Para terminar de hablar de los aspectos psiquiátrico – insólitos del fútbol (o de los aspectos futbolísticos de la Psiquiatría Insólita) nos referiremos a otras dimensiones en las que el balompié influye en la salud.
Un primer abordaje es el de la influencia, no ya sobre la salud, sino sobre la asistencia, de las retransmisiones televisivas de eventos futboleros. Como todos recordamos al día siguiente de los partidos “grandes” las diferentes cadenas nos ofrecen inevitablemente imágenes que reflejan lo vacías que estaban las calles durante la celebración del encuentro. Pues bien, a esas avenidas sin tráfico, a esos grandes almacenes sin compradores, deberían añadirse las salas de urgencia menos concurridas a la hora del partido. Este fenómeno, conocido por cuantos trabajan o han trabajado en estos dispositivos, se presenta también en otros países, como
expone un médico danés que en respuesta a un trabajo que citábamos la pasada semana en el que se recogía un aumento de la mortalidad cardiovascular en los partidos de la selección inglesa, sugiere que la causa es que los enfermos retrasan la visita a urgencias hasta el final del partido, perdiéndose así unos minutos preciosos. En palabras del autor, dr Jemec, los partidos de la selección nacional revisten aparentemente una “atracción mesmérica para una amplia proporción de la población masculina”, que hace que no soliciten atención médica si el problema aparece durante un partido de fútbol. De esta manera, apunta, “ver fútbol en la tele puede afectar a la salud a largo plazo”. Así pues,nos hallamos ante otro indicio de que el fútbol televisivo es malo para la salud.
¿Y qué decir de su repercusión sobre el sistema sanitario? Es esto precisamente lo que intentó discernir un estudio realizado en Navarra, en el que se intentó determinar específicamente el “
Perfil de la demanda urgente e influencia del fútbol televisado en un servicio extrahospitalario”. El título lo dice todo. El resultado, en primera instancia, es sorprendente, ya que “se observó un aumento significativo de la demanda durante la retransmisión televisada de fútbol respecto a las horas en que no hubo fútbol televisado (19,8%; p<0,001)”. ¿Cómo puede explicarse un hallazgo tan contrario a la experiencia clínica y a la naturaleza de las cosas? Pues parece que se debe a la llamada “
paradoja de Simpson”, un artefacto estadístico que hace que según se agrupen o se separen los resultados se encuentran diferentes efectos. En concreto, el artefacto tiene que ver con el tipo de retrasmisión. Cuando el partido se ofrece en abierto, la probabilidad de acudir a urgencias fue casi tres veces menor en comparación con la retransmisión en una televisión de pago y cuando hay una doble retransmisión en televisión pública y privada, la probabilidad fue un 60% menor que si se emitía solo por televisión privada. En otras palabras: la retransmisión televisiva no es un factor homogéneo, sino que engloba dos factores (televisión abierta o de pago) con un efecto muy dispar sobre la frecuentación. Para los autores, en sus resultados es determinante el hecho de que los partidos de Osasuna se ofrezcan sistemáticamente por televisión de pago. No parece que las consultas de urgencia atendidas durante los partidos se caracterizasen por una mayor gravedad, por lo que a priori tampoco parece que escuchar el partido por la radio aumente, por ejemplo, el riesgo cardiovascular, con lo que la principal conclusión que podemos extraer del estudio es que es posible que al menos los servicios sanitarios navarros se descolapsarían bastante si todos los partidos se ofrecieran en abierto. Los gestores sanitarios tendrán que hacer cuentas y calcular si se podría sufragar la compra de los derechos televisivos de Osasuna para ofrecer sus partidos en abierto con la eliminación de algún dispositivo de urgencias.
Y para terminar, una referencia al efecto del fútbol sobre la salud mental. Comencemos por la repercusión de los grandes eventos futboleros sobre la asistencia psiquiátrica, para lo que contamos con un interesante
trabajo realizado en Irlanda que analiza los efectos del campeonato del mundo de 2002. Hay que decir que el artículo tiene el interés añadido de que la selección irlandesa no participó en tan magno evento, por lo que sus resultados no deberían relacionarse con aspectos chovinistas o de apasionamiento de hincha, sino más bien con el efecto crudo y puro de ver fútbol. Los autores estudiaron la repercusión del campeonato sobre los ingresos en un hospital de día de pacientes agudos, y observaron que aumentaron los casos de ansiedad, depresión y esquizofrenia, pero sobre todo los motivados por alcoholismo. Para explicar su hallazgo los autores acuden al hecho de que el campeonato de 2002 se celebrase en Japón y Corea, con un desfase horario que hacía que las retransmisiones tuvieran lugar por la mañana, lo que tuvo unos efectos demoledores, ya que en Irlanda los acontecimientos deportivos suelen aparejar un aumento del consumo de alcohol.
Más sugestivo es aún un
estudio que se plantea si los resultados adversos del equipo de tus amores revisten características de estrés postraumático. Dos investigadores británicos pasaron la
Impact of Event Scale o escala de impacto de sucesos, a los seguidores de dos equipos que perdieron la categoría al final de la Premier League inglesa de 1997-1998. Su muestra incluía a 65 personas (44 varones) que completaron la escala en las dos semanas posteriores al descenso de categoría. Las puntuaciones globales eran similares a las obtenidas en personas expuestas a amenazas para la integridad física o a desastres naturales, lo que da idea de la entidad del descenso de la categoría de tu equipo como suceso traumático. Más de la mitad de la muestra presentó puntuaciones que según el instrumento reflejan una intensidad clínicamente significativa, y nada menos que el 11% sufrían un “malestar psicológico grave”.
Las implicaciones de este hallazgo son inmensas. Por mucho que se haya sugerido que el Trastorno por Estrés Postraumático es una entidad elaborada no sólo a partir de ideas psiquiátricas, sino que se ha nutrido de
elementos sociopolíticos, a nadie hasta la fecha se le había ocurrido plantear que pudieran existir elementos futbolísticos, ni siquiera deportivos en general, en su esencia. Puesto que parece claro que existen
factores genéticos que predisponen al trauma psicológico ante diferentes eventos, la conclusión es clara: en interés de un mayor nivel de salud mental en la población deberán identificarse las personas genéticamente vulnerables y, desde muy temprana edad, impedir en ellos (si es necesario por procedimientos tipo Naranja Mecánica) el interés por el fútbol, o cuando menos, redirigir sus inclinaciones o gustos hacia equipos potentes con escaso riesgo de descenso de categoría... eso, siempre que no se demuestre que los gatillazos deportivos de los equipos grandes acarrean también un trauma psicológico. A este respecto no estaría de más estudiar cuál ha sido el efecto psicológico sobre los seguidores del Real Madrid de una temporada como la recién terminada, que apuntaba a la triple corona o “trébol” y que ha terminado en un triple fiasco.
Por otra parte, los resultados del estudio británico nos cerrará la boca a todos aquellos que nos maravillamos con la pretensión de unos seguidores del Valencia de demandar por daño psíquico al árbitro que pitó a su equipo un penalti dudoso (a mí me pareció penalti de verdad) en el partido contra el Real Madrid. Va a resultar que tenían razón... y puede que sólo el triunfo final del Valencia en la Liga nos haya salvado de un insólito espectáculo psiquiátrico – legal.
Fuentes:
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