Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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30.5.04

Vida es fútbol 

Hace algo más de 20 años el Real Madrid tenía un entrenador yugoslavo (a saber de qué país o república exyugoslava será en este momento) llamado Vujadin Boskov, que un buen día, iluminado por alguna musa especialmente ocurrente y brillante, emitió un aforismo que hizo fortuna, por su rotundidad y por la perfección conceptual que se escondía detrás de su formulación: “Fútbol es fútbol”.

La sentencia de Voskov palidece ante la categórica afirmación de Bill Shankly, un escocés que jugó y entrenó al Liverpool y al cual se debe, al parecer, buena parte del éxito de la entidad. Mr Shankly, en su momento, afirmó que contrariamente a lo que algunas personas creen, el fútbol no es una cuestión de vida o muerte, sino mucho más que eso. Algunos comentaristas sugieren que lo que Shankly quería decir es que hay que tener una motivación o una preocupación para dotar de sentido y significado a la vida: una pasión. Otra cuestión es si el fútbol es una pasión adecuada para dar sentido a nuestra existencia.

Desconozco si eso era lo que quería decir Shankly, y como hace casi un cuarto de siglo que falleció, no estamos en condiciones de pedirle que nos lo aclare. Ahora bien, uno, desde la perspectiva de seguidor del club que históricamente fue definido como “un caso único en la historia del fútbol mundial”, cree que lo cierto es que el fútbol es algo ubicuo, que impregna nuestra existencia, en especial si tenemos en cuenta lo extendida que está esa pasión entre los seres humanos (sobre todo, varones). ¿Qué sería de nosotros sin el fútbol? ¿De qué hablaríamos? ¿Qué otro tema puede resultar más accesible para romper el hielo cuando se juntan dos especimenes de la especie humana, sobre todo machos? ¿Cuál es la última motivación de tantísimas actuaciones humanas, si no el fútbol? ¿Qué hay más característico de cualquier ciudad que su (principal) equipo de fútbol? Javier Marías sostiene que es más fácil cambiar de pareja, de principios, de ideario político, que de equipo, y creo que es absolutamente cierto. Y si en mis años de residente uno de mis mayores era capaz de “leer” al Athletic en términos psicopatológicos e incluso psicoanalíticos, con el paso de los años, y parafraseando en cierto modo a Shankly, he aprendido que el mundo, la psicopatología y el psicoanálisis pueden comprenderse desde la perspectiva del fútbol y del Athletic en particular.

En los últimos años los deportes han suscitado un interés biomédico y psiquiátrico desde la perspectiva de lo que podríamos llamar “medicina laboral”. Una de las enfermedades que ha desencadenado este furor es la Esclerosis Lateral Amiotrófica o E.L.A., conocida como “enfermedad de Lou Gehring”, un jugador de fútbol americano que la sufrió, al igual que un número significativo de sus colegas, dando pie a una hipótesis tóxica del cuadro que lo relacionaba con los pesticidas utilizados en los campos en los que se practicaba el deporte. Pero la ELA parece afectar también a futbolistas, especialmente a los italianos, de los que hay más de una treintena afectados. De ellos, casi 20 han fallecido ya. La agrupación de casos de esta (afortunadamente) infrecuente enfermedad en una profesión tan concreta llama poderosamente la atención, y se ha sugerido que detrás de esta elevadísima prevalencia puede encontrarse el uso descontrolado de tóxicos para aumentar el rendimiento de los futbolistas. Ya se sabe, esas pastillas o esas barras energéticas que les dan en sus clubs, y que los servicios médicos correspondientes dicen que vienen adulteradas en origen con sustancias prohibidas a las que –por supuesto- nadie quiere que se expongan los deportistas. Faltaría más.

También tienen interés deportivo - laboral los traumatismos cráneo-encefálicos. Desde hace más de 75 años se conoce la demencia pugilística, atribuida a los múltiples cacharrazos cefálicos sufridos por los boxeadores a lo largo de su carrera. El Parkinson, como lo demuestra algún caso que todos tenemos en mente, es otra patología relacionada con los traumatismos sufridos por los púgiles. Estos razonamientos se han aplicado también al fútbol, ya que se ha sugerido que los jugadores corren un riesgo especial de demencia como resultado de los reiterados microtraumatismos craneoencefálicos que al estilo de la demencia pugilística, entraña el juego de cabeza. No sólo esto: no son raros los choques de cabezas, las patadas accidentales al cráneo del contrario (alguna saldada con resultados trágicos) o los coscorrones contra la portería.

Hasta la fecha, sin embargo, no puede decirse con seguridad que haya un riesgo especial de daño cerebral por cabecear el balón, a pesar de que hay estudios biomecánicos que sugieren que se trata de un arte potencialmente comprometido para el encéfalo. Una revisión seria sobre el particular denuncia que no se ha distinguido con claridad entre los traumatismos con concusión y sin ella, y concluye que a pesar de que hay datos que sugieren alguna secuela subclínica, no hay ninguna prueba científica de que relacione el cabeceo de balones con un deterioro neurológico ulterior. De momento, pues, parece que de momento no tenemos que poner casco a los futbolistas ni recomendar a nuestros retoños que eviten cabecear el balón. Pero como la Medicina, y por supuesto la Psiquiatría, son disciplinas en continua evolución, no debemos descartar que en un futuro se demuestre que efectivamente es malo usar la cabeza para eso. En 1999 TA Caulfield, un autor canadiense, planteaba que dado que el alelo ApoE épsilon 4 se asocia a secuelas severas de los TCE a corto y largo y plazo, tal vez en el futuro pudieran realizarse tests genéticos con el fin de alertar a los portadores sobre los peligros para su salud neuropsiquiátrica de ciertas disciplinas con riesgo de coscorrón (entre ellas el fútbol). Para Caulfield, esto suscitaría dilemas éticos cuando el deportista adolescente se opusiera al test o no quisiera que se desvelase el resultado a sus padres. Pero desde una perspectiva más anecdótica, no podemos dejar de maravillarnos ante las extraordinarias posibilidades de esta medida para organizar los equipos. Así, sólo podrían jugar de porteros, centrales y delanteros centro quienes no portasen el alelo. Los portadores, en cambio, deberían jugar de laterales y no colocarse nunca debajo de los palos en los lanzamientos de corner, para evitar dar al balón con la cabeza (o más bien, pare evitar que el balón les diera en la cabeza). En los saques de falta tampoco deberían colocarse en la barrera, y dado el actual diseño de los banquillos deberían llevar casco cuando estuvieran de suplentes, para evitar coscorrones al saltar al campo. En definitiva, sería una excelente oportunidad para normativizar otra actividad humana.


Fuentes:

Caulfield TA. The law, adolescents, and the APOE epsilon 4 genotype: a view from Canada. Genet Test. 1999;3(1):107-13 [Abstract].

Rutherford A, Stephens R, Potter D. The neuropsychology of heading and head trauma in Association Football (soccer): a review. Neuropsychol Rev 2003;13:153-79 [Abstract].

Spear J. Are professional footballers at risk of developing dementia? Int J Geriatr Psychiatry 1995; 10: 1011-1014

posted by Juan  # 10:35


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