Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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28.3.04

Mens sana in corpore sano, canoro et amico 

En los remotos años en los que hice la especialidad era muy frecuente encontrar en ruta al hospital un grupo de mujeres de edad media que caminaban a buen ritmo por la carretera mientras, temerarias, charlaban a varias bandas. Cual tropel de ciclistas se estiraban al cruzarse con los coches, para luego volver a condensarse y retomar la conversación. Para quienes conducían por aquella estrecha carretera, llena de baches y rodeada por pastos en los que pacían bucólicos los brontosaurios, sortear al grupito de señoras era una incomodidad importante, por lo que con cierta frecuencia se abordaba la cuestión del colectivo de andarinas en el sesudo comité de sabios que integraban mis adjuntos (un saludo, por cierto, a sus entrañables e inolvidables integrantes). La invariable conclusión, no sé si fundada o no, era que el instigador de tan curioso hábito era el médico de atención primaria, que habría organizado a las mujeres supuestamente distímicas (entonces se decía histéricas) de su cupo en un grupo socio – senderista que les permitía metabolizar sus malestares al tiempo que descargaba al médico (“es un lince”, sostenía uno de los sabios) de la escucha de sus quejas.

Pasaron los milenios y todavía hace muchos años, cuando trabajaba en un hospital desde cuyos ventanales podía ver emocionantes escenas de caza de mamuts, coincidí, dotado ya de los galones de adjunto, con un residente que en sus guardias de urgencias tenía por costumbre recomendar a todos los pacientes que se dieran largos paseos. Según una comunicación personal que me confió mientras compartíamos el gomoso queso que nos sacaban en la cena, recomendaba esta conducta, o más genéricamente, que hicieran deporte, a todos sus pacientes en el CSM.

Debo reconocer que desde mi ignorancia, en aquellos ignotos tiempos las supuestas indicaciones del médico del pueblo y las reales recomendaciones del residente me parecieron gratuitas, injustificadas, excesivamente genéricas y, en todo caso, infundadas (siglos después hubiera dicho que no estaban basadas en la evidencia). Pero con el fluir de la historia he ido aprendiendo que el ejercicio físico no sólo es cardioprotector (como el vino tinto en cantidades moderadas, dicho sea de paso), sino que además, en virtud de una serie de enrevesados mecanismos de neurociencia – ficción, mejora el estado de ánimo, como se demuestra en la abundante y aburrida bibliografía al respecto.

Para que nadie incurra en el futuro en mi doloroso error, me permito llamar la atención sobre dos experiencias que vienen al caso. La primera demuestra que las intervenciones “de sentido común” pueden ser útiles en esta época en la que tanto valoramos las actuaciones técnicas. En 1999, el British Journal of Psychiatry recogió en dos entregas una contribución de tres investigadores del Centro de Investigación Socio – Médico de Londres en la que se demostró que en el tratamiento de la depresión son útiles los abordajes “amistosos” (no es una traducción afortunada, así que intentaremos aclararlo). Los autores seleccionaron 86 mujeres con cuadros depresivos crónicos y mantuvieron a 43 como grupo control, al tiempo que dirigían a la otra mitad hacia un tratamiento que podríamos llamar “de echarse una amistad”. Tal amistad era una persona voluntaria a la que se había aportado una formación básica que no podría considerarse psicoterápica. Según nos cuentan en su primer trabajo, hubo una notable remisión de los síntomas gracias a esta medida; en el segundo artículo, además, explican que el estudio pormenorizado de las circunstancias psicosociales de las pacientes les permitió descartar que la mejoría se debiera a artefactos externos a la intervención .

La segunda experiencia corrió a cargo de dos investigadoras de la Universidad de Londres, que partiendo del dato de que actividades como hacer ejercicio o cantar incrementan el bienestar subjetivo, emprendieron un estudio en el que compararon el efecto a este nivel de la natación (N), el canto individual (CI) y el canto coral (CC). Para ello se dirigieron a un universo de probandos compuesto por gente que nadaba en un centro cívico (N), personas que recibían a clases de canto (CI) e individuos que asistían al ensayo de un coro (CC). Se dirigieron a ellos sin aviso previo, solicitándoles la colaboración en el estudio, y a cuantos aceptaron participar (10 N, 10 CI, 13 CC), les tomaron la tensión arterial y la frecuencia cardiaca y les pasaron un instrumento de valoración del estado de ánimo que mide el arousal tenso, el arousal energético y el tono hedónico, antes de iniciar su actividad y a tras 30 minutos de ejercerla. Los resultados, que con buen juicio se presentan como preliminares, apuntaron a que las tres actividades, en especial nadar, aumenta el bienestar... inmediato, habría que decir.

A pesar de sus limitaciones, estos trabajos sugieren que el abordaje tecnificado (farmacológico o psicoterápico) no es siempre superior a intervenciones de sentido común. En una época en la que los dispositivos asistenciales están colapsados por una patología a la que consideramos menor, no estaría de más disponer de protocolos que dirigiesen a los pacientes a grupos de amigos, a recursos voluntarios o a actividades deportivas o en su caso canoras. Se abre ante nosotros la posibilidad de identificar usuarios a los que pueda recomendarse, por ejemplo, que asistan a lecciones de canto. También, si incluimos en el equipo multidisciplinar (EM) a técnicos ad hoc podemos detectar a los usuarios capacitados para mejorar de sus problemas a través de la natación (para lo cual debería contarse con un especialista en medicina deportiva o un técnico en educación física) o apreciar a qué pacientes se les podría recomendar la cantoterapia individual o grupal (a través de la formación de otxotes, dirigidos o no por un miembro del equipo). Para ello, por cierto, sería necesario contar con un músico, aunque podría suplirse su carencia si en el EM se dispone de alguna persona con un adecuado oído para la música (lo cual, por desgracia, no siempre es viable). Podría proponerse, en este sentido, que al igual que las plazas en Osakidetza van a tener un perfil lingüístico, se proceda a determinar en cada equipo un determinado número de plazas con perfil deportivo o musical.

Piénsese también en la fecunda senda investigadora que esta propuesta nos ofrece. Podríamos afinar más los hallazgos descritos: ¿qué tal una tesis doctoral comparando el efecto beneficioso del CC en distintos formatos? Por ejemplo: “Un estudio del bienestar obtenido en diferentes settings corales”, estudiando el efecto de cantar en el Otxote Danok Bat, en la Masa Coral del Ensanche o en el Orfeón Donostiarra. Seguramente un estudio de esta naturaleza no sería menos interesante ni más insensato que muchas contribuciones que gozan del marchamo y el reconocimiento de la ciencia más oficial y biológica. Think of it.


Fuentes:

Harris T, Brown GW , Robinson R. Befriending as an intervention for chronic depression among women in an inner city. 1: Randomised controlled trial. Br J Psychiatry 174: 219-224 [Abstract]

Harris T, Brown GW , Robinson R. Befriending as an intervention for chronic depression among women in an inner city. 2: Role of fresh-start experiences and baseline psychosocial factors in remission from depression. Br J Psychiatry 174: 225-232 [Abstract]

Valentine E, Evans C. The effects of solo singing, choral singing and swimming on mood and physiological indices. Br J Med Psychol. 2001;74:115-120. [Abstract]

posted by Juan  # 9:36 AM

21.3.04

Teléfonos y salud  

Una de los artilugios que mejor definen nuestros días es el teléfono móvil. Inicialmente privilegio de las elites políticas (véase el caso Benegas, a finales de los 80) o herramienta básica para financieros-muy-ocupados (recuérdese a Robin Williams en Hook), el teléfono móvil se ha democratizado, haciéndose no ya asequible, sino indispensable para toda la población. Su rapidísima implantación sólo es parangonable a su evolución formal, funcional y social en virtud de la cual cada año que pasa lo vemos más pequeño y con más funciones incorporadas (alguna de ellas sorprendente), cada vez más vistoso y cada vez más socializado y normativizado a través de la etiqueta sobre los momentos y lugares donde se puede o no hablar o en los que el inoportuno sonido de un móvil es francamente reprobable.

Pero junto con las innegables ventajas que ofrecen los teléfonos móviles ha surgido el temor, refrendado con algunos indicios epidemiológicos, que sugieren que los móviles podrían ser perniciosos no sólo para el usuario (tumores cerebrales) sino para la población general, por la radiación electromagnética que se concentra en la cercanía de las antenas. Hace unos años Lancet dedicó su atención a la cuestión, tanto desde el punto de vista epidemiológico como desde los posibles mecanismos en virtud de los cuales estos artilugios serían perniciosos para la salud. Tan encomiable esfuerzo de revisión y síntesis llegaba a la conclusión de que no había una conclusión válida en aquellos momentos, en buena medida porque el estudio de la posible patogenicidad de la radiación de los móviles es difícil de encajar en los modelos epidemiológicos y teóricos de los que disponemos en la actualidad. Sea como fuere, en Gran Bretaña se decidió en su momento que los móviles deberían llevar una advertencia sobre su potencial peligro para la salud. Y en esta línea no es menos reseñable un artículo publicado en The Scientist en el que se afirmaba que en un momento en que la seguridad de los móviles está en el aire no hay que olvidarse de los cientos de miles los usuarios que sin dar consentimiento informado se han convertido en cobayas en un inmenso experimento biológico.

El extendido temor a que los móviles conduzcan a la enfermedad, por cierto, tiene una dimensión sociopolítica y mediática que no debe pasarse por alto... aunque bien es cierto que la forma cilíndrica de estos artefactos y su capacidad de desplegarse y erigirse sugieren ciertas connotaciones psicodinámicas que también podrían explicar el temor a la conexión de los móviles con la enfermedad (o el pecado). Pero eso es otra historia.

Con el paso de los años se ha matizado mucho el riesgo que los móviles pueden causar al ser humano, confirmando la aseveración de que el principal riesgo para la salud que conllevan viene dado por su uso al volante. De hecho, hace apenas dos meses, se ha publicado en el Reino Unido un estudio independiente (Health Effects From Radiofrequency Electromagnetic Fields) que descarta que el uso de móviles favorezca el desarrollo de cáncer. Pero si alguien cree que con esto se va a dar por zanjada la cuestión del impacto de estos chismes sobre la salud física y psicológica de los seres humanos, está muy equivocado. Para empezar, a pesar del citado informe, se sigue recomendando precaución. Y, cómo no, se investiga sobre aspectos más o menos insólitos relacionados con los móviles.

Por ejemplo, se ha descubierto que las radiaciones emitidas por los móviles aumentan la fertilidad de un simpático nematodo llamado Caenorhabditis elegans. Este hallazgo, de inmensa trascendencia para la vermicultura, nos recuerda el impulso reproductor que los ISRS ejercen sobre los mejillones.

Otro hallazgo, netamente humano, y que puede aplicarse a toda la telefonía, es que la gente miente más por teléfono que por correo electrónico. Para explicar tan trascendente descubrimiento se invocan diversas explicaciones. Por un lado, cuanto más “reales” sean las conversaciones, más tendemos los humanos a mentir. La capacidad humana de engañar al prójimo, que parece tener un gran valor desde el punto de vista evolutivo, requiere unas condiciones de interacción aquí y ahora, y perdóneseme por el vulgarismo, para calcular sobre la marcha si el receptor de la información se está tragando la bola. En la comunicación telefónica, si bien se pierde el “aquí”, se mantiene el “ahora”, pero el correo electrónico no se desarrolla en tiempo real, lo que impide que sea un medio adecuado de comunicación de mentiras. Otra explicación alternativa es que los mensajes de correo electrónico se guardan, con lo que podrían esgrimirse como prueba de la felonía de quien nos cuenta la bola. Esta interesante aportación debería complementarse con estudios sobre la veracidad de los mensajes a móviles (que sí se conservan) o de la información transmitida en tiempo real en los chats (donde se puede hipotetizar a priori que se cuentan muchas mentiras).

Otro aspecto que ha merecido la atención de ciertos investigadores es la correlación negativa entre el uso de los móviles y el consumo de tabaco en adolescentes. Según una carta remitida al BMJ en 2000, en Italia puede apreciarse que la implantación creciente de los móviles entre los adolescentes se acompaña de un retroceso del consumo de tabaco. El trabajo, que se acompaña de una vistosa gráfica en colores, propone como explicación de tan sugestivo fenómeno la salvaje competencia que por el exiguo peculio del adolescente dirimen el tabaco y el teléfono. Si el siempre desplumado joven gasta en teléfono, no le quedará para tabaco, y puesto a elegir, el adolescente, en su intento por entrar por la puerta grande en la vida adulta, puede llegar a considerar que fumar es una “tecnología anticuada” superada por los mensajes de texto, el correo electrónico, el WAP y los móviles de tercera generación. También aquí podrían sugerirse ciertas connotaciones psicodinámicas...

Desgraciadamente, tan atractiva hipótesis ha sido desechada por otros autores, con diversos argumentos. El más concluyente es el que desarrolla otra carta, publicada en 2003 por BMJ, que demuestra (con unos gráficos incluso más vistosos que los del trabajo original) que la implantación del móvil no se ha acompañado en absoluto de un descenso del consumo de tabaco. ¿Cómo armonizar este hecho con la depauperada economía de los adolescentes? ¿Será un efecto deletéreo del descenso del precio de los móviles y de las atractivas ofertas con que nos acosan las empresas? Desde luego, further studies are needed.



Fuentes

Charlton A, Bates C. Decline in teenage smoking with rise in mobile phone ownership: hypothesis. BMJ 2000;321:1155. [Texto]

de Pomerai DI, Dawe A, Djerbib L, Allan J, Brunt G, Daniells C. Growth and maturation of the nematode Caenorhabditis elegans following exposure to weak microwave fields. Enzyme Microb Technol 2002; 30: 73-79 [Abstract]

Dendy PP. Mobile phones and the illusory pursuit of safety. Lancet 2000;356:1782-3 [Texto]

Hyland GJ. Physics and biology of mobile telephony. Lancet 2000; 356: 1833-36. [Texto]

Koivusilta L, Lintonen T, Rimpelä A. Mobile phone use has not replaced smoking in adolescence. BMJ 2003;326:161. [Texto]

Rothman KJ. Epidemiological evidence on health risks of cellular telephones. Lancet 2000; 356: 1837-40. [Texto]



posted by Juan  # 10:40 AM

7.3.04

Izquierdas y derechas (1): Levoacunadoras, detxtroemocionales y dextroacostadores 

El ansia de conocimiento de la especie humana es insaciable, en especial en lo que tiene que ver con las relaciones de causalidad. Probablemente por ello, desde el origen de los tiempos buscamos la causa de los fenómenos naturales que nos rodean y de los que, en el campo de la Psicología, protagonizamos. En esta línea, una conducta que ha llamado la atención de no pocos investigadores, como se va a ver, es que entre el 70 y el 85% de las madres utilizan el brazo izquierdo para acunar a sus retoños, preferencia que la psique humana, entrenada para buscar las relaciones de causalidad, no puede pasar por alto.

Según una reseña de Diario Médico, Victoria Bourne y Brenda Todd, de la Universidad de Sussex, estudiaron a 32 padres y madres diestros mientras hacían lo propio con unas muñecas, y les realizaron una serie de estudios cerebrales. Observaron que las levoacunadoras (neologismo con el que designaremos a las madres que acunan al niño con el brazo izquierdo) tienen un mayor cociente de lateralización cerebral, por lo que las autoras explican su preferencia proponiendo que acunar por el lado izquierdo facilita una mejor comprensión de las necesidades físicas y emocionales del bebé. Efectivamente: en virtud de la decusación de las vías sensitivas, la percepción de la cara del niño y con ella de la expresión de sus emociones, llega directamente al hemisferio derecho del cerebro de la madre, con lo que siendo éste el encargado de la respuesta emocional, y el más dotado para analizar la información procedente de acontecimientos externos, la levoacunación (si vale el término) permite una mayor vinculación al ofrecer a la madre un acceso más intuitivo a las necesidades del niño. Tan trascendental hallazgo y la explicación propuesta por las autoras han dado la vuelta al mundo, como demuestran las versiones en medios británicos... y vietnamitas que facilita con su singular acierto por Oscar, fuente también de parte del material de esta entrega (muchas gracias).

Los seres humanos son mayoritariamente dextroemocionales (si vale el término); es decir: tienen una dominancia emocional derecha (es decir, el peso de estas funciones y percepciones recae en el hemisferio derecho). Si quieres saber si eres dextroemocional o levoemocional puedes hacer un sencillo test. En el experimento de Bourne y Todd, los padres y las mujeres no dextroemocionales no tenían esta tendencia a acunar a la izquierda, lo que permite entrever un futuro fecundo campo de investigación sobre diferencias entre sexos (perdón: géneros). Con todo, y como contribución personal a tan interesante cuestión, puedo aportar mi caso (con las limitaciones que impone el n=1) de pertinaz levoacunador de mis retoños a pesar de mi sexo masculino y mi hipoacusia izquierda. Not surprisingly, en el test que recogemos soy dextroemocial.

El trabajo de Bourne y Todd es el primero que analiza la levoacunación desde el punto de vista de la levoacunadora, algo que parece lógico, en tanto es quien perpetra la conducta. Sin embargo, hay trabajos previos que ponen el acento en el levoacunado. En 1996, Sieratzki y Woll proponían en Lancet que la levoacunación permite que la voz de la madre (dulce, melodiosa, especializada en entonar nanas, etc) llegue al oído izquierdo del niño y por tanto a su infantil hemisferio derecho, más especializado en los aspectos afectivos del sonido, con lo que se completa un viaje audio-afectivo peculiar que a su vez facilita un feedback positivo con el hemisferio derecho de la madre. Se pondría así en marcha toda una serie de sutiles mecanismos psiconeurolingüísticos que podrían constituir la base de la facultad del lenguaje. En respuesta a este trabajo, Zaidel proponía una explicación alternativa más basada en lo visual que en lo auditivo. En la posición "niño a la izquierda" la hemicara izquierda de la madre -que expresa de manera más definida sus emociones- queda en el campo visual derecho del niño y de esta manera se proyecta en el hemisferio izquierdo del infante, especializado, como se sabe, en el lenguaje. Por lo tanto, la base afectiva del lenguaje tendría que ver con lo visual más que con lo auditivo. Por su parte, Turnbull y Mateson quisieron terciar en la polémica con su observación de que en un grupo de 12 mujeres con sordera congénita no había una tendencia definida hacia un lado u otro a la hora de acunar a un niño, mientras que en un grupo control de 12 mujeres con ceguera congénita sí existía una marcada disposición a acunar al niño en el lado izquierdo. Este dato podría confirmar la importancia de la estimulación auditiva en relación con la preferencia del lado izquierdo para acunar a los vástagos.

Hace sólo dos años, los ya aludidos Sieratzki y Woll comunicaron nuevos hallazgos, esta vez tras un estudio en madres con déficits visuales o auditivos en el que encontraron un predominio de la levoacunación tanto en las diestras como en las zurdas que a su entender no puede explicarse con argumentos relacionados con la dominancia hemisférica o con el hecho de que el infante escuche más nítidamente el latido materno cuando su progenitora lo sostiene con su brazo izquierdo y contra el hemitórax del mismo lado. Los autores insisten en sugerir la importancia simbiótico - vincular de la postura a través de razonamientos neuropsicológicos, afectivos, neurolinguísticos y, si vale el término, neuropsicosociales. Por lo tanto, la levoacunación sería crucial en el desarrollo tanto a nivel ontológico (individual) como evolutivo (referido a la especie humana). Por cierto, que nos proponen que la depresión puerperal podría tener consecuencias para el niño en esta esfera, ya que afecta a la actividad hemisférica derecha de la madre.

Si para estas alturas el lector todavía no se ha hecho un taco con la derecha y la izquierda, recogeremos dos aportaciones finales. Según Christman y Propper, la sinistralidad positiva familiar (que traducido quiere decir tener un zurdo en la familia) se correlaciona con un mejor rendimiento en tests de memoria episódica y un peor funcionamiento en los de memoria implícita. Según los autores, esto refleja un mayor grado de interacción hemisférica en los diestros que tienen (tenemos) familiares zurdos.

Y un toque final: en su momento, también en Lancet y como colofón a toda esta vorágine izquierda-derecha, Eastwood llamaba la atención sobre otro hecho trascendente que dolorosamente no ha recibido de la literatura científica la atención que merece: En las parejas que comparten cama, la mayor parte de los varones duermen en el lado derecho de la cama, según se mira desde la cabecera, independientemente de su raza, religión, estado civil o el lado de la calzada por el que conduzcan. Esto es: los varones son dextroacostadores y las mujeres levoacostadoras. Señala este autor que a veces esta tendencia se invierte en varones que se divorcian y vuelven a casarse. En todo caso, y con el fin de tranquilizar a los lectores, a quienes suponemos mareados ya a estas alturas a causa de tanto derecha – izquierda (quien escribe esto está ya cercano al vértigo), Eastwood nos asegura que el lado de la cama en que duerma un varón no repercute en su fertilidad.


Fuentes:
Bourne VJ, Todd BK. When left means right: an explanation of the left cradling bias in terms of right hemisphere specializations. Developmental Science 2004, 7, 19 – 24 [Abstract]
Christman SD, Propper RE. Superior episodic memory is associated with interhemispheric processing. Neuropsychology 2001; 15: 607-16 [Abstract].
Eastwood R. Right versus left side. Left-sided cradling. Lancet 1996; 348: 970
Sieratzki JS, Woll B. Why do mothers cradle babies on their left? Lancet 1996; 347: 1746-1748 [Abstract]
Sieratzki JS, Woll B. Neuropsychological and neuropsychiatric perspectives on maternal cradling preferences. Epidemiol Psichiatr Soc 2002; 11: 170-6 [Abstract].
Turnbull OH, Matheson EA. Left-sided cradling. Lancet 1996; 348: 691-692
Zaidel DW. Left-sided cradling. Lancet 1996; 348: 691


posted by Juan  # 10:45 AM


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