Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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25.4.04

Calendario (y 4): Los días 

Después de repasar las estaciones, las fases lunares y los diferentes zodiacos, queda por ver si los días de la semana marcan ritmos de interés insólito.

Los antiguos astrónomos, pertrechados de su simple vista, sólo podían contemplar siete astros solares, que consagraron a los dioses y aprovecharon para nombrar a los días de la semana en orden de proximidad a la Tierra. Considerando el astro más cercano al el Sol, le dedicaron el primero de los días. De hecho, no es el lunes, sino el domingo (cuya reminiscencia solar es muy apreciable en el sun-day inglés) el primer día de la semana. Más adelante, con la cristianización del Imperio Romano se dedicó el día al Señor (domingo, de dies Dominica- día del Señor en latín), y se le colocó en último lugar de la semana como correspondía al día del descanso. El siguiente día era la Luna, a la que debe su nombre el lunes (de dies Lunae, día de la Luna en latín). El martes (dies Martis, día de Marte en latín) debe su nombre a Marte, el miércoles (dies Mercurii) a Mercurio, el jueves (dies Jovis) a Júpiter, el viernes (dies Veneris) a Venus y el sábado (dies Saturnus) a Saturno. Aunque en algunas lenguas como en inglés (saturday) se mantiene la raíz denotadora de su origen etimológico, el latín (y por derivación el castellano) eliminó la referencia a Saturno al adoptar latinizado (sabbatum) el shabbath hebreo, día de descanso antes de que el cristianismo lo cambiase por el domingo.

Es obvia la relación de la conducta humana con los días de la semana. Imponen los ritmos laborales, el tiempo de ocio e incluso los momentos de despendole comportamental relacionados con el forofismo futbolístico. Al martes, sobre todo si coincide con el 13 del mes, se le atribuye un mal fario que hace que muchas personas se muestren remisas y temerosas, hasta el punto de que seguramente puntuarían alto en alguna escala foboobsesividad martes-dependiente (que seguro que la habrá). Dicen que esta creencia se asienta en una especie de superstición universal: Las leyendas nórdicas hablan de 13 espíritus del mal; la venida del Anticristo y la Bestia aparecen en el capítulo 13 del Apocalipsis; en el Tarot, este número hace referencia a la muerte, y en la Última Cena de Jesucristo, tras la que fue crucificado, hubo trece asistentes. A su vez, el día debe su nombre a Marte, dios de la guerra, por lo cual el martes estaría regido por el planeta de la destrucción, la sangre y la violencia (como indica su color rojizo). Por si fuera poco, según una leyenda fue en martes y 13 cuando se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel. En la cultura anglosajona prefieren fijarse en que Cristo fue crucificado en viernes, por lo que el día de mal fario es el viernes, sobre todo si cae en 13, y las escalas deberán ser de foboobsesividad viernes-dependiente. Ahora bien, el viernes es un día más ambivalente, como lo demuestra que cinematográficamente coexisten el terrorífico Viernes 13 y el lúdico y anunciador del fin de semana Gracias a Dios que es Viernes.

En nuestro medio occidental, después de que se impusiera el modelo sajón de descanso finisemanal de sábado y domingo, lo habitual es llevar mal los lunes, y podríamos hablar de síndrome disfórico de reincorporación al trabajo o a las clases, con sus correspondientes escalas. El caso más extremo es el de una adolescente norteamericana que en ese día de la semana disparó a compañeros y profesores, hasta matar a dos personas y herir a no pocas. Cuando fue detenida indicó que lo había hecho porque no le gustaban los lunes, y su I don’t like mondays recorrió el mundo con música y letra de los Boomtown Rats

Los ritmos sociales son también los que determinan la influencia insólita de los días de la semana. Tradicionalmente se señala que los fines de semana pesa más la soledad y afloran los sentimientos depresivos, por lo que son más frecuentes las visitas a los servicios de urgencias. El consumo no moderado de todo tipo de drogas psicoactivas, legales e ilegales, en esos días, es otro importante proveedor de casos para la Psiquiatría. Ahora bien, un reciente estudio realizado en Suecia en personas con dependencia del alcohol encontró un pico de suicidios en los lunes y martes y en general en los dos primeros días tras un periodo de vacaciones. Este ritmo, que no se apreció al estudiar el suicidio de personas con otros problemas psiquiátricos, como la depresión, se atribuyó a la influencia de la abstinencia del alcohol.

Sin embargo, la asociación más destacable está determinada por los peculiares ritmos de los horarios y calendarios laborales de los servicios y trabajadores sanitarios. Y en este sentido, los días nefastos no son los odiosos lunes o los cenizos martes, sino los del fin de semana comenzando en el viernes, como se ha demostrado en varios estudios realizados en Canadá (desconozco a qué se debe el interés de los autores canadienses por esta cuestión). Para empezar, en los días del fin de semana hay un mayor riesgo de aborto o muerte perinatal; el grupo que estudió la asociación se apresura a decir que según la bibliografía en Canadá venir al mundo en sábado o domingo es menos peligroso que en otros países.

También son canadienses los doctores Bell y Redelmeier, que encontraron que para tres enfermedades médicas agudas y severas (rotura de aneurisma de aorta abdominal, epiglotitis y embolismo pulmonar) el ingreso hospitalario en fin de semana conlleva un mayor riesgo de muerte. Por último, de nuevo el doctor Bell, en este caso en asociación con el doctor van Walraven, encontró que los pacientes dados de alta en viernes tenían un mayor riesgo de reingreso rápido y/o de fallecimiento a las pocas semanas del alta.

La explicación a estos hallazgos no se encuentra, casi con toda seguridad, en influencias de Venus (viernes), Saturno (Sábado) o el Sol (Domingo), sino más bien en la relativa subasistencia que implica el fin de semana, en la que bajan espectacularmente los recursos asistenciales extrahospitalarios y los hospitales funcionan con menos personal y con facultativos de guardia afectos muchas veces de una peculiar ansiedad anticipatoria: ¿Habrá camas para atender la demanda de la urgencia? Se puede conjeturar que el relativo nadir de recursos humanos desde e viernes por la tarde al lunes por la mañana generará efectos colaterales como alguna que otra inducción del parto a destiempo o una cierta imposibilidad de abarcar agolpamientos de patologías severas. Y sin derrochar imaginación puede uno pensar que la proximidad del fin de semana, con la necesidad de disponer de camas para hacer frente a los posibles ingresos de tres días de guardia, impone en algunos servicios que el viernes se caracterice por un afán centrifugador de casos que puede reducir la capacidad del clínico para discriminar qué alta es apropiada, cuál está cogida por los pelos y cuál, en definitiva, es simplemente incorrecta.

Y es así como los ritmos asistenciales igualan a los servicios y trabajadores sanitarios con los más reputados dioses de la mitología greco-romana. Para que luego digan que nuestro estatus social está de capa caída.


Fuentes

Bell CM, Redelmeier CA. Mortality among patients admitted to hospitals on weekends as compared with weekdays.
N Engl J Med 2001; 345: 663-8 [Abstract]

Bradvik L, Berglund M. A suicide peak after weekends and holidays in patients with alcohol dependence. Suicide Life Threat Behav 2003; 33: 186-91 [Abstract].

Luo ZC, Liu S, Wilkins R, Kramer MS. Risks of stillbirth and early neonatal death by day of week. CMAJ 2004; 170: 337-341 [Texto]

van Walraven C, Bell CM. Risk of death or readmission among people discharged from hospital on Fridays. CMAJ 2002; 166: 1672-1673 [Texto]




posted by Juan  # 9:54 AM

18.4.04

Calendario: 3. Zodiaco. 

Las relaciones que el ser humano establece con los ritmos temporales no estarían completas sin una alusión al horóscopo, ya sea mensual (con los signos estelares del zodiaco) o anual (con los símbolos animalarios del horóscopo oriental). A pesar de ser tildado unánimemente de superchería por el mundo científico, el horóscopo ocupa un destacado lugar en prácticamente todos los periódicos y revistas generales, y no pocas personas con poder económico o político han tomado históricamente sus decisiones después de consultarlo o, incluso, después de despachar con su astrólogo de cabecera.

Según nos cuenta Ester LaTorre, Astróloga humanista y terapeuta corporal C. E. (Core Energética), en los últimos 100 años se ha producido una evolución en el pensamiento astrológico superando el antiguo sistema formulado por Ptolomeo, hasta constituirse tres tendencias. La primera refleja la popularización de los elementos más básicos, los referidos a la posición del Sol y de los planetas en el Zodiaco y cómo afectan los planetas en transito sobre el mapa o carta natal. Según la autora, esta tendencia mezcla los métodos de la Astrología más antigua con el conocimiento psicológico. La segunda tendencia intenta de establecer los descubrimientos astrológicos sobre una base estadística para que pueda darle un carácter "más científico" (entrecomillado en el original) y para obtener así, un reconocimiento por los pensadores académicos (cursivas añadidas). Por último, la tercera tendencia trata de relacionar la Astrología con doctrinas esotéricas occidentales y orientales. Aún quedaría otra tendencia, que arranca del reconocimiento del carácter simbólico de la Astrología como una técnica para la comprensión básica de la naturaleza, especialmente la naturaleza humana. Supuestamente los fenómenos celestes revelarían el orden que todo ser humano persigue conocer y comprender para alcanzar la armonía. Identificando su conciencia con los patrones y ritmos celestes, el hombre conseguiría fundirse al principio del orden universal y colaborando con dichos ritmos se convertiría en una persona integra: un ser sabio. Es de imaginar, lector, que consultar la columna del zodiaco cada semana (o cada día) es tu particular manera de alcanzar la sabiduría.

El éxito del horóscopo clásico es tal que parece difícil que haya nadie que desconozca a qué signo pertenece. Y posiblemente no sean pocos los que conocen además su signo ascendente natal, lo que es parte importante de la carta astral, un auténtico documento de identidad astrológica que si hacemos caso a los apóstoles de la astrología, se parece al código genético personal en su trascendencia y derecho irrenunciable a la privacidad. Con estos datos, dicen los entendidos, se puede prever el carácter del niño desde su nacimiento, sus disposiciones y aptitudes y hasta su posible futuro profesional.

Tal vez aupado por el auge de lo oriental en los años 60, últimamente contamos también con el horóscopo chino, de simbología animal y periodicidad anual. Gracias a él sabemos que en función de su año de nacimiento uno puede ser Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro o Cerdo, lo que representa una variedad zoológica sumamente interesante. Cada animal, por supuesto, simboliza unos rasgos de carácter que definen a las personas nacidas bajo su signo.

No se puede negar el éxito del zodiaco entre el público lego y entre el que se dedica a la ciencia y no quiere reconocer su vamos a llamar curiosidad por la Astrología. Lo que resulta más chocante es que este tipo de creencias han despertado el interés de las publicaciones biomédicas o psicológicas. Aunque con la atenuante de que este interés es de base más sociológica que científica, hay algunas aportaciones que merece la pena recoger. En 1975, precisamente el mismo año en que más de 180 científicos (entre ellos 19 ó 20 premiso Nobel, en función de las fuentes que uno consulte) firmaron un manifiesto contra la Astrología, el Journal of Psychology acogió un curioso artículo del que dolorosamente no disponemos más que del abstract, en el que se comunicaba que un aspecto de la personalidad variaba en función de la fecha de nacimiento. Así era: en la escala de feminidad del California Psychological Inventory los nacidos entre el 24 de julio y el 20 de enero obtenían puntuaciones altas, mientras que los nacidos entre el 21 de enero y el 23 de julio obtenían puntuaciones bajas. En otras palabras, y en términos zodiacales, la masculinidad venía a corresponder a los signos de acuario a cáncer y la feminidad, a los comprendidos entre leo y capricornio. El autor (o autora) parecía desconcertado (o desconcertada) por la discordancia de su hallazgo con el rasgo masculino o femenino de los signos, que no se distribuye en “mitad de año”, sino alternativamente (son masculinos los signos “impares”, de aries a acuario y “femeninos” los pares, de tauro a piscis). Como no podía apoyarse en explicaciones astrológicas, para explicar este ritmo anual en la variación de la escala de feminidad invocaba una “consideración especulativa” (literal) a otros factores como el clima, la dieta, o las variaciones geomagnéticas a lo largo del año.

Otros artículos han girado en torno al horóscopo oriental. Así, un estudio llevado a cabo en Hong Kong observó un incremento de la natalidad en los años del Dragón (1988 y 2000) que los autores explican no por influencias sobre o extrahumanas, sino por una preferencia de la cultura china por este año zodiacal. Así, los progenitores cumplirían la ley universal de que los padres quieren lo mejor para sus hijos, haciéndolos nacer bajo la influencia del animal más favorable. El contrapunto es un estudio realizado en Japón, que encontró que en 1966 hubo cerca de medio millón menos de nacimientos y un incremento en los abortos respecto a lo que cabría esperar. El motivo, según el autor (o autora) parece ser que según el calendario zodiacal japonés, 1966 era el año de Hinoe-Uma, que acarrea mala suerte a las mujeres nacidas bajo su influencia. Aquí el amor parental parece haber intentado proteger a las posibles hijas evitando su nacimiento. El Hinoe-Uma se repite cada 60 años, por lo que es afortunadamente infrecuente, pero las ecografías, análisis genéticos y a saber qué otras técnicas que de dispondrán los padres japoneses en 2026 podrían condicionar un menor número de nacimientos de niñas en ese año...

Y puestos a analizar la influencia del zodiaco sobre los eventos humanos, el estudio más chocante y festivo lo publicó el Canadian Medical Association Journal en su número de Navidad de 2001, tradicionalmente dedicado a aspectos humorísticos y humanísticos. En él, los británicos Rebecca Pollex y asociados estudiaron el signo del zodiaco de los hasta entonces 171 ganadores del Nobel de Medicina y encontraron asociaciones llamativas. Parece que haber nacido bajo el signo de géminis aumenta las probabilidades de ganar el premio, mientras que ser leo las reduce; en ambos casos, con impecable significación estadística. Los autores reconocen lo insatisfactorio de las explicaciones que pueden ofrecer para tal hallazgo. Al fin y al cabo, nos dicen, los rasgos intelectuales que podrían beneficiar a los geminianos en su carrera científica (brillantez, inventiva, genialidad, inquietud intelectual, ansia de conocimiento; en fin, qué voy a contar yo desde mi objetiva perspectiva de geminiano) no difieren mucho de los que la Astrología atribuye a Leo. Para desatascar la resolución de tan trascendente enigma y en aras del progreso de la Ciencia, me atrevería a proponer una explicación alternativa: como posiblemente no escape a las mentes avisadas, el Premio Nobel no siempre se otorga en un puro, objetivo y crudo reconocimiento a los méritos científicos del ganador, sino que influyen aspectos “políticos”, influencias e intereses o criterios de oportunidad, estrategia o alianzas entre los diferentes sectores del establishment científico internacional. En este sentido, la versatilidad, sociabilidad y extraversión atribuida a los géminis podría ser más beneficiosa que el talante ególatra y autosuficiente que se dice caracteriza a los leo. Es sólo una sugerencia.



Fuentes

Kaku K. Were girl babies sacrificed to a folk superstition in 1966 in Japan? Ann Hum Biol 1975; 2: 391-3 [Abstract].

Kaku K. Increased induced abortion rate in 1966, an aspect of a Japanese folk superstition. Ann Hum Biol. 1975; 2: 111-5 [Abstract].

Pellegrini RJ. Birthdate psychology: a new look at some old data.
J Psychol 1975; 89: 261-5. [Abstract]

Pollex R, Hegele B, Ban MR. Celestial determinants of success in research. CMAJ 2001 165: 1584 [Texto].

Yip PS, Lee J, Cheung YB. The influence of the Chinese zodiac on fertility in Hong Kong SAR.
Soc Sci Med 2002; 55: 1803-12 [Abstract].

posted by Juan  # 10:36 AM

11.4.04

Calendario: 2. Luna, lunera cascabelera 

Si en la pasada entrega nos referíamos a la ordenación del tiempo en meses, en esta ocasión repasaremos someramente algunos trabajos que analizan la influencia y el papel de un marcador del tiempo menos oficial, como son las fases de la luna.

La vinculación de la conducta humana a la luna y sus fases es muy antigua, muy en particular en el ámbito de la Psiquiatría, como lo prueba la añeja etiqueta de lunático para denominar a los enfermos mentales, o el más moderno, cinematográfico y kitsch de “efecto Transilvania” para referirse a la supuesta influencia lunar sobre la Psicopatología. Ahora bien, a la luna también se le han atribuido poderes sobre otras esferas de la vida humana, como por ejemplo su inicio extrauterino, ya que los partos supuestamente son más frecuentes en luna llena. Según el catedrático de Biología Animal de la Universidad de Málaga Ramón Muñoz-Chápuli, el origen de esta suposición enlazaría con la creencia en la influencia de la luna sobre la fertilidad femenina a partir de la duración casi similar del periodo de revolución lunar alrededor de la Tierra (casi 29 días) y el ciclo menstrual. La idea de que la luna condiciona el momento del parto está muy extendida, incluso entre los profesionales; el propio profesor Muñoz-Chápuli cuenta que cuando iba a nacer su primer hijo sostuvo “una dura controversia con un conocido ginecólogo malagueño” que mantenía que la fecha exacta del parto vendría determinada por las fases de la luna. Afanado en demostrar que tal creencia no tiene ninguna base científica, el citado autor ha estudiado la distribución de los nacimientos entre marzo y setiembre de 2002 en dos hospitales de New Hampshire (EEUU), encontrando que la distribución de los mismos no tiene ningún patrón temporal, y por lo tanto no puede relacionarse con las fases lunares. Ahora bien, lo que no nos cuenta es si definitivamente su hijo nació o no con luna llena.

Más pormenorizada y completa es la experiencia de los doctores Melchor y Unamuno, del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital de Cruces – Baracaldo, que analizaron nada menos que 79830 partos atendidos en su servicio a lo largo de 15 años, para llegar a la conclusión de que los nacimientos no siguen ningún patrón de distribución témporo-lunar. Siendo importante el hallazgo, lo que es más trascendente es que este estudio demuestra que el estado norteamericano de New Hampshire tiene la suerte de compartir con Bilbao y su comarca el patrón temporal de nacimientos, lo que debería hacérseles saber para que se sientan orgullosos de parecerse en algo al Botxo.

En relación con sus hallazgos, el profesor Muñoz-Chápuli aventura que “si por un momento que hubiéramos obtenido más datos sobre partos y lunas, los hubiéramos organizado mejor, con sus correspondientes análisis estadísticos, y hubiéramos redactado un vibrante y concluyente manuscrito demostrando que la luna no influye en la frecuencia de los partos. Es seguro que no hubiéramos tenido demasiado éxito a la hora de publicarlo en una revista científica. El editor de cualquier revista seria y de prestigio nos hubiera devuelto el manuscrito con una amable carta de rechazo y, probablemente, una no menos amable sugerencia para una cura de descanso”. Es decir, cree que este tipo de trabajos no son dignos del más mínimo esfuerzo investigador, publicador y financiador. Pues bien: está equivocado, al menos en lo que se refiere al campo de la Psiquiatría más o menos insólita, ya que el “Efecto Transilvania” y su complementaria “hipótesis transilvaniana”, que sostiene que las conductas violentas y alteradas con más frecuentes con la luna llena, han dado lugar a no pocos artículos. Tamaño esfuerzo investigador ha conseguido desmentir los hallazgos de revisiones que hace 25 años recogían una influencia de la luna en las tasas de homicidios, suicidios y accidentes de tráfico. Así, sucesivos trabajos publicados desde entonces no han conseguido demostrar una influencia lunar en fenómenos y marcos tan dispares como las conductas violentas o sus efectos atendidos en urgencias en Canarias, los incidentes violentos acontecidos en hospitales psiquiátricos australianos, el uso del aislamiento como indicador de la violencia en medio hospitalario en el Reino Unido, la distribución temporal de los suicidios registrados en el Instituto Anatómico Forense de Madrid, o los incidentes violentos acaecidos en una prisión del estado de Texas.

Por supuesto, hay excepciones, sobre todo si se analizan diferentes diagnósticos y se consideran múltiples parámetros. Así, en un estudio realizado en el Reino Unido, en el que se hincharon a pasar escalas a un sufrido grupo de pacientes no hospitalizados, se pudo apreciar que en los días de luna llena los enfermos con esquizofrenia presentaban ha deterioro significativo en tres esferas psicopatológicas y una de calidad de vida. Otro estudio, realizado en una institución para mujeres con retraso mental en Tennessee, observó una mayor frecuencia de conductas anómalas (misbehaviors) en los días de luna llena. En cambio, entre los pacientes de una residencia de ancianos en Washington hubo menos “agitación” en los días de luna llena, aunque el hallazgo careció de significación estadística. Puestos a ofrecer una explicación pintoresca, este dato podría ponerse en relación con el llamado fenómeno de puesta de sol, ya que en los días de más luz (luna llena) la conducta de los ancianos era más organizada.

¿Cómo podemos acomodar la contradicción entre la antigua -y consolidada- creencia en la influencia de la luna y los resultados negativos de los estudios que trataban de confirmarla? Con espíritu conciliador aventuramos que tal vez se deba a que la diferencia entre la intensidad de la luz de la luna que implican sus fases es cada vez menos notoria a causa de la extensión de la iluminación artíficial a los núcleos urbanos de todos los países adelantados (en los que precisamente se han llevado acabo los estudios que desmienten la hipótesis transilvaniana). Nuestra modesta hipótesis se vería confirmada si los pacientes esquizofrénicos sujetos a la influencia lunar viviesen en zonas escasamente iluminadas (algo no descartable, dadas las condiciones d eprecariedad en que suelen vivir los enfermos mentales crónicos en la comunidad), si la residencia de mujeres con retraso mental de Tennesse estuviera enclavada en una zona oscura o su gerente economizase en exceso el consumo de luz (algo nada extraño en una época de contención de gastos, como la actual) o si los ancianos de la residencia de Washington sufren en su relación con la luz lunar la influencia artificial de la novedosa terapia lumínica con la que se tratan trastornos conductuales de pacientes con demencia. Cabe, pues, la posibilidad de que podamos culpar a la contaminación lumínica, lo que nos permite, de paso, colocarnos en la añoranza entre ecologista y progresista del buen salvaje, y seguir atribuyendo la conducta humana a fuerzas externas, ya sean naturales o artificiales. Entre tanto, tendremos que calificar como supersticiosos, acientíficos e insensatos a todos los que han atribuido en alguna ocasión la sobrecarga de una guardia a la luna llena. Va por ti... y por mí.



Fuentes

Barr W. Lunacy revisited. The influence of the moon on mental health and quality of life. J Psychosoc Nurs Ment Health Serv 2000; 38: 28-35 [Abstract].

Cohen-Mansfield J, Marx MS, Werner P.. Full moon: does it influence agitated nursing home residents? J Clin Psychol 1989; 45: 611-4 [Abstract].

Gutierrez-Garcia JM, Tusell F.. Suicides and the lunar cycle. Psychol Rep 1997; 80: 243-50 [Abstract].

Hicks-Caskey WE, Potter DR.. Effect of the full moon on a sample of developmentally delayed, institutionalized women. Percept Mot Skills 1991; 72: 1375-80 [Abstract].

Kim S, Song HH, Yoo SJ. The effect of bright light on sleep and behavior in dementia: an analytic review. Geriatr Nurs 2003; 24: 239-43 [Abstract]

Lieber AL. Human aggression and the lunar synodic cycle. J Clin Psychiatry 1978; 39: 385-92 [Abstract].

Mason T. Seclusion and the lunar cycles. J Psychosoc Nurs Ment Health Serv 1997; 35:14-8 [Abstract].

Nunez S, Perez Mendez L, Aguirre-Jaime A. Moon cycles and violent behaviours: myth or fact? Eur J Emerg Med 2002; 9: 127-30 [Abstract].

Owen C, Tarantello C, Jones M, Tennant C. Lunar cycles and violent behaviour.
Aust N Z J Psychiatry 1998; 32: 496-9 [Abstract].

Simon A. Aggression in a prison setting as a function of lunar phases. Psychol Rep 1998; 82: 747-52 [Abstract].

posted by Juan  # 10:02 AM

4.4.04

Calendario (Part one) 

Los seres humanos hemos marcado el tiempo probablemente desde que fuimos capaces de contar. Los ritmos naturales, diarios o anuales nos han permitido reconocer las horas, los días, las semanas y los años. Y como seres que no sólo cuentan, sino que nominan, pusimos nombre en cada cultura a esos pedazos de tiempo que nos servían para organizar nuestras actividades y nuestras vidas. En un año bisiesto como en el que estamos es prácticamente inevitable que el lector esté ya al corriente a través de los medios de comunicación de lo que era el calendario juliano, por qué se impuso el gregoriano y cuál es la razón de que cada cuatro años tengamos un día de propina, así que no insistiremos en la cuestión.

Más interesantes son las unidades de medida más pequeñas. Por ejemplo, el mes, un término relacionado etimológica y conceptualmente de la luna (algo evidente en euskera). Actualmente nos encontramos en abril, el mes dedicado a Venus y cuyo nombre deriva del latín apirire, que hace alusión al brote (abrir) primaveral de flores y hojas. Para quien esté interesado en la etimología de los meses, existe una página en inglés (lamento no haber sido capaz de encontrar un equivalente en castellano) que le ilustrará al respecto.

Por cierto que, como tantas cosas, debemos los nombres de los meses a los romanos. El intento revolucionario francés de introducir un nuevo calendario no cristalizó, algo de lo que me congratulo, ya que soy lo suficientemente conservador como para preferir celebrar mi cumpleaños en mayo antes que en pradial, la verdad.

La semana como agrupación de siete días es una unidad temporal utilizada en todo el mundo. Dicen que su origen es caldeo o hebreo, ya que aparece nada menos que en el Génesis, en el episodio en que Labán le lía a Jacob para que acepte el contrato matrimonial que da preferencia a su boda con Lía (precisamente) antes que con su amada Raquel: “Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hicieres conmigo otros siete años”. Los días de la semana, en los idiomas occidentales modernos, derivan también del homenaje que los romanos quisieron hacer a sus dioses o a los astros. Así, el lunes es el día de la luna, el miércoles el de mercurio y el domingo el del sol.

¿Qué relación tiene todo esto con la Psiquiatría, más o menos insólita? La más evidente y conocida es el ritmo circanual de los trastornos afectivos, pero hay otros ejemplos llamativos de asociación entre ciertos fenómenos y el calendario, que merece la pena referir. El más conocido es que si uno se toma la molestia de revisar la fecha de nacimiento de las personas diagnosticadas de esquizofrenia comprobará que hay un agrupamiento significativo en los primeros meses del año, o lo que es lo mismo, en los meses de invierno y principios de primavera.

Se han propuesto diferentes hipótesis para explicar la asociación. Entre otras, complicaciones en el embarazo o en el parto, y variaciones en las diferentes estaciones en factores como la intensidad de la luz, distribución y calidad del agua, clima, temperatura, nutrición, exposición a toxinas, bioquímica corporal y expresión genética. Pero la más frecuentemente invocada es la de que los niños nacidos en los meses citados pueden haberse visto expuestos en el segundo trimestre de su vida intrauterina a algún virus estacional otoñal que podría haber producido anomalías en el desarrollo del sistema nervioso central. Hay estudios que parecen confirmar esta hipótesis, como uno realizado por Izumoto y cols tomando como marcador viral la epidemia de gripe de 1957.

Otras aportaciones, como la de Westergaard y colaboradores, descartan el papel de la gripe materna en el exceso de esquizofrenia entre las personas nacidas en los primeros meses del año, sin descartar la relevancia de otros factores, también infecciosos. También parece descartado el papel del virus del sarampión.

Otro aspecto curioso es que, al menos en un estudio llevado a cabo en Finlandia, el exceso de nacimientos invernales y primaverales era más aparente entre los nacidos en la década de los 50, decayendo en la década siguiente, aunque de una manera menos destacada en medio urbano, lo que da pie a todo tipo de especulaciones, como la posible implicación de un virus de máxima virulencia en los 50 y cuya actividad posterior pudiera explicarse por una sinergia con la contaminación, por ejemplo.

Pero al margen de las posibles explicaciones etiológicas, parece claro que existe o ha existido la asociación entre esquizofrenia y nacimiento en los primeros meses del año. Esta asociación puede ampliarse a las estaciones de invierno y primavera en el hemisferio norte, ya que en el hemisferio sur (donde los meses de invierno y primavera son los de la segunda mitad del año), hay estudios que observan un pico de nacimientos en enero (verano), mientras que otros la encuentran en torno a diciembre y enero (finales de primavera y comienzo del verano). Por último, en los países ecuatoriales, donde no hay cambios estacionales, no se observa la asociación. Un lío, vamos.

¿Cómo organizar todos estos hallazgos? ¿A quién podemos creer culpable de que nacer en los primeros meses del año (o haber vivido el segundo trimestre intrauterino en otoño o invierno) aumente el riesgo de contraer o desarrollar esquizofrenia? Pues el dr Kay, de Dominica, en las antillanas Islas Vírgenes Británicas nos sugiere que habría que echar la culpa a las tormentas geomagnéticas, que en el hemisferio norte son más frecuentes en los primeros meses del año y decaen a lo largo del segundo semestre. Comprueba su hipótesis seleccionando ocho estudios sobre el mes de nacimiento de pacientes esquizofrénicos y aplica dos índices de alteración geomagnética (AA*) y (aa) y observa que seis de los estudios mostraron una correlación negativa significativa con al menos uno de los índices, lo que parece apoyar su hipótesis. Hay otros datos, mencionados por el autor, que resultan sugerentes, como el hecho de que en las regiones ecuatoriales, donde como hemos apuntado no hay una variación en la fecha de nacimientos de personas con esquizofrenia, no hay tampoco fluctuaciones importantes a lo largo del año en el campo magnético terráqueo.

El autor confiesa que la naturaleza de la asociación es incierta. Podría ser que la fluctuación del campo magnético afectara a las neuronas en desarrollo a través de una interferencia en los canales del calcio, o en la actividad enzimática. También podría alterar la composición bioquímica o las características de la membrana neuronal, estimular los mecanismos de reparación celular o simplemente su efecto podría deberse a la combinación de dos o más de estos mecanismos. También, nos dice el dr Kay, podría ser que estas tormentas redujera la respuesta inmunológica a las infecciones víricas, o potenciara a cualquiera de los candidatos a factor etiológico anteriormente reseñados, con lo que podemos articular una hipótesis multifactorial, que son las que más se llevan. Y por si fuera poco, el trabajo del dr Kay nos ofrece una oportunidad de extraer una moraleja inquietante o antitecnológica: sugiere que la mayor concentración del fenómeno de nacimientos en determinados meses del año sería más acusada en las zonas urbanas por la mayor presencia en ellas de campos magnéticos artificiales gracias a las líneas de alta tensión.

Al margen de la causa última del fenómeno, ¿qué implicaciones prácticas puede tener el fenómeno de la distribución asimétrica en el calendario de la fecha de nacimiento de personas con esquizofrenia? En principio sólo pueden ser preventivas, y animados de esta intención y teniendo que en las zonas ecuatoriales del planeta no se ha podido demostrar el fenómeno, porponemos con toda humildad que se traslade, con cargo a los presupuestos sanitarios, a todas las embarazadas que salgan de cuentas entre enero y mayo a las Islas Samoa, o a las Seychelles. Aunque tal vez nuestros gestores descarten la medida por ser de discutible coste – efectividad, es posible que cuando menos consiga aumentar la satisfacción de la usuaria.


Fuentes

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posted by Juan  # 12:56 PM


¿Qué es PSIQUIATRIA INSOLITA? 

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