Seguiremos en nuestro repaso a los contenidos psicopatológicos de los comics y cuentos, deteniéndonos en la obra de
Beatrix Potter (1866-1943).
Esta escritora inglesa pasó a la historia como la creadora de la saga de
Peter Rabbit (traducido al castellano como
Perico Conejo) y sus múltiples amigos, todos ellos animales, a los que podemos conocer en distintos hábitats como la campiña inglesa, las granjas locales o la vida urbana. Los personajes de la Potter son conejos, ardillas, gatos, ranas, zorros, ocas, ratones... todos ellos pulcramente vestidos y por lo general dotados de una educación y unos
good manners totalmente británicos. El éxito de la serie fue enorme, hasta el punto de que Walt Disney propuso a la autora llevar sus aventuras al cine, aunque su oferta fue rechazada, entre otros motivos, por el temor de la señora Potter a verse superada técnicamente por los dibujantes del estudio americano.
Hecha la presentación, citaremos dos aportaciones científicas
o así, que se han centrado, bien es cierto que con un toque irónico, en la psicopatología que encierran los cuentos de doña Beatrix. La primera fue
publicada en un BMJ de Navidad, lo que equivale a decir que el tono general de los trabajos que la acompañaban era humanista o incluso liviano, irónico, cómico. El autor principal es el hijo del dr Williams, especialista en Endocrinología y Diabetes del Departamento de Medicina del Royal Liverpool University Hospital, que firma en tercer lugar. El segundo autor es su perro Kim (al que presentan como experto en vida salvaje). El trabajo se centra en el estudio del caso de una ardilla roja macho a la que por cuestiones de confidencialidad, imaginamos, se designa con las iniciales SN (espero que nadie se rasgue las vestiduras si quebranto las precauciones éticas de los autores al desvelar que se trata de
Squirrel Nutkin o, en la versión castellana de la obra, la ardilla Nogalina). Nos apresuraremos a reconocer las limitaciones que al trabajo que nos ocupa confiere el hecho de que su estudio es necesariamente documental, ya que no se pudo examinar directamente a la sujeto en cuestión por razones que probablemente serán fáciles de entender por la totalidad de los lectores.
El cuento de la ardilla Nogalina, publicado en 1903, describe cómo un grupo de ardillas se trasladan día a día a una isla de un lago a recoger comida. La isla es el dominio de un búho, a quien las ardillas agasajan con presentes para que les permita recoger su propio alimento. Todas ellas se comportan con la solemnidad y el respeto que impone la situación, salvo Nogalina, que se dedica a saltar, corretear, cantar, emitir sonidos rítmicos, hacer cosquillas al búho, recitar versos, tirar palitos... hasta que tras varios días de continua impertinencia, el búho la atrapa y cuando con el corazón en un puño estamos a punto de presenciar el despellejamiento de la ardilla, Nogalina consigue zafarse... a costa de perder en su huida la mitad de la cola. Resumido el caso clínico, Williams Jr y colaboradores proponen el diagnóstico de Tourette. No es nuestra intención enmendar la plana a un grupo tan prestigioso, pero creemos que podría considerarse también un trastorno por déficit de atención con hiperactividad. De hecho, ambos trastornos pueden ser comórbidos; citamos el DSM-IV:
cuando coexisten ambos, el inicio del trastorno por déficit de atención con hiperactividad suele preceder al inicio del trastorno de la Tourette. Pero en defensa de la tesis del grupo de Liverpool debemos reconocer que: 1) en la versión original en inglés son más aparentes los tics verbales, que quedan difuminados en la traducción al castellano; 2) hacia 1995, fecha de publicación del trabajo de Williams y colaboradores, aún no estaba tan de moda el trastorno por déficit de atención, y no se creía que fuera prevalente en adultos (recuérdese que Nogalina es una ardilla adulta). Además, hay que reprochar a la señora Potter que no haya descrito con más detalle la clínica o que no nos aportara elementos interesantes desde el punto de vista patobiográfico que podrían habernos ayudado a resolver el dilema diagnóstico: ¿precedió la hiperactividad a los tics o, por el contrario, su aparición fue simultánea? ¿Padeció Nogalina en su infancia infecciones estreptocócicas de repetición sugestivas de un
PANDAS? Una vez más la falta de precisión de los poetas retrasa el progreso de la Ciencia.
El estudio psicopatológico de la obra de la señora Potter dio aún para otro trabajo, presentado meses después como
carta al director en la misma revista. En este caso, la familia Keeley identifica otro posible diagnóstico en
El cuento de los dos Malvados Ratones, publicado en 1904. En este episodio, Tom Pulgar y Hunca Munca, una pareja de ratones domésticos, desvalijan una casa de muñecas, llevándose no sólo objetos útiles, sino también cosas inservibles (a las que no hay una referencia directa en la traducción española). Este dato les sirve para sugerir que nos hallamos ante un caso de
sigolomanía, una conducta de acaparamiento de enseres inútiles habitualmente asociada al síndrome de Diógenes; en este último, más frecuente en personas de edad avanzada, se da también un autodescuido personal, ausente en el caso de Tom Pulgar y Hunca Munca, que tienen su madriguera muy cuidada. En definitiva, puede que no se trate de
dos malvados ratones, sino de dos pobres roedores aquejados de un trastorno psicopatológico.
Nos hallamos, en definitiva, ante dos importantes contribuciones al avance de la Psicopatología y de la Psiquiatría en general. Y en ambos casos, igualmente, constatamos que la versión en castellano omite detalles de enorme trascendencia para el estudio psicopatológico de los casos. En la versión en español, Nogalina parece más un TDAH que un Tourette, y Hunca Munca más una ladrona que una sigolomaniaca. Grave sesgo. No podemos por menos de recordar el célebre adagio de
traduttore tradittore y el consejo de los grandes investigadores de la Psiquiatría, que con sobrada razón nos alertan de las imprecisiones de las traducciones y nos remiten siempre a la consulta de las obras originales.
Fuentes:
Potter B. Cuentos completos de Beatrix Potter. Madrid: Debate, 1989
Keeley J, Keeley V, Keeley J. Possible missed diagnosis of syllogomania. BMJ 1996; 312: 513 [Texto].
Williams TM, Kim, Williams G. Excessive impertinence or a missed diagnosis? BMJ 1995; 311: 1700-1701 [
Texto].