Cortesía de OME-AEN

Psiquiatría

Insólita

Editor: Juan Medrano

Noticias breves, de contenido insólito o novedoso, en relación con la Salud Mental.

"La piedra de la locura"

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21.3.04

Teléfonos y salud  

Una de los artilugios que mejor definen nuestros días es el teléfono móvil. Inicialmente privilegio de las elites políticas (véase el caso Benegas, a finales de los 80) o herramienta básica para financieros-muy-ocupados (recuérdese a Robin Williams en Hook), el teléfono móvil se ha democratizado, haciéndose no ya asequible, sino indispensable para toda la población. Su rapidísima implantación sólo es parangonable a su evolución formal, funcional y social en virtud de la cual cada año que pasa lo vemos más pequeño y con más funciones incorporadas (alguna de ellas sorprendente), cada vez más vistoso y cada vez más socializado y normativizado a través de la etiqueta sobre los momentos y lugares donde se puede o no hablar o en los que el inoportuno sonido de un móvil es francamente reprobable.

Pero junto con las innegables ventajas que ofrecen los teléfonos móviles ha surgido el temor, refrendado con algunos indicios epidemiológicos, que sugieren que los móviles podrían ser perniciosos no sólo para el usuario (tumores cerebrales) sino para la población general, por la radiación electromagnética que se concentra en la cercanía de las antenas. Hace unos años Lancet dedicó su atención a la cuestión, tanto desde el punto de vista epidemiológico como desde los posibles mecanismos en virtud de los cuales estos artilugios serían perniciosos para la salud. Tan encomiable esfuerzo de revisión y síntesis llegaba a la conclusión de que no había una conclusión válida en aquellos momentos, en buena medida porque el estudio de la posible patogenicidad de la radiación de los móviles es difícil de encajar en los modelos epidemiológicos y teóricos de los que disponemos en la actualidad. Sea como fuere, en Gran Bretaña se decidió en su momento que los móviles deberían llevar una advertencia sobre su potencial peligro para la salud. Y en esta línea no es menos reseñable un artículo publicado en The Scientist en el que se afirmaba que en un momento en que la seguridad de los móviles está en el aire no hay que olvidarse de los cientos de miles los usuarios que sin dar consentimiento informado se han convertido en cobayas en un inmenso experimento biológico.

El extendido temor a que los móviles conduzcan a la enfermedad, por cierto, tiene una dimensión sociopolítica y mediática que no debe pasarse por alto... aunque bien es cierto que la forma cilíndrica de estos artefactos y su capacidad de desplegarse y erigirse sugieren ciertas connotaciones psicodinámicas que también podrían explicar el temor a la conexión de los móviles con la enfermedad (o el pecado). Pero eso es otra historia.

Con el paso de los años se ha matizado mucho el riesgo que los móviles pueden causar al ser humano, confirmando la aseveración de que el principal riesgo para la salud que conllevan viene dado por su uso al volante. De hecho, hace apenas dos meses, se ha publicado en el Reino Unido un estudio independiente (Health Effects From Radiofrequency Electromagnetic Fields) que descarta que el uso de móviles favorezca el desarrollo de cáncer. Pero si alguien cree que con esto se va a dar por zanjada la cuestión del impacto de estos chismes sobre la salud física y psicológica de los seres humanos, está muy equivocado. Para empezar, a pesar del citado informe, se sigue recomendando precaución. Y, cómo no, se investiga sobre aspectos más o menos insólitos relacionados con los móviles.

Por ejemplo, se ha descubierto que las radiaciones emitidas por los móviles aumentan la fertilidad de un simpático nematodo llamado Caenorhabditis elegans. Este hallazgo, de inmensa trascendencia para la vermicultura, nos recuerda el impulso reproductor que los ISRS ejercen sobre los mejillones.

Otro hallazgo, netamente humano, y que puede aplicarse a toda la telefonía, es que la gente miente más por teléfono que por correo electrónico. Para explicar tan trascendente descubrimiento se invocan diversas explicaciones. Por un lado, cuanto más “reales” sean las conversaciones, más tendemos los humanos a mentir. La capacidad humana de engañar al prójimo, que parece tener un gran valor desde el punto de vista evolutivo, requiere unas condiciones de interacción aquí y ahora, y perdóneseme por el vulgarismo, para calcular sobre la marcha si el receptor de la información se está tragando la bola. En la comunicación telefónica, si bien se pierde el “aquí”, se mantiene el “ahora”, pero el correo electrónico no se desarrolla en tiempo real, lo que impide que sea un medio adecuado de comunicación de mentiras. Otra explicación alternativa es que los mensajes de correo electrónico se guardan, con lo que podrían esgrimirse como prueba de la felonía de quien nos cuenta la bola. Esta interesante aportación debería complementarse con estudios sobre la veracidad de los mensajes a móviles (que sí se conservan) o de la información transmitida en tiempo real en los chats (donde se puede hipotetizar a priori que se cuentan muchas mentiras).

Otro aspecto que ha merecido la atención de ciertos investigadores es la correlación negativa entre el uso de los móviles y el consumo de tabaco en adolescentes. Según una carta remitida al BMJ en 2000, en Italia puede apreciarse que la implantación creciente de los móviles entre los adolescentes se acompaña de un retroceso del consumo de tabaco. El trabajo, que se acompaña de una vistosa gráfica en colores, propone como explicación de tan sugestivo fenómeno la salvaje competencia que por el exiguo peculio del adolescente dirimen el tabaco y el teléfono. Si el siempre desplumado joven gasta en teléfono, no le quedará para tabaco, y puesto a elegir, el adolescente, en su intento por entrar por la puerta grande en la vida adulta, puede llegar a considerar que fumar es una “tecnología anticuada” superada por los mensajes de texto, el correo electrónico, el WAP y los móviles de tercera generación. También aquí podrían sugerirse ciertas connotaciones psicodinámicas...

Desgraciadamente, tan atractiva hipótesis ha sido desechada por otros autores, con diversos argumentos. El más concluyente es el que desarrolla otra carta, publicada en 2003 por BMJ, que demuestra (con unos gráficos incluso más vistosos que los del trabajo original) que la implantación del móvil no se ha acompañado en absoluto de un descenso del consumo de tabaco. ¿Cómo armonizar este hecho con la depauperada economía de los adolescentes? ¿Será un efecto deletéreo del descenso del precio de los móviles y de las atractivas ofertas con que nos acosan las empresas? Desde luego, further studies are needed.



Fuentes

Charlton A, Bates C. Decline in teenage smoking with rise in mobile phone ownership: hypothesis. BMJ 2000;321:1155. [Texto]

de Pomerai DI, Dawe A, Djerbib L, Allan J, Brunt G, Daniells C. Growth and maturation of the nematode Caenorhabditis elegans following exposure to weak microwave fields. Enzyme Microb Technol 2002; 30: 73-79 [Abstract]

Dendy PP. Mobile phones and the illusory pursuit of safety. Lancet 2000;356:1782-3 [Texto]

Hyland GJ. Physics and biology of mobile telephony. Lancet 2000; 356: 1833-36. [Texto]

Koivusilta L, Lintonen T, Rimpelä A. Mobile phone use has not replaced smoking in adolescence. BMJ 2003;326:161. [Texto]

Rothman KJ. Epidemiological evidence on health risks of cellular telephones. Lancet 2000; 356: 1837-40. [Texto]



posted by Juan  # 10:40


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