Interrumpimos la transmisión sobre psicoboticas para glosar una cuestión recientemente abordada en un
artículo publicado por el Canadian Journal of Psychiatry: la imagen de la enfermedad mental en las películas de Walt Disney (y sucesores). El tema parece rebuscado y seguramente lo es, pero cobra cierta razón de ser, en términos generales, por la actual preocupación por el freno que supone cara a la reinserción de los afectados el estigma asociado a la enfermedad mental. En términos más “particulares”, se inspira en un
estudio previo recogido en el British Journal of Psychiatry que analizaba las "referencias a de la enfermedad mental" en los programas infantiles de televisión.
Lawson y Fouts, autores del estudio canadiense y, respectivamente, estudiante y profesor de Psicología, visionaron (como en tono cursi se dice hoy en día) 34 largometrajes Disney de animación, resultado de eliminar los que no existieran en vídeo o DVD a la hora de llevar a cabo el estudio, los collages de cortos (por carecer de un hilo argumental definido) y los eran de contenido puramente divulgativo (como sucede en ciertos filmes realizados en los 40, auténticamente propagandísticos del turismo en Iberoamérica). Los resultados son impresionantes: las "referencias a la enfermedad mental" son mucho más abundantes en los filmes de Disney que en los programas de televisión analizados en el estudio previo. Aparecen en el 85% de las películas disneyianas (con un promedio de 4.6 referencias por film), muchas veces como mero insulto. Un poco más de la quinta parte de los personajes principales es descrito como enfermo mental, lo que según los casos equivale a excentricidad, peligrosidad, perversión, estupidez o pertenencia al estrato más bajo de la pirámide social (concretamente, según los autores, las hienas de “
El Rey León”). Con tan desoladores resultados los autores concluyen que estos filmes, de enorme difusión e influencia en el público infantil, dan a los futuros adultos una imagen peyorativa, estereotipada o simplemente divertida de la enfermedad mental.
Es pues un notable estudio que desvela la ligereza con que se habla o se describe a la enfermedad y a los enfermos, pero me permitiré hacer algunas puntualizaciones en mi condición, derivada del cumplimiento de mis obligaciones parentales, de experto (modestia aparte) en filmografía animada, y disneyiana en particular. En primer lugar, hay que aclarar que buena parte de esas “referencias a la enfermedad mental” no son consideraciones o descripciones clínicas, sino los epítetos loco, chiflado y similares, con los que se insulta a algunos personajes. En segundo lugar, este mal uso no es privativo de los filmes de Disney, sino que aparece en otras series (como indicaremos más adelante) y, ciertamente, en la vida real. En tercer lugar, al menos Bella y su padre Maurice, en “Bella y Bestia”, se ven ensalzados cuando sus patanes conciudadanos los tildan de chiflados por sus aficiones intelectuales. Dos detalles más sobre esta película: uno de los instigadores de esta idea es un villano llamado Lefou (detalle del que se podrían sacar chispas), y otro de los malos del film es un psiquiatra corrupto que acepta un soborno para ingresar a Maurice en un manicomio (como, que yo recuerde, es el único psiquiatra que aparece en las películas Disney, habrá que decir que el 100% de las referencias a psiquiatras es peyorativa). En cuarto lugar, en algunos casos Disney recoge historias preexistentes que ya contenían referencias desafortunadas a la enfermedad mental, por lo que sólo se le podría acusar de, precisamente, haber escogido estos argumentos. En “
Alicia en el País de las Maravillas”, que en mi experiencia de espectador es la película con más y peores contenidos “psiquiátricos”, la Liebre de Marzo, el Sombrerero Loco y el uso del término loco para insultar o menospreciar a los personajes están ya presentes en el alabado original de Lewis Carroll. También hay que decir que "
El Emperador y sus locuras", el único título en nuestro mercado remite directamente a la enfermedad mental, no se corresponde al de su versión original, por lo que habría que llamar la atención a los responsables de la versión en castellano (desconozco si ligados o no a la propia Disney). Por último, se echa en falta en el artículo de Lawon y Fouts alguna consideración sobre el alcoholismo, a pesar de la antológica borrachera de Dumbo y Timoteo (una escena que se dice fue diseñada por Dalí).
Otras series, como decía, utilizan con generosidad e irreflexión el término loco. Rememorando mis lecturas infantiles, “
Mortadelo y Filemón” o, por supuesto, “
El loco Carioco” son un claro ejemplo, pero no hay que olvidar a
Tintín. En “
Los Cigarros del Faraón” y “
El Loto Azul” se describe un veneno que los malos inoculan a diversos personajes para hacerles perder la razón. Los citados libros dibujan a los “locos” como personas incoherentes, infantilizadas o simplemente peligrosas; recordemos que uno de ellos está a punto de decapitar a Tintín, quien en otro momento se hace pasar exitosamente por loco desplegando toda una serie de conductas y comentarios inconexos y grotescos que tal vez fueran ideados por el guionista y dibujante para suscitar una carcajada en el lector. De paso, recordaremos que aquí también aparece un psiquiatra corrupto, miembro, además, de una banda internacional de traficantes de opio... Y si hablamos del alcoholismo, ¿qué decir de las borracheras del capitán Haddock, de resultados desastrosos y que verdaderamente le colocan en una posición denostable?
Tampoco debemos olvidar a
Astérix, con la sempiterna caracterización de los romanos como "
majaretas" y la descripción de los galos (por César o por ellos mismos) como locos. Aquí estar “loco” es tener unas costumbres distintas, o exhibir un conducta expansiva o simplemente no convencional; cuando unos u otros llaman al contrario loco lo que transmiten es su propia incapacidad para comprenderle. En “
La Gran Travesía”, tras explicar por gestos a los indios y a los vikingos que son galos, Obélix considera bien aprehendido el mensaje al ver a sus interlocutores hacer el inequívoco gesto de “
les falta un tornillo”; en la tripulación vikinga, por cierto, está enrolado el "loco"
Majareten. Recordemos también la mala bebida de Obélix y Abraracourcix en “
Los laureles del César”, álbum rico en referencias al abuso del alcohol, o el despreciable personaje alcohólico de “
El Regalo del César”.
Desgraciadamente, las “referencias a la enfermedad mental” en un tono desafortunado son ubicuas. Basta con repasar el lenguaje de nuestros políticos, las descripciones y metáforas de nuestras luminarias periodísticas, la manera en que se describe a los enfermos de nuestros medios de comunicación o incluso la publicidad (“¿Estás loco? Bebe X”, decía el eslogan de un refresco). Aunque es verdad que en las películas disneyianas se abusa del término loco como insulto y se da un retrato desfavorable o desajustado de la enfermedad y de los enfermos, el estudio de Lawson y Fouts no debe invitar a anatemizarlas ni darles más importancia de la que tienen. Ya hubo quien se la dio en el pasado, como el texto “
Para leer al Pato Donald”, auténtico fenómeno editorial cuando se publicó en Chile hace más de 30 años, que sugería que estas películas eran un medio propagandístico del
American Way of Life y por ende algo así como la quinta columna del imperialismo. Sin desdeñar la poderosísima influencia globalizadora del cine, la música o la moda norteamericana en el resto del mundo, el libro olvidaba en cierta medida que al margen del posible éxito comercial de su exportación las películas Disney están concebidas primariamente para el propio público y mercado estadounidense.
Pero si hemos de centrarnos en Disney, el futuro no es halagüeño. Las últimas películas de animación aumentan y corrigen los defectos de las estudiadas por Lawson y Fouts. Tal vez no sea ajeno a esta explosión el hecho de que en los últimos años las películas de animación no tiene como objetivo exclusivo el público infantil (“
La Edad de Hielo” y sobre todo “
Shrek” y su secuela son claros exponentes del interés de las productoras por el mercado adulto). Centrándonos en Disney, el protagonista de “
Hermano Oso” es descrito como loco e irreflexivo; en “
Nemo” el personaje de Dory trivializa el “trastorno de memoria a corto plazo” y el tiburón Bruce y sus amigos, el esquema terapéutico de Alcohólicos Anónimos, mientras que en “
Zafarrancho en el Rancho”, que se dice será el último largometraje por animación tradicional de Disney, el caballo Buck, al que las vacas califican repetidamente de loco, es diagnosticado por una de ellas de maniaco-depresivo. Pero a pesar de todo y puesto que el estigma es cotidiano, ubicuo, y generalizado, no será justo cargar las tintas en las producciones Disney.
Fuentes:
Lawson A, Fouts G. Mental illnessin Disney animated films. Can J Psychiatry 2004; 49: 310-314 [
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Wilson C, Nairn R, Coverdale J, Panapa A. How mental illness is portrayed in children's television. A prospective study. Br J Psychiatry 2000; 176: 440-443 [
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