La más obvia consideración al hablar de la lateralidad es la mano dominante en cada sujeto. La mayor parte de la población (87%) es diestra, bien por tendencia natural, bien porque nacidos zurdos o zocatos fueron reeducados y reconvertidos en derecha – dominantes o cuando menos ambidiestros con procedimientos no siempre sofisticados. La reconversión forzada se debía a una serie de prejuicios que enlazaban con elementos siniestros y demoniacos. Pero como muchas veces ha sucedido en la historia de las humanas creencias, con el paso del tiempo el paradigma religioso o esotérico cedió paso al pseudocientífico, pero el prejuicio no era ya moral, sino que se escondía tras razonamientos sanitarios o relacionados con la salud. Así, se ha propuesto que ser zurdo
acorta la vida a través de, por ejemplo, alteraciones inmunológicas, o
mayor disposición a accidentes de tráfico. Incluso se ha apreciado ser zocato se asocia a un mayor riesgo de desarrollar
alergias variadas.
La hipótesis de la menor longevidad, que se basa en una menor presencia de zurdos en poblaciones de edad avanzada, ha sido rebatida desde diversos ángulos. Por ejemplo, se ha propuesto que dado que el mundo está diseñado para diestros (tijeras, herramientas, etc), los zurdos han de adaptarse a lo largo de la vida perdiendo su natural dominancia. También se ha sugerido que la proporción de zocatos entre los ancianos es menor porque en su juventud sufrieron una reconversión forzada que hoy ya no se da; en otras palabras, entre los jóvenes la mayor tolerancia a la dominancia izquierda preserva una tasa natural de zurdería que se perdió educacionalmente en las cohortes más ancianas. Una hipótesis sugestiva que desgraciadamente
no ha obtenido apoyo experimental.
Pero también hay que decir que con instrumentos ad hoc, como el
Inventario de Dominancia Manual de Edimburgo (que, por cierto, puedes pasarte si lo deseas), tampoco se ha podido confirmar que realmente haya una menor prevalencia de zurdería en los grupos de edad más avanzada, lo que
parece descartar que nacer zocato acarree una menor esperanza de vida.
Al margen de todo el perjuicio que desde el paradigma de la moral o el no menos rígido, exigente y sádico de la salud hayan soportado y soporten los zurdos, no debemos pasar por alto las ventajas que la sabia y siempre justa (en el crudo sentido evolutivo) Naturaleza les confiere. Básicamente se deben a la distinta distribución cerebral de las facultades y habilidades, que tiene a ser más dispersa (y por lo tanto, más resistente a las lesiones localizadas) en las personas con dominancia izquierda. De hecho, un estudio con RNM funcional encontró que
el lenguaje activa localizaciones atípicas en más del 20% de zurdos y ambidiestros, frente a menos del 5% de los diestros.
Además, de la misma manera que escuchar un chiste activa en especial en los diestros la región centroparietal derecha, el cerebro de los zurdos experimenta una activación más difusa y global, lo que viene a querer decir que
la dominancia manual izquierda supone la ventaja de que incluso tras una lesión cerebral exista una mayor capacidad de pillar los chistes. Y
las ventajas y peculiaridades neuropsicológicas de la zurdería se extienden a los familiares directos: como ya recogíamos hace un tiempo, la
sinistralidad familiar positiva (es decir: tener un zurdo en la familia) correlaciona con un mejor rendimiento en tests de memoria episódica y un peor funcionamiento en los de memoria implícita. La explicación, una vez más radica en el cerebro zurdo, que disfruta de un mayor grado de interacción hemisférica que se da también en los diestros de la familia.
Destacaremos para terminar que uno se hace diestro o zurdo en momentos muy precoces del desarrollo: ya para la décima semana de vida intrauterina se ha “elegido” la mano dominante. El marcador, en este caso, es el pulgar que chupetea el feto. Un
estudio reciente, dado a conocer este mismo mes, comunica los resultados del seguimiento tras el nacimiento de 75 fetos en los que se observó ecográficamente el dedo que se chupaban. A los 10-12 años de edad, la totalidad de los que chupaban intraútero el pulgar derecho se habían convertido en diestros, mientras que dos terceras partes de los que se chupaban el izquierdo se habían convertido en zurdos. Inversamente, puede decirse que ya a las 10 semanas de vida intrauterina la mayor parte de los fetos ya son diestros. Lo llamativo del asunto es que según este estudio la dominancia lateral aparece cuando el feto no ha desarrollado aún la corteza cerebral; de hecho, nos cuentan los investigadores, en los fetos anencefálicos se aprecia la misma proporción de diestros y zurdos de los fetos sanos. Así pues, la elección de pulgar a chupar (y la futura dominancia manual) no puede atribuirse a factores corticales y lógicamente no puede asociarse tan fácilmente, al menos ontogénicamente, el lenguaje con la dominancia manual.
A la vista de estos hallazgos, uno no puede por menos que felicitarse de que en los tiempos en que nacer zurdo era una señal pecaminosa no existieran las ecografías. Y también maravillarse por la rapidez con la que los investigadores se apresuran a aclarar que el hecho de que el feto se chupe el dedo o haya
elegido su futura mano dominante no implica madurez neurológica...
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