opuesto a la eufobia, porque nos permite pensar que tal vez a medio plazo podamos tener un trastorno más en el DSM. Gran avance para la Psiquiatría. Por cierto, que para cuando llegue el momento confío en que quede claro que el acuñador del nuevo término de liceofobia es un servidor, porque de lo contrario podría sentirme maltratado y en ruta hacia una rabdofobia. También he de reconocer (y de prepararme para los honores debidos cuando entren en el DSM) que los términos nisatofobia y tritidecatriafobia son creación propia con la asistencia de un diccionario online de griego. Espero que aunque la APA no me pague royalties, al menos me haga una rebaja al comprar el DSM-V, porque el precio del IV-TR me ha dejado helado.

Pequeño glosario indispensable para seguir esta entrega:
Ablutofobia: Miedo a lavarse o bañarse - Agrizoofobia: Miedo a los animales salvajes - Alectorofobia: Miedo a los pollos - Amoxafobia: Miedo a montar en un coche o miedo a conducir un coche - Apifobia: Miedo a las abejas - Bromidrosifobia: Miedo a desprender malos olores corporales - Catagelofobia: Miedo a ser ridiculizado - Cinofobia: Miedo a los perros - Decidofobia: Miedo a tomar decisiones - Dishabiliofobia: Miedo a quitarse la ropa - Elurofobia: Miedo a los gatos - Epistemofobia: Miedo al conocimiento - Equinofobia: Miedo a los caballos - Ereutrofobia: Miedo a la ruborización - Ergofobia: miedo al trabajo - Erotofobia: : Miedo al amante sexual o a las preguntas sexuales - Eufobia: miedo a las buenas noticias - Falacrofobia: Miedo a convertirse calvo - Farmacofobia: Miedo a drogas o medicamentos - Fronemofobia: Miedo al pensamiento - Gimnofobia: Miedo a la desnudez - Grafofobia: Miedo a la escritura - Hedonofobia: Miedo a al placer - Helenologofobia: Miedo a los términos griegos o de la terminología científica compleja - Herisofobia: Miedo a desafíos contra la doctrina oficial o a la desviación radical - Hipopotomonstrosesquipedaliofobia: Miedo a palabras largas - Lacanofobia: Miedo a los vehículos - Medomalacufobia: Miedo a perder una erección - Medortofobia: Miedo a un pene erguido - Melisofobia: Miedo a las abejas - Monopatofobia: Miedo a una enfermedad - Motorfobia: Miedo a los coches - Musofobia: Miedo a los ratones - Neofarmacofobia: Miedo a drogas o medicamentos nuevos - Nisatofobia: Miedo a las ratas - Nosofobia: Miedo a la enfermedad - Ocofobia: Miedo a los vehículos - Panofobia: Miedo a todo - Parascavedecatriafobia: Miedo a los viernes y trece - Penterafobia: Miedo a la suegra - Placofobia: Miedo a lápidas y tumbas - Pluripatofobia: Miedo a varias enfermedades - Pocrescofobia: Miedo a ganar peso - Rabdofobia: Miedo a ser seriamente castigado - Singenesofobia: Miedo a los parientes - Sitofobia: Miedo a comer - Surifobia: Miedo a los ratones - Tafefobia: Miedo a ser enterrado vivo - Tanatofobia: Miedo a la muerte - Tritidecatriafobia: Miedo a los martes y trece - Venustrafobia: Miedo a las mujeres hermosas - Vestifobia: Miedo a la ropa - Zoofobia: Miedo a los animales.

posted by Juan  # 1:12 PM


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