Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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25.7.04

37.- Izquierdas y derechas (y 4): Los zurdos 

La más obvia consideración al hablar de la lateralidad es la mano dominante en cada sujeto.  La mayor parte de la población (87%) es diestra, bien por tendencia natural, bien porque nacidos zurdos o zocatos fueron reeducados y reconvertidos en derecha – dominantes o cuando menos ambidiestros con procedimientos no siempre sofisticados.  La reconversión forzada se debía a una serie de prejuicios que enlazaban con elementos siniestros y demoniacos.  Pero como muchas veces ha sucedido en la historia de las humanas creencias, con el paso del tiempo el paradigma religioso o esotérico cedió paso al pseudocientífico, pero el prejuicio no era ya moral, sino que se escondía tras razonamientos sanitarios o relacionados con la salud.  Así, se ha propuesto que ser zurdo acorta la vida a través de, por ejemplo, alteraciones inmunológicas, o mayor disposición a accidentes de tráfico.   Incluso se ha apreciado ser zocato se asocia a un mayor riesgo de desarrollar alergias variadas.  

La hipótesis de la menor longevidad, que se basa en una menor presencia de zurdos en poblaciones de edad avanzada, ha sido rebatida desde diversos ángulos.  Por ejemplo, se ha propuesto que dado que el mundo está diseñado para diestros (tijeras, herramientas, etc), los zurdos han de adaptarse a lo largo de la vida perdiendo su natural dominancia.  También se ha sugerido que la proporción de zocatos entre los ancianos es menor porque en su juventud sufrieron una reconversión forzada que hoy ya no se da; en otras palabras, entre los jóvenes la mayor tolerancia a la dominancia izquierda preserva una tasa natural de zurdería que se perdió educacionalmente en las cohortes más ancianas.  Una hipótesis sugestiva que desgraciadamente no ha obtenido apoyo experimental.

Pero también hay que decir que con instrumentos ad hoc, como el Inventario de Dominancia Manual de Edimburgo (que, por cierto, puedes pasarte si lo deseas), tampoco se ha podido confirmar que realmente haya una menor prevalencia de zurdería en los grupos de edad más avanzada, lo que parece descartar que nacer zocato acarree una menor esperanza de vida.

Al margen de todo el perjuicio que desde el paradigma de la moral o el no menos rígido, exigente y sádico de la salud hayan soportado y soporten los zurdos, no debemos pasar por alto las ventajas que la sabia y siempre justa (en el crudo sentido evolutivo) Naturaleza les confiere.  Básicamente se deben a la distinta distribución cerebral de las facultades y habilidades, que tiene a ser más dispersa (y por lo tanto, más resistente a las lesiones localizadas) en las personas con dominancia izquierda.  De hecho, un estudio con RNM funcional encontró que el lenguaje activa localizaciones atípicas en más del 20% de zurdos y ambidiestros, frente a menos del 5% de los diestros.

Además, de la misma manera que escuchar un chiste activa en especial en los diestros la región centroparietal derecha, el cerebro de los zurdos experimenta una activación más difusa y global, lo que viene a querer decir que la dominancia manual izquierda supone la ventaja de que incluso tras una lesión cerebral exista una mayor capacidad de pillar los chistes.  Y las ventajas y peculiaridades neuropsicológicas de la zurdería se extienden a los familiares directos: como ya recogíamos hace un tiempo, la sinistralidad familiar positiva (es decir: tener un zurdo en la familia) correlaciona con un mejor rendimiento en tests de memoria episódica y un peor funcionamiento en los de memoria implícita. La explicación, una vez más radica en el cerebro zurdo, que disfruta de un mayor grado de interacción hemisférica que se da también en los diestros de la familia.

Destacaremos para terminar que uno se hace diestro o zurdo en momentos muy precoces del desarrollo: ya para la décima semana de vida intrauterina se ha “elegido” la mano dominante.  El marcador, en este caso, es el pulgar que chupetea el feto.  Un estudio reciente, dado a conocer este mismo mes, comunica los resultados del seguimiento tras el nacimiento de 75 fetos en los que se observó ecográficamente el dedo que se chupaban.  A los 10-12 años de edad, la totalidad de los que chupaban intraútero el pulgar derecho se habían convertido en diestros, mientras que dos terceras partes de los que se chupaban el izquierdo se habían convertido en zurdos.  Inversamente, puede decirse que ya a las 10 semanas de vida intrauterina la mayor parte de los fetos ya son diestros.  Lo llamativo del asunto es que según este estudio la dominancia lateral aparece cuando el feto no ha desarrollado aún la corteza cerebral; de hecho, nos cuentan los investigadores, en los fetos anencefálicos se aprecia la misma proporción de diestros y  zurdos de los fetos sanos.  Así pues, la elección de pulgar a chupar (y la futura dominancia manual) no puede atribuirse a factores corticales y lógicamente no puede asociarse tan fácilmente, al menos ontogénicamente, el lenguaje con la dominancia manual. 

A la vista de estos hallazgos, uno no puede por menos que felicitarse de que en los tiempos en que nacer zurdo era una señal pecaminosa no existieran las ecografías.   Y también maravillarse por la rapidez con la que los investigadores se apresuran a aclarar que el hecho de que el feto se chupe el dedo o haya elegido su futura mano dominante no implica madurez neurológica...



Fuentes:

Coren S.  Left-handedness and accident-related injury risk.  Am J Public Health. 1989; 79: 1040-1 [Abstract]

Coren S.  Handedness and allergic response.  Int J Neurosci 1994; 76: 231-6  [Abstract]

Coren S, Halpern DF.  Left-handedness: a marker for decreased survival fitness.  Psychol Bull 1991; 109: 90-106 [Abstract].

Coulson S, Lovett C.  Handedness, hemispheric asymmetries, and joke comprehension.  Brain Res Cogn Brain Res 2004; 19: 275-88 [Abstract].

Christman SD, Propper RE. Superior episodic memory is associated with interhemispheric processing. Neuropsychology 2001; 15: 607-16 [Abstract].

Ellis SJ, Ellis PJ, Marshall E, Windridge C, Jones S. Is forced dextrality an explanation for the fall in the prevalence of sinistrality with age? A study in northern England.  J Epidemiol Comm Hlth  1998; 52: 41­44. [Texto completo]

Ellis PJ, Marshall E, Windridge C, Jones S, Ellis SJ. Left-handedness and premature death.  Lancet 1998; 351: 1634 [Texto completo]  

Szaflarski JP, Binder JR, Possing ET, McKiernan KA, Ward BD, Hammeke TA.  Language lateralization in left-handed and ambidextrous people: fMRI data.. Neurology 2002; 59: 238-44 [Abstract].




posted by Juan  # 12:12 PM

18.7.04

36.- Izquierdas y derechas (3): La política  

La derecha y la izquierda no son sólo maneras de organizar el espacio.  Son también regiones de nuestro cerebro con funciones diferentes (y vinculaciones espaciales cruzadas) y además, y como todos sabemos, son también términos utilizados para describir y ubicar la tendencia de las personas y los grupos en el arco político.  No es extraño que la Psiquiatría, eterna metomentodo en cuestiones sociales, haya dedicado interés a la Política, y tampoco debería extrañarnos que los políticos hayan utilizado y manoseado la Psiquiatría. 
 
Con todo, la primera aportación que recogemos es bastante inocente, dentro de lo que cabe, e introduce una sutil maniobra exploratoria neurológica, que cobra especial interés ahora que nos acercamos a las elecciones eeuuenses.  La sugerían hace diez años dos clínicos norteamericanos, Walker y Absher,  a propósito de un paciente septuagenario de tendencias políticas muy de derechas, que a causa de un infarto subcortical desarrolló un hemibalismo derecho, junto con cambios de personalidad plasmados en una marcada inadecuación y desinhibición sexual.  Los autores dieron el salto de suponer que las tendencias políticas tienen un correlato cerebral, de modo que a ser de derechas le correspondería una hipersensibilidad a la estimulación del hemisferio iz­quierdo.  En base a esta audaz hipótesis, preguntaron a su paciente por su opinión acerca del Presidente Clinton (que, por lo que se ve, consideraban un "marcador" de izquierdismo) y encontraron que la pregunta disparó sus movimientos incontrolados en el hemicuerpo derecho (dependiente del hemisferio izquierdo).  Verificaron el  fenómeno por EMG en un trazado que adjuntan los autores, que concluyeron que el fenómeno (al que denominaban "Hemi-bill-ismo" - “Hemi-Gorea”, por Bill Clinton y Al Gore, respectivamente) demuestra que los infartos subcorticales, por mucho que alteren la personalidad del sujeto (con desinhibición sexual, en su caso), no modifican las convicciones políticas de los pacientes.
 
Pero los grandes estudiosos de la relación entre la Psiquiatría y cualquier-cosa son los epidemiólogos, que han analizado relación entre la orientación política de los gobernantes y las tendencias suicidas de los gobernados.  La palma se la lleva un artículo en el que se demostraba que a lo largo del siglo XX hubo más suicidios en el estado de Nueva Gales del Sur y en general en todo Australia en las épocas en que gobernaba la derecha (los conservadores).  Para explicar este fenómeno (especialmente intenso cuando coincidía en el poder la derecha a nivel autonómico y nacional), los autores recurren al seminal estudio de Durkheim y al concepto de anomia.  La cuestión es si estos hallazgos son replicables.  De hecho, la BBC publicó un artículo de resumen y comentario de los hallazgos australianos desde el que se puede acceder a las estadísticas británicas, que a bote pronto no parecen concluyentes.  De hecho, lo que parece claro es que ha habido más suicidios en las épocas de crisis económica, independientemente de quién haya ocupado el poder.
 
Otro trabajo, realizado en Austria parece demostrar no ya un efecto de la orientación del gobierno sobre el suicidio, sino más bien que la tasa de suicidio puede provocar un voto de castigo al partido en el poder.  Según este curioso estudio la tasa de suicidio en los años de la legislatura anterior se relacionaba con un viraje electoral hacia los partidos de la oposición.  Los autores proponían que este hecho podría deberse a que el suicidio provoca que los allegados sufran un proceso de alienación social y política. 
 
La tasa de suicidio se han considerado un marcador sociopolítico de interés en otros marcos geográficos e ideológicos.  Así, en la extinta Unión Soviética la política aperturista de Gorbachov se asoció a un descenso de los suicidios, que podía interpretarse como el efecto positivo de la llegada de una época esperanzadora desde el punto de vista de la participación ciudadana en la política, pero el advenimiento de don Mijail al poder también se acompañó de mayores restricciones al consumo y venta de alcohol, algo que tendría que ver con la reducción, dado que el alcoholismo es un conocido factor de riesgo de suicidio.  Con todo, parece creíble que el acceso al sistema democrático y participativo reporte una mayor satisfacción (o más ganas de vivir) a los ciudadanos, aunque haya indicios de que no en todas partes sucede así
 
Y ya que mencionamos las elecciones, recogeremos un llamativo fenómeno que tiene lugar en Francia.  Resulta que en ese país los presidentes entrantes tienen, desde 1958, la potestad de decretar al llegar al poder una amnistía para las infracciones de tráfico.  Parece que a causa de esta prerrogativa, parece que los conductores franceses se toman las normas con especial ligereza en los meses previos a las elecciones, ya que saben que se les amnistiará y no tendrán que pagar multas o devolver el carnet.  La consecuencia de su descuido es que en las semanas previas a las últimas elecciones presidenciales se produjo un aumento espectacular de los accidentes de tráfico y, lo que es más serio, de las muertes en carretera.  No es extraño, por lo tanto, que el BMJ se refiriera al fenómeno diciendo, con un título que suena a slogan de paquete de cigarrillos, que las elecciones presidenciales francesas pueden matar.  
  
Pero volviendo a lo de las tendencias políticas, un llamativo estudio preliminar comunicado en 2001 vino a encontrar, más o menos, que ser de derechas es un factor de riesgo para tener pesadillas.   Kelly Bulkeley, autor de tan notable aportación, resumía sus curiosos hallazgos en que la gente de derecha tienen más pesadillas y sueños en los que no tienen poder; los contenidos sus sueños, por lo general, están más relacionados con aspectos cotidianos; las mujeres de derechas tienen sueños angustiosos relacionados con la familia o los amigos, y en los sueños de los hombres de derechas apenas aparecen las novias o en general parejas femeninas.  A su vez, la gente de izquierdas tiene menos pesadillas y más sueños en los que ejercen el poder; formalmente sus ensoñaciones son más abigarradas y aparecen más frecuentemente en ellas acontecimientos afortunados.  Los sueños de las mujeres de izquierdas se caracterizaban por la abundancia de acontecimientos dichosos, mientras que los de los varones izquierdosos rebosaban de personajes femeninos.  El autor propone explicaciones que contemplan el diferente contenido de los sueños haciendo hincapié en hipotéticas características de los conservadores, pero si uno desempolva las teorías freudianas sobre el sueño como realización de deseos concluirá que la gente de izquierda en la vida real se siente más desgraciada y liga menos, y que los de derecha, conscientes en cierta medida de su mejor situación, se castigan en los sueños por su suerte en la vigilia.  
  
El  retrato no estaría completo ni sería del todo ecuánime si no recordamos la negrísima historia del aprovechamiento político de la Psiquiatría.  Aunque posiblemente en todas partes han cocido habas (recuérdese a Frances Farmer y el posible papel de su ideología en su reclusión manicomial), las calderadas tuvieron lugar en la antigua Unión Soviética, gracias al concepto de esquizofrenia insidiosa, o al de delirios reformistas, que facilitaron el ingreso en hospitales psiquiátricos penitenciarios de no pocos disidentes, en una práctica denunciada internacionalmente desde finales de los años 70, y especialmente en los 80.  Con el cambio político parece que esta negra página se puede ya cerrar en Rusia y sus antiguos satélites, pero hay fuertes sospechas de que China haya tomado el relevo en su forma de “tratar” a los miembros de la secta Falun Gong.  Lo que los abusos psiquiátrico – políticos demuestran, con independencia de la orientación de cada cual, es que la Psiquiatría es una disciplina vulnerable, sujeta a todo tipo de manipulaciones, frente a la que quienes nos dedicamos a ella no estamos -desgraciadamente- vacunados.
 
 
 
 
Fuentes  

Bloch S.  Psychiatry as ideology in the USSR.  J Med Ethics 1978; 4: 126-31 [Abstract]
 
Dorozynski A.  French presidential elections can kill.  BMJ 2001; 323: 1021 [Texto completo]
http://bmj.bmjjournals.com/cgi/content/full/323/7320/1021/a 
  
Kaplan A.  Psychiatry and Human Rights Abuses.  Psychiatric Times, October 2003, XX (11)  [Texto completo]

Merskey H, Shafran B. Political hazards in the diagnosis of 'sluggish schizophrenia'.  Br J Psychiatry 1986; 148: 247-256 [Abstract]
 
Page A, Morrell S, Taylor R.  Suicide and political regime in New South Wales and Australia during the 20th century.  J Epidemiol Community Health 2002; 56: 766-72 [Texto completo]. 
 
Varnik A, Wasserman D.  Suicides in the former Soviet republics.  Acta Psychiatr Scand 1992;86: 76-8 [Abstract]
 
Voracek M, Formann AK, Fulop G, Sonneck G.  Suicide and general elections in Austria: do preceding regional suicide rate differentials foreshadow subsequent voting behavior swings?  J Affect Disord 2003; 74: 257-66 [Abstract].  
  
Voracek M, Vintila M, Fisher ML, Yip PS.  Evidence for lack of change in seasonality of suicide from Timis County, Romania.  Percept Mot Skills 2002;94: 1071-8 [Abstract]. 
  
Walker FO, Absher JR.  The Clinton effect and hemibalism (letter).  Mov Disord 1994; 9: 115 
  
  
  
 


posted by Juan  # 10:29 AM

11.7.04

34.- Izquierdas y derechas (2): Amor y música. 

Hace unos meses recogíamos los resultados de investigaciones que analizaban la insospechada importancia de la posición relativa de madre e hijo en la díada acunadora. La mayor parte de las madres se colocaban para ello al niño en el brazo izquierdo, y el intrígulis explicatorio radicaba en que de esta manera los estímulos más emotivos, candorosos, amatorios, inundaban preferentemente el hemisferio derecho del infante. La explicación es oportuna, porque la levoacunación no se corresponde con las connotaciones negativas que la cultura ha atribuido al lado izquierdo la especie humana, ilustrativamente resumidas por el desaparecido Perich con la visión positiva de la sinonimia castellana de derecha (diestro, recto, correcto) frente a la sesgada de la de izquierda (siniestro, torcido). De la misma manera que el genial humorista exigía una mayor objetividad a los filólogos recogeremos en esta sección algunas aportaciones neuropsicológicas que reivindican a la izquierda somática (o lo que es lo mismo, a la derecha cerebral) en el ámbito del amor y de la música.

Hay que empezar por decir que mucho antes de que se distinguiera entre el cerebro derecho (más emotivo) y el izquierdo (más racional) ya había algunas aportaciones que atribuían al lado izquierdo del cuerpo (regido como se sabe por el hemisferio derecho) importantes propiedades en cuestiones amatorias, aunque en algunos casos la vinculación era un tanto inquietante. Según cuenta Klaus Bergman en su libro "La Magia, pasado, presente y futuro", para conseguir los amores de una joven soltera habría que colocarse un aro capilar (con elementos del interesado y de la amada) en el brazo izquierdo y tocar a la doncella en cuestión con la mano izquierda (todo ello con una serie de conjuras), y un truco mágico sobre el pecho izquierdo de la esposa nos dirá si es o no fiel. Menos preocupante, aunque un tanto repugnante es que los caballeros pueden resultar simpáticos a todas las damas si colocan sobre su pecho izquierdo un amuleto preparado en viernes primaveral o en el solsticio de verano consistente en una bolsa verde con el polvo resultante de la trituración del corazón de una paloma y los ojos de un sapo previamente desecados.

Pues bien: como en tantas otras ocasiones, el saber popular parece haber captado realidades sutiles, como lo demuestra un estudio que demuestra que el amor “entra mejor” por el oído izquierdo. El investigador Teow-Chong Sim comunicó hace tres años los resultados de un estudio realizado con 62 personas, a las cuales se les dijeron palabras tiernas, bonitas, de contenido amatorio, en los dos oídos. Los resultados arrojaron una mayor retención de los mensajes recibidos por el oído izquierdo (64,43% frente al 58,15%). Aunque la diferencia de poco más del 6% no parece excesiva, el autor planteó sus resultados como una prueba más de la implicación del hemisferio derecho en las cosas del amor.

Pero aunque las reseñas publicadas en su momento no daban cuenta de los hallazgos concretos, parece que Teow-Chong Sim también encontró que el oído izquierdo captaba mejor los estímulos musicales (si se nos permite el chiste malo, el oído izquierdo tiene mejor oído que el derecho o, en términos cerebrales, el hemisferio derecho tiene mejor oído que el izquierdo). Y si hablamos de cerebro y música, hay que mencionar a Maurice Ravel, afecto en los últimos años de su vida de una enfermedad neurodegenerativa con afasia y apraxia y que a posteriori ha sido diagnosticada como una afasia primaria progresiva a la que pudo asociarse una degeneración corticobasal. Según unos autores franceses, aunque a la larga Ravel perdió la capacidad de componer, la alteración del lenguaje (hemisferio izquierdo) pudo estar presente ya en los últimos años de su actividad creativa, de modo que en sus dos últimas se podrían encontrar señales de un desequilibrio a favor del hemisferio derecho (en este caso, no como receptor, sino como creador de música). Por cierto, que las dos últimas composiciones de Ravel son el Bolero (su obra más conocida)... y el Concierto para la Mano Izquierda, lo que permite continuar con especulaciones sobre lateralidad hemisférica.

Estos interesantes hallazgos nos remiten a las diferencias entre la mano o el lado derecho / izquierdo y el correspondiente hemisferio cerebral izquierdo / derecho. Lo que periféricamente el derecho es cerebralmente izquierdo, y viceversa, y la decusación no siempre es fácil de seguir mentalmente sin marearse... al menos para algunos que solemos terminar de leer estas cosas con cierta querencia de biodramina. Pero también sugiere que lo que a simple vista es izquierda resulta ser más bien derecha. Habrá que volver sobre ello.



Fuentes:

AMADUCCI L, GRASSI E, BOLLER, F. Maurice Ravel and right-hemisphere musical creativity: Influence of disease on his last musical works? Eur J Neurol 2002; 9: 75-82
[Abstract]


posted by Juan  # 1:08 PM

4.7.04

Nominados al DSM - V: 5.- Compradores compulsivos 

Retomamos nuestra serie acerca de los candidatos a convertirse en próximos hits de la Psiquiatría, con un “trastorno” o, si se prefiere una traducción más chusca, un “desorden” o “disturbio” que lleva más de 10 años de meritorio para incorporarse a nuestros catálogos nosológicos: la compra compulsiva.

Ahora bien: ¿qué es un comprador compulsivo? ¿Cómo puede definirse? ¿Qué características psicopatológicas le adornan? Un trabajo bastante antiguo, en estos tiempos en que todo lo del mes anterior ya está pasado de moda, reclutó 95 personas que aseguraron tener un “fuerte impulso de comprar que no puedo controlar”. Para descartar las que exageraran su descontrol comprador, se les pasó la Escala de Compra Compulsiva de Faber y O’Guinn, con lo que se redujo la muestra a 46 personas. El paciente tipo era una mujer joven (31 años de media), que gastaba esencialmente en ropa, discos y zapatos, y en la que DSM-III-R en mano existía comorbilidad en eje I (ansiedad, abuso de sustancias, trastornos afectivos) y el en eje II (trastornos de personalidad tipo límite, por evitación u obsesivo – compulsivo). Aportaciones posteriores de los autores pioneros han abundado en que entre las afectadas predominan las mujeres, así como en la abundante comorbilidad, tanto en los pacientes como en sus familiares de primer grado.

Intentos posteriores de caracterizar el síndrome, se han apoyado en escalas que permiten seleccionar más precisamente los sujetos afectados. El lector interesado puede autoaplicarse una de ellas, derivada de los criterios de McElroy y cols. Algunas escalas y modelos del trastorno parten de una conceptualización del cuadro como un trastorno del control de impulsos, en tanto que otras, como la Versión de Compras de la Escala de Trastorno Obsesivo Compulsivo Yale-Brown (YBOCS-SV) lo remiten –obviamente- a lo obsesivo (por cierto, que esta última escala, que no he podido localizar, sitúa el punto de corte en 17).

En cuanto al tratamiento, no se puede decir que la compra compulsiva sea un trastorno excesivamente original, si nos atenemos a las técnicas y orientaciones que se proponen. Como en otros trastornos de expresión conductual, se recomienda la terapia de autoayuda en grupo. La terapia cognitivo – conductual, paradigma psicoterápico de moda, parece útil. Y, por supuesto, desde el punto de vista psicofarmacológico se emplean los inevitables ISRS. Las primeras experiencias, con fluvoxamina, remiten a una conceptualización del cuadro como un fenómeno obsesivo(ide); las ulteriores, con otros ISRS, si nos atenemos a la amplísima gama de trastornos en los que se utilizan estos productos, remiten a una conceptualización del cuadro como cualquier cosa. Y, por cierto, hay en marcha un ensayo clínico comme il faut (aleatorizado, doble ciego) con escitalopram, lo que otorga una evidente carta de naturaleza y respetabilidad al cuadro.

En nuestro esfuerzo por reivindicar a este trastorno nos tomaremos la libertad de plantear algunas cuestiones que suelen ser muy socorridas en la exposición de cualquier trastorno que se precie. Siguiendo el esquema típico de los DSM, ya hemos visto que es un cuadro de predominio femenino y con elevada y variada comorbilidad. La influencia de la cultura occidental es evidente. Los hábitos de consumo de nuestra sociedad y los bienes que tenemos a nuestro alcance (generalmente de vida limitada y/o rápidamente superables por la moda, la oferta de novedades o los avances tecnológicos) suponen para los occidentales un enorme factor de riesgo, por lo que podríamos decir que se trata de un trastorno vinculado a la cultura. Existen pruebas de que la colonización de otras culturas (en especial los países antiguamente en la órbita comunista) por nuestros hábitos de consumo favorecen la aparición de compradores compulsivos, con gustos, por cierto, un tanto kistch. Existen factores de riesgo un tanto atípicos, como los astrológicos, en la medida que se ha observado una mayor disposición a la compra compulsiva entre los Aries, Géminis, Leo y Virgo.

Por otra parte, es muy posible que las temporadas de rebajas disparen las compras compulsivas, con lo que puede sugerirse que existan formas estacionales del cuadro (¡qué gran oportunidad para prescribir timorreguladores!). Y sin duda, existen claros casos de compradores compulsivos por poderes (by proxy), como puede certificar cualquier padre de nuestros días, cuyos churumbeles, sometidos a la presión asfixiante de la publicidad piden, demandan, exigen todo tipo de juguetes y chuminadas (¡me lo pido!).

¿Qué decir del diagnóstico diferencial? Podríamos mencionar el trastorno obsesivo compulsivo propiamente dicho (en torno al cual hay un creciente interés por las conductas de acúmulo compulsivo o silogomanía) o la hipomanía (que en principio debería ser fácilmente reconocible). Existen formas de compra compulsiva ego-sintónicas, como es el caso de los magnates nuevos ricos de los países excomunistas, que por otra parte no parecen tener límites financieros para sus compras; la egosintonía y la falta de repercusiones psicosiciales posiblemente nos impedirán emitir el diagnóstico. Tampoco parece que pueda diagnosticarse de este problema a los tiranos, tiranuelos y tiranuelas gananciales que en sus tiempos de gloria y poder acumularon cuadros, automóviles, zapatos o collares, porque es altamente dudoso que el mecanismo de adquisición fuera la compra. Tratándose de actividades que parecen ego-distónicas tampoco sería muy apropiado caracterizarlas como formas monosintomáticas de silogomanía obsesiva. Hay que profundizar en la investigación en este terreno.

Seguramente algún lector criticón se revolverá con esta exposición y cuestionará si tiene sentido individualizar un cuadro con tan elevada y surtida comorbilidad, hasta el punto de que los autores más repetidos en la bibliografía destacan la rareza de la compra compulsiva primaria y aislada. Sin duda es una objeción respetable, pero, ¿por qué cortarnos en el noble empeño de multiplicar las páginas de los DSM, máxime cuando nos hallamos ante un cuadro tan prometedor (promising)? Un síndrome, además, adornado de las cualidades necesarias para hacer fortuna en la cultura. No sólo porque en su momento fuera dado a conocer en programas televisivos en prime time, sino porque, ¿quién puede sentirse plenamente libre del problema? No podemos dejar escapar un concepto tan atractivo y tentador para cualquiera que tema (o desee, que a veces son afectos demasiado emparentados) estar enfermo de los nervios... o desresponsabilizarse. Puede que los estudios que calculan una prevalencia de hasta el 10% en los EEUU sean demasiado conservadores. Por otra parte, la contagiosidad de la idea (no necesariamente de la conducta) puede ser elevadísima en una sociedad hiperconsumidora, pero también ansiosa, histérica e hipocondriaca como es este opulento occidente que disfrutamos y –con la boca pequeña- criticamos.

La guinda del pastel, el único elemento que nos falta para dotar de fuste al concepto es encontrar un término griego ad hoc, ya que la terminología en inglés es en ocasiones confusa, con una sinonimia (compulsive buying y compulsive shopping) que difumina sus límites y su contenido. Con la ayuda de un diccionario de griego en internet y la inestimable colaboración de mi esposa, que estudió esa asignatura en el bachillerato, propongo el término agorasopatía o agorasomanía. Por cierto, el término remite a que la compra se hacía en el mercado o plaza (ágora) y sugiere un nexo, cuando menos etimológico con la agorafobia. Como alguien encuentre algún día una especial comorbilidad entre los dos trastornos la realidad insólita habrá superado definitivamente a la ficción.


Fuentes:

Black DW, Gabel J, Schlosser S. Urge to splurge. Am J Psychiatry 1997; 154:1629-1630 [Texto]

Black DW, Repertinger S, Gaffney GR, Gabel J. Family History and Psychiatric Comorbidity in Persons With Compulsive Buying: Preliminary Findings. Am J Psychiatry 1998; 155 :960-963 [Texto].

Faber, R. J. and O’Guinn, T. C. (1989) Classifying Compulsive Consumers: Advances in the development of a diagnostic tool. Advances in Consumer Research, 16, 738–45.

Monahan P, Black D, Gabel J. Reliability and validity of a scale to measure change in persons with compulsive buying. Psychiatr Res 1996; 64: 59-67 [Abstract]

Schlosser S, Black DW, Repertinger S, Freet D: Compulsive buying: demography, phenomenology, and comorbidity in 46 subjects. Gen Hosp Psychiatry 1994; 16:205–212 [Abstract]


posted by Juan  # 11:45 AM


¿Qué es PSIQUIATRIA INSOLITA? 

Selección de noticias relativas a la salud/enfermedad mental y técnicas de tratamiento relacionadas, que pueden resultar de interés por su carácter:
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