Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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6.6.04

Sobre selecciones y sanidad 

Una de las especies más interesantes de las muchas que pululan por las ciencias de la salud es la de los epidemiólogos, unos señores capaces de establecer, mediante complejos racionamientos matemáticos, la relación entre diferentes factores y la aparición de enfermedades, de manera que puedan predecirse situaciones de riesgo o, en el mejor de los casos, puedan diseñarse actuaciones para prevenir la enfermedad. Las aportaciones de la Epidemiología han sido importantísimas: no hay más que recordar a Semmelweiss y la fiebre puerperal, o a John Snow y su brillante demostración del origen infeccioso del cólera. La Humanidad debe mucho, pues, a los epidemiólogos, sobre todo a los clásicos.

En nuestros días, vencidos muchos de los males que la especialidad ayudó a desenmascarar y combatir, los epidemiólogos se dedican a analizar enfermedades multifactoriales, y por lo general encuentran culpables más endógenos que exógenos, y con una actuación más sumatoria que individual. Dicho de otra manera: los malvados no son ya alevosos microbios, sino estilos de vida ligados a nuestra cultura, y son tanto más eficaces como promotores de la enfermedad cuantos más factores de riesgo puedan sumarse en un mismo individuo. El tabaquismo, la vida sedentaria, nuestra dieta rebosante de perversas grasas saturadas y escasa en fibra, el estrés, el sobrepeso, y toda esa caterva de canallescos elementos son, para la Epidemiología, los causantes de nuestros postmodernos males. Esta nueva visión de la enfermedad es para un crítico como Skrabanek el argumento que emplean los calvinistas sanitarios para dictar algo cercano a normas cuasimorales sobre la conservación de la salud, pero esto, aunque muy jugosa, es otra historia.

Y es otra historia porque ha de reconocerse que los epidemiólogos, a pesar de que tanta regresión, significación y covarianza podrían hacer pensar lo contrario, tienen cierto sentido del humor y vergüenza torera. Así lo demuestra el estudio publicado en 2001 por Appleby y Street que comentamos hoy. Parece que de forma casi simultánea, la OMS y la FIFA publicaron sus correspondientes rankings de países. La organización sanitaria estableció el suyo sopesando factores como el nivel de salud (medido en función de la expectativa de años de vida sin discapacidad), la distribución de este nivel en la población, el grado de respuesta del sistema sanitario a las necesidades de la población, la distribución de esa respuesta, y el reparto justo de los recursos económicos. A su vez, la FIFA sigue un sistema de cálculo ciertamente complejo que para cada selección tiene en cuenta parámetros comolos partidos ganados, perdidos o empatados, los goles marcados, el número de partidos jugados en casa o fuera, la trascendencia de los partidos jugados, la potencia futbolística de la selección contraria, el nivel de la liga nacional, el número de partidos disputados y la historia de resultados previos. El hecho es que con sólo comparar ambas clasificaciones encontramos un evidente paralelismo. Por ejemplo, Francia, segunda en la lista FIFA, es la líder sanitaria; España ocupa los puestos 5º y 7º, respectivamente, e Italia, sexta selección del mundo, es la subcampeona sanitaria. Es cierto que hay algunas excepciones. Por ejemplo, Brasil, líder futbolera, no aparece en el top-20 sanitario, y habría que buscar a San Marino, tercera en el ranking sanitario, en el pozo de la clasificación FIFA. Discordancias o excepciones, que si tenemos en cuenta los resultados no siempre homogéneos de la investigación sanitaria, no hacen más que dar solidez a un hallazgo que aplicando el análisis estadístico propio de la Epidemiología, se confirma con el nivel de significación del agrado de los autores. En resumen: si un país tiene una selección futbolera potente puede predecirse que su sistema sanitario será igualmente potente.

Los autores comentan que el trabajo, concebido inicialmente como un divertimento jocoso, no sólo cuestiona los métodos de la OMS para establecer los niveles nacionales de salud, sino que pone en evidencia que los datos más o menos científicos pueden manipularse para demostrar cualquier cosa, algo que los autores hubieran descubierto mucho antes, si fueran clínicos, al analizar superficialmente la bibliografía sobre boticas.

A pesar de que sus resultados, según los propios autores, son “espurios”, el artículo de Appleby y Street tiene un gran interés al hilo de la rabiosa actualidad político – deportiva y sugiere fecundos campos de investigación e intervención, justamente en un momento en que después del debate parlamentario y las posteriores aclaraciones gubernamentales al respecto no sabemos si habrá selecciones futboleras autonómicas o, en caso de que las haya, si jugarán en torneos oficiales o en amistosos de solteros contra casados. Propongo solemnemente que las pongamos a jugar un torneo interautonómico que permita obtener conclusiones sanitarias; es decir, hagamos un ranking de selecciones que nos permita elaborar el de servicios sanitarios autonómicos. Imaginemos que Galicia, por ejemplo, queda 14ª en el campeonato: esto querría decir, esencialmente, que tiene que aumentar su inversión sanitaria. Y, por la misma lógica, en caso de que Navarra fuera la campeona futbolera, tendría que esforzarse en reforzar su selección con el fin de mantener la calidad de su sistema asistencial. A su vez, el Estado, para obtener a una calidad homogénea de los diferentes sistemas sanitarios, tendría que dictar normas que igualaran la potencialidad de las selecciones autonómicas. Si hacemos que el portero de la selección con el mejor sistema sanitario juegue con un brazo atado al tronco, es bastante posible que los demás servicios sanitarios autonómicos se acerquen a la calidad exhibida por el servicio y la selección campeones. Y en último término, puede recurrirse a la metodología de la NBA: se tasan los jugadores, y se fija un máximo de coste por plantilla (en este caso, por selección), con lo que sin duda alguna se conseguirá que todos los partidos acabarán en empate. Aunque los partidos pierdan emoción con un resultado predecible, habremos conseguido que todos los servicios sanitarios sean igual de eficientes y cumplidores.

Como trabajador y beneficiario del Servicio Vasco de Salud, las satisfacciones que la cantera nos ha dado siempre a los vascos me tranquilizan bastante. También dan seguridad las recientes manifestaciones de nuestro consejero, en las que señala que en Euskadi tenemos una esperanza de vida de 75 años para los caballeros y 83,8 años para las damas, con un aumento de cuatro años y medio en los últimos 20 años. No sólo eso: la mortalidad infantil "es la menor de todo el contexto europeo", se han detectado precozmente, gracias al Programa para mujeres de 50-64 años, nada menos que 2.140 cánceres de mama, y en cuanto a la Atención Primaria, “hemos alcanzado los nueve minutos de dedicación a cada consulta de Medicina general, estamos rozando ya los 11 minutos en pediatría y ha habido un notable aumento en los centros que atienden consultas por las tardes". Aunque el consejero utiliza una metáfora ciclista (“seguimos en el pelotón de cabeza”) más que futbolera, estos datos me hacen pensar en que nuestra selección obtendrá una buena plaza en el campeonato.

Pero la realidad es que el fútbol vasco tiene hoy menos peso en el –por utilizar el término del consejero- contexto nacional o estatal (según prefiera el lector). Hay datos sutiles, pero evidentes, que lo ponen de relieve, como el peculiar hecho de que en una tierra que ha dado docenas de excelentes porteros resulta que el mejor guardameta vasco actual es riojano. También me parece un motivo de inquietud, como trabajador y beneficiario de Osakidetza, que el equipo vasco con más jugadores seleccionables para Euskadi ande a la greña con su directiva por cuestiones de primas, renovaciones de contrato y otros desencuentros por el estilo. Pero también aquí hay un claro paralelismo sanitario – futbolero. Al igual que la directiva del Athletic reconoce tibiamente un desacuerdo con sus jugadores que éstos demuestran conductualmente es más profundo, la afirmación del consejero en el sentido de que existe una “conflictividad latente” en Osakidetza, que "no es un mundo perfecto, pero está muy lejos del infierno que algunos se empeñan en hacer ver", ha sido contestada por un sindicato, que ha hecho pública una nota enérgica sobre su malestar.

Llegados a este punto, habrá que decir a Appleby y Street que su divertimento estadístico encierra más verdad de la que suponían.


Fuentes:

Appleby J, Street A. Health system goals: life, death… and football. J Health Serv Res Policy 2001; 6: 220-225 [Texto completo]

Dobson R. Countries with better health systems have better football teams. BMJ 2002; 325: 1378 [Texto completo]

Skrabanek P. La muerte de la medicina con rostro humano. Madrid: Dáiz de Santos, 1999

posted by Juan  # 09:30


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