Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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1.8.04

38.- Nominados al DSM: 6. Veisalgia 

Presentamos hoy un término que a buen seguro desconcertará a los latinistas y helenistas que habitualmente nos aventajan a todos a la hora de deducir el significado de los tecnicismos médicos y psiquiátricos. Tras el rebuscado nombre de veisalgia se esconde un fenómeno clínico extraordinariamente ubicuo en nuestra sociedad que, si atendemos a los doctores Wiese y asociados, autores de una seminal revisión sobre el problema, esconde un fenómeno de gravísimas consecuencias sanitarias y sociolaborales. Nos referimos a la humilde y ampliamente conocida -por experimentada- resaca o clavo consecutivo a intoxicación enólica.

El vocablo veisalgia, cuya autoría no nos queda clara, está construida con “algia”, del griego, cuyo significado no creemos necesario recordar, y –esto es para nota- "kveis", una palabra que nada menos que en noruego quiere decir algo así como “desasosiego tras la intemperancia y entrega a la sensualidad excesiva”; más castizamente podríamos decir que es el “malestar que te queda después de pasarte siete pueblos”. Nos hallamos, pues, ante un notable ejemplo de mestizaje etimológico (y antropológico) que aúna la idea griega de dolor y la vikinga de clavo en un palabro, propio de los crucigramas de Ocón de Oro, que designa un cuadro que, como nos recuerdan Wiese y sus colaboradores, es difícil de definir, aunque muy reconocible e identificable. La constelación sintomática de la veisalgia incluye cefalea, malestar general, diarrea, anorexia, naúseas y fatiga como elementos más notables, pero también puede observarse taquicardia, temblor, ortostatismo e incluso disminución del rendimiento cognitivo y de las habilidades visuoespaciales. Lo elusivo del concepto y la enorme carga subjetiva (sintomática) del mismo hace que los autores de la revisión opten por diagnosticar veisalgia siempre que después del consumo de alcohol y su metabolismo completo aparezcan menos dos de los primeros siete elementos reseñados, con una intensidad tal que afecte a la funcionalidad del individuo.

Y un apunte especial: la veisalgia es la principal repercusión sociolaboral del alcohol. Sus costes salariales y productivos son muy superiores a los del alcoholismo crónico, lo que teniendo en cuenta que el cuadro afecta sobre todo a bebedores ligeros y moderados nos lleva a concluir que desde el punto de vista estrictamente socioeconómico y laboral es mucho más dañina la embriaguez ocasional con clavo que la dependencia del alcohol. Y aún más: los fenómenos cognitivos y conductuales integrantes o derivados de la veisalgia tienen importantes implicaciones para el bienestar del individuo, ya que pueden limitar su capacidad de conducir vehículos o manejar maquinaria y modificar su estado de ánimo.

Nótese que una veisalgia propiamente dicha aparece una vez metabolizado el alcohol ingerido, por lo que no es un efecto directo de la intoxicación. Tampoco es, a pesar de que se ha definido así, una especie de fase precoz del síndrome de deprivación de alcohol, del que difiere en aspectos fenomenológicos, neurofisiológicos o bioquímicos. En realidad la vesalgia es algo así como el poso que dejan en el organismo bien el efecto del alcohol sobre los sistemas homeostáticos, bien sus metabolitos o bien sus acompañantes. Una de las acciones más notables del etanol es que potencia la diuresis a través de la reducción de la ADH; es este el motivo por el que cuanto más alcohol se bebe más se orina, incluso por encima de lo que cabría esperar en función del volumen ingerido. La consecuencia es que a mayor ingesta, menor concentración de ADH, mayor diuresis durante la libación, mayor deshidratación posterior y mayor intensidad del clavo. Otra hipótesis relaciona la veisalgia con acetaldehído, conocido metabolito intermedio del alcohol. Por último, hay que recordar que desde un punto de vista farmacológico las bebidas enólicas son elixires o soluciones alcohólicas en las que existen “añadidos” o “congéneres” que parecen tener mucho que ver en la fisiopatología del cuadro. De hecho, a igualdad cantidad de etanol ingerida, las bebidas “claras”, como el vodka, la ginebra o el ron blanco dejan menos clavo que las “oscuras”, como el brandy, el whisky o el vino, más ricos en “congéneres” o solutos añadidos.

Está por determinar el mecanismo exacto por el que se produce la veisalgia, pero se sospecha la participación de mecanismos inflamatorios y la implicación de las citokinas, algo que no debe extrañarnos por dos motivos: el primero es que tanto el etanol como sus “congéneres” son capaces de poner en marcha cascadas inflamatorias en las que participan estas simpáticas moléculas; el segundo, que los mecanismos inflamatorios y las citokinas están en estos momentos están absolutamente de moda.

El abordaje de la veisalgia tiene una doble vertiente. Por un lado, hay medidas que podríamos llamar higiénicas, como evitar un consumo excesivo de alcohol, nutrirse e hidratarse debidamente, dormir y evitar una actividad física excesiva (dicho sea de paso, una ingesta excesiva de bebidas “oscuras” a ritmo discotequero es garantía segura de clavo). Y en cuanto a las medidas farmacológicas se han ensayado varias, ya sea con carácter profiláctico o curativo y con éxito desigual. La modesta pero siempre eficaz piridoxina o vitamina B6 es útil si se toma antes, durante y después de la ingesta enólica. Los AINEs (con mención especial al ácido telfenámico) reducen la intensidad de la veisalgia, lo cual valida en cierto modo la teoría inflamatoria del cuadro. Mención especial merecen los remedios herbales y hortícolas, ampliamente divulgados en internet. La supuesta efectividad de uno de ellos, alcachofa y sus derivados, tendría que ver con su capacidad antioxidante; sin embargo, en un ensayo clínico aleatorizado no pudo demostrarse que redujera la intensidad de la resaca, lo que no debe extrañarnos mucho a la vista de que las teorías oxidativas están bajando enteros en el ranking de las hipótesis omniexplicativas. Más recientemente, el propio Wiese y colaboradores han publicado los resultados de un ensayo clínico realizado igualmente siguiendo los cánones de la ciencia más científica, en el que han podido comprobar que el extracto de chumbera (Opuntia ficus indica) reduce discreta pero notoriamente los síntomas de la veisalgia. A rebufo de la hipótesis estrella en estos momentos, los autores relacionan el efecto beneficioso del extracto con su capacidad moduladora de los mecanismos inflamatorios. Otra cuestión es que en el extracto de una planta existirá necesariamente un batiburrillo de moléculas cada una con su acción (no siempre beneficiosa), por lo que consumir la chumbera no es más que una forma de polifarmacia similar a la que unos médicos de verdad recomendaban para la veisalgia: piridoxina (como profiláctico) + clometiazol (para dormir) + piracetam (como detoxificante cerebral) + sulpiride (para el “barco”). Sin saberlo estaban haciendo ciencia.

¿Y por qué proponemos un cuadro tan recortado y tan “físico” para el DSM? En primer lugar, porque tiene un componente psiquiátrico innegable, que en formas extremas se articula en síntomas disociativos y en trastornos conductuales que por analogía con la borrachera patológica podríamos llamar “resaca patológica”. Los estudiosos del tema lo llaman Síndrome de Elpenor, en recuerdo a un compañero de Ulises que en una resaca murió al saltar confuso desde un tejado. En segundo lugar, porque el propio DSM – IV recoge como meritorio la abstinencia de cafeína, un cuadro con un componente físico que no desmerece el de la veisalgia. Y por último, y más trascendental, porque dada la elevada prevalencia del clavo tenemos ante nosotros la oportunidad de encajar por fin a casi toda la población en el grupo de los afectados por trastornos mentales y candidatos a disfrutar de la atención de la Psiquiatría y la Psicología. Y no debemos desaprovecharla.


Fuentes:
Pittler MH, White AR, Stevinson C, Ernst E. Effectiveness of artichoke extract in preventing
alcohol-induced hangovers: a randomized controlled trial. CMAJ2003;169(12):1269-73 [Texto completo]

Wiese J, McPherson S, Odden MC, Shlipak MG. Effect of Opuntia ficus indica on symptoms of the alcohol hangover. Arch Intern Med. 2004 Jun 28;164(12):1334-40 [Abstract].

Wiese JG, Shlipak MG, Browner WS. The alcohol hangover. Ann Intern Med 2000;132:897-902. [Texto completo]

posted by Juan  # 09:49


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