Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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27.6.04

Fútbol y Salud (y 2) 

Para terminar de hablar de los aspectos psiquiátrico – insólitos del fútbol (o de los aspectos futbolísticos de la Psiquiatría Insólita) nos referiremos a otras dimensiones en las que el balompié influye en la salud.

Un primer abordaje es el de la influencia, no ya sobre la salud, sino sobre la asistencia, de las retransmisiones televisivas de eventos futboleros. Como todos recordamos al día siguiente de los partidos “grandes” las diferentes cadenas nos ofrecen inevitablemente imágenes que reflejan lo vacías que estaban las calles durante la celebración del encuentro. Pues bien, a esas avenidas sin tráfico, a esos grandes almacenes sin compradores, deberían añadirse las salas de urgencia menos concurridas a la hora del partido. Este fenómeno, conocido por cuantos trabajan o han trabajado en estos dispositivos, se presenta también en otros países, como expone un médico danés que en respuesta a un trabajo que citábamos la pasada semana en el que se recogía un aumento de la mortalidad cardiovascular en los partidos de la selección inglesa, sugiere que la causa es que los enfermos retrasan la visita a urgencias hasta el final del partido, perdiéndose así unos minutos preciosos. En palabras del autor, dr Jemec, los partidos de la selección nacional revisten aparentemente una “atracción mesmérica para una amplia proporción de la población masculina”, que hace que no soliciten atención médica si el problema aparece durante un partido de fútbol. De esta manera, apunta, “ver fútbol en la tele puede afectar a la salud a largo plazo”. Así pues,nos hallamos ante otro indicio de que el fútbol televisivo es malo para la salud.

¿Y qué decir de su repercusión sobre el sistema sanitario? Es esto precisamente lo que intentó discernir un estudio realizado en Navarra, en el que se intentó determinar específicamente el “Perfil de la demanda urgente e influencia del fútbol televisado en un servicio extrahospitalario”. El título lo dice todo. El resultado, en primera instancia, es sorprendente, ya que “se observó un aumento significativo de la demanda durante la retransmisión televisada de fútbol respecto a las horas en que no hubo fútbol televisado (19,8%; p<0,001)”. ¿Cómo puede explicarse un hallazgo tan contrario a la experiencia clínica y a la naturaleza de las cosas? Pues parece que se debe a la llamada “paradoja de Simpson”, un artefacto estadístico que hace que según se agrupen o se separen los resultados se encuentran diferentes efectos. En concreto, el artefacto tiene que ver con el tipo de retrasmisión. Cuando el partido se ofrece en abierto, la probabilidad de acudir a urgencias fue casi tres veces menor en comparación con la retransmisión en una televisión de pago y cuando hay una doble retransmisión en televisión pública y privada, la probabilidad fue un 60% menor que si se emitía solo por televisión privada. En otras palabras: la retransmisión televisiva no es un factor homogéneo, sino que engloba dos factores (televisión abierta o de pago) con un efecto muy dispar sobre la frecuentación. Para los autores, en sus resultados es determinante el hecho de que los partidos de Osasuna se ofrezcan sistemáticamente por televisión de pago. No parece que las consultas de urgencia atendidas durante los partidos se caracterizasen por una mayor gravedad, por lo que a priori tampoco parece que escuchar el partido por la radio aumente, por ejemplo, el riesgo cardiovascular, con lo que la principal conclusión que podemos extraer del estudio es que es posible que al menos los servicios sanitarios navarros se descolapsarían bastante si todos los partidos se ofrecieran en abierto. Los gestores sanitarios tendrán que hacer cuentas y calcular si se podría sufragar la compra de los derechos televisivos de Osasuna para ofrecer sus partidos en abierto con la eliminación de algún dispositivo de urgencias.

Y para terminar, una referencia al efecto del fútbol sobre la salud mental. Comencemos por la repercusión de los grandes eventos futboleros sobre la asistencia psiquiátrica, para lo que contamos con un interesante trabajo realizado en Irlanda que analiza los efectos del campeonato del mundo de 2002. Hay que decir que el artículo tiene el interés añadido de que la selección irlandesa no participó en tan magno evento, por lo que sus resultados no deberían relacionarse con aspectos chovinistas o de apasionamiento de hincha, sino más bien con el efecto crudo y puro de ver fútbol. Los autores estudiaron la repercusión del campeonato sobre los ingresos en un hospital de día de pacientes agudos, y observaron que aumentaron los casos de ansiedad, depresión y esquizofrenia, pero sobre todo los motivados por alcoholismo. Para explicar su hallazgo los autores acuden al hecho de que el campeonato de 2002 se celebrase en Japón y Corea, con un desfase horario que hacía que las retransmisiones tuvieran lugar por la mañana, lo que tuvo unos efectos demoledores, ya que en Irlanda los acontecimientos deportivos suelen aparejar un aumento del consumo de alcohol.

Más sugestivo es aún un estudio que se plantea si los resultados adversos del equipo de tus amores revisten características de estrés postraumático. Dos investigadores británicos pasaron la Impact of Event Scale o escala de impacto de sucesos, a los seguidores de dos equipos que perdieron la categoría al final de la Premier League inglesa de 1997-1998. Su muestra incluía a 65 personas (44 varones) que completaron la escala en las dos semanas posteriores al descenso de categoría. Las puntuaciones globales eran similares a las obtenidas en personas expuestas a amenazas para la integridad física o a desastres naturales, lo que da idea de la entidad del descenso de la categoría de tu equipo como suceso traumático. Más de la mitad de la muestra presentó puntuaciones que según el instrumento reflejan una intensidad clínicamente significativa, y nada menos que el 11% sufrían un “malestar psicológico grave”.

Las implicaciones de este hallazgo son inmensas. Por mucho que se haya sugerido que el Trastorno por Estrés Postraumático es una entidad elaborada no sólo a partir de ideas psiquiátricas, sino que se ha nutrido de elementos sociopolíticos, a nadie hasta la fecha se le había ocurrido plantear que pudieran existir elementos futbolísticos, ni siquiera deportivos en general, en su esencia. Puesto que parece claro que existen factores genéticos que predisponen al trauma psicológico ante diferentes eventos, la conclusión es clara: en interés de un mayor nivel de salud mental en la población deberán identificarse las personas genéticamente vulnerables y, desde muy temprana edad, impedir en ellos (si es necesario por procedimientos tipo Naranja Mecánica) el interés por el fútbol, o cuando menos, redirigir sus inclinaciones o gustos hacia equipos potentes con escaso riesgo de descenso de categoría... eso, siempre que no se demuestre que los gatillazos deportivos de los equipos grandes acarrean también un trauma psicológico. A este respecto no estaría de más estudiar cuál ha sido el efecto psicológico sobre los seguidores del Real Madrid de una temporada como la recién terminada, que apuntaba a la triple corona o “trébol” y que ha terminado en un triple fiasco.

Por otra parte, los resultados del estudio británico nos cerrará la boca a todos aquellos que nos maravillamos con la pretensión de unos seguidores del Valencia de demandar por daño psíquico al árbitro que pitó a su equipo un penalti dudoso (a mí me pareció penalti de verdad) en el partido contra el Real Madrid. Va a resultar que tenían razón... y puede que sólo el triunfo final del Valencia en la Liga nos haya salvado de un insólito espectáculo psiquiátrico – legal.



Fuentes:

Banyard P, Shevlin M. Responses of football fans to relegation of their team from the English Premier League: PTS? Ir J Psych Med 2001; 18: 66-67 [Texto completo]

Jemec G B. Football may influence when patients see a doctor. BMJ 2003;326:600 [Texto completo]. http://bmj.bmjjournals.com/cgi/content/full/326/7389/600/b

Kelly B, Delaney A-M, Maguire B, Windsor S. Acute Psychiatry Day Hospital Referral Rates During The World Cup. Ir Med J 2003; 96: 121 [Texto completo]

Pérez-Ciordia I, Catalán Fabo F, Zalacain Nicolay F, Barriendo Antoñanzas M, Solaegui Diaz de Guereñu R, Guillén Grima F. Perfil de la demanda urgente e influencia del fútbol televisado en un servicio extrahospitalario en la zona básica de salud de Tafalla, Navarra. Rev Esp Salud Pública 2003; 77: 735-747 [Texto completo]

Segman RH, Shalev AY. Genetics of posttraumatic stress disorder. CNS Spectr 2003; 8: 693-8 [Texto completo].

Summerfield S. The invention of post-traumatic stress disorder and the social usefulness of a psychiatric category. BMJ 2001; 322: 95-98 [Texto completo]
posted by Juan  # 10:29 AM

20.6.04

Fútbol y Salud (1) 

En un repaso a los aspecto psiquiátrico - insólitos del fútbol no puede faltar una consideración a su relación con la salud o con los servicios sanitarios. Y es que cuando los resultados del equipo de fútbol de uno son adversos corre peligro la salud tanto cardiovascular como psicológica... según parecen demostrar los resultados de algunos estudios.

En mis más cretácicos recuerdos futboleros aparece siempre alguien que se había “puesto malo” en San Mamés, en partidos de particular tensión. A medida que el concepto de cardiopatía isquémica se introdujo en la cultura popular, los espectadores desafortunados ya no se ponían malos, sino que les daba un infarto. De hecho, se popularizaron expresiones como "partidos de infarto", "final no apto para cardiacos", y similares. La tensión, dicho sea de paso, no sólo afecta a los espectadores: los muy futboleros recordarán el caso del seleccionador escocés Jock Stein, fallecido a causa de un infarto al final de un tenso partido contra Gales, que clasificó a su equipo para el Mundial de México.

Con el fin de comprobar si efectivamente hay partidos no aptos para cardiacos, en los últimos años se han publicado diversos estudios que analizan el efecto de lo que podríamos llamar estrés futbolero sobre la salud cardiovascular. El primer y seminal (con perdón) trabajo fue el de unos epidemiólogos holandeses que estudiaron el impacto de la eliminación por penalties de Holanda, a manos de Francia, en los cuartos de final de la Eurocopa de 1996, celebrada en Inglaterra. Según sus conclusiones, aquel partido aumentó en un 50% las muertes “esperables” por infarto de miocardio o ACV.

Dos años después, unos investigadores de Birmingham (Reino Unido) analizaron el efecto de los partidos jugados por la selección inglesa en el Mundial de Francia de 1998. Se observó un aumento del 25% de los ingresos por infarto de miocardio en el día de la eliminación del equipo, con la peculiaridad de que el efecto deletéreo de la despedida de la selección se prolongó durante los dos días siguientes. Hay que decir que en este caso el fracaso futbolístico implicaba incluso connotaciones nacionalistas, ya que la eliminación (también por penaltis) de Inglaterra fue a manos de Argentina. Los autores se atrevían a sugerir que en aras de la salud pública se eliminen las tandas de penaltis.

Estos hallazgos se aprecian también a escala local. Así, un trabajo realizado en la zona nororiental de Inglaterra (de la que son originarios equipos de la solera del Newcastle, el Sunderland o el Leeds) encontró que cuando el equipo local perdía en casa se registraba un aumento de casi el 28% en la mortalidad entre varones a causa de infarto de miocardio o de ACV. ¿Deberían prohibirse los doses en la quiniela en aras de la protección de la salud de los hichas del equipo local?

¿Por qué es malo que tu equipo pierda? Desde una perspectiva psicosomática a lo Selye podríamos invocar al eje hipotálamo – hipófisis – suprarrenal y a los siempre canallas corticoides y catecolaminas. Pero hoy en día se llevan más las explicaciones multifactoriales, que se complacen en explicar las enfermedades por el efecto aditivo, o incluso multiplicador, de los riesgos derivados de diferentes factores. Así, se ha sugerido que por si no fuera suficiente la tensión que acarrea presenciar un partido, lo habitual es que el público (que los presencia en directo), los teleespectadores o los radioescuchas estén entregados durante el encuentro a actividades tan poco recomendables para la salud cardiovascular como fumar como posesos, comer atropellada y excesivamente o beber sin medida. Dado el ritual futbolístico de bocata y/o bota y/o puro, propongo que se estudie la repercusión de estos diferentes de riesgo, solos, o añadidos, en el público, por ejemplo, de San Mamés. Con un holter y un epidemiólogo se pueden extraer conclusiones interesantísimas.

Curiosamente, los resultados de algunos trabajos sugieren un efecto beneficioso de lo que podríamos llamar sucesos futbolísticos favorables. En un estudio planteado a propósito del estudio holandés inicial, un grupo de autores -galos, por supuesto- encontró que en Francia, cuya selección se impuso en el enfrentamiento, no se produjo el incremento de mortalidad que golpeó a Holanda. Como explicación del diferente impacto del resultado sugerían que el exceso de muertes encontrado en Holanda podría deberse simplemente a un artefacto derivado de la metodología del estudio. Pero hay indicios que sugieren que la resistencia de los franceses al estrés del partido no tiene que ver con aspectos metodológicos, sino con el resultado favorable del mismo. De hecho, durante el Mundial de Francia de 1998 (en el que se impuso con autoridad la selección local), se registró en ese país una disminución de fallecimientos por infarto de miocardio.

Así pues, el efecto beneficioso para la salud de los hinchas del equipo ganador, y lo perjudicial que es que el equipo propio pierda, da la razón a los periodistas y técnicos que usan imágenes bélicas para describir los enfrentamientos balompédicos: al igual que en las conflagraciones actuales, los más afectados no son los combatientes, sino la retaguardia.


Fuentes

Berthier F , Boulay F. Lower myocardial infarction mortality in French men the day France won the 1998 World Cup of football. Heart 2003;89:555-556 [Texto completo].

Carroll D, Ebrahim S, Tilling K, Macleod J, Smith GD. Admissions for myocardial infarction and World Cup football: database survey. BMJ 2002; 325: 1439-1442 [Texto completo].

Chi J S , Kloner R A. Stress and myocardial infarction. Heart 2003;89:475–476 [Texto completo]

Kirkup W, Merrick D W. A matter of life and death: population mortality and football results. J Epidemiol Comm Health 2003;57:429-432 [Texto completo]

Toubiana L , Hanslik T, Letrilliart L. French cardiovascular mortality did not increase during 1996 European football championship. BMJ 2001;322:1306 [Texto completo]

Witte DR, Bots ML, Hoes AW, Grobbee DE. Cardiovascular mortality in Dutch men during 1996 European football championship: longitudinal population study. BMJ 2000;321:1552-1554 [Texto completo]
posted by Juan  # 10:58 AM

13.6.04

Las edades del fútbol 

Algunos grandes descubrimientos se deben a que un observador ha tenido la intuición de apreciar que un fenómeno determinado encerraba un significado especial oculto hasta entonces. El biólogo suizo Jean Piaget fue capaz de establecer su modelo del desarrollo psicológico infantil a partir de la observación de las conductas y del discurso de sus propios hijos. Michael R Perkin , del departamento de Salud Infantil del St George’s de London pretendió combinar ambos enfoques en un ambicioso proyecto de investigación que finalmente vio la luz en el BMJ del fin de año del pasado 2003 (hay que recordar que la prestigiosa revista británica dedica sistemáticamente su último número anual a lo que podríamos llamar Humanidades y Humoradas).

Al parecer, en las familias familias con varios hijos se observa una mayor prevalencia de fiebre del heno en los hermanos mayores. Pues bien: el doctor Perkin ha observado que cuando sus tres hijos juegan al fútbol reparten los puestos de manera que invariablemente el mayor elige ser delantero y el menor ha de jugar de portero. Esto enlaza con el testimonio autobiográfico de no pocos porteros brillantes, que empezaron a jugar como arqueros porque no eran buenos en otras posiciones, o porque un determinado día falló el portero habitual y ningún otro compañero más quiso ponerse. Los dos mecanismos sugieren que el puesto de portero no es el más cotizado por los niños, y que acabará entre los tres palos el más torpe o el menos capaz de defenderse ante los abusones que eligen ser delanteros (en este caso, el hermano menor). Así pues, podría ser que no sólo la atopia, sino la posición en el campo, varíen con el orden de nacimiento en la fratría. El doctor Perkins nos aporta un caso paradigmático para su hipótesis: El inmortal Pelé era el mayor de tres hermanos.

Para comprobar si el fenómeno observado en su familia se reproduce a nivel general, nuestro autor remitió un cuestionario sobre posición en la fratría de los jugadores de su plantilla a los 20 equipos de la Premier League inglesa. Sólo tres le contestaron; dos de ellos para rechazar la encuesta y otro, aunque anunció que la distribuiría entre sus jugadores, no llegó a remitir ninguna respuesta. Curiosamente, uno de los equipos declinó participar a través de una carta que comunicaba al autor su incapacidad de atenderle “dado el volumen de peticiones similares a ésta que recibimos cada día”, lo que sugiere que hay una legión de autores entregados en cuerpo y alma a tan curiosa línea de investigación.

El doctor Perkin optó entonces por rebajar el dintel de sus pretensiones y se dirigió a los equipos de la Tercera División (cuarto y último nivel del fútbol inglés a nivel nacional), con lo que obtuvo respuesta de 14 clubes. Un interesante hallazgo preliminar fue que entre los porteros había una mayor prevalencia de hijos únicos (lo que evoca el caso del longevo ex - portero de la selección inglesa David Seaman), lo que Perkin interpretó como una consecuencia de la imposibilidad de rotar posiciones con hermanos. Lamentablemente, el análisis estadístico de los datos no le permite confirmar la hipótesis inicial, más que muy vagamente: parece que en las familias en las que sólo hay hermanos varones sí hay una cierta tendencia a que los hermanos mayores eludan ser porteros, pero en todo caso esta no-asociación no alcanza significación estadística.

La revista, optó por confiar el peer-review a dos autores que compartiesen con Perkin su doble dimensión de científico y futbolero, por lo que eligió para esa tarea a un miembro de la Universidad de Southampton (que se limita a decir que el trabajo es gracioso) y a un abonado del Charlton Athletic FC de agudos criterios futbolísticos, que concluye su apasionado comentario diciendo que el estudio está mal planteado porque lo que mola en la actualidad (y lo que se supone que atrae a los niños) ya no es el puesto de delantero, sino el de centrocampista.

Al margen de la ocurrencia del doctor Perkin, debemos aclarar que se ha demostrado un efecto de la edad no ya sobre la posición en el campo, sino sobre el éxito en el fútbol. Esta asociación se ha demostrado al menos en el fútbol guipuzcoano (lo que, debo conceder, es un excelente punto de arranque para su generalización posterior) gracias a un trabajo del doctor González Aramendi, especialista en Educación Física y del Deporte de la Federación Gupizcoana de Fútbol. Este autor ha analizado en categorías inferiores del fútbol guipuzcoano el Efecto Relativo de la Edad (Relative Age Effect: RAE). Este efecto, que se refiere a diferencia relativa de la edad entre individuos de un mismo grupo, se traduce en el fútbol de categorías inferiores en que siendo el corte de niveles arbitrario (en función de la edad a 1 de enero de los jugadores) nos encontraremos con que, por ejemplo en el primer año de cadetes, coexistirán jugadores que cumplen los 15 años al comienzo del año con otros que los cumplen a finales. El RAE se expresa en forma de un cociente en el que el numerador corresponde a los nacidos en la primera mitad y el denominador, a los nacidos en la segunda. La realidad, observada también en otros medios y en otros deportes, es que en esas categorías en las que los futbolistas están por su edad “haciéndose” antropométricamente hablando, los entrenadores se decantan por los más mayores en edad (los nacidos a primeros de año), que están más altos y fuertes. Llama poderosamente la atención que según este estudio, en Guipúzcoa el RAE es especialmente poderoso en la Real Sociedad, sin duda el equipo más orientado al éxito. Cabe deducir que los entrenadores del club, con más presión por ganar que los de equipos de menor entidad, eligen sistemáticamente a los jugadores más potentes.

¿Qué trascendencia a largo plazo tiene el RAE en fútbol? Si desde categorías inferiores se produce una selección que favorece a los más mayores (nacidos en la primera mitad del año) uno puede anticipar que los más jóvenes, hartos de chupar banquillo, acabarán por dejar el fútbol, o que terminen recibiendo la carta de libertad y buscándose la vida futbolera en otros pagos, lo que –en términos del doctor González Aramendi- representa una auténtica fuga de talentos balompédicos. Por otra parte, el colectivo de futbolistas de élite, a causa de la selección etaria (que no natural) se compondrá básicamente de jugadores nacidos en la primera mitad del año, lo que el trabajo que nos ocupa confirma en la Liga española (con la notabilísima excepción del Valencia, que ha sido campeón con una plantilla en la que predominan jugadores de la segunda mitad del año).

No hemos hablado hoy de nada directamente psiquiátrico, pero no puede negarse que insólito sí que lo es.


Fuentes:

Forgacs I. Referee's half-time análisis. BMJ 2003; 327: 1474 [Texto completo]
González Aramendi JM. Mes de nacimiento y éxito en el fútbol. Estudio del efecto relativo de la edad en el fútbol guipuzcoano. Eusko News Media 2004/02-27/03-05 [Texto completo].
Inskip H. Commentary: it's all over. BMJ 2003; 327: 1474 [Texto completo]
Musch J, Hay R. The relative age effect in soccer:
cross-cultural evidence for a systematic discrimination against children born late in the competition year. Sociol Sport J 1999; 16: 54-64 [Texto completo]
Perkin MR. Football position and atopy—both subject to the birth order effect?. BMJ 2003; 327: 1473-1474 [Texto completo]


posted by Juan  # 9:59 AM

6.6.04

Sobre selecciones y sanidad 

Una de las especies más interesantes de las muchas que pululan por las ciencias de la salud es la de los epidemiólogos, unos señores capaces de establecer, mediante complejos racionamientos matemáticos, la relación entre diferentes factores y la aparición de enfermedades, de manera que puedan predecirse situaciones de riesgo o, en el mejor de los casos, puedan diseñarse actuaciones para prevenir la enfermedad. Las aportaciones de la Epidemiología han sido importantísimas: no hay más que recordar a Semmelweiss y la fiebre puerperal, o a John Snow y su brillante demostración del origen infeccioso del cólera. La Humanidad debe mucho, pues, a los epidemiólogos, sobre todo a los clásicos.

En nuestros días, vencidos muchos de los males que la especialidad ayudó a desenmascarar y combatir, los epidemiólogos se dedican a analizar enfermedades multifactoriales, y por lo general encuentran culpables más endógenos que exógenos, y con una actuación más sumatoria que individual. Dicho de otra manera: los malvados no son ya alevosos microbios, sino estilos de vida ligados a nuestra cultura, y son tanto más eficaces como promotores de la enfermedad cuantos más factores de riesgo puedan sumarse en un mismo individuo. El tabaquismo, la vida sedentaria, nuestra dieta rebosante de perversas grasas saturadas y escasa en fibra, el estrés, el sobrepeso, y toda esa caterva de canallescos elementos son, para la Epidemiología, los causantes de nuestros postmodernos males. Esta nueva visión de la enfermedad es para un crítico como Skrabanek el argumento que emplean los calvinistas sanitarios para dictar algo cercano a normas cuasimorales sobre la conservación de la salud, pero esto, aunque muy jugosa, es otra historia.

Y es otra historia porque ha de reconocerse que los epidemiólogos, a pesar de que tanta regresión, significación y covarianza podrían hacer pensar lo contrario, tienen cierto sentido del humor y vergüenza torera. Así lo demuestra el estudio publicado en 2001 por Appleby y Street que comentamos hoy. Parece que de forma casi simultánea, la OMS y la FIFA publicaron sus correspondientes rankings de países. La organización sanitaria estableció el suyo sopesando factores como el nivel de salud (medido en función de la expectativa de años de vida sin discapacidad), la distribución de este nivel en la población, el grado de respuesta del sistema sanitario a las necesidades de la población, la distribución de esa respuesta, y el reparto justo de los recursos económicos. A su vez, la FIFA sigue un sistema de cálculo ciertamente complejo que para cada selección tiene en cuenta parámetros comolos partidos ganados, perdidos o empatados, los goles marcados, el número de partidos jugados en casa o fuera, la trascendencia de los partidos jugados, la potencia futbolística de la selección contraria, el nivel de la liga nacional, el número de partidos disputados y la historia de resultados previos. El hecho es que con sólo comparar ambas clasificaciones encontramos un evidente paralelismo. Por ejemplo, Francia, segunda en la lista FIFA, es la líder sanitaria; España ocupa los puestos 5º y 7º, respectivamente, e Italia, sexta selección del mundo, es la subcampeona sanitaria. Es cierto que hay algunas excepciones. Por ejemplo, Brasil, líder futbolera, no aparece en el top-20 sanitario, y habría que buscar a San Marino, tercera en el ranking sanitario, en el pozo de la clasificación FIFA. Discordancias o excepciones, que si tenemos en cuenta los resultados no siempre homogéneos de la investigación sanitaria, no hacen más que dar solidez a un hallazgo que aplicando el análisis estadístico propio de la Epidemiología, se confirma con el nivel de significación del agrado de los autores. En resumen: si un país tiene una selección futbolera potente puede predecirse que su sistema sanitario será igualmente potente.

Los autores comentan que el trabajo, concebido inicialmente como un divertimento jocoso, no sólo cuestiona los métodos de la OMS para establecer los niveles nacionales de salud, sino que pone en evidencia que los datos más o menos científicos pueden manipularse para demostrar cualquier cosa, algo que los autores hubieran descubierto mucho antes, si fueran clínicos, al analizar superficialmente la bibliografía sobre boticas.

A pesar de que sus resultados, según los propios autores, son “espurios”, el artículo de Appleby y Street tiene un gran interés al hilo de la rabiosa actualidad político – deportiva y sugiere fecundos campos de investigación e intervención, justamente en un momento en que después del debate parlamentario y las posteriores aclaraciones gubernamentales al respecto no sabemos si habrá selecciones futboleras autonómicas o, en caso de que las haya, si jugarán en torneos oficiales o en amistosos de solteros contra casados. Propongo solemnemente que las pongamos a jugar un torneo interautonómico que permita obtener conclusiones sanitarias; es decir, hagamos un ranking de selecciones que nos permita elaborar el de servicios sanitarios autonómicos. Imaginemos que Galicia, por ejemplo, queda 14ª en el campeonato: esto querría decir, esencialmente, que tiene que aumentar su inversión sanitaria. Y, por la misma lógica, en caso de que Navarra fuera la campeona futbolera, tendría que esforzarse en reforzar su selección con el fin de mantener la calidad de su sistema asistencial. A su vez, el Estado, para obtener a una calidad homogénea de los diferentes sistemas sanitarios, tendría que dictar normas que igualaran la potencialidad de las selecciones autonómicas. Si hacemos que el portero de la selección con el mejor sistema sanitario juegue con un brazo atado al tronco, es bastante posible que los demás servicios sanitarios autonómicos se acerquen a la calidad exhibida por el servicio y la selección campeones. Y en último término, puede recurrirse a la metodología de la NBA: se tasan los jugadores, y se fija un máximo de coste por plantilla (en este caso, por selección), con lo que sin duda alguna se conseguirá que todos los partidos acabarán en empate. Aunque los partidos pierdan emoción con un resultado predecible, habremos conseguido que todos los servicios sanitarios sean igual de eficientes y cumplidores.

Como trabajador y beneficiario del Servicio Vasco de Salud, las satisfacciones que la cantera nos ha dado siempre a los vascos me tranquilizan bastante. También dan seguridad las recientes manifestaciones de nuestro consejero, en las que señala que en Euskadi tenemos una esperanza de vida de 75 años para los caballeros y 83,8 años para las damas, con un aumento de cuatro años y medio en los últimos 20 años. No sólo eso: la mortalidad infantil "es la menor de todo el contexto europeo", se han detectado precozmente, gracias al Programa para mujeres de 50-64 años, nada menos que 2.140 cánceres de mama, y en cuanto a la Atención Primaria, “hemos alcanzado los nueve minutos de dedicación a cada consulta de Medicina general, estamos rozando ya los 11 minutos en pediatría y ha habido un notable aumento en los centros que atienden consultas por las tardes". Aunque el consejero utiliza una metáfora ciclista (“seguimos en el pelotón de cabeza”) más que futbolera, estos datos me hacen pensar en que nuestra selección obtendrá una buena plaza en el campeonato.

Pero la realidad es que el fútbol vasco tiene hoy menos peso en el –por utilizar el término del consejero- contexto nacional o estatal (según prefiera el lector). Hay datos sutiles, pero evidentes, que lo ponen de relieve, como el peculiar hecho de que en una tierra que ha dado docenas de excelentes porteros resulta que el mejor guardameta vasco actual es riojano. También me parece un motivo de inquietud, como trabajador y beneficiario de Osakidetza, que el equipo vasco con más jugadores seleccionables para Euskadi ande a la greña con su directiva por cuestiones de primas, renovaciones de contrato y otros desencuentros por el estilo. Pero también aquí hay un claro paralelismo sanitario – futbolero. Al igual que la directiva del Athletic reconoce tibiamente un desacuerdo con sus jugadores que éstos demuestran conductualmente es más profundo, la afirmación del consejero en el sentido de que existe una “conflictividad latente” en Osakidetza, que "no es un mundo perfecto, pero está muy lejos del infierno que algunos se empeñan en hacer ver", ha sido contestada por un sindicato, que ha hecho pública una nota enérgica sobre su malestar.

Llegados a este punto, habrá que decir a Appleby y Street que su divertimento estadístico encierra más verdad de la que suponían.


Fuentes:

Appleby J, Street A. Health system goals: life, death… and football. J Health Serv Res Policy 2001; 6: 220-225 [Texto completo]

Dobson R. Countries with better health systems have better football teams. BMJ 2002; 325: 1378 [Texto completo]

Skrabanek P. La muerte de la medicina con rostro humano. Madrid: Dáiz de Santos, 1999
posted by Juan  # 9:30 AM


¿Qué es PSIQUIATRIA INSOLITA? 

Selección de noticias relativas a la salud/enfermedad mental y técnicas de tratamiento relacionadas, que pueden resultar de interés por su carácter:
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