La derecha y la izquierda no son sólo maneras de organizar el espacio. Son también regiones de nuestro cerebro con funciones diferentes (y vinculaciones espaciales cruzadas) y además, y como todos sabemos, son también términos utilizados para describir y ubicar la tendencia de las personas y los grupos en el arco político. No es extraño que la Psiquiatría, eterna metomentodo en cuestiones sociales, haya dedicado interés a la Política, y tampoco debería extrañarnos que los políticos hayan utilizado y manoseado la Psiquiatría.
Con todo, la primera aportación que recogemos es bastante inocente, dentro de lo que cabe, e introduce una sutil maniobra exploratoria neurológica, que cobra especial interés ahora que nos acercamos a las elecciones eeuuenses. La sugerían hace diez años dos clínicos norteamericanos, Walker y Absher, a propósito de un paciente septuagenario de tendencias políticas muy de derechas, que a causa de un infarto subcortical desarrolló un hemibalismo derecho, junto con cambios de personalidad plasmados en una marcada inadecuación y desinhibición sexual. Los autores dieron el salto de suponer que las tendencias políticas tienen un correlato cerebral, de modo que a ser de derechas le correspondería una hipersensibilidad a la estimulación del hemisferio izquierdo. En base a esta audaz hipótesis, preguntaron a su paciente por su opinión acerca del Presidente Clinton (que, por lo que se ve, consideraban un "marcador" de izquierdismo) y encontraron que la pregunta disparó sus movimientos incontrolados en el hemicuerpo derecho (dependiente del hemisferio izquierdo). Verificaron el fenómeno por EMG en un trazado que adjuntan los autores, que concluyeron que el fenómeno (al que denominaban "
Hemi-bill-ismo" - “
Hemi-Gorea”, por Bill Clinton y Al Gore, respectivamente) demuestra que los infartos subcorticales, por mucho que alteren la personalidad del sujeto (con desinhibición sexual, en su caso), no modifican las convicciones políticas de los pacientes.
Pero los grandes estudiosos de la relación entre la Psiquiatría y
cualquier-cosa son los epidemiólogos, que han analizado relación entre la orientación política de los gobernantes y las tendencias suicidas de los gobernados. La palma se la lleva un artículo en el que se demostraba que a lo largo del siglo XX hubo
más suicidios en el estado de Nueva Gales del Sur y en general en todo Australia en las épocas en que gobernaba la derecha (los conservadores). Para explicar este fenómeno (especialmente intenso cuando coincidía en el poder la derecha a nivel autonómico y nacional), los autores recurren al seminal estudio de Durkheim y al concepto de anomia. La cuestión es si estos hallazgos son replicables. De hecho, la BBC publicó un artículo de resumen y comentario de los hallazgos australianos desde el que se puede acceder a las
estadísticas británicas, que a bote pronto no parecen concluyentes. De hecho, lo que parece claro es que ha habido más suicidios en las épocas de crisis económica, independientemente de quién haya ocupado el poder.
Otro trabajo, realizado en Austria parece demostrar no ya un efecto de la orientación del gobierno sobre el suicidio, sino más bien que
la tasa de suicidio puede provocar un voto de castigo al partido en el poder. Según este curioso estudio la tasa de suicidio en los años de la legislatura anterior se relacionaba con un viraje electoral hacia los partidos de la oposición. Los autores proponían que este hecho podría deberse a que el suicidio provoca que los allegados sufran un proceso de alienación social y política.
La tasa de suicidio se han considerado un marcador sociopolítico de interés en otros marcos geográficos e ideológicos. Así,
en la extinta Unión Soviética la política aperturista de Gorbachov se asoció a un descenso de los suicidios, que podía interpretarse como el efecto positivo de la llegada de una época esperanzadora desde el punto de vista de la participación ciudadana en la política, pero el advenimiento de don Mijail al poder también se acompañó de mayores restricciones al consumo y venta de alcohol, algo que tendría que ver con la reducción, dado que el alcoholismo es un conocido factor de riesgo de suicidio. Con todo, parece creíble que el acceso al sistema democrático y participativo reporte una mayor satisfacción (o más ganas de vivir) a los ciudadanos, aunque haya indicios de que
no en todas partes sucede así.
Y ya que mencionamos las elecciones, recogeremos un llamativo fenómeno que tiene lugar en Francia. Resulta que en ese país los presidentes entrantes tienen, desde 1958, la potestad de decretar al llegar al poder una amnistía para las infracciones de tráfico. Parece que a causa de esta prerrogativa, parece que los conductores franceses se toman las normas con especial ligereza en los meses previos a las elecciones, ya que saben que se les amnistiará y no tendrán que pagar multas o devolver el carnet. La consecuencia de su descuido es que en las semanas previas a las últimas elecciones presidenciales se produjo un aumento espectacular de los accidentes de tráfico y, lo que es más serio, de las muertes en carretera. No es extraño, por lo tanto, que el BMJ se refiriera al fenómeno diciendo, con un título que suena a slogan de paquete de cigarrillos, que
las elecciones presidenciales francesas pueden matar.
Pero volviendo a lo de las tendencias políticas, un llamativo estudio preliminar comunicado en 2001 vino a encontrar, más o menos, que
ser de derechas es un factor de riesgo para tener pesadillas. Kelly Bulkeley, autor de tan notable aportación, resumía sus curiosos hallazgos en que la gente de derecha tienen más pesadillas y sueños en los que no tienen poder; los contenidos sus sueños, por lo general, están más relacionados con aspectos cotidianos; las mujeres de derechas tienen sueños angustiosos relacionados con la familia o los amigos, y en los sueños de los hombres de derechas apenas aparecen las novias o en general parejas femeninas. A su vez, la gente de izquierdas tiene menos pesadillas y más sueños en los que ejercen el poder; formalmente sus ensoñaciones son más abigarradas y aparecen más frecuentemente en ellas acontecimientos afortunados. Los sueños de las mujeres de izquierdas se caracterizaban por la abundancia de acontecimientos dichosos, mientras que los de los varones izquierdosos rebosaban de personajes femeninos. El autor propone explicaciones que contemplan el diferente contenido de los sueños haciendo hincapié en hipotéticas características de los conservadores, pero si uno desempolva las teorías freudianas sobre el sueño como realización de deseos concluirá que la gente de izquierda en la vida real se siente más desgraciada y liga menos, y que los de derecha, conscientes en cierta medida de su mejor situación, se castigan en los sueños por su suerte en la vigilia.
El retrato no estaría completo ni sería del todo ecuánime si no recordamos la negrísima historia del aprovechamiento político de la Psiquiatría. Aunque posiblemente en todas partes han cocido habas (recuérdese a Frances Farmer y el posible papel de su ideología en su reclusión manicomial), las
calderadas tuvieron lugar en la antigua Unión Soviética, gracias al concepto de
esquizofrenia insidiosa, o al de delirios reformistas, que facilitaron el ingreso en hospitales psiquiátricos penitenciarios de no pocos disidentes, en una práctica
denunciada internacionalmente desde finales de los años 70, y
especialmente en los 80. Con el cambio político parece que esta negra página se puede ya cerrar en Rusia y sus antiguos satélites, pero hay fuertes sospechas de que China haya tomado el relevo en su forma de “
tratar” a los miembros de la secta Falun Gong. Lo que los
abusos psiquiátrico – políticos demuestran, con independencia de la orientación de cada cual, es que la Psiquiatría es una disciplina vulnerable, sujeta a todo tipo de manipulaciones, frente a la que quienes nos dedicamos a ella no estamos -desgraciadamente- vacunados.
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